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Folleto vigilia pascual

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VIGILIAPASCUAL
SEMANA SANTA 2008
SUBSIDIO LITURGICO
2008
GICO 4
S
EMINARIODIOCESA
N
O
DE COLIMA DE
LA
SANGREDECRIST
O
PASTORAL
S
EMINARIODIOCESA
N
O
DE COLIMA DE
LA
SANGREDECRIST
O
PASTORAL
CICLO A
17
SÁBADO SANTO
VIGILIA DE LA RESURRECCIÓN
SENTIDO VIGILIA PASCUAL:
El núcleo de todo el año litúrgico, del que nace cualquier celebración, es esta
vigilia que culmina en la ofrenda del sacricio pascual de Cristo. En esta noche
la Iglesia celebra de modo sacramental más pleno, la obra de redención y de
la perfecta gloricación de Dios como memoria, presencia y espera.
En la pascua judía estaba ya presente la motivación de la vigilia en la que se
celebra el rito pascual: se trata de una memoria ecaz de los acontecimientos
de salvación celebrada durante la vigilia.
En la pascua cristiana no cambia la estructura teológica de la vigilia pascua
(memoria-presencia-espera), sino que se enriquece con la realidad que es
Cristo, el Crucicado-Resucitado: el es la pascua de nuestra salvación».
El sentido más auténtico de la vigilia es éste: estamos viviendo la pascua
que celebramos en el rito; la celebramos para que opere siempre más pro-
fundamente en nosotros la espera de la pascua eterna.
Los ritos de la vigilia, si bien están diferenciados en diversas partes cla-
ramente denidas, forman un todo en torno al núcleo esencial de la pro-
clamación de la Palabra de Dios, y de la Eucaristía. A través de los signos
sacramentales de la luz, del agua, de pan y del vino es signicada y hecha
presente la realidad de la pascua del señor, para que se haga nuestra y la
expresemos en la vida.
A) Lucernario o solemne comienzo de la vigilia: La primera parte de la vigilia
celebra la luz del mundo que es Cristo con su resurrección.
El uso de la bendición del fuego es de origen irlandés, y probablemente es
el resultado de la cristianización de uso pagano. En Roma el «fuego nuevo»
se tomaba de las lámparas grandes que se conservaban encendidas en la
parte más escondida de la Iglesia. Prácticamente para Roma el «fuego nue-
vo» no era otra cosa que la «luz» del cirio pascual, y no un especial rito del
fuego. Se llega a utilizar el fuego como rito hasta el s. XII. La reforma de la
semana santa (1955) restableció este uso incorporándolo plenamente en la
celebración de esta solemne vigilia.
B) Liturgia de la Palabra: El símbolo de la luz del cirio cede el puesto a la
realidad de Cristo, luz del mundo, presente en su palabra proclamada en la
Iglesia. estas lecturas nos introducen en el signicado y en el alcance que
tiene la pascua en la vida de la Iglesia y de cada cristiano.
C) Liturgia bautismal: Testimonios de un rito bautismal en la noche de la
pascua no parece que existan y que nos lleven más allá del s. III. La misma
universalidad del rito podría hacernos concluir que se trata de una tradición
incluso apostólica.
A continuación seguía el otro sacramento: la conrmación o crismación. El
segundo nombre indica el gesto o rito, el primero indica el efecto. Ya en
los primeros momentos aparece el doble gesto: unción con el signo en la
cruz en la frente, y la imposición de manos. Después la entrega del vestido
blanco y del cirio encendido.
- 1 -
nuestro Dios que ha realizado maravillosamente una historia de salvación,
herida por el pecado, pero con la sobreabundancia de la gracia.
Escuchemos con amor, las sagradas escrituras, en las que Dios
ha querido que quedaran grabadas las etapas de nuestra historia, que
es historia de gracia y salvación; a la vez que escuchamos la llamada a
la consolación y a la felicidad plena que viene de Dios en la voz de los
profetas.
Monición al Gloria:
Entonemos con gran alegría en esta noche santa el gran himno
de alabanza al amor de Dios.
Monición a la epístola:
San Pablo en la epístola nos indica el signicado del Misterio
Pascual: Muerte y Resurrección de Cristo; muerte y resurrección de los
bautizados que se unen a Cristo.
Monición para el Evangelio: (Antes del aleluya)
Escuchemos la proclamación de la Buena Nueva: ¡¡¡Cristo ha
Resucitado!!!, y cantemos ahora el Aleluya con sencillez, manifestando
como Iglesia la verdadera alegría pascual.
3. Liturgia Bautismal.
(Si hay bautismos se dice la siguiente monición)
Monición:
Ahora que hemos recordado la obra de nuestra salvación, prepa-
rémonos a vivirla en los sacramentos pascuales; por el bautismo, nuestra
Madre Iglesia va a engendrar a sus nuevos hijos.
(Si no hay bautismos sólo se hace la bendición de la fuente de la
siguiente manera)
Monición a la bendición de la fuente:
Unámonos al sacerdote que invoca a Dios para que envíe, por
medio de Jesucristo, al Espíritu Santo sobre esta agua, que será santi-
cada para santicar a los hombres. En esas aguas santicadas, la Iglesia
dará vida nueva. Vida de Cristo a sus nuevos hijos; aclamemos al Señor
por sus maravillas.
Renovación de las promesas bautismales:
Ahora, pongámonos de pie y encendamos nuestra vela para
renovar nuestro compromiso bautismal.
Monición al ofertorio:
Mientras se acercan las ofrendas, preparémonos interiormente
para participar en la plegaria eucarística y ofrecernos junto con Cristo.
- 26 -
Monitor:
Graba las cifras de este año, porque Cristo vive resucitado y salva
a los hombres de hoy, como a los de ayer y de mañana.
Sacerdote: «Suyo es el tiempo y la eternidad, a El la gloria
y el poder por los siglos de los siglos. Amén».
Monitor:
El sacerdote pone 5 granos de incienso en el Cirio que represen-
tan las llagas de la Pasión, sacricio de olor agradable que Cristo hace
subir hasta el cielo.
Sacerdote: «Por sus santas llagas, gloriosas, nos proteja
y nos guarde, Jesucristo nuestro Señor. Amén»
Monición para encender el cirio:
Ahora el sacerdote enciende el Cirio, Cristo ha resucitado, vive
glorioso para siempre y nos comunica su luz y su vida.
Monición para la procesión con el cirio:
Ahora el Cirio será llevado al altar en solemne procesión. «Yo soy
la luz del mundo» ha dicho Jesús. Sólo Él puede iluminar nuestra marcha
por el desierto de esta vida.
Monición al Pregón Pascual:
El corazón de la Iglesia, al verse iluminada por el resplandor de
tanta luz, estalla en un himno de alegría y de acción de gracias, prego-
nando las maravillas que Dios realizó y va a realizar esta noche: llenos
de alegría aclamemos a Cristo, nuestra vida.
Moniciones para las 7 lecturas del AT:
1. (Gén. 1,1-2,2). Primera intervención del amor de Dios, la
Creación; será el símbolo de la nueva creación en Cristo.
2. (Gén. 22, 1-18). Abraham, nuestro padre en la fe, es gura
de Cristo, quien pone toda su vida en las manos de Dios.
3. (Ex. 14,15-15,1). Escuchemos ahora cómo Dios salva a su
pueblo de la esclavitud de Egipto.
4. (Is. 54,5-14). El profeta Isaías describe la nueva Jerusalén,
la Iglesia de los bautizados.
5. (Is. 55,1-11). La salvación llega a todos los hombres a través
del pueblo de Dios.
6. (Ba. 3,9-15; 32,4-4). Cristo es fuente de sabiduría para los
que siguen sus caminos.
7. (Ez. 36,16-28). Cristo al venir a nosotros nos cambia el corazón
y nos transforma al amor del Padre.
O bien, una monición general:
Regocijemos nuestro corazón saboreando las delicias del amor de
nuestro Dios, que desde antes de que el tiempo existiera, piensa en noso-
tros para llevarnos a participar de la gloria de su vida divina; escuchemos a
- 25 - - 2 -
D) Liturgia eucarística: Nos encontramos con el núcleo de la vigilia pascual:
son los primero momentos del gran día esperado: el día que ha hecho el
Señor, el alba del día que vio a Cristo resucitado. Cuanto la Iglesia cumple
durante el entero año litúrgico converge en esta eucaristía y parte de esta
eucaristía pascual.
E) Domingo de resurrección: el día de Cristo, el Señor: Sólo a partir del s.
IV-V empiezan a aparecer testimonios de una celebración eucarística en el
domingo de pascua, cuando la celebración de la vigilia pascual empezó a
desplazarse a la medianoche hacia la mañana del sábado.
La liturgia de este día de pascua celebra el acontecimiento pascual como
«día de Cristo, el Señor».
PRENOTANDAS
• Según antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del
Señor (Ex 12,42). Los eles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc. 12,35-
37), deben asemejarse a los criados que, con las lámparas encendidas en sus
manos, esperan el retorno de su señor, para que cuando llegue les encuentre
en vela y los invite a sentarse a su mesa.
• La celebración de esta Vigilia, que es la más noble entre todas las
solemnidades, se desarrolla de la siguiente manera: después de un breve
lucernario o Liturgia de la luz (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia,
conando en las palabras del Señor, medita y contempla las maravillas que
Dios, desde siempre, realizó por su pueblo (segunda parte de la Vigilia o
Liturgia de la Palabra) hasta que, al acercarse el día de la resurrección y
acompañada ya de sus nuevos hijos renacidos en el bautismo (tercera parte de
la Vigilia o Liturgia bautismal), es invitada a la mesa que el Señor, por medio
de su muerte y resurrección, ha preparado para su pueblo (cuarta parte de la
Vigilia o Liturgia eucarística).
• Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la
noche de manera que no ha de empezar antes que sea de noche, y debe con-
cluir antes del amanecer del día domingo. Esta indicación debe entenderse
rigurosamente.
• La Misa de la Vigilia pascual, aunque se celebre antes de la media-
noche, es ya la Misa de Pascua del Domingo de Resurrección.
• Los eles que participan en esta Misa de la Vigilia pueden comulgar
nuevamente en otra Misa del día de Pascua. El que celebra o concelebra la
Misa de la noche pascual puede celebrar o concelebrar de nuevo en el día de
Pascua. Además, la Vigilia pascual reemplaza al Ocio de lecturas.
• Es deseable conservar la costumbre de que al sacerdote lo asista el
diácono. Empero si no hay diácono, sus funciones las asume el sacerdote que
preside o un concelebrante, salvo indicación en contrario. Ambos se revisten
desde el principio con ornamentos blancos como para la Misa.
• Deben prepararse velas sucientes para todos los que participen en la
Vigilia. Para iniciar la Vigilia deben estar apagadas todas las luces del templo.
• En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende una fogata.
Una vez que allí se ha congregado el pueblo, se acerca el sacerdote con los
ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual. El turiferario lleva el turí-
- 3 -
bulo sin carbones. Si por dicultades diversas no puede hacerse una fogata, el
pueblo se congrega dentro del templo, y el sacerdote con los ministros se dirige
a la puerta de la iglesia; en este caso el pueblo, en la medida de lo posible, se
vuelve hacia el celebrante.
• Si hubiere dicultades para realizar el rito de la bendición del fuego
tal como se ha descrito, el pueblo puede estar ya congregado en la iglesia y el
sacerdote con el ministro que lleva el cirio pascual se dirigen a la puerta del
templo. En la medida de lo posible, el pueblo se orienta hacia el sacerdote.
Hecho el saludo y la monición como indica el se procede a la bendición del
fuego y a la preparación del cirio como se ha señalado con anterioridad.
• El diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, inciensa, si se usa,
el libro y el cirio, y proclama el Anuncio pascual en el ambón. mientras todos
permanecen de pie y con los cirios encendidos en sus manos. En caso de nece-
sidad el Anuncio pascual puede ser hecho por un cantor que no sea diácono; en
ese caso se omiten las palabras: «Por eso, queridos hermanos...» hasta el nal
de la invitación, como así también el saludo «El Señor esté con ustedes».
• El Anuncio pascual puede ser cantado también en su forma más breve.
Liturgia de la Palabra
• En esta Vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve
lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento (epístola y
evangelio). En la medida de lo posible y respetando la índole vigiliar de esta
importante celebración, deben proclamarse todas ellas.
• Si graves circunstancias pastorales lo exigen, puede reducirse el nú-
mero de lecturas el Antiguo Testamento; con todo téngase siempre presente
que la lectura de la Palabra de Dios es una parte fundamental de esta Vigilia
pascual. Por eso, deben leerse por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testa-
mento. Nunca debe omitirse la lectura tomada del capítulo 14 del Éxodo.
• Después de la última lectura del Antiguo Testamento con su salmo
responsorial y la correspondiente oración, estando todos de pie, se encienden
los cirios del altar y se ilumina de manera completa el templo, mientras el
sacerdote entona el Gloria, que todos prosiguen; mientras tanto, de acuerdo
con las costumbres del lugar, se tocan las campanas.
• Luego, todos se sientan y un lector proclama la lectura del apóstol san Pablo.
• Acabada la epístola, si se cree conveniente y según las costumbres
del lugar, el diácono o un cantor, se acerca a quien preside la celebración y
le dice: «Padre, te anuncio un gran gozo: el Aleluya». Todos se levantan y el
sacerdote, o si fuera necesario, un cantor, entona solemnemente el Aleluia, que
repiten todos. Después el salmista o cantor, proclama el salmo, y el pueblo
intercala el Aleluia en cada una de sus estrofas.
• Para proclamar el Evangelio no se llevan cirios, sino sólo el incienso,
si es que se usa.
• Después del Evangelio tiene lugar la homilía que, aunque breve, no
debe omitirse.
Cel: El Señor nos bendiga, en el nombre del Padre, y
del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
(Si hay avisos se comunican en este momento).
Cel: vayamos todos a vivir, lo que aquí juntos hemos
celebrado, Aleluya, Aleluya.
T: Demos gracias a Dios, Aleluya, Aleluya.
CANTO FINAL.
MONICIONES PARA TODA LA CELEBRACIÓN
Ambientación:
Hermanos: ya entrada la noche, nos reunimos impacientes para
sorprendernos con el nuevo día en que celebramos la Resurrección del
Señor. El tránsito de las tinieblas a la luz nos hace recordar a nosotros
cristianos las hazañas que Dios realiza al pasar entre nosotros: ¡Es la
Pascua!, ¡El Paso del Señor!...
En efecto: una noche, el pueblo de Israel fue libertado de las
tinieblas de la esclavitud, mientras celebraban la primera cena pascual:
la sangre del cordero pregurando a Cristo, salva al pueblo elegido que
guiado por una columna de fuego, huye de Egipto hacia la tierra prometida,
cruzando a pie el mar Rojo, donde perecen sus perseguidores.
Cristo, de igual modo, atraviesa victorioso las aguas amargas de
la muerte, pasa a la luz esplendorosa de su Resurrección, abriendo camino
para salvar a todo el que crea en Él.
Celebremos, pues, a Cristo Resucitado, velando, cobrando ánimo
al vivir los signos de la liturgia.
Monición para la bendición del fuego:
La vida de Dios manifestada a los hombres es un fuego de luz
plena en medio de nuestra noche de pecado y muerte. Por medio de Cristo,
Dios nos ha comunicado la claridad de su vida.
Monitor:
El cirio representa a Cristo Resucitado, presente entre nosotros.
Por eso el sacerdote graba en él una cruz.
Sacerdote: «Cristo ayer y hoy, principio y n»
Monitor:
Pone la primera y la última letra del abecedario griego, porque
Jesús es el principio y n de toda la creación.
Sacerdote: «Alfa y omega»
- 24 -
COMUNIÓN
(Si hay Hostias consagradas el celebrador hace genuexión,
y señalando con sus dos manos el Santísimo que en este momento estará
sobre el altar dice:)
Cel: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado
del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
T: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero
una palabra tuya bastará para sanarme
5. RITO DE CONCLUSIÓN
ORACIÓN: Cel: Infúndenos, Señor, tu espíritu de cari-
dad para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos
participado en este sacramento de la muerte y resurrección de
Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
(En caso de que presida un sacerdote se recomienda dar la ben-
dición solemne como se muestra a continuación:)
BENDICIÓN SOLEMNE
Cel. Que Dios todopoderosos los bendiga en esta día
solemnísimo de la Pascua y, compadecido de ustedes, los
guarde de todo pecado. T. Amen.
Cel. Que les conceda el premio de la inmortalidad quien
los ha redimido para la vida eterna con la resurrección de su
Hijo. T. Amén.
Cel. Que quienes una vez terminados los días de la
Pasión, celebran con gozo la esta de la Pascua del señor,
puedan participar, con su gracia del júbilo de la Pascua eterna.
T. Amén.
Cel. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre,
Hijo (†) y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
Cel. Podemos ir en paz, nuestra celebración pascual ha
terminado. Aleluya, aleluya.
T. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.
Coro: ¡Resucitó, resucitó, resucitó, aleluya....!
(Sí prescide un laico se termina la celebración de la siguiente manera).
- 23 - - 4 -
Con anticipación prever:
- Adornar el templo con ores y signos de resurrección o vida nueva en
la familia y en la comunidad.
- Organización para que los eles tengan velas.
- Lugar de reunión, trayecto y organización de la procesión.
- Los signos que se harán en el Cirio.
- El cantor del Pregón pascual (preparado).
- Los cantores de las letanías.
- Preparación de los bautizandos, sus papás y padrinos (participación y
lugar).
- Lectores y selección de lecturas.
- La forma de renovación de las promesas bautismales que se va a usar.
- Apagar y encender las luces a su debido tiempo.
- Repique para el Gloria.
- Registración de los libros a usar (Misal Romano, Libro de Semana Santa,
Ritual del Bautismo, Oración de los Fieles).
Cosas que preparar:
a) En el lugar de la reunión:
- Hoguera visible.
- Cirio Pascual (sobre alguna mesita).
- Velita para encender el Cirio.
- Punzón y/o estilete, 5 granos de incienso.
- Incensario sin brazas.
- Tenazas para sacar las brazas de la hoguera.
- Naveta.
- Velas para los ministros.
- Linterna.
b) En el Presbiterio:
- Candelabro digno para el Cirio.
- Campanas.
- Recipiente con agua, adornado (si no está ahí la pila bautismal).
c) En la Credencia:
- Lo necesario para la Misa.
- Lista de bautizandos, Ritual de Bautismo (Si es que los hay).
- Hisopo y acetre para la aspersión.
- Santos oleos, toalla, algodones, (limón o jabón).
A la hora convenida y en el lugar preparado iniciar la celebración.
- 5 -
1.- Primera parte: EL RITO DE LA LUZ.
Oración para la bendición del fuego:
Cel: Oremos. Dios nuestro, que por medio de tu Hijo
nos has comunidad el fuego de tu vida divina, bendice (†) este
fuego nuevo y haz que estas estas pascuales enciendan en
nosotros el deseo del cielo, para que podamos llegar con un
espíritu renovado a la esta gloriosa de tu Reino. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
El cirio encendido nos recodará a Cristo que dijo: «Yo
soy la resurrección y la vida».
Del fuego se enciende el cirio, se incensa y se hace la signación del
siguiente modo. Con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después traza
sobre él la letra griega Alfa (A) debajo la letra Omega (!). Entre los brazos
de la cruz, traza los cuatro números del año en curso, mientras dice:
Signación del cirio.
1. Cristo ayer y hoy.
(Traza la línea vertical)
2. Principio y n.
(Traza la línea horizontal)
3. Alfa
(Traza la letra Alfa, arriba de la línea vertical)
4. Y Omega.
(Traza la letra Omega, abajo de la línea vertical)
5. Suyo es el tiempo.
(Taza el primer número del año.
6. Y la eternidad.
(Traza el segundo número del año).
7. A él la gloria y el poder.
(Traza el tercer número del año)
8. Por los siglos de los siglos. Amén.
(Traza el cuarto número del año).
Después de haber trazado la cruz y los demás signos, se incrustan en el
cirio los cinco granos de incienso, en forma de cruz diciendo al mismo tiempo:
A
2 0
0 8
!
y resucitando, restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan sin cesar el himno de tu gloria.
T: Santo, Santo, Santo…
4. LITURGIA DE LA COMUNIÓN
(Si no preside un sacerdote, se continúa desde aquí).
Cel: (todos de pie). Fieles a la recomendación del
Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a
decir:
TODOS: Padre nuestro...
(Recuérdese que esta parte es exclusica del sacerdote)
Cel: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos
la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericor-
dia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda
perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro
Salvador Jesucristo.
T: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siem-
pre, Señor.
RITO DE LA PAZ
Cel: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La
paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros
pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, con-
cédele la paz y la unidad. Tú que vive y reinas por los siglos
de los siglos.
T: Amén.
Cel: La paz del Señor esté siempre con ustedes.
T: Y con tu espíritu.
Cel: nos damos el saludo de la paz.
- 22 -

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Folleto vigilia pascual

  • 1. VIGILIAPASCUAL SEMANA SANTA 2008 SUBSIDIO LITURGICO 2008 GICO 4 S EMINARIODIOCESA N O DE COLIMA DE LA SANGREDECRIST O PASTORAL S EMINARIODIOCESA N O DE COLIMA DE LA SANGREDECRIST O PASTORAL CICLO A 17
  • 2. SÁBADO SANTO VIGILIA DE LA RESURRECCIÓN SENTIDO VIGILIA PASCUAL: El núcleo de todo el año litúrgico, del que nace cualquier celebración, es esta vigilia que culmina en la ofrenda del sacricio pascual de Cristo. En esta noche la Iglesia celebra de modo sacramental más pleno, la obra de redención y de la perfecta gloricación de Dios como memoria, presencia y espera. En la pascua judía estaba ya presente la motivación de la vigilia en la que se celebra el rito pascual: se trata de una memoria ecaz de los acontecimientos de salvación celebrada durante la vigilia. En la pascua cristiana no cambia la estructura teológica de la vigilia pascua (memoria-presencia-espera), sino que se enriquece con la realidad que es Cristo, el Crucicado-Resucitado: el es la pascua de nuestra salvación». El sentido más auténtico de la vigilia es éste: estamos viviendo la pascua que celebramos en el rito; la celebramos para que opere siempre más pro- fundamente en nosotros la espera de la pascua eterna. Los ritos de la vigilia, si bien están diferenciados en diversas partes cla- ramente denidas, forman un todo en torno al núcleo esencial de la pro- clamación de la Palabra de Dios, y de la Eucaristía. A través de los signos sacramentales de la luz, del agua, de pan y del vino es signicada y hecha presente la realidad de la pascua del señor, para que se haga nuestra y la expresemos en la vida. A) Lucernario o solemne comienzo de la vigilia: La primera parte de la vigilia celebra la luz del mundo que es Cristo con su resurrección. El uso de la bendición del fuego es de origen irlandés, y probablemente es el resultado de la cristianización de uso pagano. En Roma el «fuego nuevo» se tomaba de las lámparas grandes que se conservaban encendidas en la parte más escondida de la Iglesia. Prácticamente para Roma el «fuego nue- vo» no era otra cosa que la «luz» del cirio pascual, y no un especial rito del fuego. Se llega a utilizar el fuego como rito hasta el s. XII. La reforma de la semana santa (1955) restableció este uso incorporándolo plenamente en la celebración de esta solemne vigilia. B) Liturgia de la Palabra: El símbolo de la luz del cirio cede el puesto a la realidad de Cristo, luz del mundo, presente en su palabra proclamada en la Iglesia. estas lecturas nos introducen en el signicado y en el alcance que tiene la pascua en la vida de la Iglesia y de cada cristiano. C) Liturgia bautismal: Testimonios de un rito bautismal en la noche de la pascua no parece que existan y que nos lleven más allá del s. III. La misma universalidad del rito podría hacernos concluir que se trata de una tradición incluso apostólica. A continuación seguía el otro sacramento: la conrmación o crismación. El segundo nombre indica el gesto o rito, el primero indica el efecto. Ya en los primeros momentos aparece el doble gesto: unción con el signo en la cruz en la frente, y la imposición de manos. Después la entrega del vestido blanco y del cirio encendido. - 1 - nuestro Dios que ha realizado maravillosamente una historia de salvación, herida por el pecado, pero con la sobreabundancia de la gracia. Escuchemos con amor, las sagradas escrituras, en las que Dios ha querido que quedaran grabadas las etapas de nuestra historia, que es historia de gracia y salvación; a la vez que escuchamos la llamada a la consolación y a la felicidad plena que viene de Dios en la voz de los profetas. Monición al Gloria: Entonemos con gran alegría en esta noche santa el gran himno de alabanza al amor de Dios. Monición a la epístola: San Pablo en la epístola nos indica el signicado del Misterio Pascual: Muerte y Resurrección de Cristo; muerte y resurrección de los bautizados que se unen a Cristo. Monición para el Evangelio: (Antes del aleluya) Escuchemos la proclamación de la Buena Nueva: ¡¡¡Cristo ha Resucitado!!!, y cantemos ahora el Aleluya con sencillez, manifestando como Iglesia la verdadera alegría pascual. 3. Liturgia Bautismal. (Si hay bautismos se dice la siguiente monición) Monición: Ahora que hemos recordado la obra de nuestra salvación, prepa- rémonos a vivirla en los sacramentos pascuales; por el bautismo, nuestra Madre Iglesia va a engendrar a sus nuevos hijos. (Si no hay bautismos sólo se hace la bendición de la fuente de la siguiente manera) Monición a la bendición de la fuente: Unámonos al sacerdote que invoca a Dios para que envíe, por medio de Jesucristo, al Espíritu Santo sobre esta agua, que será santi- cada para santicar a los hombres. En esas aguas santicadas, la Iglesia dará vida nueva. Vida de Cristo a sus nuevos hijos; aclamemos al Señor por sus maravillas. Renovación de las promesas bautismales: Ahora, pongámonos de pie y encendamos nuestra vela para renovar nuestro compromiso bautismal. Monición al ofertorio: Mientras se acercan las ofrendas, preparémonos interiormente para participar en la plegaria eucarística y ofrecernos junto con Cristo. - 26 -
  • 3. Monitor: Graba las cifras de este año, porque Cristo vive resucitado y salva a los hombres de hoy, como a los de ayer y de mañana. Sacerdote: «Suyo es el tiempo y la eternidad, a El la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén». Monitor: El sacerdote pone 5 granos de incienso en el Cirio que represen- tan las llagas de la Pasión, sacricio de olor agradable que Cristo hace subir hasta el cielo. Sacerdote: «Por sus santas llagas, gloriosas, nos proteja y nos guarde, Jesucristo nuestro Señor. Amén» Monición para encender el cirio: Ahora el sacerdote enciende el Cirio, Cristo ha resucitado, vive glorioso para siempre y nos comunica su luz y su vida. Monición para la procesión con el cirio: Ahora el Cirio será llevado al altar en solemne procesión. «Yo soy la luz del mundo» ha dicho Jesús. Sólo Él puede iluminar nuestra marcha por el desierto de esta vida. Monición al Pregón Pascual: El corazón de la Iglesia, al verse iluminada por el resplandor de tanta luz, estalla en un himno de alegría y de acción de gracias, prego- nando las maravillas que Dios realizó y va a realizar esta noche: llenos de alegría aclamemos a Cristo, nuestra vida. Moniciones para las 7 lecturas del AT: 1. (Gén. 1,1-2,2). Primera intervención del amor de Dios, la Creación; será el símbolo de la nueva creación en Cristo. 2. (Gén. 22, 1-18). Abraham, nuestro padre en la fe, es gura de Cristo, quien pone toda su vida en las manos de Dios. 3. (Ex. 14,15-15,1). Escuchemos ahora cómo Dios salva a su pueblo de la esclavitud de Egipto. 4. (Is. 54,5-14). El profeta Isaías describe la nueva Jerusalén, la Iglesia de los bautizados. 5. (Is. 55,1-11). La salvación llega a todos los hombres a través del pueblo de Dios. 6. (Ba. 3,9-15; 32,4-4). Cristo es fuente de sabiduría para los que siguen sus caminos. 7. (Ez. 36,16-28). Cristo al venir a nosotros nos cambia el corazón y nos transforma al amor del Padre. O bien, una monición general: Regocijemos nuestro corazón saboreando las delicias del amor de nuestro Dios, que desde antes de que el tiempo existiera, piensa en noso- tros para llevarnos a participar de la gloria de su vida divina; escuchemos a - 25 - - 2 - D) Liturgia eucarística: Nos encontramos con el núcleo de la vigilia pascual: son los primero momentos del gran día esperado: el día que ha hecho el Señor, el alba del día que vio a Cristo resucitado. Cuanto la Iglesia cumple durante el entero año litúrgico converge en esta eucaristía y parte de esta eucaristía pascual. E) Domingo de resurrección: el día de Cristo, el Señor: Sólo a partir del s. IV-V empiezan a aparecer testimonios de una celebración eucarística en el domingo de pascua, cuando la celebración de la vigilia pascual empezó a desplazarse a la medianoche hacia la mañana del sábado. La liturgia de este día de pascua celebra el acontecimiento pascual como «día de Cristo, el Señor». PRENOTANDAS • Según antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor (Ex 12,42). Los eles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc. 12,35- 37), deben asemejarse a los criados que, con las lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno de su señor, para que cuando llegue les encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa. • La celebración de esta Vigilia, que es la más noble entre todas las solemnidades, se desarrolla de la siguiente manera: después de un breve lucernario o Liturgia de la luz (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, conando en las palabras del Señor, medita y contempla las maravillas que Dios, desde siempre, realizó por su pueblo (segunda parte de la Vigilia o Liturgia de la Palabra) hasta que, al acercarse el día de la resurrección y acompañada ya de sus nuevos hijos renacidos en el bautismo (tercera parte de la Vigilia o Liturgia bautismal), es invitada a la mesa que el Señor, por medio de su muerte y resurrección, ha preparado para su pueblo (cuarta parte de la Vigilia o Liturgia eucarística). • Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche de manera que no ha de empezar antes que sea de noche, y debe con- cluir antes del amanecer del día domingo. Esta indicación debe entenderse rigurosamente. • La Misa de la Vigilia pascual, aunque se celebre antes de la media- noche, es ya la Misa de Pascua del Domingo de Resurrección. • Los eles que participan en esta Misa de la Vigilia pueden comulgar nuevamente en otra Misa del día de Pascua. El que celebra o concelebra la Misa de la noche pascual puede celebrar o concelebrar de nuevo en el día de Pascua. Además, la Vigilia pascual reemplaza al Ocio de lecturas. • Es deseable conservar la costumbre de que al sacerdote lo asista el diácono. Empero si no hay diácono, sus funciones las asume el sacerdote que preside o un concelebrante, salvo indicación en contrario. Ambos se revisten desde el principio con ornamentos blancos como para la Misa. • Deben prepararse velas sucientes para todos los que participen en la Vigilia. Para iniciar la Vigilia deben estar apagadas todas las luces del templo. • En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende una fogata. Una vez que allí se ha congregado el pueblo, se acerca el sacerdote con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual. El turiferario lleva el turí-
  • 4. - 3 - bulo sin carbones. Si por dicultades diversas no puede hacerse una fogata, el pueblo se congrega dentro del templo, y el sacerdote con los ministros se dirige a la puerta de la iglesia; en este caso el pueblo, en la medida de lo posible, se vuelve hacia el celebrante. • Si hubiere dicultades para realizar el rito de la bendición del fuego tal como se ha descrito, el pueblo puede estar ya congregado en la iglesia y el sacerdote con el ministro que lleva el cirio pascual se dirigen a la puerta del templo. En la medida de lo posible, el pueblo se orienta hacia el sacerdote. Hecho el saludo y la monición como indica el se procede a la bendición del fuego y a la preparación del cirio como se ha señalado con anterioridad. • El diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, inciensa, si se usa, el libro y el cirio, y proclama el Anuncio pascual en el ambón. mientras todos permanecen de pie y con los cirios encendidos en sus manos. En caso de nece- sidad el Anuncio pascual puede ser hecho por un cantor que no sea diácono; en ese caso se omiten las palabras: «Por eso, queridos hermanos...» hasta el nal de la invitación, como así también el saludo «El Señor esté con ustedes». • El Anuncio pascual puede ser cantado también en su forma más breve. Liturgia de la Palabra • En esta Vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento (epístola y evangelio). En la medida de lo posible y respetando la índole vigiliar de esta importante celebración, deben proclamarse todas ellas. • Si graves circunstancias pastorales lo exigen, puede reducirse el nú- mero de lecturas el Antiguo Testamento; con todo téngase siempre presente que la lectura de la Palabra de Dios es una parte fundamental de esta Vigilia pascual. Por eso, deben leerse por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testa- mento. Nunca debe omitirse la lectura tomada del capítulo 14 del Éxodo. • Después de la última lectura del Antiguo Testamento con su salmo responsorial y la correspondiente oración, estando todos de pie, se encienden los cirios del altar y se ilumina de manera completa el templo, mientras el sacerdote entona el Gloria, que todos prosiguen; mientras tanto, de acuerdo con las costumbres del lugar, se tocan las campanas. • Luego, todos se sientan y un lector proclama la lectura del apóstol san Pablo. • Acabada la epístola, si se cree conveniente y según las costumbres del lugar, el diácono o un cantor, se acerca a quien preside la celebración y le dice: «Padre, te anuncio un gran gozo: el Aleluya». Todos se levantan y el sacerdote, o si fuera necesario, un cantor, entona solemnemente el Aleluia, que repiten todos. Después el salmista o cantor, proclama el salmo, y el pueblo intercala el Aleluia en cada una de sus estrofas. • Para proclamar el Evangelio no se llevan cirios, sino sólo el incienso, si es que se usa. • Después del Evangelio tiene lugar la homilía que, aunque breve, no debe omitirse. Cel: El Señor nos bendiga, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. (Si hay avisos se comunican en este momento). Cel: vayamos todos a vivir, lo que aquí juntos hemos celebrado, Aleluya, Aleluya. T: Demos gracias a Dios, Aleluya, Aleluya. CANTO FINAL. MONICIONES PARA TODA LA CELEBRACIÓN Ambientación: Hermanos: ya entrada la noche, nos reunimos impacientes para sorprendernos con el nuevo día en que celebramos la Resurrección del Señor. El tránsito de las tinieblas a la luz nos hace recordar a nosotros cristianos las hazañas que Dios realiza al pasar entre nosotros: ¡Es la Pascua!, ¡El Paso del Señor!... En efecto: una noche, el pueblo de Israel fue libertado de las tinieblas de la esclavitud, mientras celebraban la primera cena pascual: la sangre del cordero pregurando a Cristo, salva al pueblo elegido que guiado por una columna de fuego, huye de Egipto hacia la tierra prometida, cruzando a pie el mar Rojo, donde perecen sus perseguidores. Cristo, de igual modo, atraviesa victorioso las aguas amargas de la muerte, pasa a la luz esplendorosa de su Resurrección, abriendo camino para salvar a todo el que crea en Él. Celebremos, pues, a Cristo Resucitado, velando, cobrando ánimo al vivir los signos de la liturgia. Monición para la bendición del fuego: La vida de Dios manifestada a los hombres es un fuego de luz plena en medio de nuestra noche de pecado y muerte. Por medio de Cristo, Dios nos ha comunicado la claridad de su vida. Monitor: El cirio representa a Cristo Resucitado, presente entre nosotros. Por eso el sacerdote graba en él una cruz. Sacerdote: «Cristo ayer y hoy, principio y n» Monitor: Pone la primera y la última letra del abecedario griego, porque Jesús es el principio y n de toda la creación. Sacerdote: «Alfa y omega» - 24 -
  • 5. COMUNIÓN (Si hay Hostias consagradas el celebrador hace genuexión, y señalando con sus dos manos el Santísimo que en este momento estará sobre el altar dice:) Cel: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor. T: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme 5. RITO DE CONCLUSIÓN ORACIÓN: Cel: Infúndenos, Señor, tu espíritu de cari- dad para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en este sacramento de la muerte y resurrección de Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. (En caso de que presida un sacerdote se recomienda dar la ben- dición solemne como se muestra a continuación:) BENDICIÓN SOLEMNE Cel. Que Dios todopoderosos los bendiga en esta día solemnísimo de la Pascua y, compadecido de ustedes, los guarde de todo pecado. T. Amen. Cel. Que les conceda el premio de la inmortalidad quien los ha redimido para la vida eterna con la resurrección de su Hijo. T. Amén. Cel. Que quienes una vez terminados los días de la Pasión, celebran con gozo la esta de la Pascua del señor, puedan participar, con su gracia del júbilo de la Pascua eterna. T. Amén. Cel. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo (†) y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes. Cel. Podemos ir en paz, nuestra celebración pascual ha terminado. Aleluya, aleluya. T. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya. Coro: ¡Resucitó, resucitó, resucitó, aleluya....! (Sí prescide un laico se termina la celebración de la siguiente manera). - 23 - - 4 - Con anticipación prever: - Adornar el templo con ores y signos de resurrección o vida nueva en la familia y en la comunidad. - Organización para que los eles tengan velas. - Lugar de reunión, trayecto y organización de la procesión. - Los signos que se harán en el Cirio. - El cantor del Pregón pascual (preparado). - Los cantores de las letanías. - Preparación de los bautizandos, sus papás y padrinos (participación y lugar). - Lectores y selección de lecturas. - La forma de renovación de las promesas bautismales que se va a usar. - Apagar y encender las luces a su debido tiempo. - Repique para el Gloria. - Registración de los libros a usar (Misal Romano, Libro de Semana Santa, Ritual del Bautismo, Oración de los Fieles). Cosas que preparar: a) En el lugar de la reunión: - Hoguera visible. - Cirio Pascual (sobre alguna mesita). - Velita para encender el Cirio. - Punzón y/o estilete, 5 granos de incienso. - Incensario sin brazas. - Tenazas para sacar las brazas de la hoguera. - Naveta. - Velas para los ministros. - Linterna. b) En el Presbiterio: - Candelabro digno para el Cirio. - Campanas. - Recipiente con agua, adornado (si no está ahí la pila bautismal). c) En la Credencia: - Lo necesario para la Misa. - Lista de bautizandos, Ritual de Bautismo (Si es que los hay). - Hisopo y acetre para la aspersión. - Santos oleos, toalla, algodones, (limón o jabón). A la hora convenida y en el lugar preparado iniciar la celebración.
  • 6. - 5 - 1.- Primera parte: EL RITO DE LA LUZ. Oración para la bendición del fuego: Cel: Oremos. Dios nuestro, que por medio de tu Hijo nos has comunidad el fuego de tu vida divina, bendice (†) este fuego nuevo y haz que estas estas pascuales enciendan en nosotros el deseo del cielo, para que podamos llegar con un espíritu renovado a la esta gloriosa de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. El cirio encendido nos recodará a Cristo que dijo: «Yo soy la resurrección y la vida». Del fuego se enciende el cirio, se incensa y se hace la signación del siguiente modo. Con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después traza sobre él la letra griega Alfa (A) debajo la letra Omega (!). Entre los brazos de la cruz, traza los cuatro números del año en curso, mientras dice: Signación del cirio. 1. Cristo ayer y hoy. (Traza la línea vertical) 2. Principio y n. (Traza la línea horizontal) 3. Alfa (Traza la letra Alfa, arriba de la línea vertical) 4. Y Omega. (Traza la letra Omega, abajo de la línea vertical) 5. Suyo es el tiempo. (Taza el primer número del año. 6. Y la eternidad. (Traza el segundo número del año). 7. A él la gloria y el poder. (Traza el tercer número del año) 8. Por los siglos de los siglos. Amén. (Traza el cuarto número del año). Después de haber trazado la cruz y los demás signos, se incrustan en el cirio los cinco granos de incienso, en forma de cruz diciendo al mismo tiempo: A 2 0 0 8 ! y resucitando, restauró la vida. Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria. T: Santo, Santo, Santo… 4. LITURGIA DE LA COMUNIÓN (Si no preside un sacerdote, se continúa desde aquí). Cel: (todos de pie). Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir: TODOS: Padre nuestro... (Recuérdese que esta parte es exclusica del sacerdote) Cel: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericor- dia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo. T: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siem- pre, Señor. RITO DE LA PAZ Cel: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, con- cédele la paz y la unidad. Tú que vive y reinas por los siglos de los siglos. T: Amén. Cel: La paz del Señor esté siempre con ustedes. T: Y con tu espíritu. Cel: nos damos el saludo de la paz. - 22 -
  • 7. Cel: Padre celestial, que por la muerte de tu Hijo en la cruz restauraste la antigua dignidad del hombre, concédenos los bienes que te pedimos para que, así, los que hemos rena- cido por el agua y el Espíritu Santo, conservemos siempre la alegría pascual. Por Jesucristo nuestro Señor. 4.- Cuarta Parte. LITURGIA EUCARÍSTICA. (Si el que preside no es un sacerdote, se pasa a la liturgia de la comunión) Oración sobre las ofrendas. Cel. Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos obtenga la fuerza para llevar a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos: Amén. PREFACIO: Cel: El Señor esté con ustedes. T: Y con tu espíritu. Cel: Levantemos el corazón. T: Lo tenemos levantado hacia el Señor. Cel: Demos gracias al Señor nuestro Dios. T: Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, gloricarte siempre, Señor, pero más que nunca en esta noche en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, - 21 - - 6 - 1. Por sus santas llagas. 2. Gloriosas. 3. nos proteja 4. y nos guarde 5. Jesucristo nuestro Señor. Amén. Cel: Oremos... Dios, Padre nuestro, ilumina nuestros corazones con la luz de Cristo resucitado y haznos arder en el fuego de tu amor. Ilumina también nuestro pensamiento, para que caminemos sin perdernos en esta vida hasta llegar a celebrar un día la Pascua eterna del cielo. Por Cristo nuestro Señor. Amén. (Se encaminan todos en silencio al templo. Solamente va encendido el cirio principal. Al llegar al templo se dice: Cristo luz del mundo y todos responden: Demos gracias a Dios. Al llegar al centro del templo dicen nuevamente Cristo Luz del mundo... Demos..., luego encienden todos sus velas o veladoras. Al llegar al altar dice nuevamente Cristo... Demos..., se pone el cirio en algún candelero o en algo para que resalte y se encienden las luces del templo mientras todos escuchamos, de pie el pregón pascual) PREGÓN PASCUAL (en la medida de las posibilidades se recomienda que se cante o se proclame solemnemente, pero núnca se suprima ni se cambie). Celebrador: Alégrese, por n, los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del cielo, y por la victoria de un Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación. Goce también la tierra inundada de tanta claridad, y que radiante con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. 1 4 2 5 3
  • 8. - 7 - Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. (Esta parte sólo puede ser dicha por un sacerdote, en su defecto se omite). Cel: El Señor esté con ustedes. T: Y con tu Espíritu. Cel: Levantemos el corazón. T: Lo tenemos levantado hacia el Señor. Cel: Demos gracias al señor nuestro Dios. T: Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el corazón, a Dios invisible, Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y ha borrado con su sangre inmaculada, la condena del antiguo pecado. Porque estas son las estas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los eles. Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. - ¿Creen en el Espíritu Santo, que nos enseña a amar y nos lleva por caminos de justicia y de verdad?. Todos: sí, creemos. - ¿Creen en la Iglesia católica, en el perdón de los peca- dos, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?. Todos: sí, creemos. - ¿Creen en la familia, como la pequeña Iglesia, que hacemos todos los días en la que se maniesta lo humano y lo divino de Dios?. Todos: sí creemos. Que Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo nos haga crecer en la fe y en el compromiso como Iglesia, para que lo que hemos celebrado abra caminos nuevos en las familias para nuestra salvación de todos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. A continuación se rocía al pueblo con agua bendita, mientras se hace algún canto. 4.- ORACIÓN UNIVERSAL. Cel: Partícipes de la inmensa misericordia de Dios que nos ha renovado en esta noche santa con la resurrección de su Hijo, pidamos hermanos, para que todas las familias para gocen de los bienes del mundo de nuevo inaugurado, en la Pascua del Señor, diciendo conadamente, Te rogamos Señor. Lector: - Por la Iglesia de Dios, para que con gozo y rmeza dé testimonio de la resurrección de Cristo, como vida nueva. Roguemos al Señor. T. Te rogamos, Señor. - Por todos los hombres de buena voluntad, para que lleguen a entender y a gozar de la paz en la justicia que da Cristo resucitado. Roguemos al Señor. T. Te rogamos, Señor. - Por todos los que sufren, especialmente los pobres, los enfermos, los exiliados, los rechazados para que en el es- píritu de Cristo resucitado sepamos ser solidarios. Reguemos al Señor. T. Te rogamos, Señor. - Por todo nosotros, para que sepamos descubrir pro- fundizar cada día más plenamente el signicado de nuestra familia como primer nivel de Iglesia, para que la renovemos y la hagamos el al proyecto de Jesucristo. Reguemos al Señor. T. Te rogamos, Señor. - 20 -
  • 9. por Cristo, inauguraste el sacramento de una vida nueva, que nos libre da la corrupción del pecado. Que esta agua nos recuerde ahora nuestro bautismo y nos haga participar en la alegría de nuestros hermanos, que han sido bautizados en esta Pascua del Señor, el cual vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. 3.-Tercera parte: RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO. Cel: Hermanos. La noche de Pascua fue bautizado el pueblo de Dios al pasar por el Mar Rojo. También Cristo en su Pascua, lavó en sangre y en agua los pecados de su pueblo. Por eso nosotros, esta noche, rearmamos los compromisos adquiridos el día de nuestro bautismo. Vamos a encender nuestras velas en señal de que la Fe de nuestro bautismo está viva y de que nuestras familias tienen esperanza. Si es posible todos encienden nuevamente las velas. M: Puestos de pie y alzando la vela, vamos respondiendo con voz fuerte a las preguntas que se nos harán para renovar las promesas bautismales: Celebrador: - ¿Renuncian ustedes a Satanás, padre de la mentira, para vivir en la libertad de los hijos de Dios?. Todos: sí, renun- ciamos. - ¿Renuncian a los odios, injusticias, divisiones, vicios y todos los males que destruyen al hombre y ofenden a Dios. Todos: sí, renunciamos. - ¿Renuncian a todos los engaños para que el pecado no los haga esclavos?. Todos: sí, renunciamos. - ¿Creen en Dios Padre, que creó el cielo y la tierra, que nos ama tanto, que hasta nos dio a su propio Hijo?. Todos: Sí, creemos. - ¿Creen en Jesucristo, Hijo único de Dios, que nació de la Virgen María, que padeció y murió por nosotros en la cruz, que fue sepultado y resucitó al tercer día y está sentado a la derecha del Padre?. Todos: sí, creemos. - 19 - - 8 - Ésta es la noche que a todos los que creen en Cristo, por toda la tierra, los arranca de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, los restituye a la gracia y los agrega a los santos. Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¡Qué asombroso benecio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos. la alegría a los tristes. ¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino! En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, el sacricio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre para destruir la oscuridad de esta noche, arda sin apagarse y, aceptado como perfume, se asocie a las lumbreras del cielo.
  • 10. - 9 - Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso, Jesucristo, tu Hijo, que volviendo del abismo, brilla sereno para el linaje humano y vive y reina por los siglos de los siglos. T: Amén. 2.- Segunda parte: LITURGIA DE LA PALABRA. (En este folleto sólo contiene las lecturas obligatorias para este día, recúerdese que está celebración es la Madre de todas las estas y como tal debe dársele su lugar e importancia, por ello se recomienda en la medida de lo posible leer todas las lecturas sugeridas para esta celebración contenidas en los anexos de este material, pues recordemos que “Cristo está presente en su Palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla” SC 7). M. Todos apagamos las velas y nos disponemos a es- cuchar la Palabra de Dios para recordar sus intervenciones en favor de su pueblo, preparando la salvación realizada por Cristo. Lector (1): Lectura del libro del Génesis: 1, 1. 26-31. En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que do- mine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: «Sean fecundos y multi- plíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra». Y dijo Dios: «he aquí que les entrego todas las plan- tas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y a todos los árboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las eras de la tierra, a todas las aves del había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo”. Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran, alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos., Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”. Palabra del Señor. T: Gloria a ti, Señor, Jesús. Homilía: Recuérdese que en ningún caso se puede omitir. Bendición del agua. Cel. Pidamos, queridos hermanos, a Dios Padre todopo- deroso, que bendiga esta agua, con la cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve interior- mente, para que permanezcamos eles al Espíritu que hemos recibido. Hacemos un breve silencio… Señor, Dios nuestro, mira con bondad a este pueblo tuyo, que vela en oración en esta noche santísima, recordando la obra admirable de nuestra creación y la obra, más admirable todavía, de nuestra redención. Dígnate bendecir (†) esta agua, que tú creaste para dar fertilidad a la tierra, frescura y limpieza a nuestros cuerpos. Tú además, has convertido el agua en un instrumento de tu misericordia: a través de las aguas del Mar Rojo liberaste a tu pueblo de le esclavitud; en el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed; con la imagen del agua viva los profetas anunciaron la Nueva Alianza que deseabas establecer con los hombres; nalmente en el agua del Jordán, santicada - 18 -
  • 11. (Terminada la epístola todos se ponen de pie y el sacerdote o presi- dente entona solemnemente el Aleluya, que todos repiten. Luego un salmista o un cantor dice el salmo, al que el pueblo responde: Aleluya. Si hace falta el mismo salmista canta el Aleluya). M: Todos de pie. Lector (10): Todos: Aleluya, Aleluya (cantado) - Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: «Su misericordia es eterna». - La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo, para contar lo que el Señor ha hecho. - La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Del santo Evangelio según san Mateo 28,1-10 Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucicado. No está aquí; ha resucitado, como lo - 17 - - 10 - cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas». Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Palabra de Dios. T: Te alabamos, Señor. Lector (2) SALMO RESPONSORIAL Sal 103 R/. Bendice al Señor, alma mía. - Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. - Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en los montes concentraste. - En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto al arroyo vienen a vivir las aves, que cantan entre las ramas. M: Todos de pie: Cel: Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en todas las obras de tu amor te muestras admirable, concédenos com- prender que la redención realizada por Cristo, nuestra Pascua, es una obra más maravillosa todavía que la misma creación del universo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Lector (3): Lectura del libro del Génesis: 22, 1-2.9-13 .15-18.
  • 12. - 11 - En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham¡» El respondió: «Aquí estoy». Y Dios le dijo: «Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacricio, en el monte que yo te indicaré». Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña y tomó el cuchillo para degollarlo. Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» El contestó: «Aquí estoy». El ángel le dijo: «No descargues la mano contra tu hijo, no le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo único». Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacricio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le dijo: «Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras». Palabra de Dios. T: Te alabamos Señor. Lector (4) SALMO RESPONSORIAL Sal 15 R/. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. - El Señor es la parte que me ha tocado en herencia; mi vida está en sus manos. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré. - Por eso se me alegra el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra yo la corrupción. Cel: Oremos... Dios todo poderoso y eterno, única espe- ranza del mundo, tú que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios que estamos celebrando esta noche, infunde en nuestros corazones la gracia de tu Espíritu, para que podamos vivir una vida digna de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. (Terminada la oración, se encienden las velas del altar. El sacerdote entona solemnemente el Gloria, que tos prosiguen. Se tocan las campanas, de acuerdo con las costumbres de cada lugar). T: Gloria... Cel: Oremos... Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu lial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por Jesucristo nuestro Señor. Lector (9): De la carta de San Pablo a los Romanos: 6, 3-11. Hermanos: todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con Él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Porque, si hemos estado íntimamente unidos a Él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucicado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a n de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor Nuestro. Palabra de Dios. - 16 -
  • 13. la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos. Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar a n de que dé semilla para sembrar y pan para co- mer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión». Palabra de Dios. T: Te alabamos Señor. Lector (8): SALMO RESPONSORIAL Is 12 El Señor es mi Dios y salvador. - El Señor es mi Dios y salvador: con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza, y ha sido mi salvación. Sacarán agua con gozo de la fuente de salvación. - Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime. - Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra. Griten jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes. M: Todos de pie. - 15 - - 12 - - Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. M: Todos de pie: Cel: Oremos... Señor Dios, Padre de los creyentes, que por medio del sacramento pascual del bautismo, sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham de multiplicar su descendencia por toda la tierra y de hacerlo el padre de todas las naciones, concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamado. Por Cristo, nuestro Señor. Lector (5): Lectura del libro del Éxodo: 14, 15-15, 1. En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: «¿Por qué si- gues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mal y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los per- sigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor». El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de nubes que iba ade- lante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el campamento de los israelitas y el campamento de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche. Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar y no se mojaban, mientras la aguas formaban una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras ellos en el mar. Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: «huyamos
  • 14. - 13 - de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto». Entonces el Señor le dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes». Y extendió Moisés su mano sobre el mar y al amanecer la aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir, los egipcios se encontraron con ellas, y el Señor los derribó en medio del mar. Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del faraón, que se había metido en el mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas les hacían muralla a derecha y a izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Is- rael vio a los egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor. (No se dice Palabra de Dios, pues la presente lectura forma una unidad con el responsorio siguiente). Lector (6): SALMO RESPONSORIAL Ex 15 Alabemos al Señor por su victoria. - Cantemos al Señor, sublime en su victoria: caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor, él es mi salvación, él es mi Dios, yo lo alabaré; es el Dios de mis padres, yo le cantaré. - El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros; ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. - 14 - - Tú llevas a tu pueblo para plantarlo en el monte que le diste en herencia, en el lugar que convertiste en tu morada; en el santuario que construyeron tus manos. Tú, Señor, reinarás para siempre. M: Todos de pie: Cel: Oremos... Tus antiguos prodigios se renuevan, Se- ñor, también en nuestros tiempos, pues lo que tu poder hizo con las aguas para librar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo repites ahora, por medio del agua del bautismo, para salvar a todas las naciones. Concede a todos los hombres del mundo entero contarse entre los hijos de Abraham y participar de la dignidad del pueblo elegido. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Lector (7): Del libro del profeta Isaías: 55, 1-11. Esto dice el Señor: «Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimen- ta?. Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David. Como a él lo puse por testigo ante los pueblos, como príncipe y soberano de las naciones, así tú reunirás a un pueblo desconocido y las naciones que no te conocían acudirán a ti, por amor del Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te ha honrado. Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, in- vóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis pen- samientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos. Porque así cómo aventajan los cielos a