La economía de la Nueva España en los siglos XVI-XVIII se basó principalmente en la minería, la agricultura y la ganadería. La minería generaba los mayores ingresos para la Corona Española, mientras que los principales cultivos agrícolas incluían el trigo, caña de azúcar y cacao. La ganadería se expandió rápidamente, creando grandes haciendas. Otras actividades económicas clave fueron los obrajes textiles y la Iglesia Católica, cuya riqueza provenía de diez