La Península Ibérica entre los siglos VII y XI experimentó la invasión musulmana y la formación de Al-Andalus, así como el surgimiento de núcleos de resistencia cristiana en el norte. Los musulmanes conquistaron la mayor parte de la península en tan solo 4 años, estableciendo un emirato primero y luego un califato en Córdoba que alcanzó su máximo esplendor bajo Alhakén II. Sin embargo, tras la muerte de Almanzor en 1002 el califato entró en crisis