Los romanos llegaron a la Península Ibérica en el 218 a.C. durante la Segunda Guerra Púnica contra Cartago. Fundaron varias ciudades como Tarraco, Caesaraugusta y Emerita que se convirtieron en importantes centros urbanos con edificios como anfiteatros, teatros y templos. Construyeron infraestructuras como acueductos y calzadas para expandir su control territorial.