13. texto suárez

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13. texto suárez

  1. 1. En la España de 1976 el pueblo español mostraba ansiedad y temor ante elrecuerdo de la Guerra Civil y el tránsito que se avecinaba. Yo era conscientede ese temor, como también lo era de la nueva conciencia del pueblo españoly de la mentalidad de nuestro Rey.Era necesaria una acción política audaz y sincera que transformara lasestructuras del régimen anterior, conectando con la realidad española, sinviolencia, sin traumas, sin vacíos de poder. Y había que hacerlo desde lalegalidad vigente, y con serenidad y rapidez, para evitar las reacciones delos sectores más continuistas que detentaban enormes parcelas de poder.Aquel cambio político desde un sistema autoritario a un sistemademocrático, sin traumas, elegido libre y auténticamente, era algo sobre loque no existían precedentes...Lo cierto es que constituimos un precedente y la inmensa mayoría del puebloespañol ratificó nuestro proyecto político, alcanzando el Estadodemocrático que hoy disfrutamos sin ajustes de cuentas y sin traumas... Latransición política fue el resultado de un diálogo entre el Gobierno y laOposición... Fue un proceso difícil en el hubo que ir eliminando, por ambaspartes, recelos e incomprensiones acumuladas o heredadas, pero al final sellegó a la convicción de que el proyecto del Gobierno era el mejor entretodos los posibles. Entre otras razones porque no se planteó con seriedad yvalidez política ningún otro... Había que utilizar los poderes que la LeyesFundamentales —entonces vigentes— atribuían al Rey para, renunciando aellos, establecer una Monarquía parlamentaria y moderna. Bajo la Corona seintrodujo como principio legitimador básico el principio democrático de lasoberanía nacional... Era previsible que las Cortes y el Consejo Nacional delMovimiento reaccionaran de forma contraria ante un proyecto que implicabasu disolución. Esto es lo que había que evitar y eso es lo que, por la actuacióndel entonces presidente de las Cortes, Torcuato Fernández Miranda y debuena parte de los consejeros y procuradores fue posible.Artículos de Adolfo Suárez publicados en 1985 y 1995.CLASIFICACIÓN: Debéis realizarla vosotros. Por su importancia debéisescribir unas notas biográficas de Suárez.ANÁLISIS: El resumen lo hacéis vosotros. Debéis definir lo que os hesubrayado.COMENTARIO:1.- ENTORNO HISTÓRICO: 1
  2. 2. El 22 de noviembre de 1975, Juan Carlos I juraba ante las Cortes comonuevo Rey. Su discurso decepcionó a quienes ansiaban un mensajeaperturista, y contrastó con el del cardenal Tarancón alineado de formaclara con el cambio político y las libertades. El peso de la figura de Francosobre su formación política hizo recelar incluso a su propio padre deltalante futuro del Príncipe, en el caso de que llegara a reinar. Sinembargo, en noviembre de 1975 el entorno del monarca tenía ya un diseñoaproximado de lo que debía ser el proceso de cambio político. Consistía enrealizarlo desde dentro de la propia legalidad de las leyes fundamentalesque Juan Carlos I había jurado cumplir al ceñir la Corona. Para ello, erafundamental colocar en puestos clave a las personas que podían colaboraren el proceso. Papel decisivo iba a jugar el nuevo presidente de las Cortesy del Consejo del Reino, Torcuato Fernández Miranda, antiguo profesordel Rey y al que éste impuso pese a la renuencia del Consejo del Reino. El Rey, que constitucionalmente tenía casi todos los poderes en susmanos, optó por mantener a Arias Navarro, para tranquilizar en parte alsector más inmovilista del régimen. El gobierno Arias se caracterizó por lascontradicciones entre el Jefe de Gobierno y buena parte de sus ministrosreformistas, entre ellos Fraga, Martín Villa o Suárez. Pero la dinámicasocial comenzó a desbordarse más deprisa de lo previsto. En enero de1976, una oleada de huelgas sacudió al país, afectando a más de 500.000trabajadores. Además, el grito de Amnistía se convirtió en el más coreadoen manifestaciones, asambleas, recitales y actos públicos de la oposición.En el País Vasco murieron manifestantes y en Montejurra, pistolerosultraderechistas asesinaron a dos militantes carlistas pero demóratas enuna concentración. Las fuerzas de orden no actuaron contra los asesinosclaramente identificados. La imagen reformista del gobierno quedó muydesprestigiada. El Rey ya había decidido prescindir de Arias, con el que lasdistancias eran cada vez mayores. El 1 de julio de 1976 el presidente Ariasfue convocado por el Rey para pedirle su dimisión, a la que no opusoresistencia. En una operación planificada de antemano con FernándezMiranda, el Monarca encargó formar gobierno a un ex ministro delgabinete Arias, Adolfo Suárez. El nombramiento de Adolfo Suárez fue recibido con general desalientopor la prensa y la oposición. Pese a su trayectoria de brillante gestor endiversos cargos, nadie creía que un falangista que dejaba la SecretaríaGeneral del Movimiento pudiera sacar adelante la reforma. Losinmovilistas veían en él a un hombre de poco prestigio. Suárez se encontró,además, con la negativa de Areilza y Fraga a colaborar, y confeccionó ungabinete de políticos jóvenes (se le calificó de Gobierno de terceradivisión), entre los que estaban Rodolfo Martín Villa, Landelino Lavilla, 2
  3. 3. Marcelíno Oreja, Fernando Abril Martorell y Leopoldo Calvo Sotelo. Elnuevo Gobierno era consciente de que ya no se podía dilatar más el procesode cambios. Y desde el principio comenzó a lanzar mensajes y a actuar deforma inequívoca. El 14 de julio las Cortes aprobaban la reforma delCódigo Penal que permitiría la legalización de los partidos, salvo aquellosque “sometidos” a una disciplina internacional se propongan implantar unsistema totalitario", redacción que buscaba la exclusión del PCE. El 31 dejulio se aprobó una amnistía que permitió la liberación de muchos presospolíticos, pero que excluía expresamente los condenados por delitos deterrorismo, lo que dejaba en las prisiones a la mayoría de los presos vascos.Esta circunstancia provocó una oleada de protestas en las calles de lasciudades de Euskadi. Durante el mes de agosto Suárez mantuvo contactos con todos loslíderes de la oposición, incluso por vía indirecta con Santiago Carrillo. Porentonces, los comunistas eran ya los únicos que eran objeto de persecuciónpolicial directa, y su legalización la gran incógnita que se planteaba sobre elproyecto de cambio. Este se concretó el 10 de septiembre, cuando Suárez se dirigió al paíspara presentar el proyecto de Ley para la Reforma Política, auténticapieza clave de la transición legal hacia la democracia política. Redactadoinicialmente por Fernández Miranda, significaba el cambio hacia unsistema parlamentario y constituyente nuevo, a partir de las institucionesfranquistas. Por eso requería que fueran las mismas Cortes vigentes lasque aprobaran la ley, pero también necesitaba el respaldo de la oposición. La marcha de los acontecimientos hizo aumentar la irritación entre losinmovilistas. La amnistía, los contactos con la oposición, la propuesta dereforma política, las movilizaciones populares en aumento y los continuosatentados de provocaron en septiembre la dimisión del teniente general DeSantiago, vicepresidente del Gobierno. El nombramiento del tenientegeneral Gutiérrez Mellado para el cargo le ganó la animadversión delsector más duro del Ejército, pero el nuevo ministro se convertiría enfigura decisiva del proceso de transición. El 16 de noviembre el texto de la Ley para la Reforma Política fuedebatido en las Cortes y finalmente aprobado con una votación clara afavor de la Ley: 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones. La Ley para la Reforma era un texto breve, pero en él se afirmaba lademocracia y el principio de soberanía popular; se entregaba a las Cortesel poder legislativo; se establecía su elección por sufragio y sudesdoblamiento en Congreso y Senado. También se fijaban algunosaspectos de la futura ley electoral. Inmediatamente se convocó unreferéndum para el 15 de diciembre para ser aprobada por voto popular. 3
  4. 4. Pero antes el clima de tensión fue subiendo. La continua exigencia deuna amnistía más amplia se saldó con la muerte de algunos manifestantesen enfrentamientos con la policía. ETA, por su parte, intensificaba losatentados, alguno de ellos tan grave como el asesinato del presidente de laDiputación de Guipúzcoa. El PCE optó por salir a la luz y echar un pulso aSuárez. Carrillo, que vivía en Madrid clandestinamente desde febrero, diouna espectacular rueda de prensa y obligó al ministro de la Gobernación aponer a toda la Policía en su búsqueda. El referéndum se celebró en un ambiente crispado. Cuatro días antesun nuevo grupo de extrema izquierda, el GRAPO, secuestraba al Presidentedel Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, para cuyo rescate pedía laliberación de varios presos. Aun así, la consulta supuso un éxito para elGobierno. El resultado fue que un 77% del censo Participó en la consulta,dando una abrumadora mayoría (94%) al Sí, frente a un 2,6% de No. Elgobierno Suárez salía muy reforzado y la oposición abandonócompletamente las tesis rupturistas. Estaba claro, desde entonces, que lareforma se haría desde la legalidad. El día 23 de diciembre la Policía detuvo a Santiago Carrillo, pero elGobierno lo puso en libertad ocho días después, consciente de que, salvadala dignidad policial, no podía retener al líder comunista en la cárcel. Esemismo día, 30 de diciembre, se decretó la desaparición del franquistaTribunal de Orden Público. A partir del referéndum transcurren los meses más difíciles de latransición política. El GRAPO o ETA mantuvieron una constante presiónsobre las fuerzas de seguridad y sobre el propio proceso de transición. Laestrategia de la provocación alcanzó su momento más álgido en la semanadel 23 al 29 de enero. El domingo 23 se produce el asesinato de unestudiante en una manifestación pro-amnistía, a manos de los guerrillerosde Cristo Rey, uno de los más violentos grupos de extrema derecha. Al díasiguiente, se suceden el secuestro del teniente general Villaescusa,presidente del Consejo Supremo de justicia Militar, por los GRAPO; lamuerte de otra manifestante por el impacto de un bote de humo; y, sobretodo, el asesinato a manos de miembros de la ultraderecha de cincoabogados laboralistas del PCE en un despacho de la calle Atocha, atentadoque deja heridos a otros cuatro. En un clima de enorme ansiedad y miedo,la respuesta del PCE fue, el día del entierro, una impresionantemanifestación silenciosa, en el centro de Madrid, que mostró a la luz lafuerza del partido y su disciplina interna. La semana terminó el día 28 conel asesinato a manos del GRAPO de dos policías y un guardia civil. Lasituación de extrema violencia remite algo en los días siguientes. Uneditorial conjunto de la prensa democrática, respaldando al Gobierno, y 4
  5. 5. sobre todo la liberación de los dos secuestrados, Oriol y Villaescusa, el 11de febrero, mediante una operación policial, dieron un respiro al gabineteSuárez. Todos los Partidos fueron pasando por el registro, actuando desdeentonces en la legalidad. Pero el día 22 de febrero se denegaba lainscripción en el registro del PCE. La legalización de los comunistas seconvertía en el principal obstáculo en la marcha hacia las elecciones, porcuanto tanto el búnker político como la cúpula militar habían convertido alPCE en la bestia negra y en el símbolo de su resistencia al cambio. Pero enla mente del Presidente estaba ya claro que era necesario legalizar a loscomunistas antes de las elecciones, si se quería que éstas fueran aceptadascorno legítimas por la opinión pública española e internacional. El día 9,sábado santo, aprovechando la tranquilidad de las vacaciones, se hizopública la legalización del Partido Comunista. Pese a todas las precauciones,el impacto fue tremendo. El ministro de Marina, Pita da Veiga, dimitió. ElPCE renunció a plantear la alternativa republicana y la aceptación de labandera bicolor, en un gesto que intentaba apaciguar los ánimos y mejorarla imagen del partido ante una parte importante del país, que recelaba deél. El 14 de mayo de 1977 regresaba a España Pasionaria. Las fuerzas políticas se fueron perfilando ante las elecciones. En laderecha había surgido en el mes de septiembre Alianza Popular (AP),liderada por Fraga e integrada por varios ex ministros franquistas. Suárez presidiría la Unión de Centro Democrático (UCD), unavariopinta coalición de demócrata-cristianos, liberales, socialdemócratas yhombres procedentes del Movimiento, como el propio Suárez o MartínVilla. Su principal baza era, desde luego, la trayectoria y la figura delPresidente, cada vez más popular. En la izquierda, el PSOE iniciaba la campaña con cierta ventaja, graciasal respaldo internacional y a la imagen de responsabilidad que su programaofrecía. El PCE apenas tuvo tiempo de diseñar su campaña y lanzarse a laactividad legal. La campaña electoral, larga y muy bulliciosa, se desarrolló con relativanormalidad y con una asistencia masiva de los españoles a los continuosactos electorales. El Gobierno abrió los medios de comunicación a losgrupos legales y la prensa aumentó las tiradas. En todo el país sólo sehablaba de política: los españoles habían asimilado rápidamente los nuevosaires de libertad, y el fantasma de la guerra civil estaba pasando para lamayoría de ellos, al plano del recuerdo. Además, la apertura política hacíaya tiempo que afectaba a otros campos, como el de las costumbres, el sexo(es la época del destape), la libertad de expresión (masivo estreno depelículas prohibidas) o la libre crítica al Gobierno o a las instituciones. 5
  6. 6. El 15 de junio se celebraron las primeras elecciones democráticasen 40 años. Los resultados daban la primacía a las dos opciones de centro-derecha (UCD) y centro-izquierda (PSOE), y dejaban como minoríassignificativas, pero a mucha distancia, al PCE y a AP, con los nacionalistasde centro catalanes y vascos y el PSP de Tierno Galván a la zaga. El caminohacia la democracia se había consumado. Ahora se elaboraría y votaría laConstitución de 1978. 2. COMENTARIO: De modo genérico puede afirmarse que una transición política es pasar deuna dictadura a un régimen democrático. En el caso español fue la evoluciónpacífica desde un régimen totalitario de carácter conservador a unaMonarquía parlamentaria o el tránsito desde las Leyes Fundamentales delfranquismo a una Constitución democrática. Existen varios precedentes de otras transiciones políticas en la Historiade España, entendidas ellas como intentos de pasar de modelos propios delAntiguo Régimen a fórmulas políticas decididamente democráticas yprogresistas. De acuerdo con ello la primera transición tuvo lugar en 1812 alaprobarse la Constitución gaditana. Tras la muerte de Fernando VII -1833-se llegó a un compromiso entre la Corona y los liberales y pudo fructificarun liberalismo muy atenuado durante todo el reinado de Isabel II. Lasegunda transición vino precedida de la revolución de 1868 y se manifestódurante todo un Sexenio, en un intento de profundizar en el régimen liberaly de dirigirlo hacia modelos plenamente democráticos. Por último, la terceratransición ocurrió en 1931, cuando fue proclamada la Segunda República y sepuso fin a la Monarquía de Alfonso XIII que se había visto obligado a cederel poder a la dictadura del general Primo de Rivera en 1923. El texto dice que la española fue una transición que sirvió de precedentey así es. Otras transiciones políticas ocurridas tras la española fueron las-que afectaron a las antiguas democracias populares del este de Europa lapropia ex-Unión Soviética. Su punto de partida fue el derrumbamiento delos regímenes comunistas, cuyo símbolo fue la caída del muro de Berlín afinales de 1989. En esos países se pasaron de fórmulas dictatoriales aesquemas democráticos, con mayor o menor fortuna y con mayor o menoreficacia. Ahora bien, existe una notable diferencia entre estas transicionesy la española: mientras que en este caso fue sólo una transición política,puesto que los cambios económicos, sociales y de mentalidad se habían idoproduciendo en los últimos años de la dictadura franquista, las transicionesdel este de Europa precisaron transformaciones más profundas y en todoslos campos. De ahí sus mayores dificultades. 6
  7. 7. Desde que se inició el proceso de la transición española hacia lademocracia se produjo un enconado debate sobre cuál debería ser lafórmula para llegar a ella. Dejando a un lado la posición del franquismo másrecalcitrante -denominado el búnker por su inmovilismo- que no aceptabacambio alguno para España, la gran mayoría de la sociedad española estabaconvencida de que a la muerte del dictador se tendrían que producirinevitablemente importantes transformaciones. El modelo económicoespañol, los esquemas sociales y las pautas de comportamiento de losciudadanos de principios de los años setenta no eran demasiado diferentes ala del contexto europeo; a su vez, tras la caída de las dictaduras de Portugaly Grecia, España tenía el único régimen totalitario de Europa occidental. Elcambio, pues, tendría que venir más pronto o más tarde. Y si para unos esecambio debería ser producto de una reforma de las instituciones y leyesfranquistas, para otros la única posibilidad de realizar la verdaderatransformación tenía que ser la vía revolucionaria o la ruptura, como másexplícitamente se decía.La idea de una «reforma» era defendida por quienes vinieron a llamarse“apertutistas”. Hasta la muerte de Franco -20 de noviembre de 1975- los«aperturistas» apenas tuvieron cabida en un régimen que se acercabatambién a su agonía. Sólo al ocurrir las llamadas «previsiones sucesorias» yacceder Juan Carlos I al Trono se empezó a despejar el horizonte para ellospero ideas como la amnistía, la plenitud de derechos y libertades, elreconocimiento de todos los partidos políticos, la libertad sindical, lasautonomías nacionales y regionales, etc., difícilmente entraban en ese tímidoreformismo que, por ello, era rechazado drásticamente entre las fuerzasdemocráticas españolas.En sentido contrario, esas fuerzas democráticas defendían que la únicamanera de llegar a la democracia era mediante la «ruptura». Ello suponía laformación de un Gobierno provisional que garantizara las libertades básicasy la apertura de un proceso constituyente que abordaría la transformaciónpolítica plena e integral de España, tal como ocurriera en 1931 con la llegadade la Segunda República, o en 1868 tras el destronamiento de Isabel II. Lapropuesta de ruptura era de hecho irrealizable dado el posicionamiento delejército, fuerzas de orden público, aparatos burocráticos del franquismo,etc., y la propia actitud de la mayoría de la sociedad española que deseabareformas, pero que en su inmensa mayoría se negaba a aventuras cercanas amodelos revolucionarios.¿Cómo se logró armonizar ambas posturas y, con ello, hacer posible unatransición modélica? Como afirmó Solé Tura, El éxito de las grandes 7
  8. 8. reformas se basa en la combinación de la presión social y el entendimientoentre los reformistas de la oposición y los reformistas del propio sistema.Quizás en una primera interpretación podría entenderse por presión socialuna serie de acciones de masas tendentes a provocar el derrumbamiento delfranquismo, de un modo similar a lo ocurrido en los procesos revolucionarios.Pero nada hay más lejos de la realidad que esta posible interpretación de lapresión social. Por el contrario, la gran mayoría de la población española nomilitaba en los partidos políticos que se movían en la clandestinidad ni en lossindicatos libres (fundamentalmente, Comisiones Obreras y la Unión Generalde Trabajadores) y tampoco se mostró muy dispuesta a secundar losllamamientos a la acción realizados por estas organizaciones. El miedo a larepresión y una actitud acomodaticia en muchos casos, dieron pie a unapasividad que, sin embargo no impedía a una gran mayoría de españolesanhelar unos propósitos de cambios en profundidad. Esos españoles queprotagonizaron la transición eran diferentes a los de generaciones pasadas.Había mejorado ostensiblemente el nivel de renta. La educación básicallegaba a la gran mayoría de la población y el número de universitarios sehabía multiplicado. La emigración, el turismo, el deporte y los medios decomunicación -pese a la censura existente- permitían a muchos españolesconocer los espacios europeos, con los aires de libertad que lescaracterizaban. Además poderes fácticos con enorme repercusión en lasociedad, como la Iglesia y la banca, apostaron por el cambio ycontribuyeron a la presión social. La primera por los afanes progresistasque desde el Concilio Vaticano II corrían en su seno; la segunda porqueentendía necesario armonizar unas estructuras socio-económicashomologables a las del mundo occidental con un modelo político democrático.Tampoco puede olvidarse el importantísimo papel desempeñado por laprensa, la universidad y la enseñanza en general.Por otra parte, en la historia de España la democracia nunca habíaconseguido implantarse de manera duradera y era necesario impedir queesto volviese a ocurrir, de aquí la necesidad del entendimiento entre lasdiferentes fuerzas (“La transición política fue el resultado de un diálogoentre el Gobierno y la Oposición”). Ese entendimiento va a dar pie a unacaracterística esencial de la transición española: el consenso. Un consensoque realmente se inició a partir de julio de 1976, tras la llegada de AdolfoSuárez a la Presidencia del Gobierno, ya que durante el mandato de AriasNavarro fue imposible cualquier diálogo y entendimiento con la oposicióndemocrática. Y un consenso que tendrá varias etapas. 8
  9. 9. La primera etapa se abrió inmediatamente después de la llegada de Suárezal frente del Gobierno. Gracias a hombres como el propio Presidente y el delas Cortes, Torcuato Fernández Miranda, se llegó a un entendimiento entrelas fuerzas reformistas del régimen de Franco para posibilitar la aprobaciónen las Cortes y después en referéndum de la Ley para la Reforma Política,pieza clave para desmontar el aparato político del franquismo. A partir deentonces los inmovilistas del búnker perdieron buena parte de su poderpolítico. La primera concluyó en diciembre de 1976, una vez celebrado elreferéndum que aprobó la Ley para la Reforma Política. A continuación elconsenso tuvo que ampliarse a la oposición democrática a fin de que lacelebración de elecciones generales en junio de 1977-como preveía laanterior Ley- pudiera tener las máximas garantías y posibilitara uninmediato proceso constituyente que, a la postre, tendría que conducir alcambio de régimen. Esta segunda etapa del consenso fue quizás la máscomplicada de todas puesto que a las reticencias de buena parte de esaoposición democrática se unió la presión de sectores inmovilistas queestuvieron a punto de provocar una involución. Pero también se pudoconseguir el entendimiento y las elecciones celebradas el 15 de junio de1977, donde pudieron participar todos los partidos políticos con la máximalibertad, fueron auténticamente modélicas. La tercera fase del consenso se produjo durante el procesoconstituyente. En esta, ocasión, en lugar de aplicarse en los debates unasimple mayoría aritmética, que hubiera dado origen a una Constitución.-escorada hacia un signo político concreto, se llegó a un entendimiento entrela mayoría de las fuerzas parlamentarias. De esta forma se hizo posible untexto constitucional válido para todos y ratificado masivamente. Concluiríaesta etapa con la aprobación de nuestra Ley Fundamental a finales de 1978. El entendimiento entre todos los que anhelaban con mayor o menorfuerza desterrar para siempre al franquismo y convertir a España en unademocracia real no fue fácil, puesto que si se estaba de acuerdo en lo queno se quería, las dificultades surgían a la hora de plantear lo que se aspirabapara después. Pero al final el entendimiento se logró. Ello fue así porque elproceso de cambio político fue una «reforma» y no una «ruptura», con todassus ventajas e inconvenientes. La operación de diseñar una reforma política para posibilitar un cambio enprofundidad desde la legalidad heredada del franquismo era, ciertamente,complicada. Hoy casi todos los analistas de la transición coinciden enafirmar que el papel de la Corona fue decisivo. Juan Carlos I había llegado alTrono el 22 de noviembre de 1975 en virtud de los designios del dictadorrecién fallecido y había asumido la Corona en nombre de las LeyesFundamentales del franquismo. De esta manera, el nuevo Monarca no tenía 9
  10. 10. legitimidad democrática, pero tampoco poseía la legitimidad dinástica, yaque el depositario de los derechos de la Casa Real española y padre del Rey,don Juan de Borbón, no había hecho renuncia de esos derechos históricos.Sin embargo, Juan Carlos I manifestó claramente en su primer mensaje suspropósitos de hacer posible desde la Corona un efectivo consenso deconcordia nacional y no tardó mucho tiempo en impulsar, desde el prestigiode la Institución que encarnaba, el proceso de cambio político que el paísdemandaba. La Corona era consciente de la imposibilidad de perpetuar elfranquismo sin Franco y de que la manera de consolidarse en un país deescasos sentimientos monárquicos pasaba por su adaptación a los modelosde Monarquías parlamentarias existentes en Europa. Ese papel de «motordel cambio» fue perfectamente entendido: era necesario aislar a losinmovilistas, o sea, aquéllos que no estaban dispuestos a admitir cambios deninguna clase, que se consideraban herederos de las esencias del régimendel 18 de julio y que afirmaban que «después de Franco vendrían lasInstituciones». El pacto con los reformista fue lo que dinamizó la primeraetapa del consenso hasta la aprobación de la Ley para la Reforma Política. Más complicado era el diálogo con las izquierdas ya que la Monarquía de1975 salía directamente del franquismo. Sin embargo, al igual que pasabacon la derecha reformista, la Corona y la izquierda se necesitabanmutuamente.En efecto, Juan Carlos I no podría considerarse un Rey constitucional niSoberano de todos los españoles -como proclamó en su entronización- si laizquierda democrática no se incorporaba a la vida política. Y esto, queparece que lo tenía perfectamente claro el nuevo Monarca. La izquierdaaceptó la Monarquía terminando con la vieja confrontación entre Monarquíao República.3.- CONCLUSIÓN Y ALCANCE:El texto habla del proceso por el cual la democracia llega a España. Elacontecimiento más trascendental de esos años fue la redacción yaprobación definitiva de una nueva Constitución. El 6 de diciembre de 1978se sometió a referéndum dicho texto constitucional, obteniendo un ampliorespaldo que dio forma y contenido a la nueva democracia. Aunque firme ydecidida, la marcha de la democracia en los años posterires se vioamenazada desde dos frentes. Por un lado el terrorismo y, por otro,ciertas tramas involutivas nacidas en sectores del Ejército. Así, entre 1979y 1981 se verificaron por desgracia los mayores guarismos de crímenes de labanda asesina ETA, además de ejercer la extorsión a través del impuestorevolucionario y de los secuestros El terrorismo del G.R.A.P.O., sin embargo, 10
  11. 11. pasó a la historia al ser abatido su líder principal, Enrique Cerdán. De otraparte, se produjeron dos sonados episodios de intentonas golpistas. Laprimera se produjo en noviembre de 1978, en la madrileña cafeteríaGalaxia, sita en el barrio de Argüelles. Los participantes, el tenientecoronel Tejero y Sáenz de Inestrillas, y la trama pudo ser desmontada porlos servicios de información y las Fuerzas de Seguridad. Más ruidosa y compleja fue la intentona del 23 de febrero de 1981 cuando,de nuevo, el teniente coronel-Tejero entró en el Congreso de los Diputadosante los ojos atónitos de los españoles que contemplaban la sesión por latelevisión. El contexto era, además, muy delicado. El presidente AdolfoSuárez había presentado su dimisión pocas semanas antes (según algunos,por presiones militares) y su sustituto (Calvo Sotelo) había de ser investidocomo nuevo presidente aquel 23 de febrero. Al final, la intervención del reyJuan Carlos desbarató la intentona consiguiendo una popularidad y unrevestimiento de legitimidad notables. Todo este período de transición entre 1977 y 1982 encontró un punto deinflexión en este último año, al ganar las elecciones por mayoría absoluta elP.S.O.E. (elecciones de 28 de octubre). La democracia entraba en una nuevafase donde acabarían cristalizándose algunos de sus elementos esenciales.CRÍTICA: En principio, el texto aporta poco a lo que es el conocimiento de latransición. El autor nos cuenta los factores que él mismo pudo vivir comouno de los principales impulsores del proceso, de ahí su gran validez.Tampoco efectúa ninguna narración de hechos. Más que nada, lo que hace esreflexionar sobre el trasfondo de los acontecimientos vividos durante latransición desde su óptica. De acuerdo con ello, la principal aportación deltexto estaría en la visión que de la transición se tiene desde la óptica de unode los que vivió más intensamente dicho fenómeno de La Transición. Unavisión que podría ser compartida por muchos otros analistas.Lógicamente, contemplar y analizar unos hechos desde el punto de vista deuna determinada opción política -la centrista, en este caso- podría originarmuchas distorsiones. Pero el autor resuelve esas posibles distorsionessituándose más en su papel de comentarista de los acontecimientos que en elde persona ligada a un partido concreto.BIBLIOGRAFÍA: TUSELL, J.: La transición española a la democracia, Ed. Historia 16,Madrid, 1989. Buen y sencillo resumen de lo que fue la transición. 11

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