Agosto de 2011
Vladimir Implacable
Nacido bajo el signo de piscis, en una lejana provincia de Croacia, en el año de 1858, Vladimir
Implacable se ve obligado a abandonar su majestuoso castillo herencia familiar, que data de
mas de 250 años, así como 200 hectáreas de terreno fértil que rodean su propiedad.
El motivo, sin duda, el de muchos de su estirpe, la persecución de necios e ignorantes
campesinos que estuvieron más de una vez, a punto de acabar con su inmortal existencia. La
disyuntiva fue, a donde partir considerando el lugar de nueva residencia con suficientes
suministros de sangre humana, joven y fresca sin el peligro de nuevos depredadores.
Para entonces llamaba poderosamente su atención las noticias que se tenían del nuevo
continente, sobre todo la variedad de su flora y fauna así como, la exuberancia de esa tierra
que reclamaba tener un ser como el, sediento, fuerte e implacable en lo que a saciar sus
deseos de sangre y poder se refiere.
Partió dejando a tras todos sus recuerdos y riquezas, principalmente de cuando era un simple
mortal, aquejado por una extraña enfermedad que minaba paulatinamente sus facultades
físicas y mentales al grado de pensar en la tan anhelada eutanasia. Pero otra fue su suerte,
todavía recuerda como si fuera ayer cuando al filo de las 23:00 horas en abril del 78 a escasos
30 días de haber cumplido veinticinco años, al alejarse de su taberna favorita y en complicidad
de la oscura noche, por primera ves vio a la mujer que cambiaría diametralmente el destino de
su vida y existencia eterna.
No hacia mucho que la enfermedad lo aquejaba, aun tenía ese aire aristocrático y la ves de
hombre de mundo, conocedor de la más sofisticada o pueblerina mujer que atravesara por su
camino. Con su 1.80 de estatura, 75 kilos de peso y con hermosos y profundos ojos, causaba la
admiración de propios y extraños. Y esa noche no paso desapercibido por esa hermosa y
diminuta mujer.
¿Caballero tendrá un fosforo? Fuelo único que alcanzo a escuchar, instintivamente reaccionó
con suspicacia, que hacia esta joven a estas altas horas de la noche, sin alcanzar a contestarse
procedió a ofrecer lumbre a la mujer que lo interrogaba.
Al estar prendiendo su cigarrillo, pudo observar con ayuda de la tenue luz del fosforo las finas
facciones de la dama, no era mayor que él, con una hermosa sonrisa en medio de una cara
pequeña pero bien delineada, con labios carnosos color carmesí, mejillas sonrojadas como si
acabara de ponerse rubor en ellas, su nariz pequeña también pero con armonía con el resto de
su cara.
Estaba enfundada en un hermoso vestido de encaje color negro que le llegaba hasta los
tobillos, el cual hacia contraste con la blancura de su piel, su pronunciado escote mostraba un
turgente pecho, que con la cadencia de los latidos de su corazón se movía parsimoniosa y
generosamente a la vista, era un espectáculo maravilloso.
Así mismo, a la luz del farol también pude observar lo torneado de sus piernas, por la
transparencia de su atuendo, a pesar de que la dama no llegaba al 1.70 de estatura y con
aproximadamente 58 kilos de peso.
Platicamos brevemente sobre lo peligroso que son las calles de esa provincia después de las
22:00 horas, pero me aclaro, que venia de estar con unos familiares en tan solo escasos
minutos y que ahí dentro tenía prohibido fumar, por lo que al dirigirse a su carruaje le pareció
propicio tomar un cigarrillo.
Accedí a su invitación de llevarme, pero al estar abordando su carruaje tirado por dos
esplendidos caballos negros, se escucho un terrible grito de una mujer lamentando la muerte
de su pequeño hijo, el cual traía en brazos del oscuro callejón donde antes había encontrado a
Mirna la dama de negro, situación que en ese momento me paso desapercibida.
Nunca llegamos a una de mis propiedades en la ciudad, Mirna me invitó a pasar brevemente a
su casa por estar de camino a la mía. Esa noche ha sido la más maravillosa de mi vida, pero
antes tuve que confesarle el mal que me aquejaba. Me sorprendió que ella no le dio
importancia, por lo que, reiteradamente volví a insistir sobre el tema, y solo me dijo que no me
preocupara que a ella no le pasaría nada.
Resignado me deje llevar por el momento, pensando que posiblemente esa enigmática chica
tendría razón y que mi mal solo aquejaba a los de mi familia. La noche transcurrió rápidamente
entre suspiros, gemidos y fluidos. ¡Estaba como nuevo!, ¡reconfortado!, mis males parecían
haberse retirado, no me dolía nada, me sentía otro hombre, por un momento me dio la
impresión que esa chica me había pasado parte de su energía vital, pero como podría ser eso?.
Mis pensamientos no eran muy claros en ese momento. Se escucho a lo lejos el cantico de un
ave de corral. Mirna voltio a ver la ventana de su habitación y se incorporo de mi hombro y
muy breve al oído me dijo que tenia que irse urgentemente pero que antes, quería saber de
mis labios si estaba dispuesto a recibir de su parte un regalo y que yo estaría agradecido toda
una eternidad si accedía a aceptarlo.
Me pareció una niñería lo que decía, por lo que acepte su ofrecimiento de buen agrado, ella
me reiteró que era algo muy importante y que no debía tomarlo a juego, que si
verdaderamente estaba dispuesto a agradecerlo por el tiempo que me quedaba de vida. En
ese momento me hizo caer en mi realidad, tanto ella como yo sabíamos que mi existencia era
corta, por lo que le reiteré mi interés por recibirlo, que podía yo perder a esas alturas de mi
vida.
Se sentó en horcajadas sobre mí abdomen y se me quedo viendo fijamente. Me dijo, soy una
emperatriz del casi extinto pueblo de los Matlazincas, en el nuevo continente, en el país
conocido como México. Mis ancestros datan de hace más de 500 años, los mismos que yo
tengo, y sin darme tiempo a razonar, se lanzo sobre mi cuello, con una fuerza descomunal
impidiéndome quitarla a pesar de que hice use de toda mi fuerza.
Me clavo sus colmillos en la yugular, podía sentir el tierno calor de la muerte saliendo por mi
cuello, y ya, para el punto de desfallecer cesó intempestivamente, y frente a mis ojos se cortó
la vena de una de sus muñecas con una pequeña daga que colgaba en forma de collar de su
cuello. Puso la muñeca frente a mi rostro y depositó sobre mi boca algunos mililitros de su
sangre. La empecé a beber con la dificultad del momento, horrorizado por su acción,sabiendo
que se estaba adelantando el día de mi muerte, mi cabeza daba vueltas solo recuerdo que la
sangre de su muñeca estaba profundamente fría y que no era de sabor desagradable. Los
minutos se me hicieron eternos, mi existencia estaba acabando, empecé a sentir que estaba
muriendo y opte por cerrar los ojos y encomendar mi alma al creador.
Para mi pasaron solo minutos, cuando desperté estaba en una casa abandonada, casi en
ruinas, el techo cayéndose, los muebles estaban a punto de romperse de lo viejos que estaban,
y yo ahí en un camastro, desnudo pensando que ya estaría muerto. Eran como las 10:00 de la
mañana y a diferencia de días anteriores y a pesar de la experiencia vivida me sentía de
maravilla. Mirna no estaba por ningún lado y por supuesto ni su carruaje. Por lo que deduje
que mi borrachera de anoche había sido descomunal sin dimensionar siquiera lo que
verdaderamente me había pasado. Tres días bastaron para darme cuenta de que ahora era un
ser inmortal y sediento de sangre. Debía buscar a Mirna para saldar cuentas de todo lo que
paso esa fatídica noche de cuando robo mi vida.

Vladimir implacable

  • 1.
    Agosto de 2011 VladimirImplacable Nacido bajo el signo de piscis, en una lejana provincia de Croacia, en el año de 1858, Vladimir Implacable se ve obligado a abandonar su majestuoso castillo herencia familiar, que data de mas de 250 años, así como 200 hectáreas de terreno fértil que rodean su propiedad. El motivo, sin duda, el de muchos de su estirpe, la persecución de necios e ignorantes campesinos que estuvieron más de una vez, a punto de acabar con su inmortal existencia. La disyuntiva fue, a donde partir considerando el lugar de nueva residencia con suficientes suministros de sangre humana, joven y fresca sin el peligro de nuevos depredadores. Para entonces llamaba poderosamente su atención las noticias que se tenían del nuevo continente, sobre todo la variedad de su flora y fauna así como, la exuberancia de esa tierra que reclamaba tener un ser como el, sediento, fuerte e implacable en lo que a saciar sus deseos de sangre y poder se refiere. Partió dejando a tras todos sus recuerdos y riquezas, principalmente de cuando era un simple mortal, aquejado por una extraña enfermedad que minaba paulatinamente sus facultades físicas y mentales al grado de pensar en la tan anhelada eutanasia. Pero otra fue su suerte, todavía recuerda como si fuera ayer cuando al filo de las 23:00 horas en abril del 78 a escasos 30 días de haber cumplido veinticinco años, al alejarse de su taberna favorita y en complicidad de la oscura noche, por primera ves vio a la mujer que cambiaría diametralmente el destino de su vida y existencia eterna. No hacia mucho que la enfermedad lo aquejaba, aun tenía ese aire aristocrático y la ves de hombre de mundo, conocedor de la más sofisticada o pueblerina mujer que atravesara por su camino. Con su 1.80 de estatura, 75 kilos de peso y con hermosos y profundos ojos, causaba la admiración de propios y extraños. Y esa noche no paso desapercibido por esa hermosa y diminuta mujer. ¿Caballero tendrá un fosforo? Fuelo único que alcanzo a escuchar, instintivamente reaccionó con suspicacia, que hacia esta joven a estas altas horas de la noche, sin alcanzar a contestarse procedió a ofrecer lumbre a la mujer que lo interrogaba. Al estar prendiendo su cigarrillo, pudo observar con ayuda de la tenue luz del fosforo las finas facciones de la dama, no era mayor que él, con una hermosa sonrisa en medio de una cara pequeña pero bien delineada, con labios carnosos color carmesí, mejillas sonrojadas como si acabara de ponerse rubor en ellas, su nariz pequeña también pero con armonía con el resto de su cara. Estaba enfundada en un hermoso vestido de encaje color negro que le llegaba hasta los tobillos, el cual hacia contraste con la blancura de su piel, su pronunciado escote mostraba un turgente pecho, que con la cadencia de los latidos de su corazón se movía parsimoniosa y generosamente a la vista, era un espectáculo maravilloso.
  • 2.
    Así mismo, ala luz del farol también pude observar lo torneado de sus piernas, por la transparencia de su atuendo, a pesar de que la dama no llegaba al 1.70 de estatura y con aproximadamente 58 kilos de peso. Platicamos brevemente sobre lo peligroso que son las calles de esa provincia después de las 22:00 horas, pero me aclaro, que venia de estar con unos familiares en tan solo escasos minutos y que ahí dentro tenía prohibido fumar, por lo que al dirigirse a su carruaje le pareció propicio tomar un cigarrillo. Accedí a su invitación de llevarme, pero al estar abordando su carruaje tirado por dos esplendidos caballos negros, se escucho un terrible grito de una mujer lamentando la muerte de su pequeño hijo, el cual traía en brazos del oscuro callejón donde antes había encontrado a Mirna la dama de negro, situación que en ese momento me paso desapercibida. Nunca llegamos a una de mis propiedades en la ciudad, Mirna me invitó a pasar brevemente a su casa por estar de camino a la mía. Esa noche ha sido la más maravillosa de mi vida, pero antes tuve que confesarle el mal que me aquejaba. Me sorprendió que ella no le dio importancia, por lo que, reiteradamente volví a insistir sobre el tema, y solo me dijo que no me preocupara que a ella no le pasaría nada. Resignado me deje llevar por el momento, pensando que posiblemente esa enigmática chica tendría razón y que mi mal solo aquejaba a los de mi familia. La noche transcurrió rápidamente entre suspiros, gemidos y fluidos. ¡Estaba como nuevo!, ¡reconfortado!, mis males parecían haberse retirado, no me dolía nada, me sentía otro hombre, por un momento me dio la impresión que esa chica me había pasado parte de su energía vital, pero como podría ser eso?. Mis pensamientos no eran muy claros en ese momento. Se escucho a lo lejos el cantico de un ave de corral. Mirna voltio a ver la ventana de su habitación y se incorporo de mi hombro y muy breve al oído me dijo que tenia que irse urgentemente pero que antes, quería saber de mis labios si estaba dispuesto a recibir de su parte un regalo y que yo estaría agradecido toda una eternidad si accedía a aceptarlo. Me pareció una niñería lo que decía, por lo que acepte su ofrecimiento de buen agrado, ella me reiteró que era algo muy importante y que no debía tomarlo a juego, que si verdaderamente estaba dispuesto a agradecerlo por el tiempo que me quedaba de vida. En ese momento me hizo caer en mi realidad, tanto ella como yo sabíamos que mi existencia era corta, por lo que le reiteré mi interés por recibirlo, que podía yo perder a esas alturas de mi vida. Se sentó en horcajadas sobre mí abdomen y se me quedo viendo fijamente. Me dijo, soy una emperatriz del casi extinto pueblo de los Matlazincas, en el nuevo continente, en el país conocido como México. Mis ancestros datan de hace más de 500 años, los mismos que yo tengo, y sin darme tiempo a razonar, se lanzo sobre mi cuello, con una fuerza descomunal impidiéndome quitarla a pesar de que hice use de toda mi fuerza. Me clavo sus colmillos en la yugular, podía sentir el tierno calor de la muerte saliendo por mi cuello, y ya, para el punto de desfallecer cesó intempestivamente, y frente a mis ojos se cortó la vena de una de sus muñecas con una pequeña daga que colgaba en forma de collar de su cuello. Puso la muñeca frente a mi rostro y depositó sobre mi boca algunos mililitros de su sangre. La empecé a beber con la dificultad del momento, horrorizado por su acción,sabiendo
  • 3.
    que se estabaadelantando el día de mi muerte, mi cabeza daba vueltas solo recuerdo que la sangre de su muñeca estaba profundamente fría y que no era de sabor desagradable. Los minutos se me hicieron eternos, mi existencia estaba acabando, empecé a sentir que estaba muriendo y opte por cerrar los ojos y encomendar mi alma al creador. Para mi pasaron solo minutos, cuando desperté estaba en una casa abandonada, casi en ruinas, el techo cayéndose, los muebles estaban a punto de romperse de lo viejos que estaban, y yo ahí en un camastro, desnudo pensando que ya estaría muerto. Eran como las 10:00 de la mañana y a diferencia de días anteriores y a pesar de la experiencia vivida me sentía de maravilla. Mirna no estaba por ningún lado y por supuesto ni su carruaje. Por lo que deduje que mi borrachera de anoche había sido descomunal sin dimensionar siquiera lo que verdaderamente me había pasado. Tres días bastaron para darme cuenta de que ahora era un ser inmortal y sediento de sangre. Debía buscar a Mirna para saldar cuentas de todo lo que paso esa fatídica noche de cuando robo mi vida.