Castellón, 31 de enero de 2020.
Sra. Directora, excompañeros, exalumnos y exalumnas, amigos,… hace 25 años que yo,
como primer director, abría las puertas de nuestro instituto, el IES de la Avd. de
Almazora, hoy lo conocemos como IES Matilde Salvador.
Cualquier ocasión es buena para hablar de educación. La educación es futuro y no
podemos renunciar a él. Hoy esto se ha convertido en una frase estereotipada. ¿Qué
valor le damos?
Además, yo hace 61 años que entré en el Instituto Francisco Ribalta. ¡Ojo!, como
alumno,… no como profesor. ¿Esos 25 o 60 años son muchos? ¿Tanto han cambiado los
cosas,… nuestra forma de hacer y pensar…, nuestros valores? Gritamos
ensordecedoramente que hay que potenciar una educación que facilite el éxito de todos.
Que la Escuela Pública sea un espacio que favorezca la inclusión, la igualdad de
oportunidades, la convivencia democrática como derecho fundamental del ser
humano…, el respeto a la naturaleza…, que asumamos el Cambio Climático,... que la
financiación de la escuela debe ir unida a la empleabilidad, única forma de inserción
social.
La realidad es que cada día nuestra sociedad, a pesar del desarrollo tecnológico,
desatiende, margina, excluye y aísla al individuo en general. Estoy hablando de nuestros
alumnos y alumnas en particular. Pero, hablemos de solidaridad e igualdad. Desde hace
mucho tiempo la sociedad parece estar en punto muerto. ¿Nos hemos desviado de la
tradición que nos daba seguridad y confianza? ¿A quiénes? ¿A todos? ¿A una élite?
¿Cuántos cambios sociales hemos leído en nuestros libros de textos? ¿De cuántas
revoluciones podemos dar cuenta?... pero al final,…“Cambiar todo, para que todo siga
igual” (Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, 1860)
¿Es esto una visión pesimista de la vida? ¿Quizás esto es consecuencia de mi particular
situación por mi edad, en que me he convertido en un individuo caduco, trasnochado,
achacoso? O,… ¿la vida funciona de acuerdo con la visión de que la botella está medio
llena o medio vacía? O,… ¿es que nos identificamos con lo sórdido, lo turbio, lo
viscoso y hemos olvidado la sonrisa del niño? (J.P. Sartre, El existencialismo es un
humanismo, 1946). ¿Es ese mi pecado?
Mi condición de profesor, la jubilación no me arrebata ese galardón, me condiciona a
dar un giro a esta exposición. Cuando en clase decía algo así, se oía una queja entre mis
alumnos,… “uf, ahora se va enrollar”…, “uf, y va tocar el timbre”. Pero para mí era ese
momento placentero en el que respaldas y proteges lo que llevas diciendo.
Recuerdo la lectura de Richard Dawkins, El gen egoísta, 1976. «Somos máquinas de
supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de
los egoístas genes que albergamos en nuestras células.» Somos en realidad meras
“máquinas de transmisión”.
Ese es el mensaje, ¿somos un amasijo de genes? ¿Es cierto que igual que hay genes
egoístas, también hay genes altruistas? Recuerdo los ejemplos que citaba el autor:
a. Tal vez podamos simpatizar más directamente con el comportamiento cobarde
de los grandes pingüinos de la Antártida. Se les ha observado parados al borde
del agua, dudando antes de sumergirse, debido al peligro de ser comidos por las
focas. Si solamente uno de ellos se sumergiera el resto podría saber si hay allí o
no una foca. Naturalmente nadie desea ser el conejillo de Indias, de tal manera
que esperan y en ocasiones hasta tratan de empujarse al agua unos a otros. Así
puede operar un gen egoísta.
b. Sin embargo, dar la vida a cambio de la de los amigos es, obviamente, un acto
altruista. Muchos pájaros pequeños, cuando ven a un ave rapaz tal como el
halcón, emiten una «llamada de alarma» característica, que al ser escuchada
hace que la bandada inicie una adecuada acción evasiva. El individuo que da la
señal de alarma se sitúa ante un peligro especial, pues atrae la atención del ave
rapaz. Asume un riesgo adicional, pero sin embargo parece, al menos a primera
vista, calificarse como un acto altruista.
¡Ojo! Quizá haya que enmarcar más adecuadamente eso del gen altruista. Desde hace
millones de años que el mecanismo de la evolución era consciente de la sentencia de
Marco Aurelio: “Lo que no beneficia al enjambre, tampoco beneficia a la abeja”.
No creo que sea necesario que se cumplan aquellas palabras de Konrad Lorenz, «la
naturaleza es roja en uñas y dientes». Todo depende de la posición que se asuma en el
debate «naturaleza frente a educación», considerada como un atributo humano. El ser
humano es, entre los animales, el único dominado por la cultura, por influencias
aprendidas y transmitidas de una generación a otra. Es evidente que la cultura puede dar
origen a una distinta forma de evolución. ¿La cultura es un nuevo gen? ¿La cultura tiene
un sustento bioquímico en nuestra evolución? La ciencia cuando llega a extremos que
no sabe explicar el entorno, recurre a mensajes próximos a la fantasía, a simples
quimeras de nuestra imaginación. Cuando hablamos del Big Bang, que no sabemos
razonarlo, lo señalamos como un punto singular. Cuando enfrentamos la idea de
cultura con la bioquímica de los genes pensamos que los sistemas complejos tienen
propiedades emergentes. Así nos justificamos. ¿Es la cultura –la educación- una
propiedad emergente en la evolución de los seres vivos?
¡No tener fe en la educación es el principal problema que consume a nuestra sociedad!
Ese es nuestro reto como docentes, debemos creer vivamente, ¡presumir y ostentar!, que
la cultura superará nuestros instintos más primarios, con la que conseguiremos, algún
día, un sociedad más justa. Nosotros el profesorado somos los sacerdotes de una liturgia
que nos hace únicos entre todos los seres vivos.
Nada más. Felicitarnos por esos 25 años de vida común en el IES Matilde Salvador.
Un último amago, recuerdo esta estrofa de la canción de Chavela Vargas, El Último
Trago:
Nada me han enseñado los años
Siempre caigo en los mismos errores
Otra vez a brindar con extraños
Y a llorar por los mismos dolores
Muchas gracias,...
Jesús

Unas palabras j-perez

  • 1.
    Castellón, 31 deenero de 2020. Sra. Directora, excompañeros, exalumnos y exalumnas, amigos,… hace 25 años que yo, como primer director, abría las puertas de nuestro instituto, el IES de la Avd. de Almazora, hoy lo conocemos como IES Matilde Salvador. Cualquier ocasión es buena para hablar de educación. La educación es futuro y no podemos renunciar a él. Hoy esto se ha convertido en una frase estereotipada. ¿Qué valor le damos? Además, yo hace 61 años que entré en el Instituto Francisco Ribalta. ¡Ojo!, como alumno,… no como profesor. ¿Esos 25 o 60 años son muchos? ¿Tanto han cambiado los cosas,… nuestra forma de hacer y pensar…, nuestros valores? Gritamos ensordecedoramente que hay que potenciar una educación que facilite el éxito de todos. Que la Escuela Pública sea un espacio que favorezca la inclusión, la igualdad de oportunidades, la convivencia democrática como derecho fundamental del ser humano…, el respeto a la naturaleza…, que asumamos el Cambio Climático,... que la financiación de la escuela debe ir unida a la empleabilidad, única forma de inserción social. La realidad es que cada día nuestra sociedad, a pesar del desarrollo tecnológico, desatiende, margina, excluye y aísla al individuo en general. Estoy hablando de nuestros alumnos y alumnas en particular. Pero, hablemos de solidaridad e igualdad. Desde hace mucho tiempo la sociedad parece estar en punto muerto. ¿Nos hemos desviado de la tradición que nos daba seguridad y confianza? ¿A quiénes? ¿A todos? ¿A una élite? ¿Cuántos cambios sociales hemos leído en nuestros libros de textos? ¿De cuántas revoluciones podemos dar cuenta?... pero al final,…“Cambiar todo, para que todo siga igual” (Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, 1860) ¿Es esto una visión pesimista de la vida? ¿Quizás esto es consecuencia de mi particular situación por mi edad, en que me he convertido en un individuo caduco, trasnochado, achacoso? O,… ¿la vida funciona de acuerdo con la visión de que la botella está medio llena o medio vacía? O,… ¿es que nos identificamos con lo sórdido, lo turbio, lo viscoso y hemos olvidado la sonrisa del niño? (J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo, 1946). ¿Es ese mi pecado? Mi condición de profesor, la jubilación no me arrebata ese galardón, me condiciona a dar un giro a esta exposición. Cuando en clase decía algo así, se oía una queja entre mis alumnos,… “uf, ahora se va enrollar”…, “uf, y va tocar el timbre”. Pero para mí era ese momento placentero en el que respaldas y proteges lo que llevas diciendo. Recuerdo la lectura de Richard Dawkins, El gen egoísta, 1976. «Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células.» Somos en realidad meras “máquinas de transmisión”. Ese es el mensaje, ¿somos un amasijo de genes? ¿Es cierto que igual que hay genes egoístas, también hay genes altruistas? Recuerdo los ejemplos que citaba el autor: a. Tal vez podamos simpatizar más directamente con el comportamiento cobarde de los grandes pingüinos de la Antártida. Se les ha observado parados al borde del agua, dudando antes de sumergirse, debido al peligro de ser comidos por las
  • 2.
    focas. Si solamenteuno de ellos se sumergiera el resto podría saber si hay allí o no una foca. Naturalmente nadie desea ser el conejillo de Indias, de tal manera que esperan y en ocasiones hasta tratan de empujarse al agua unos a otros. Así puede operar un gen egoísta. b. Sin embargo, dar la vida a cambio de la de los amigos es, obviamente, un acto altruista. Muchos pájaros pequeños, cuando ven a un ave rapaz tal como el halcón, emiten una «llamada de alarma» característica, que al ser escuchada hace que la bandada inicie una adecuada acción evasiva. El individuo que da la señal de alarma se sitúa ante un peligro especial, pues atrae la atención del ave rapaz. Asume un riesgo adicional, pero sin embargo parece, al menos a primera vista, calificarse como un acto altruista. ¡Ojo! Quizá haya que enmarcar más adecuadamente eso del gen altruista. Desde hace millones de años que el mecanismo de la evolución era consciente de la sentencia de Marco Aurelio: “Lo que no beneficia al enjambre, tampoco beneficia a la abeja”. No creo que sea necesario que se cumplan aquellas palabras de Konrad Lorenz, «la naturaleza es roja en uñas y dientes». Todo depende de la posición que se asuma en el debate «naturaleza frente a educación», considerada como un atributo humano. El ser humano es, entre los animales, el único dominado por la cultura, por influencias aprendidas y transmitidas de una generación a otra. Es evidente que la cultura puede dar origen a una distinta forma de evolución. ¿La cultura es un nuevo gen? ¿La cultura tiene un sustento bioquímico en nuestra evolución? La ciencia cuando llega a extremos que no sabe explicar el entorno, recurre a mensajes próximos a la fantasía, a simples quimeras de nuestra imaginación. Cuando hablamos del Big Bang, que no sabemos razonarlo, lo señalamos como un punto singular. Cuando enfrentamos la idea de cultura con la bioquímica de los genes pensamos que los sistemas complejos tienen propiedades emergentes. Así nos justificamos. ¿Es la cultura –la educación- una propiedad emergente en la evolución de los seres vivos? ¡No tener fe en la educación es el principal problema que consume a nuestra sociedad! Ese es nuestro reto como docentes, debemos creer vivamente, ¡presumir y ostentar!, que la cultura superará nuestros instintos más primarios, con la que conseguiremos, algún día, un sociedad más justa. Nosotros el profesorado somos los sacerdotes de una liturgia que nos hace únicos entre todos los seres vivos. Nada más. Felicitarnos por esos 25 años de vida común en el IES Matilde Salvador. Un último amago, recuerdo esta estrofa de la canción de Chavela Vargas, El Último Trago: Nada me han enseñado los años Siempre caigo en los mismos errores Otra vez a brindar con extraños Y a llorar por los mismos dolores Muchas gracias,... Jesús