3*BEl diablo de los números               Yunuen Alelhi Rosales Ortiz               Matemáticas               3*B
“Índice”1. Introducción…………………………………………………………………..…12. 1 noche………………………………………………………………………..…23. 2 noche…………………………………………………...
8. Conclusión………………………………………………………………………8                          “Introducción”Si, todo mundo odiamos las matemáticas pe...
“1 noche” Hacía mucho que Robert estaba harto de soñar. Se decía: Siempre me tocahacer el papel de tonto. Por ejemplo, en ...
“2 noches”Robert se escurría. Seguía siendo lo mismo de siempre: apenas se quedabadormido, empezaba. Siempre tenía que baj...
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“4 noches”¡Me arrastras a toda clase de lugares! Un día es una cueva que no tienesalida, otro aterrizo en un bosque de uno...
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trastabillando hasta alcanzar la primera palmera. Entonces oyó una voz quele resultó                            “6 noches”...
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El diablo de los numeros (2)

  1. 1. 3*BEl diablo de los números Yunuen Alelhi Rosales Ortiz Matemáticas 3*B
  2. 2. “Índice”1. Introducción…………………………………………………………………..…12. 1 noche………………………………………………………………………..…23. 2 noche…………………………………………………………………………..34. 3 noche……………………………………………………………………..……45. 4 noche…………………………………………………………………………..56. 5 noche…………………………………………………………………………..67. 6 noche……………………………………………..……………………………7
  3. 3. 8. Conclusión………………………………………………………………………8 “Introducción”Si, todo mundo odiamos las matemáticas pero nunca vemos que las matemáticas soncomo el “agua” todo ser humano aunque lo niegue necesitamos de ellas…Un ejemplo se podría decir en los hombres… ¿Cómo saben o como quieren ciertacantidad de alcohol? Ahí si pensamos, no ni siquiera nos pasa por la mente quehacemos una suma para tomar ciertos vasos.Pero no se diga en las mujeres, como sabemos que hay cierto porcentaje en el precio,ya que hay rebajas, si todo el mundo necesita de las matemáticas aunque digamos queson fastidiosas y jamás las vamos a utilizar.Lo que veremos a continuación es de cómo tan fácil y divertido perdemos aprender…
  4. 4. “1 noche” Hacía mucho que Robert estaba harto de soñar. Se decía: Siempre me tocahacer el papel de tonto. Por ejemplo, en sueños le ocurría a menudo sertragado por un pez gigantesco y desagradable, y cuando estaba a punto deocurrir llegaba a su nariz un olor terrible. O se deslizaba cada vez máshondo por un interminable tobogán. Ya podía gritar cuanto quisiera ¡Alto! o¡Socorro!, bajaba más y más rápido, hasta despertar bañado en sudor. ARobert le jugaban otra mala pasada cuando ansiaba mucho algo, porejemplo una bici de carreras con por lo menos veintiocho marchas. Entoncessoñaba que la bici, pintada en color lila metálico, estaba esperándolo en elsótano. Era un sueño de increíble exactitud. Ahí estaba la bici, a la izquierdadel botellero, y él sabía incluso la combinación del candado: 12345.¡Recordarla era un juego de niños! En mitad de la noche Robert sedespertaba, cogía medio dormido la llave de su estante, bajaba, en pijama ytambaleándose, los cuatro escalones y... ¿qué encontraba a la izquierda delbotellero? Un ratón muerto. ¡Era una estafa! Un truco de lo más miserable.Con el tiempo, Robert descubrió cómo defenderse de tales maldades. Encuanto le venía un mal sueño pensaba a toda prisa, sin despertar: Ahí estáotra vez este viejo y nauseabundo pescado. Sé muy bien qué va a pasarahora. Quiere engullirme. Pero está clarísimo que se trata de un pez soñadoque, naturalmente, sólo puede tragarme en sueños, nada más. O pensaba:Ya vuelvo a escurrirme por el tobogán, no hay nada quehacer, no puedoparar de ningún modo, pero no estoy bajando de verdad.
  5. 5. “2 noches”Robert se escurría. Seguía siendo lo mismo de siempre: apenas se quedabadormido, empezaba. Siempre tenía que bajar. Esta vez era por una especiede cucaña. No mires hacia abajo, pensó Robert, se agarró fuerte y seescurrió con las manos al rojo vivo, abajo, abajo, abajo... Cuando aterrizó degolpe sobre el blando suelo de musgo, escuchó una risita. Delante de él,sentado en una seta de color marrón, suave como el terciopelo, estaba eldiablo de los números, más bajito de lo que lo recordaba, que le miraba consus ojos brillantes.- ¿De dónde sales tu? -le preguntó a Robert. Este señalóhacia arriba. La cucaña por la que había bajado llegaba hasta muy alto, yviroque tenía arriba un trazo oblicuo. Robert había aterrizado en unbosquecillo de gigantescosunos.El aire a su alrededor zumbaba. Comomosquitos, los números bailaban ante sus narices. Intentó espantarlos conambas manos, pero eran demasiados, y sintió que cada vez más deseosdiminutos dos, treses, cuatros, cincos, seises, sietes, ochos y nuevesempezaban a rozarlo. A Robert le resultaban ya lo bastante repugnantes laspolillas y las mariposas nocturnas como para que esos bichos se le acercarandemasiado.- ¿Te molestan? -preguntó el anciano. Extendió la palma de sumanita y ahuyentó a los números con un soplo. De pronto el aire estabalimpio, sólo los unos, altos como árboles, seguían estando allí como un solouno, alzándose hasta el cielo-. Siéntate, Robert -dijo el diablo de losnúmeros. Esta vez era sorprendentemente amable.- ¿Dónde? ¿En una seta?-¿Por qué no? Porque es una tontería -se quejó Robert-. ¿Dónde estamos? ¿Enun libro infantil]? La última vez estabas sentado en una hoja de acedera, yahora me ofreces una seta. Me suena familiar, lo he leído antes en algúnsitio.
  6. 6. « “3 noches”A Robert no le importaba que el diablo de los números le asediara en sueñosde vez en cuando. ¡Al contrario! Sin duda el anciano era un sabelotodo, y susataques de ira no resultaban especial-mente atractivos. Nunca se podíasaber cuándo se hincharía y le gritaría uno, con la cabeza enrojecida. Perotodo eso seguía siendo mejor, mucho mejor, que ser engullido por un pezviscoso o que resbalar más y más hacia un agujero negro. Además, Robert sehabía propuesto demostrar al diablo de los números, si es que volvía, que élno se acababa de caer de una higuera. Había que darle a ese tipo en lasnarices, pensó Robert antes de dormirse. Sabe Dios qué se había creído, él ysus ceros. En realidad, él mismo no era mucho más que un cero: ¡un simplefantasma de los sueños! Sólo había que despertar... y desaparecía. Pero, paradarle en las narices, Robert tenía que empezar por soñar con el diablo de losnúmeros, y para soñar con él tenía que dormirse. Se dio cuenta de que noera tan fácil. Estaba despierto dando vueltas en la cama. Nunca le habíaocurrido antes.- ¿Por qué das tantas vueltas? -preguntó el diablo de losnúmeros. Robert vio que su cama estaba en una cueva. El anciano estabasentado ante él, haciendo girar su bastón en el aire.- ¡En pie, Robert! -dijo-.¡Hoy vamos a dividir!-¿Es preciso? -preguntó Robert-. Por lo menos podríashaber esperado a que me durmiera. Además, no soporto las divisiones.- ¿Porqué no?-Mira, cuando se trata de sumar, restar o multiplicar, salen todas lascuentas. Sólo al dividirnos. Entonces suele quedar algún resto; me pareceuna pesadez.-La pregunta es cuándo
  7. 7. “4 noches”¡Me arrastras a toda clase de lugares! Un día es una cueva que no tienesalida, otro aterrizo en un bosque de unos en el que las setas son grandescomo sillones, ¿y hoy? ¿Dónde estoy?-Junto al mar. Ya lo ves. Robert miró asu alrededor. A lo largo y a lo ancho no había más que arena blanca, y detrásde un bote de remos, volcado, en el que se sentaba el diablo de losnúmeros, el rompiente. ¡Un rincón bastante abandonado!-Has vuelto aolvidarte la calculadora.-Oye -dijo Robert-, ¿cuántas veces tengo quedecírtelo? Cuando me duermo no puedo traer conmigo todos mis trastos. ¿Oes que tú sabes la noche anterior con qué vas a soñar?-Naturalmente que no-respondió el anciano-. Pero, si sueñas conmigo, podrías soñar también contu calculadora. ¡Pero no! Yo tengo que sacártelo todo por arte de magia.¡Siempre yo! Y encima luego todavía me dicen: la calculadora me resultademasiado blanda, o demasiado verde, o demasiado pastosa.-Es mejor quenada -dijo Robert. El diablo de los números alzó su bastón, y ante los ojos deRobert apareció una nueva calculadora. No era tan granujienta como laanterior, pero a cambio era gigantesca: inmueble acolchado y pe-ludo, tanlargo como una cama o un sofá. A un costado había una tablita con muchasteclas acolchadas, y el campo en el que se podían ver las luminosas cifrasllenaba todo el respaldo del extraño aparato.-Bueno, teclea uno entre tres -ordenó el anciano-dijo Robert, pulsando las teclas. En la interminable ventanitaapareció la solución, en letras verde claro:-¿Es que no termina nunca? -preguntó Robert.-Sí -dijo el diablo de los números-. Termina donde terminala calculadora.- ¿Y luego qué?-Luego sigue. Sólo que no puedes leerlo.-Perosiempre sale lo mismo, un tres tras otro. ¡Es como un tobogán!-En eso tienesrazón.-Bah -murmuró Robert-. ¡Es demasiado tonto! Para eso yo escribo
  8. 8. simplemente un tercio.Así: Y me quedo tan tranquilo.-Muy bien -dijo elanciano-. Pero entonces tienes que calcular en quebrados, y creo que nopuedes soportar los quebrados: «Si 1/3 de 33 panaderos hacen 89 trenzas en2 1/2 horas, ¿cuántas trenzas harán 5 3/4 panaderos en 1 1/2 horas?».-¡Por elamor de Dios, no! Me resulta demasiado Bocel. Prefiero la calculadora y losdecimales, aunque no se acaben nunca. Sólo me gustaría saber de dóndesalen todos esos treses.-Es así: el primer tres que hay detrás de la coma sontres décimas. Luego viene el segundo tres, que hace tres centésimas; eltercero, tres milésimas, etc. Puedes sumarlo todo:» ¿Comprendido? ¿Sí?Entonces intenta todo el tiempo multiplicar por tres: el primer tres, es decirlas tres décimas, luego las tres centésimas, etc. “5 noches”De repente, se había acabado. Robert esperó en vano a su visitante delreino de los números. Por la noche se iba a la cama como siempre, y lamayoría de las veces soñaba, pero no con calculadoras grandes como sofásy cifras saltarinas, sino con profundos agujeros negros en los que tropezabao con un desván lleno de baúles viejos de los que salían gigantescashormigas. La puerta estaba cerrada, no podía salir, y las hormigas letrepaban por las piernas. En otra ocasión quería cruzar un río de caudalosasaguas, pero no había puente, y tenía que saltar de una piedra a otra. Cuandoya esperaba alcanzar la otra orilla, se encontraba de pronto en una piedraen medio del agua y no podía avanzar ni retroceder. Pesadillas, nada másque pesadillas, y ni por asomo un diablo de los números. Normalmentesiempre puedo escoger en qué quiero pensar, cavilaba Robert. Sólo ensueños tiene uno que soportarlo todo. ¿Por qué?-¿Sabes? -le dijo una nochea su madre-, he tomado una decisión. De hoy en adelante no voy a soñarmás.-Eso está muy bien, hijo mío -respondió ella-. Siempre que duermes mal,al día siguiente no atiendes en clase, y luego traes a casa malas notas.Desde luego, no era eso lo que a Robert le molestaba de los sueños. Pero selimitó a decir buenas noches, porque sabía que uno no puede explicárselotodo a su madre. Pero apenas se había dormido cuando la cosa volvió aempezar. Caminaba por un extenso desierto, en el que no había ni sombra niagua. No llevaba más que un bañador, caminó y caminó, tenía sed, sudaba,ya tenía ampollas en los pies... cuando al fin, a lo lejos, vio unoscuantosárboles. Tiene que ser un espejismo, pensó, o un oasis. Siguió
  9. 9. trastabillando hasta alcanzar la primera palmera. Entonces oyó una voz quele resultó “6 noches”Probablemente crees que soy el único -dijo el diablo de los números cuandovolvió a aparecer. En esta ocasión estaba sentado en una silla plegable, enmedio de un enorme campo de patatas.- ¿El único qué? -preguntó Robert.-Elúnico diablo de los números. Pero no es cierto. Soy sólo uno de muchos. Alláde donde vengo, en el paraíso de los números, hay montones de nosotros.Por desgracia no soy el más importante. Los verdaderos jefes estánsentados en sus habitaciones, pensando. De vecen cuando uno se ríe y dicealgo parecido a: «Rn igual a han dividido entre función de n por f de n, abreparéntesis, a más theta, cierra paréntesis», y los otros asientencomprensivos críen con él. A veces ni si-quiera sé de qué hablan.-Pues paraser un pobre diablo eres bastante engreído -objetó Robert-. ¿Qué quieres,que te compadezca ahora?-¿Por qué crees que me hacen andar por ahí por lasnoches? Porque los señores de ahí arriba tienen cosas más importantes quehacer que visitar a principiantes como tú, mi querido Robert.-O sea que puedodecir que tengo suerte de poder soñar por lo menos contigo.-Por favor, nome malinterpretes -dijo el amigo de Robert, porque entre tanto se habíanhechoda-si viejos amigos-, lo que cavilan los señores de ahí arriba no esrealmente malo. Uno de ellos, al que aprecio especialmente, es Bonatschi. Aveces me cuenta lo que va averiguando. Es italiano. Por desgracia hacemucho que ha muerto, pero eso no significa nada para un diablo de losnúmeros. Un tipo simpático, el viejo Bonatschi. Por otra parte, fue uno delos primeros que entendieron el cero. Desde luego no lo inventó, pero en
  10. 10. cambios le ocurrió la idea de los números de Bonatschi. ¡Deslumbrante!Como la mayoría de las buenas ideas, su invento empieza con el uno... yasabes. Más exactamente, con dos unos: 1 + 1 = 2 . »Luego coge las dosúltimas cifras y las sumas así que...y luego... otra vez las dosúltimas...etcétera.-Hasta el aburrimiento.-Naturalmente. “Conclusión”¿Nos quedamos picados?Si muchas cosas que nos faltan por saber, como a este Albert sencillamente atravesóde sus sueños aprendían cada cosa, que jamás nos había gustado ni llamado laatención…Nosotros también tenemos un diablo de los números…Que toda la vida nos va estar molestando…

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