La revolución industrial en Gran Bretaña se impulsó principalmente a través de tres sectores industriales clave: la industria textil, que se desarrolló gracias a innovaciones como las máquinas automáticas de hilado; la industria siderúrgica, que creció para satisfacer la demanda de hierro generada por máquinas como la máquina de vapor y el ferrocarril; y los transportes, donde la máquina de vapor de Watt y el desarrollo del ferrocarril y el barco de vapor tuvieron un gran impacto.