TIEMPO   FRÍO AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL Recoge ya en el seno el campo su hermosura; el cielo ahoja [1] con luz triste el ameno verdor, y hoja a hoja las cimas de los árboles despoja. Ya Febo [2]  inclina el paso  al respandor egeo; ya del día las horas corta escaso;  ya Éolo al mediodía soplando espesas nubes nos envía; ya el ave vengadora del Íbico [3]  navega los nublados y convoz ronca llora,  y, el yugo al cuello atados, los bueyes van rompiendo los sembrados. El tiempo nos convida a los estudios nobles, y la fama, Grial, a la subida del sacro monte llama, do no podrá subir la postrer llama; alarga el bien guiado paso y la cuesta vence y solo gana la cumbre del collado y, do más pura mana la fuente, satisfaz tu ardiente gana; no cures [4]  si el perdido error admira el oro y va sediento en pos de un bien fingido, que no así vuela el viento, cuanto es fugaz y vano aquel contento; escribe lo que Febo le dicta favorable, que lo antiguo iguala y pasa el nuevo estilo [5] ; y, caro amigo, no esperes que podré atener [6]  contigo; que yo, de un torbellino traidor, acometido y derrocado del medio del camino al hondo, el plectro amado y del vuelo las alas he quebrado. FRAY LUIS DE LEÓN
TIEMPO   FRÍO Ves como se yergue blanco, por la profunda capa de nieve, el Soracte, y no pueden ya los bosques sostener el peso que los agobia, y los ríos se han inmovilizado por efecto del hielo penetrante. Disipa el frío echando leños en abundancia sobre el hogar y saca, Taliarco, con más generosidad aún, un vino de cuatro años de un ánfora sabina de dos asas. Deja lo demás al cuidado de los dioses…. HORACIO,  Carmina  I, 19.  La estación del frío ha aglomerado las nubes, y las lluvias y nieves hacen descender a Júpiter; ahora el mar, ahora los bosques resuenan a embates del Aquilón de Tracia. Cojamos, amigos, la ocasión que nos brinda el día, y mientras nuestras rodillas se mantienen vigorosas y ello nos cuadra, desaparezca la vejez de nuestra frente fruncida… HORACIO,  Epos , 13
TIEMPO   FRÍO EL DÍA DE OTOÑO O que retumbe el trueno,  o que suspire el céfiro, o que vierta su copa abril o su huracán octubre, o si el cielo te cubre, o engalana el jardín la rosa abierta; en tu furor, tu luto o tu hermosura mis ojos por tu faz con ansias llevo; y sólo tu espectáculo, ¡oh natura!, siempre grande a mis ojos, siempre nuevo. Soplad, ¡vientos oscuros! Levantaos sobre los bosques donde otoño impera; mi frente donde siento hervir el caos, los restaurantes ósculos espera. GABRIEL GARCÍA Y TASSARA
TIEMPO   FRÍO CABALLERO DE OTOÑO Viene, se sienta entre nosotros, y nadie sabe quién será, ni por qué, cuando dice nubes, nos llenamos de eternidad. Nos hablan con palabras graves y se desprenden, al hablar,  de su cabeza, secas hojas que en el viento vienen y van. Jugamos con su barba fría. Nos deja frutos. Torna a andar  con pasos lentos y seguros como si no tuviera edad. Él se despide.¡Adiós! Nosotros sentimos ganas de llorar. JOSÉ HIERRO,  Tierra sin nosotros,  1947.
TIEMPO   FRÍO JUNIO Oh, sé que he de buscarte cuando el otoño abrume con sus frutos goteantes la tierra, cuando las mozas pasen mordiendo los racimos como si fueran labios, cuando las piernas rudas de los hombres se tiñan con la sangre púrpura de las vides y quede una canción flotando en el azul helor de la tarde madura. Oh, sé que he de buscarte. Cuando caiga en el río el beso desmayado de la última adelfa buscaré tus pisadas sobre la arena tibia donde tu cuerpo expiraba bajo el mío como un tallo verde en el suspenso mediodía. Oh, sé que he de buscarte, cuando el dormido cisne del otoño aletee en su nido; pero Junio es ahora un pastor silencioso que coronan los oros sagrados de la trilla, y yo bebo en tu cuerpo la música desnuda que languidece en los violines lentos de la siesta. Oh, sé que he de buscarte cuando la campiña despierte del letargo amarillo de los élitros; pero ahora es tu cuerpo sólo, tu cuerpo junto al mío, mientras Junio incendia de felicidad los montes más lejanos y el río besa tímidamente nuestros pies como si Narciso nos contemplara con sus diluidos ojos verdes de agua. PABLO GARCÍA BAENA,  Junio,  1957.
TIEMPO   FRÍO Ahora que el otoño me unce a su tristeza, ahora que imperturbable me arrastra a sus carriles y empuja como un río de implacables espadas; ahora que me sumerge en su mapa de niebla y va borrando terco los nombres y las cosas en las que yo cantaba, por las que yo esperaba, por las que yo vivía; ahora que en mi cuerpo golpean los adioses como pájaros muertos caídos desde el aire, como largos pañuelos de oscuros emigrantes; ahora entro y me busco en el recuerdo, mientras llueve en el parque, y no me encuentro, perdido en la memoria, niño solo buscando una esperanza. RAFAEL MORALES,  Prado de serpientes,  1982.
TIEMPO   FRÍO Ya te acercas, otoño, con caballos heridos, con ríos que rebasan el caudal de sus aguas, que sumergidos párpados y vientres sumergidos, con jardines que bajan descalzos hasta el mar. Ya llegas con tambores enormes de tiniebla, con largos lienzos húmedos y manos olvidadas, con hilos que deshacen en aire la mañana, con lentas galerías y espejos empeñados, con ecos que aún ocultan lo que ha de ser voz. Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros desciende oscuro al fondo oscuro de tu luz. JOSÉ ÁNGEL VALENTE,  El fulgor,  1983.

Tiempo FríO

  • 1.
    TIEMPO FRÍO AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL Recoge ya en el seno el campo su hermosura; el cielo ahoja [1] con luz triste el ameno verdor, y hoja a hoja las cimas de los árboles despoja. Ya Febo [2] inclina el paso al respandor egeo; ya del día las horas corta escaso; ya Éolo al mediodía soplando espesas nubes nos envía; ya el ave vengadora del Íbico [3] navega los nublados y convoz ronca llora, y, el yugo al cuello atados, los bueyes van rompiendo los sembrados. El tiempo nos convida a los estudios nobles, y la fama, Grial, a la subida del sacro monte llama, do no podrá subir la postrer llama; alarga el bien guiado paso y la cuesta vence y solo gana la cumbre del collado y, do más pura mana la fuente, satisfaz tu ardiente gana; no cures [4] si el perdido error admira el oro y va sediento en pos de un bien fingido, que no así vuela el viento, cuanto es fugaz y vano aquel contento; escribe lo que Febo le dicta favorable, que lo antiguo iguala y pasa el nuevo estilo [5] ; y, caro amigo, no esperes que podré atener [6] contigo; que yo, de un torbellino traidor, acometido y derrocado del medio del camino al hondo, el plectro amado y del vuelo las alas he quebrado. FRAY LUIS DE LEÓN
  • 2.
    TIEMPO FRÍO Ves como se yergue blanco, por la profunda capa de nieve, el Soracte, y no pueden ya los bosques sostener el peso que los agobia, y los ríos se han inmovilizado por efecto del hielo penetrante. Disipa el frío echando leños en abundancia sobre el hogar y saca, Taliarco, con más generosidad aún, un vino de cuatro años de un ánfora sabina de dos asas. Deja lo demás al cuidado de los dioses…. HORACIO, Carmina I, 19. La estación del frío ha aglomerado las nubes, y las lluvias y nieves hacen descender a Júpiter; ahora el mar, ahora los bosques resuenan a embates del Aquilón de Tracia. Cojamos, amigos, la ocasión que nos brinda el día, y mientras nuestras rodillas se mantienen vigorosas y ello nos cuadra, desaparezca la vejez de nuestra frente fruncida… HORACIO, Epos , 13
  • 3.
    TIEMPO FRÍO EL DÍA DE OTOÑO O que retumbe el trueno, o que suspire el céfiro, o que vierta su copa abril o su huracán octubre, o si el cielo te cubre, o engalana el jardín la rosa abierta; en tu furor, tu luto o tu hermosura mis ojos por tu faz con ansias llevo; y sólo tu espectáculo, ¡oh natura!, siempre grande a mis ojos, siempre nuevo. Soplad, ¡vientos oscuros! Levantaos sobre los bosques donde otoño impera; mi frente donde siento hervir el caos, los restaurantes ósculos espera. GABRIEL GARCÍA Y TASSARA
  • 4.
    TIEMPO FRÍO CABALLERO DE OTOÑO Viene, se sienta entre nosotros, y nadie sabe quién será, ni por qué, cuando dice nubes, nos llenamos de eternidad. Nos hablan con palabras graves y se desprenden, al hablar, de su cabeza, secas hojas que en el viento vienen y van. Jugamos con su barba fría. Nos deja frutos. Torna a andar con pasos lentos y seguros como si no tuviera edad. Él se despide.¡Adiós! Nosotros sentimos ganas de llorar. JOSÉ HIERRO, Tierra sin nosotros, 1947.
  • 5.
    TIEMPO FRÍO JUNIO Oh, sé que he de buscarte cuando el otoño abrume con sus frutos goteantes la tierra, cuando las mozas pasen mordiendo los racimos como si fueran labios, cuando las piernas rudas de los hombres se tiñan con la sangre púrpura de las vides y quede una canción flotando en el azul helor de la tarde madura. Oh, sé que he de buscarte. Cuando caiga en el río el beso desmayado de la última adelfa buscaré tus pisadas sobre la arena tibia donde tu cuerpo expiraba bajo el mío como un tallo verde en el suspenso mediodía. Oh, sé que he de buscarte, cuando el dormido cisne del otoño aletee en su nido; pero Junio es ahora un pastor silencioso que coronan los oros sagrados de la trilla, y yo bebo en tu cuerpo la música desnuda que languidece en los violines lentos de la siesta. Oh, sé que he de buscarte cuando la campiña despierte del letargo amarillo de los élitros; pero ahora es tu cuerpo sólo, tu cuerpo junto al mío, mientras Junio incendia de felicidad los montes más lejanos y el río besa tímidamente nuestros pies como si Narciso nos contemplara con sus diluidos ojos verdes de agua. PABLO GARCÍA BAENA, Junio, 1957.
  • 6.
    TIEMPO FRÍO Ahora que el otoño me unce a su tristeza, ahora que imperturbable me arrastra a sus carriles y empuja como un río de implacables espadas; ahora que me sumerge en su mapa de niebla y va borrando terco los nombres y las cosas en las que yo cantaba, por las que yo esperaba, por las que yo vivía; ahora que en mi cuerpo golpean los adioses como pájaros muertos caídos desde el aire, como largos pañuelos de oscuros emigrantes; ahora entro y me busco en el recuerdo, mientras llueve en el parque, y no me encuentro, perdido en la memoria, niño solo buscando una esperanza. RAFAEL MORALES, Prado de serpientes, 1982.
  • 7.
    TIEMPO FRÍO Ya te acercas, otoño, con caballos heridos, con ríos que rebasan el caudal de sus aguas, que sumergidos párpados y vientres sumergidos, con jardines que bajan descalzos hasta el mar. Ya llegas con tambores enormes de tiniebla, con largos lienzos húmedos y manos olvidadas, con hilos que deshacen en aire la mañana, con lentas galerías y espejos empeñados, con ecos que aún ocultan lo que ha de ser voz. Y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros desciende oscuro al fondo oscuro de tu luz. JOSÉ ÁNGEL VALENTE, El fulgor, 1983.