CPE 05 - Conferencia

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Educación en Valores - Conferencia disertada por el Dr. Rolando Martiñá durante el 1º Congreso Provincial de Educación desarrollado los días 17, 18 y 19 de Noviembre de 2005 en la ciudad de Esquel, Chubut

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CPE 05 - Conferencia

  1. 1. Educación en Valores – Dr. Rolando Martiñá Conferencia Justamente cuando veníamos en el avión, presté atención a algo que habitualmente pasa desapercibido. Y quizás no debería, que es las instrucciones que da el personal del avión para cuestión de seguridad. No sé porqué, quizás estaría un poco más aburrido, no tenía ganas de leer el diario, mi esposa estaba sentada en otro asiento, no pudimos venir juntos, no podía charlar con ella, en fin… Voy a prestar atención a esto que nunca le presto. Y me llamó la atención una cosa que dice la azafata con respecto a la máscara de oxígeno. No sé si a alguno de Ustedes, alguna vez le pasó esto. Dice: las personas que viajen con niños primero deben colocarse la máscara ellos, para después ayudar a los niños. Dije, ¡caramba! Esto es una linda metáfora: Si los adultos no están bien, ¿cómo van a cuidar a los chicos? Si el adulto se está ahogando ¿cómo va a tratar de que no se ahogue el chico? Y me pareció que esto tendría que ver con lo que yo pensaba plantear hoy aquí, que es el tema de los adultos, los adultos que cuidamos chicos. Digo cuidar no en un sentido peyorativo de que nuestras escuelas tengan que hacer de guarderías o cosas así… que a veces circulan esas imágenes. Digo cuidar en el sentido fuerte de la palabra. Digo cuidar en sentido de que esa capacidad de cuidar, nos ha hecho humanos a lo largo de la historia, y nos ha hecho sobrevivir como especie. Si los hombres primitivos no hubieran podido cuidar a su cría, a su territorio, a su agua, a su comida y a su fuego, no hubiéramos llegado hasta aquí. Entonces, cuando digo cuidar no lo digo en el sentido peyorativo, lo digo en el sentido abarcador que incluye la enseñanza y el aprendizaje: En el cuidar está incluido el enseñar. Porque enseñar es una forma proyectiva de cuidar. Cuidamos no solo ahora sino para después. Este es un tema complejo quiero aclarar, justamente para tratar que no sea contradictorio, conmigo mismo y con lo que decía Daniel López antes, que comparto, en cuanto a lo del dogmatismo. Quiero aclarar que todo lo que yo diga, no es solo mío, porque forma parte del programa en el cual participo. Y además, es un insumo para pensar. Yo quisiera que Usted lo recibiera de esa manera: Aquí nadie tiene todo resuelto, y probablemente nunca lo tendrá. Pero creo que hay perspectivas y enfoques que pueden ayudar a ampliar nuestra mente y a considerar los problemas en la complejidad que realmente tienen. Entonces, les pediría que lo tomen así. Que es un grupo de gente que hace rato viene pensando y escribiendo sobre estas cuestiones y que aporta para ampliar el panorama, algunas ideas para pensar y algunas experiencias realizadas también, entre paréntesis, quiero decir también que la Provincia del Chubut el año que viene probablemente firme con Nación, el convenio para que nos pongamos a trabajar juntos como en otras provincias se está haciendo en el Programa Nacional de Convivencia Escolar. Dicha esta pequeña introducción quisiera ir al tema más específico, que tiene que ver con la relación entre las dos instituciones cuidadoras por excelencia: la familia y la escuela. Y cómo esas dos instituciones se están relacionando, se han relacionado en el pasado y creemos que se deberían relacionar en el futuro, para promover en los chicos mejores actitudes hacia la convivencia. Nosotros también somos modestos en el Programa y preferimos no hablar de valores, hasta parece que a veces generan discusiones en un nivel demasiado abstracto, respecto a qué llamamos valores, y si los valores son universales o no. Si son objetivos o si son subjetivos, o si son históricos. Nosotros preferimos hablar de mejores o peores actitudes en cuanto a la convivencia con los demás. Por que pensamos que hay ciertas diferencias en los sistemas de creencias de las personas, que difícilmente sean valuables por una mera cuestión de argumentación racional. Quiero decir, si para llevarnos bien en un grupo humano, por ejemplo, un aula el que es judío tiene que hacerse cristiano o el que es cristiano tiene que hacerse judío, olvidémoslos. Pero sí podemos lograr llevarnos bien, si el que cree que todo se resuelve a trompadas, le demostramos que hay otras formas menos costosas y menos dolorosas de resolver ciertas cuestiones de conflicto. Y hasta ahí llegamos, que lo haga en nombre de lo que quiera o de lo que crea. + 1º CONGRESO PROVINCIAL DE EDUCACIÓN + “Desafíos Educativos para el Siglo XXI” + 17, 18 y 19 de Noviembre de 2005 – Esquel - Chubut
  2. 2. Lo que nos importa es, y en ese contexto, instalar mejoramientos en las interacciones que permitan disminuir el nivel de violencia. Sabiendo, por otra parte y con esta cosa paradojal y compleja que tiene la vida humana, que la disminución de la violencia total y definitiva, es absolutamente es imposible entre los seres humanos. Podemos inventar sistemas que la regulen mejor, que la prevengan mejor, y que cuiden mejor los resultados de la violencia, y en eso estamos empeñados nosotros. El informe de la UNESCO, de la Comisión Internacional de la Educación para el siglo XXI, donde se anuncia cuatro llamados pilares de la educación del futuro: Son aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Yo creo que los cuatro pilares tienen que ver con este tema de la convivencia y de los valores. Pero los dos últimos singulan uno: Aprender a vivir juntos y aprender a ser. Si esta comisión integrada por trece representantes de los más diversos países del mundo, pone entre los cuatro desafíos del futuro, dos que claramente tienen que ver con una especie de educación para la convivencia significa que este es un problema importante para nuestra sociedad, y hay que ponerle un privilegiado en nuestra agenda. En nuestra agenda educativa, en nuestra agenda cultural, en nuestra agenda social, en nuestra agenda personal. Volviendo al tema de las dos agencias socializadoras históricas: la familia y la escuela. Cuando hablamos de familia, tenemos que aclarar que no adherimos a ningún modelo preestablecido de lo que es una familia. Simplemente, partimos de que una familia, el hecho de que unos adultos se ocupen de unos niños hasta que dejen de ser tan vulnerables como lo son al nacer y puedan sobrevivir por sí mismos, a eso lo llamamos contexto familiar. Sea quien sea, que lo haga a eso. Sean o no los padres biológicos, sean dos o uno, o no sabemos cuantos. El asunto, es que la especie humana requiere que adultos se ocupen de los niños durante varios años. Esto es así, es ahora y fue así en las cavernas. Entonces, nos interesa esa función, no la estructura particular que la familia tenga, por que las estructuras cambian, y en esta época cambian aceleradamente. Y no tomamos partido en ese sentido. Siempre tendrá que haber, salvo que decidamos suicidarnos como especie, siempre tendrá que haber adultos que ayuden y cuiden a sus niños hasta que puedan desarrollar la suficiente autonomía para hacerlo por sí mismos. La familia fue la primer institución que se ocupó de eso, durante siglos, milenios y en distintos tipos de familias. Y también es la primera institución donde se va construyendo un sistema de creencias, es decir, los chicos en contacto con sus padres primero, y luego con otras personas del círculo mas ampliado familiar, van empezando a adquirir ciertas definiciones, explicaciones, pautas y reglas que tienen que ver con como vivir bien. Desde hace muy poco tiempo, considerando en términos históricos, ciento y pico de años, a esa instancia familiar se le agrega la instancia escolar, por lo menos la instancia escolar, por lo menos la instancia escolar tal cual la conocemos ahora. Que como sabemos, es producto de la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y el paso de lo que llamamos Modernidad Histórica. Esto, ya creó en su momento un nuevo problema a toda la familia sino que había otra institución que también transmitía, también generaba aprendizaje, también planteaba normas. Yo me acuerdo un relato que hacía mi madre. Mi madre curso la escuela primaria en la ciudad de Buenos Aires en un barrio muy pobre en los años ’20, y costaba un gran problema. A ella le había ocurrido varias veces esto, ella no lo podía explicar conceptualmente. Pero, el problema era el siguiente, que las pautas de la escuela y las pautas de la casa no coincidían. Por ejemplo, su madre era una persona enferma, muy amable, muy pacífica que criaba a sus hijos en un ambiente bastante acogedor. En la escuela cuando ella se portaba mal, la maestra le pegaba con una regla en las uñas de los dedos. Por supuesto, eso no creo que hoy ocurra. Y que no ocurra más. En esa época no era tan infrecuente que se apelara a ese tipo de disciplinamiento. Entonces ¿qué pasaba? Ella iba a la casa y le decía a su madre que la maestra le había pegado con la regla. La madre le decía: Bueno, es la maestra. Pero en el fondo ella sabia que la madre no estaba de acuerdo, y además, su madre no hacía eso con ella. En aquellos tiempos una situación así, no era factible de ser solucionada por medio de una protesta o reclamo de la madre a la escuela. Porque eran pobres, inmigrantes, analfabetos, por que se sentían inferiores a los maestros, por una serie de razones, jamás a mi abuela se le hubiera ocurrido la idea de ir a la escuela a reclamar a la escuela por qué hacían eso + 1º CONGRESO PROVINCIAL DE EDUCACIÓN + “Desafíos Educativos para el Siglo XXI” + 17, 18 y 19 de Noviembre de 2005 – Esquel - Chubut
  3. 3. con su hija. Daban por sentado que los maestros sabían que eran representante del poder público, del Estado, de la Nación Argentina. Si era así, era así y punto. Y por otra parte, en las escuelas de Italia se hacía algo parecido o peor. Por lo tanto, la cosa seguía. Vale decir, que aparentemente, había un acuerdo tácito entre la escuela y la familia respecto a lo que había que hacer con los niños. Había un pacto, nunca explicitado, pero que funcionaba. A mí mismo, cuando era alumno de la primaria cuando traía una mala nota o alguna mala nota de la escuela, mi padre que ya no era analfabeto ni inmigrante, me decía bueno, por algo habrá sido. El maestro sabe. Y por supuesto, los padres iban a la escuela solamente a recibir reprimenda por el mal comportamiento de sus hijos o por su mal rendimiento académico. Esto funcionó así durante décadas. Como todas las cosas en la vida, tenía sus pro y sus contras. Tenía el pro, que era una alianza. Si bien, asimétrica, entre las dos instituciones educativas. Se daba por supuesto, que los adultos sabían que tenían que hacer con los niños. Y si no estaban de acuerdo, el que no estaba de acuerdo suponía que el otro sabía más y la cosa funcionaba. No voy a explicar todas las razones porque sería muy largo, pero todos somos conscientes de que en las últimas décadas, y sobre todo a partir de la segunda pos guerra, como decía Daniel López antes, se produjeron tremendos cambios culturales que hicieron que este tipo de situación, hoy por hoy, sería prácticamente imposible, probablemente siga sucediendo. Pero, lo que más sucede hoy en día es lo contrario. Es decir, familias que con razón o sin ella, impugnan de una manera a veces violenta la acción de la escuela. Y se ponen del lado de sus hijos, tengan o no razón, defendiéndolos a toda costa frente a cualquier sanción o a cualquier actitud de la escuela, que se supone negativa que la escuela tenga con ellos. De modo que hemos hecho un movimiento de péndulo de un extremo a otro. Antes, ni los chicos ni sus padres hablaban. Ahora, parece que los maestros viven amenazados porque los padres están al acecho de cualquier, bueno, no se si sucederá aquí. Pero, en Buenos Aires es común que haya juicios, por ejemplo, demandas judiciales iniciadas por padres, a veces por problemas menores, porque el chico no aprobó la materia o cosas así. O agresiones físicas, padres o madres que golpean a docentes en el ámbito escolar, en la vereda o en cualquier lado. De manera que hemos pasado, como a veces pasa en la historia humana, de un extremo al otro. Pero ¿qué pasa? El problema de este péndulo, es que si no equilibramos un poco con un movimiento adecuado en el centro, lo que va pasar que no vamos a poder cuidar ni criar a estos chicos. Porque tal es la complejidad de la realidad actual, que parecería ser que ni la familia sola ni la escuela sola, son capaces hoy día de preparar a los chicos para sobrevivir en esta sociedad. De modo que, renovar ese pacto entre la escuela y la familia, hoy por hoy, a nuestro criterio, es una cuestión de supervivencia. Es decir, es una cuestión esencial. Hay muchas cosas para decir sobre esto, pero la cuestión del tiempo que me quedan diez minutos (se refiere al tiempo para la conferencia), voy a tratar de redondear remarcando algunos criterios que nosotros detectamos desde el programa, y teniendo en cuenta esta realidad que sintéticamente traté de escribir. Tomamos en cuenta, para realizar nuestro trabajo en relación con las distintas comunidades provinciales en este tema en particular en la cuestión de la familia. Uno de los criterios que tomamos en cuenta es la necesidad de un discurso adulto, estamos convencidos de que hay una crisis de la adultez. No todos los adultos tienen en claro lo que decía la azafata en el avión. Más bien algunos se sienten tan iguales a sus chicos que no saben a quien ponerle la mascarilla. Y muchas veces no se la ponen a nadie. Y se ahogan todos. No aceptan la asimetría de la relación padres e hijos; que no significa que tengan que ponerse en una situación de abuso de poder ni mucho menos. Hay una asimetría, y esa asimetría no solo es producto de evolución de la especie sino que es necesaria, hasta cierto momento de la vida. Después se renueva con los nietos, como bien lo sabemos los que los tenemos. Pero hay un momento, en que esto es crucial, y hay muchos adultos actualmente que parecen renunciar hasta casi alegremente a esta idea de que ellos no son chicos, y los chicos no son adultos. Hace falta un nuevo discurso adulto. Cuando digo discurso, quiero decir no solamente hace falta actitudes impulsivas, hace falta una nueva forma de posicionarse mentalmente como adulto, frente a los desafíos de esos chicos que no son iguales a los desafíos que nosotros planteábamos cuando nosotros éramos chicos. Cuando viene la niña de once años, no se si aquí sucede, por ahí aquí no. Cuando viene una niña de once años y les dice a sus propios padres que tiene un “pijama party”. Entonces, la madre que ya + 1º CONGRESO PROVINCIAL DE EDUCACIÓN + “Desafíos Educativos para el Siglo XXI” + 17, 18 y 19 de Noviembre de 2005 – Esquel - Chubut
  4. 4. estaba mas o menos al tanto, porque ya habló con otras madres en el colegio y demás, le dice, y bueno, no sé, tengo que hablar con tu padre. El padre cuando llega lo que menos tiene ganas de pensar en el “pijama party” porque por ahí no tiene trabajo, y demás, o porque si tiene viene muy cansado y quiere mirar el partido de tenis o de fútbol, y en lugar del control remoto aparece la Señora, lo cual siempre es mejor en realidad, siempre es mejor o casi siempre. No seamos dogmáticos. Y le dice: la nena el sábado tiene un “pijama party”. El señor a veces ni sabe lo que es eso. Y le dice… ¿qué es eso? ¿Qué tiene que hacer? ¿Es de la escuela? No mira, eso es en la casa de una compañera, y se pasan toda la noche, duermen ahí o no duermen. Entonces, puede ser que si la asimetría se mantiene ahí, la nena no va. Pero que padre aguanta a la nena cuatro días caracúlica a su hija de once años. Hay que ser muy heavy para ello ¿no? No cualquier padre aguanta. Entonces, el señor finalmente, la ve llorar a la nena por los rincones, se encierra en su cuarto o se va y no lo saluda, no le da el beso, ni se le sienta más en la rodilla. Ante esas cosas, el señor dice, bueno, está bien…que vaya, pero que llame por teléfono a las doce. Como si uno no podría hacer varias cosas a la vez. De modo, que hay que estar atento a los abusos de las relaciones de intercambio, que implica estar atento a que siempre juguemos juegos con nuestros congéneres, y que esos juegos deben tener reglas. Que las reglas no solo restringen. Las reglas posibilitan el juego. Esto es muy importante, por que aquí también debe haber, hay que subvertir un poco el sentido limitativo que la palabra reglas o ley suele tener. Sin regla no hay juego, hay caos. Si en una cancha de fútbol se borran las líneas de cal, los jugadores empiezan a agarrar la pelota con las manos y el partido dura cuatro horas y los arqueros se van a tomar mate, eso se convertiría en otra cosa, no hay más fútbol. ¿Por qué el fútbol no se convierte en eso? Por que hay reglas. Entonces, las reglas no son solo restricciones de la libertad son posibilitadoras de la libertad. De una libertad entendida en sentido humano. Otro tema que conviene trabajar, digo en relación, padres – maestros, escuela – familia, es el tema de los acuerdos de convivencia. Y dentro de eso, un tema ríspido de lo que me parece, del que alguna vez hay que hablar con claridad, el tema de las sanciones y recompensas. Parece que los chicos deben saber, desde muy temprano, que ciertas conductas no son deseadas ni alentadas por los adultos y que otras conductas, si son deseadas y alentadas. Y que, algunas conductas van a tener algunas consecuencias, y otras conductas van a tener otras consecuencias. No es lo mismo, no es lo mismo pedirle algo al hermano, que arrancárselo a sopapos. No es lo mismo. Hay que aprenderlo, y eso se aprende, cuando el chico se da cuenta que arrancárselo a sopapos tiene una consecuencia y que pedírselo tiene otras. Es necesario perfeccionar los sistemas de comunicación entre escuela y familia. Voy a dar un pequeño listado de cuales son las cuestiones de comunicación que a nuestro juicio, habría que revisar. Algunos criterios que utilizamos en nuestro trabajo para tratar de encarrilar esto de una manera que no se desmande, porque asumimos que esto es un problema difícil. Que mucha gente está muy enojada dentro y fuera de la escuela, grandes y chicos. Y cuando la gente está muy enojada a veces es difícil dialogar. Preferimos que la escuela abra el juego, o sea que la escuela tome la iniciativa en el acercamiento a los padres. ¿Por qué? Más bien, por una razón práctica. Es decir, la escuela es una institución orgánica, que se rige por cierto tipo de reglamento más o menos que hacen que la gente tenga cierta homogeneidad a pesar de la heterogeneidad. Los padres de los chicos son heterogéneos, son muchos, y es bastante difícil esperar que de ellos venga una propuesta homogénea de diálogo. De modo que preferimos que la escuela tome la iniciativa: ¿Cómo toma la iniciativa la escuela? Bueno, pensando que se está dirigiendo a un probable socio y no a un probable enemigo. Va ser muy diferente como me dirijo yo a una persona que quiero que sea mi socio, a como me dirijo yo a una persona que es mi enemigo. Y ese es un problema de comunicación, que está ligado por supuesto. + 1º CONGRESO PROVINCIAL DE EDUCACIÓN + “Desafíos Educativos para el Siglo XXI” + 17, 18 y 19 de Noviembre de 2005 – Esquel - Chubut
  5. 5. Hay que aplicar la regla de la no descalificación mutua. Hay padres que critican al maestro delante de sus hijos. Y, hay maestros que critican a los padres delante de los hijos de los padres. Esa crítica puede ser directa o vedada, y eso hay que tenerlo en cuenta. Hay que respetar las incumbencias. Hay cosas que corresponde que las haga la escuela y no las puede delegar a la familia. Si el chico no aprendió a multiplicar no es problema de la familia, es problema de la escuela. Y si el chico no aprendió que no puede andar escupiendo a sus compañeros en el recreo, es cosa básicamente de la familia. Por que se ve que en la casa también escupe. Y si escupe en la escuela y no escupe en la casa, ahí hay otro problema. Porqué la escuela permite las condiciones para que lo haga ahí y en la casa no. Pero respetando las incumbencias de cada uno, también hay mucha tendencia de invasión. Las invasiones mutuas. La familia invade la escuela, critica, reclama, pelea a veces; y muchas veces la escuela invade la familia, abre juicios sobre la familia, por ejemplo. Yo presencié una entrevista donde un padre que había sido citado por la escuela, fue encarado de esta manera: Mire Señor, lo llamamos porque a fulanito, evidentemente le falta una contención mínima. El Señor tiene cinco hijos, trabaja todo el día y va a la escuela y le dicen. “... a su hijo, lo que pasa, que le falta contención afectiva”. ¿Que clase de socio esperamos tener de esa manera? Hicimos un juego de roles después de eso. Y lo que salió fue una entrevista muy diferente. Pero hay que trabajarlo porque algunas veces a uno le sale el indio. Le sale eso, como primera cosa. Pero, si le sale eso, tiene que esperar que el otro se enoje, como efectivamente se enojó el señor, y le dijo: -¿Usted que sabe lo que pasa en mi casa?, ¿Por qué me acusa de que no cuido a mi hijo o no lo contengo? Y ahí, se acabó la posibilidad de diálogo. Y empezó una pelea. Hay que partir del reconocimiento mutuo, de que en la vida cada uno hace lo mejor que puede. Que puede no ser lo mejor, visto desde afuera. Uno puede opinar de la vida del vecino, puede decir: ¡Qué barbaridad! ¡Esta mujer! Hay que ver por algo hace eso. Primero, hay que tratar de comprender por qué hace eso y no otra cosa. Pero la gente, salvo la gente que esté muy mal de la cabeza, hace las cosas por alguna razón. Puede ser que sus razones sean equivocadas, habrá que verlo, habrá que hablarlo. Pero alguna razón hay. Esto requiere empatía, que es una virtud, poco practicada en general en nuestra vida social y cultural, pero que yo invito a desarrollar en cada uno de nosotros. Capacidad para ponerse en la piel del otro. Y finalmente, la comunicación es un instrumento maravilloso en los seres humanos, pero no resuelve todo. Lamento comunicarles que hay cosas que no se resuelven, ni aún con la mejor comunicación. Y muchas veces son cosas de valores, pongamos un caso: Un papá que tiene un hijo varón, y como todo papá que tiene un hijo varón tiene miedo de que no sea lo suficientemente varón. Esto nos ha pasado a todos los padres de varones. Y seguirá pasando, por una cuestión que vaya a saber de donde viene. Entonces le dice: vos no te dejes pasar por encima, vos si te pegan ¡pegas! El chico va a la escuela y se encuentra con una maestra gandhiana o yoga, que le dice: Nunca a la violencia. Todo hay que resolverlo por la vía pacífica. Si no se puede resolver, recurran a mí. Entonces, el chico recurre a ella, y entonces, además de maricón, ¡es botón! Bueno, teniendo en cuenta que estoy excedido de tiempo. (Ante el comentario del público, que solicita que no concluya todavía, responde). Eso es otra cosa, hay que aprender a decir que no. No hay que dejarse seducir. Listo. ¡Terminé!. Muchas gracias. + 1º CONGRESO PROVINCIAL DE EDUCACIÓN + “Desafíos Educativos para el Siglo XXI” + 17, 18 y 19 de Noviembre de 2005 – Esquel - Chubut

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