La Revolución Industrial supuso la transición de una economía agraria a una economía industrial entre 1780 y 1860 en Gran Bretaña. Llevó a la mecanización de la producción, el uso de nuevas fuentes de energía como el carbón y el desarrollo de sectores como el textil y el hierro. Esto generó cambios sociales como el éxodo rural, el crecimiento de las ciudades y la aparición de una nueva estratificación social formada por la burguesía y el proletariado.