La teoría de los cuatro humores sostenía que el cuerpo humano está compuesto de cuatro líquidos o humores (sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema) cuyo equilibrio determina la salud, mientras que el desequilibrio causa enfermedades. Cada humor se asociaba con un temperamento. Esta teoría dominó la medicina europea desde la antigüedad griega hasta el siglo XIX, influyendo tratamientos como el sangrado.