La ciudad romana de Tarraco se estableció en el siglo II a.C. en la costa catalana como base militar para combatir a los cartagineses. Más tarde se convirtió en la capital de la Hispania Citerior debido a su ubicación estratégica. Durante los siglos I y II d.C. la ciudad alcanzó su máximo esplendor, construyéndose monumentos como el teatro, el anfiteatro y el circo. El obispo San Fructuoso y sus diáconos fueron los primeros mártires cristian