En busca de los colores perdidos
En un mundo donde la oscuridad no produce miedo, solo sonrisas al
contemplar las luces de Flpytown, los fuegos artificiale...
En ese momento Sibi se dio cuenta de cuán lejos había llegado ¿Qué
pensarían sus congéneres? Un pequeño Monsi no puede mar...
Y de pronto....giro y giro y giro sin saber bien qué pasaba y -plof!aterrizó al otro lado de una espiral negra. Estaba en ...
-Hola, ¿puedes verme?- dijo Sibi dirigiéndose a la niña.
-ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh- la pequeña chilló al ver
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-¿De dónde??.....esto es Zaragoza...Si, estaba llorando, mi color
favorito ha desaparecido y no logro encontrarlo...no rec...
Y de un brinco se posó en el alfeizar de la ventana animando a la
pequeña a salir fuera. Sibi saltó a un árbol que daba ju...
-Y ¿cuál es tu color favorito?
-El rosa- exclamó la niña con ferviente pasión- es el color del amor...y
sin él no puedo pi...
Entonces Sagra se puso como loca a besar a todo aquel que se cruzaba
por su camino, incluidos perros, gatos y plantas. Per...
Sagra se levantó de un salto de su cama y se puso a buscar como loca
por toda su casa, como esperando encontrar una puerta...
Sibi se había marchado, pero solo momentáneamente, era el duende
de la esperanza, ese que vive en un mundo fantástico más ...
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Cuentos para la vida "En busca de los colores perdidos"

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Cuento con moraleja para niños y mayores

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Cuentos para la vida "En busca de los colores perdidos"

  1. 1. En busca de los colores perdidos
  2. 2. En un mundo donde la oscuridad no produce miedo, solo sonrisas al contemplar las luces de Flpytown, los fuegos artificiales de las celebraciones de la cosecha de stinglan y las estrellas que arriba se observan, y conectan con otros planos. Allí, dónde acaba la tierra seca de Continao, comienza esta historia de lucha y superación, de vida y aceptación, hacia un horizonte nuevo y diferente. Sibi era un pequeño Monsi, una especie de duendecillo verde trepador de árboles. Una tarde en su poblado, cuando el gran sol naranja se despedía, todos festejaban alrededor de una fogata...como cada semana a esas horas- les encanta la fiesta a los Monsi-. Sibi no quería que el sol se marchase de su fiesta, quería seguir bailando con él, así que trepo de árbol en árbol siguiendo el recorrido del sol mientras marchaba. Pero el sol...acabó, como cada día, por desaparecer en la lejanía, tras las montañas de Olsai.
  3. 3. En ese momento Sibi se dio cuenta de cuán lejos había llegado ¿Qué pensarían sus congéneres? Un pequeño Monsi no puede marchar solo si no es con objeto de trastear con humanoides. La nocturnidad se echó encima y, sin nada que le alumbrase, pasó la noche en la copa de un árbol frondoso. A la mañana, hambriento, pues ya se había perdido la comida de media noche y la de la salida del sol -hay que ver lo que comen estos Monsi- corrió hacia una casa cercana que había visto desde lo alto. Al no escuchar ni ver a nadie en su interior, se agachó para colarse por una rendija de la puerta trasera que daba a un gran granero.
  4. 4. Y de pronto....giro y giro y giro sin saber bien qué pasaba y -plof!aterrizó al otro lado de una espiral negra. Estaba en una gran casa, pero ya no era aquel granero. Todo era muy grande...y gris. Entró en una habitación de la que salía una leve luz azulada. Asustado, Sibi, empezó a gitar pidiendo ayuda. Nunca había visto algo semejante. Sin esperarlo la lluvia apareció y mojó sus ropajes hechos de hojas de platanero y palmeras. Miró hacia arriba...pero no había cielo. Solo un humanoide muy grande de cuyos ojos caía la lluvia que le había empapado. Trepó por unas telas para alcanzar a ver mejor. Sus ojos medio cerrados y su rostro reflejaban algo enternecedor que atraía la curiosidad de Sibi. Sabía qué era la oscuridad...pero nunca había visto un mundo tan falto de color y risa. Sentía como la tristeza rodeaba aquella casa en la que había aparecido, y tenía miedo. Miró la faz del humanoide, que acababa de levantar la cabeza. Por su expresión parecía una niña, de unos diez años.
  5. 5. -Hola, ¿puedes verme?- dijo Sibi dirigiéndose a la niña. -ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh- la pequeña chilló al ver un ser verde que le hablaba. -Oh lo siento, no te asustes por favor, no pretendía, yo... -¿qué...? ¿quién...eres? ¿sabes hablar mi idioma? Dios, debo de estar soñando..... -Oh nono, me llamo Sibi, creo que me he perdido, no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí...¿estabas llorando? ¿por qué? En mi mundo no conocemos....¿cómo es que se llama?...¿tristeza? ¿es esto que siento ahora mismo....como si no pudiese saltar de árbol en árbol? -em.....yo....¿de dónde vienes tú? -De Flipytown...¿dónde estoy?
  6. 6. -¿De dónde??.....esto es Zaragoza...Si, estaba llorando, mi color favorito ha desaparecido y no logro encontrarlo...no recuerdo dónde lo dejé. -ooooooooh ¡¡no puede ser!! ahora entiendo porque este mundo es tan gris...os han robado los colores!! yo te ayudaré a encontrarlos, mi mundo está lleno de tooodos los colores, tonos vivos, pastel, y todos ellos proceden del mismo sitio.....del lago multicolor que hay al otro lado del arcoiris....¿sabes dónde está el arcoiris? -el...ar...coiris.....-la niña comenzó a sollozar nuevamente- hace mucho que no vemos el arcoiris....y no entiendo porqué. -mmmmmm a lo mejor simplemente no lo veis, vuestras lágrimas os impiden verlo ¡¡pintemos tu mundo, vamos a salir a buscar el arcoiris corre!!
  7. 7. Y de un brinco se posó en el alfeizar de la ventana animando a la pequeña a salir fuera. Sibi saltó a un árbol que daba justo frente a la ventana y bajó por su tronco derrapando, mientras reía. La niña, sorprendida y un tanto escéptica se enjuagó las lágrimas y, tras pensar unos segundos corrió escaleras abajo al encuentro con el duende -Ehhh ehhh estoy aquíiii -Pensé que no podría verte, entonces ¿eres un duende de verdad? ¿como los de los cuentos? -¿Cuentos? Jajajaja Que curioso, a mi mi mama me cuenta cuentos sobre los humanos del planeta terrenal. -jajaja tierra, se dice tierra. Por cierto, me llamo Sagra. Por favor ayudame a encontrar mi color favorito, lo necesito para pintar un dibujo muy importante.
  8. 8. -Y ¿cuál es tu color favorito? -El rosa- exclamó la niña con ferviente pasión- es el color del amor...y sin él no puedo pintar mi corazón. -Entonces buscaremos rosa, no te preocupes, solo tienes que desearlo con toooodas tus fuerzas. Las risas de los niños hacen crecer el verde ¡¡¡mírame a mi!! jajajaja no paro de reír, por eso soy así :-D Para crear rosa necesitaremos muchos abrazos de amigos verdaderos, achuchones bien fuertes de tu familia y besosss muuchos besos. -Jo....pero...a mi me cuesta mucho dar besos, los mayores se han vuelto grises y fríos y ya, se han olvidado de besar. -Pero eso no importa, debes enseñarles tú...lo importante nunca se olvida, créeme.
  9. 9. Entonces Sagra se puso como loca a besar a todo aquel que se cruzaba por su camino, incluidos perros, gatos y plantas. Pero los adultos no comprendían a qué venía tanta emoción desatada. Lo extraño es que una cálida sensación se sembraba en su corazón y hacía crecer brotes de amor. A la mañana siguiente la vida había cobrado un ligero color en tonos pastel, Sibi y Sagra sonrieron al ver lo que habían logrado con un solo pequeño gesto. -Es increíble Sibi, mira allí,- señalando por la ventana al jardín trasero de la casa- aquella flor ¡¡es rosa!! voy a cogerla ahora mismodijo la pequeña Sagra. -Nooo, no hagas eso, es un ser vivo, y su viveza es lo que da color a este mundo...ves ahora tu mundo empieza a ser divertido..pero....me gustaría poder volver al mío...a mi casa- exclamó el duendecillo con tono triste.
  10. 10. Sagra se levantó de un salto de su cama y se puso a buscar como loca por toda su casa, como esperando encontrar una puerta hacia ese mundo. Entonces, al pasar por un espejo, frenó en seco y quedó perpleja ante la imagen que vio. Era ella adulta, hecha mujer, con sus largos cabellos azabache sobre sus hombros, su cuerpo torneado, unas mejillas sonrosadas y unos ojos que reflejaban la experiencia de los años. Entonces, y solo entonces, se dio cuenta de que esa niña triste que lloraba al perder los colores era su pequeña niña interior, pero por fuera era ya una mujer que luchaba por recobrar todas las esperanzas de este mundo a través de la luz del sol, esa misma que nos permite ver los colores a los humanos.
  11. 11. Sibi se había marchado, pero solo momentáneamente, era el duende de la esperanza, ese que vive en un mundo fantástico más allá de nuestra mente, en nuestra imaginación. Ahora podía comprenderlo todo con claridad. Sabía que nunca estaría sola, y que cuando la tristeza se apoderase de ella Sibi regresaría dando un gran salto desde su árbol favorito para hacerla sonreír y poner color al mundo gris de los adultos. FIN

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