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La princesa y el frijol
Había una vez...
...Un príncipe que quería casarse con
una princesa, pero pretendía una
princesa como la que él había
imaginado en sueños. Por lo que se
dedicó a buscarla por el mundo
entero, aunque inútilmente, ya que a
todas las que le presentaban les
hallaba algún defecto. Princesas
había muchas, pero nunca podía
estar seguro de que lo fuesen de
veras: siempre había en ellas alguna
cosa que le disgustaba. Así que
regresó a casa lamentando no haber
encontrado la princesita que él
andaba buscando, pues ¡deseaba
tanto una verdadera princesa!
Llegó una noche en que se desató
una tormenta muy fuerte, en que pululaban los rayos y los truenos y la lluvia caía a cántaros. En
medio de la terrible tempestad, tocaron a la puerta de la ciudad, y el viejo rey fue a abrir en
persona.
En el umbral había una princesa. Pero, ¡santo cielo, cómo se había puesto con el mal tiempo y la
lluvia! El agua le chorreaba por el pelo y las ropas, se le colaba en los zapatos y su estado era
deplorable. A pesar de esto, ella insistía en que era una princesa real y verdadera.
"Bueno, eso lo sabremos muy pronto", pensó la vieja reina.
Y, sin decir una palabra, se fue a su cuarto, quitó toda la ropa de la cama y puso un frijol sobre el
bastidor; luego colocó veinte colchones sobre el frijol, y encima de ellos, veinte almohadones
hechos con las plumas más suaves que uno pueda imaginarse. Allí tendría que dormir toda la
noche la princesa.
A la mañana siguiente le preguntaron cómo había dormido.
–¡Oh, terriblemente mal! –dijo la princesa–. Apenas pude cerrar los ojos en toda la noche. Estaba
muy incómoda ¡Vaya usted a saber lo que había en esa cama! Me acosté sobre algo tan duro que
amanecí llena de cardenales por todas partes. ¡Fue sencillamente horrible!
Oyendo esto, todos comprendieron enseguida que se trataba de una verdadera princesa, ya que
había sentido el frijol nada menos que a través de los veinte colchones y los veinte almohadones.
Sólo una princesa podía tener una piel tan delicada.
Y así el príncipe se casó con ella, seguro de que la suya era toda una princesa verdadera. Y el
frijol fue enviado a un museo, donde está exhibido todavía, salvo que alguien se lo haya robado.
El león y el ratón
Una tarde muy calurosa, un león dormitaba en una cueva fría y oscura. Estaba a punto de
dormirse del todo cuando un ratón se puso a corretear sobre su hocico. Con un rugido iracundo,
el león levantó su pata y aplastó al ratón contra el suelo.
-¿Cómó te atreves a despertarme? -gruñó- Te-voy a espachurrar.
-Oh, por favor, por favor, perdóname
la vida -chilló el ratón atemorizado-Prometo ayudarte algún día si me dejas marchar.
-¿Quieres tomarme el pelo? -dijo el león-. ¿Cómo podría un ratoncillo birrioso como tú ayudar a
un león grande y fuerte como yo?
Se echó a reír con ganas. Se reía tanto que en un descuido deslizó su pata y el ratón escapó.
Unos días más tarde el león salió de caza por la jungla. Estaba justamente pensando en su
próxima comida cuando tropezó con una cuerda estirada en medio del sendero. Una red enorme
se abatió sobre él y, pese a toda su fuerza, no consiguió liberarse. Cuanto más se removía y se
revolvía, más se enredaba y más se tensaba la red en torno a él.
El león empezó a rugir tan fuerte que todos los animales le oían, pues sus rugidos llegaban hasta
los mismos confines de la jungla. Uno de esos animales era el ratonállo, que se encontraba
royendo un grano de maíz. Soltó inmediatamente el grano y corrió hasta el león.
—¡Oh, poderoso león! -chilló- Si me hicieras el favor de quedarte quieto un ratito, podría
ayudarte a escapar.
El león se sentía ya tan exhausto que permaneció tumbado mirando cómo el ratón roía las
cuerdas de la red. Apenas podía creerlo cuando, al cabo de un rato, se dio cuenta de que estaba
libre.
-Me salvaste la vida, ratónenle —di¡o—. Nunca volveré a burlarme de las promesas hechas por
los amigos pequeños.
La cigarra y la hormiga
Era un caluroso día de verano y la cigarra se hallaba sentada en una brizna de hierba
disfrutando del sol. "Es tan agradable esta época del año", suspiraba. "No puedo entender
por qué están todos trabajando. Deberían seguir mi ejemplo y disfrutar del buen tiempo."
De pura felicidad comenzó a saltar de aquí para allá. Saltó por encima de una diminuta
hormiga negra que luchaba por arrastrar un grano de trigo hasta su despensa.
-Deja ya de trabajar tanto -le gritó la cigarra- Ven y aprovecha este hermoso día.
La hormiga le miró y dijo:
-Es que pienso en el
mañana. Y tú también
deberías hacerlo. Si no
empiezas ahora a
almacenar alimentos, no
tendrás comida para
pasar el invierno.
La cigarra se rió
-Piensa mejor en el
presente, -le respondió.
- Una mañana, algunos
meses después, la
cigarra se arrastraba por
la tierra helada. Tenía
tanto frío y tanta hambre
que apenas podía
moverse.
Al pasar junto a un grupo de hormigas, vio que estaban dando cuenta de un buen desayuno
de trigo.
-Oh, por favor, dadme un poquitín de vuestra comida -les suplicó- Vosotras tenéis mucho y
yo no tengo nada.
-Te conozco -gritó una de las hormigas- Tú te reías cuando yo te dije que fueses previsora.
Piensa en el presente, me decías. Pues bueno, vé y consigúete tu propia comida ahora.
Y la hormiga le dio la espalda y terminó su desayuno.
Ricitos de oro
Erase una vez una tarde , se fue Ricitos de Oro al
bosque y se puso a coger flores. Cerca de alli, habia
una cabaña muy bonita , y como Ricitos de Oro era
una niña muy curiosa , se acerco paso a paso hasta
la puerta de la casita. Y empujo.
La puerta estaba abierta. Y vio una mesa.
Encima de la mesa habia tres tazones con leche y
miel. Uno , era grande; otro, mediano; y otro,
pequeño. Ricitos de Oro tenia hambre, y probo la
leche del tazon mayor. ¡Uf! ¡Esta muy caliente!
Luego, probo del tazon mediano. ¡Uf! ¡Esta muy
caliente! Despues, probo del tazon pequeñito, y le
supo tan rica que se la tomo toda, toda.
Habiatambien en la casita tres sillas azules: una
silla era grande, otra silla era mediana, y otra silla
era pequeñita. Ricitos de Oro fue a sentarse en la
silla grande, pero esta era muy alta. Luego, fue a
sentarse en la silla mediana. Pero era muy ancha.
Entonces, se sento en la silla pequeña, pero se dejo
caer con tanta fuerza, que la rompio.
Entro en un cuarto que tenia tres camas. Una, era
grande; otra, era mediana; y otra, pequeña.
La niña se acosto en la cama grande, pero la
encontro muy dura. Luego, se acosto en la cama
mediana, pero tambien le perecio dura.
Despues, se acosto, en la cama pequeña. Y esta la encontro tan de su gusto, que Ricitos de Oro
se quedo dormida.
Estando dormida Ricitos de Oro, llegaron los dueños de la casita, que era una familia de Osos, y
venian de dar su diario paseo por el bosque mientras se enfriaba la leche. Uno de los Osos era
muy grande, y usaba sombrero, porque era el padre. Otro, era mediano y usaba cofia, porque era
la madre. El otro, era un Osito pequeño y usaba gorrito: un gorrito muy pequeño.
El Oso grande, grito muy fuerte: -¡Alguien ha probado mi leche! El Oso mediano, gruño un poco
menos fuerte: -¡Alguien ha probado mi leche! El Osito pequeño dijo llorando con voz suave: se
han tomado toda mi leche!
Los tres Osos se miraron unos a otros y no sabian que pensar.
Pero el Osito pequeño lloraba tanto, que su papa quiso distraerle. Para conseguirlo, le dijo que no
hiciera caso , porque ahora iban a sentarse en las tres sillas de color azul que tenian, una para
cada uno.
Se levantaron de la mesa, y fueron a la salita donde estaban las sillas.
¿Que ocurrio entonces?.
El Oso grande grito muy fuerte: -¡Alguien ha tocado mi silla! El Oso mediano gruño un poco
menos fuerte.. -¡Alguien ha tocado mi silla! El Osito pequeño dijo llorando con voz suave: se han
sentado en mi silla y la han roto!
Siguieron buscando por la casa, y entraron en el cuarto de dormir. El Oso grande dijo: -¡Alguien
se ha acostado en mi cama! El Oso mediano dijo: -¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Al mirar la cama pequeñita, vieron en ella a Ricitos de Oro, y el Osito pequeño dijo:
-¡Alguien esta durmiendo en mi cama!
Se desperto entonces la niña, y al ver a los tres Osos tan enfadados, se asusto tanto, que dio un
salto y salio de la cama.
Como estaba abierta una ventana de la casita, salto`por ella Ricitos de Oro, y corrio sin parar por
el bosque hasta que encontro el camino de su casa.
El hada del lago
EL HADA DEL LAGO
Hace mucho, mucho tiempo, mucho antes
incluso de que los hombres llenaran la tierra
y construyeran sus grandes ciudades , existía
un lugar misterioso, un gran y precioso lago,
rodeado de grandes árboles y custodiado por
un hada, al que todos llamaban la hada del
lago. Era justa y muy generosa, y todos sus
vasallos estaban siempre dispuestos a
servirla. Pero de pronto llegaron unos
malvados seres que amenazaron el lago, sus
bosques y a sus habitantes. Tal era el
peligro, que el hada solicitó a su pueblo que
se unieran a ella, pues había que hacer un
peligroso viaje a través de ríos, pantanos y
desiertos, con el fin de encontrar la Piedra de
Cristal, que les dijo, era la única salvación
posible para todos.
El hada advirtió que el viaje estaría plagado
de peligros y dificultades, y de lo difícil que
sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se
echó
hacia
atrás.
Todos
prometieron
acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, partió hacia lo desconocido con sus
80 vasallos más leales y fuertes.
El camino fue mucho más terrible, duro y peligroso que lo predicho por el hada. Se tuvieron que
enfrentar a terribles bestias, caminaron día y noche y vagaron perdidos por un inmenso desierto,
que parecía no tener fin, sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se
desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno,
llamado Sombra. No era considerado como el más valiente del lago, ni el mejor luchador, ni tan
siquiera el más listo o divertido, pero fielmente continuó junto a su hada sin desfallecer. Cuando
ésta le preguntaba de dónde sacaba la fuerza para seguir y por qué no abandonaba como los
demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Mi señora, os prometí que os acompañaría a pesar
de las dificultades y peligros, y éso es lo que hago. No me voy a ir a casa sólo porque que todo lo
que nos advertiste haya sido verdad".
Gracias a su leal Sombra el hada pudo por fin encontrar la cueva donde se hallaba la Piedra de
Cristal, pero dentro había un monstruoso Guardián, grande y muy poderoso que no estaba
dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un gesto más de la lealtad que le profesaba al
hada, se ofreció a cambio de la piedra, y se quedó al servicio del monstruo por el resto de sus
días.
La poderosa magia de la Piedra de Cristal hizo que el hada regresara al lago inmediatamente y así
pudo expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues
gracias a aquel desinteresado y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún
otro. Y en su recuerdo, el hada quiso mostrar a todos lo que significaba el valor de la lealtad y el
compromiso, y regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la
noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.
EL LOBO Y EL CARNERO
Hace mucho, un gran Perro que fue exterminador
de Lobos, murió en una feroz pelea ocasionando el
llanto de su Amo. Un Carnero vio a su Amollorar por
su Perro, y l e dijo:
"Señor. Córteme los cuernos y cúbrame con la piel
del Perro. Los Loboscreerán que soy él, y así huirán."
El Pastor, acogido por la idea, lo hizo.
Al poco rato, un Lobo hambriento ingresó al rebaño y
tomó a un Corderitopara hacerlo su cena. El falso
Perro de inmediato persiguió al ladrón pero, al pasar
por un matorral, una de las ramas se aferró a la piel
del Perro, e hizo desprenderse del Cordero quedando
así el engaño descubierto. ElLobo, al ver al falso
Perro le dijo:
"Y tú, ¿que se supone que eres?"
"Soy un Carnero fiel a su Amo." - Respondió.
"Bueno, aunque uses ropas ajenas, eres comida para mi." - Dijo el Lobo que sin mucha demora, devoró
al Carnero.
Moraleja
Aunque cambies de vestido,
Igual se cumplirá tu destino.

LA MONA Y LOS MONITOS
Hace mucho, una Mona tenía dos hijos. A uno de ellos
lo cuidaba mucho por ser su favorito, y al otro que no
lo era, lo dejaba a su suerte.
Un día, un Perro pasó cerca de ellos y de inmediato
persiguió a la Madrecon intenciones de atraparla. Esta
dijo a su hijo favorito:
"¡No te preocupes mi bebé, yo te salvaré!"
Y echó a correr llevándolo en sus brazos. Por otro lado,
el otro Monito que estaba muy aterrado, sólo se aferró
fuertemente a la cola de su Madre. En la huida y la confusión, la Mona chocó contra un árbol golpeando la
cabeza del hijo favorito. El resultado fue la muerte instantánea de este.
Cuando por fin perdieron al Perro, la Mona lloraba desconsoladamente por la pérdida de su hijo favorito,
mientra tanto, el hijo olvidado, jugaba sano y salvo balanceándose por las ramas de los árboles.
Moraleja
No siempre el predilecto,
conserva vida y afecto.
EL CUERVO Y LOS PÁJAROS
Hace mucho tiempo, Júpiter citó a todos los pájaros en una
reunión para elegir como Rey y el más hermoso de todos.
Los pájaros muy halagados ante la gran oportunidad, de inmediato
fueron a las aguas del gran riopara lavarse y acicalarse y así, estar
muy presentables.
El Cuervo, siendo realista de su fealdad, ideó un plan que
consistía, en recoger las bellas plumas que los pájaros dejaban
caer al limpiarse, para luego unirlas a su cuerpo. Tras varias horas
de colocarse dichas plumas, elCuervo por fin terminó, y logró verse
como
una
ave
maravillosa
y
hermosa.
Cuando llegó el día esperado, todas las aves acudieron a la cita
entre ellos el Cuervo, que destacó al instante por su belleza y gracia
multicolor.
Júpiter al verlo, decidió coronar al Cuervo por su gran belleza, pero los pájaros que estaban muy
indignados, descubrieron la farsa de este y lo castigaron desplumándolo en el acto. El Cuervo ridiculizado,
volvió a ser el de siempre en cuestión de segundos.
Moraleja
Quien con lo ajeno se viste,
en la calle lo desvisten.

LOS CARACOLES
Hace mucho, el hijo de un pescador fue a los acantilados en busca decaracoles. Cuando encontró algunos,
encendió una fogata y empezó a asarlos para comérselos. Mientras se freían los caracoles, estos
empezaron a hacer mucho ruido como silbidos. El Joven incomodo dijo:
"Vaya. Los estoy friendo vivos y se ponen a silbar. Que descaro."
Cuando el Joven regresó a su hogar, contó lo sucedido a su Padre. Este le respondió:
"No te extrañes hijo. En la vida, muchos se sacrifican por el bien de los demás."

Moraleja
Nada en la vida da más paz,
que hacer bien a los demás.
EL LOBO Y EL MURCIÉLAGO

Cierta vez, estaba volando de rama en rama un Murciélago con sueño que sin querer, fue a caer sobre
un Lobo dormido. Este, despertó al instante, tomó al Murciélago e intentó devorarlo. El Murciélago, pidió
piedad por su vida, el Lobo le dijo:
"Muy bien pequeño entremés, te dejare libre con una condición. Dime por qué ustedes los Murciélagos, son
tan alegres y traviesos. En cambio yo, siempre estoy molesto de todo."

El Murciélago respondió:

"Ammm... Usted me asusta mucho. Déjeme volar hacia mi cueva, y le explicare con lujos y detalles ahí
señor Lobo."

El Lobo aceptó, y lo dejó libre. Luego, cuando el Murciélago llego a su cueva, le dijo:

"Señor Lobo, usted se molesta porque es malo y cruel, eso seca tu corazón. En cambio nosotros, somos
alegres porque jamás intentamos dañar al prójimo."

Moraleja
Quién a nadie hace daño,
vive feliz todo el año.
Canciones de Cuna
Arrorró mi niño,
arrorró mi sol,
arrorró pedazo,
de mi corazón.
ARRORRÓ MI NIÑO

Este lindo niño
se quiere dormir...
cierra los ojitos
y los vuelve a abrir.

Arrorró mi niño,
arrorró mi sol,
arrorró pedazo,
de mi corazón.

Arrorró mi niño,
arrorró mi sol,
duérmase pedazo,
de mi corazón.

Este niño lindo
ya quiere dormir;
háganle la cuna
de rosa y jazmín.
Háganle la cama
en el toronjil,
y en la cabecera
pónganle un jazmín
que con su fragancia
me lo haga dormir.
Arrorró mi niño,
arrorró mi sol,
arrorró pedazo,
de mi corazón.
Esta leche linda
que le traigo aquí,
es para este niño
que se va a dormir.

ESTE NENE LINDO
Este nene lindo
se quiere dormir,
y el pícaro sueño
no quiere venir.
Este nene lindo
que nació de noche,
quiere que lo lleven
a pasear en coche.

SAN JOSÉ Y LA VIRGEN

San José y la Virgen
y Santa Isabel
andan por las calles
de Jerusalén,
preguntando a todos
del Niño Jesús
que vaga cansado
de cargar la cruz.
-¿Por qué llora el niño?
¿Por qué llora el sol?
-Por una manzana,
que se le ha perdido
debajo la cama.

- Vamos a mi quinta,
yo te daré dos:
una para el Niño
y otra para vos,
Señor San José,
Alférez mayor,
Bate la bandera,
que pase el Señor
- Señora Santa Ana,
toque la campana,
¿ por qué llora el Niño?
- Por una manzana
que se le ha caído
debajo la cama.
- Vamos a mi cuarto.
Yo te daré dos:
una para el Niño
y otra para vos.

-Duérmete, mi niño,
yo te daré dos:
una para el niño
y otra para vos.

SEÑORA SANTA ANA
- Señora Santa Ana,
¿Qué dicen de vos?
-Que soy soberana
abuela de Dios.
- Señora Santa Ana,
¿ por qué llora el niño?
- Por una manzana
que se le ha perdido
debajo la cama.

YO TENIA UNA GALLINITA
Yo tenia una gallinita,
corococó.
Diez centavos me costó,
corococó.
La compré por la mañana,
corococó.
Por la tarde se murió,
corococó.
Yo no lloro por la gallinita,
corococó.
ni tampoco por los centavos,
corococó.
Sólo lloro por los pollitos,
corococó.
Que decían pío, pío, pío.
Corococó.

¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!
O por la Trinidad.
La Trinidad se pasa,
¡qué dolor, qué dolor qué pena!
La Trinidad se pasa,
Mambrú no vuelve más.
Por allí viene un paje,
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!
Por allí viene un paje,
Mambrú se fue a la guerra,
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!
Mambrú se fue a la guerra,
no sé cuándo vendrá.

¿Qué noticias traerá?
¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!
¿Qué noticias traerá?
-Las noticias que traigo,
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!

¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!

-Las noticias que traigo,
¡dan ganas de llorar!

No sé cuándo vendrá.
¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!
¿Vendrá para la Pascua?

Dan ganas de llorar!

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!
¿Vendrá para la Pascua o por la Trinidad?

Mambrú ha muerto en guerra.
¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!
Mambrú ha muerto en guerra,
y yo le fui a enterrar.
¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!
Y yo le fui a enterrar!
Con cuatro oficiales
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!
Con cuatro oficiales
y un cura sacristán.
¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!
Y un cura sacristán.
Encima de la tumba
¡qué dolor, qué dolor, qué pena!
Encima de la tumba
los pajaritos van,
¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!
Los pajaritos van,
cantando el pío, pío,
¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!
Cantando el pío, pío
el pío, pío, pa.

Cucú, cantaba la rana
Cucú, cucú,
cantaba la rana,
Cucú, cucú,
debajo del agua.
Cucú, cucú,
Pasó un caballero
Cucú, cucú,
de capa y sombrero
Cucú, cucú,
pasó una señora
Cucú, cucú,
con traje de cola
Cucú, cucú,
pasó un marinero
Cucú, cucú,
vendiendo floreros
Cucú, cucú,
pidió de un ramito
Cucú, cucú,
y no se lo dieron
Cucú, cucú,
me puse a llorar. (Bis)
cuatro y dos son seis,

seis y dos son ocho
y ocho dieciséis,
y ocho veinticuatro,
y ocho treinta y dos.
La Farolera tropezó

Ay, niña bendita,
me arrodillo en vos.

y en la calle se cayó
y al pasar por un cuartel
se enamoró de un coronel.
Alcen las barreras
para que pase la Farolera
de la puerta al sol
Subo la escalera
y enciendo el farol.
A la media noche
me puse a contar
y todas las cuentas
me salieron mal.
Dos y dos son cuatro,
Arroz con leche
Arróz con leche, me quiero casar
con una señorita de San Nicolás
que sepa coser, que sepa bordar
que sepa abrir la puerta para ir a jugar.
Yo soy la viudita del barrio del rey
me quiero casar y no sé con quién
Con ésta sí, con ésta no, con esta señorita me
caso yo.
Juguemos en el
bosque
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está
(Bis)
¿Lobo está?
me estoy poniendo los pantalones
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está
(Bis)
¿Lobo está?
Me estoy poniendo el chaleco
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está
(Bis)
¿Lobo está?
Me estoy poniendo el saco
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está
(Bis)
¿Lobo está?
Me estoy poniendo el sombrerito
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está
(Bis)
¿Lobo está?
¡Ya salgo para comerlas a todas!
¡Gritos!
Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con
la Virgen María y el Espíritu Santo.
Pocos segundos después, se le hunde la litera, y
la niña de la litera de abajo exclama:
¿Lo ves? ¡Eso es lo que pasa por dormir con
tanta gente!

Estaban dos niños cada uno con un trompo y
uno le dice al otro:
A ver, baila el trompo.
Y el otro le contesta:
No sabo.
El otro le dice:
No se dice "no sabo" se dice "no sepo".
En ese momento una señora estaba escuchando
la conversación de los niños y les dice:
No se dice ni no sabo ni no sepo.
Los niños le preguntan:
Entonces, ¿Cómo se dice?
La señora les contesta:
No sé.
Y los niños le dicen:
Entonces, por qué se mete en lo que no le
importa.

Va el niño y le dice al padre:
Papá, me quiero casar con mi abuela.
Y el padre le dice:
¿Cómo te vas a casar con mi madre?
El niño le responde:
¿Y como tú te casaste con la mía y yo no dije
nada?

Chistes Infantiles
El niño a su papá:
¡Papá, papá, vinieron a preguntar si aquí vendían
un burro!
¿Y qué les dijiste, hijo?
Que no estabas.

Dos niñas están en un campamento donde
compartían habitación y litera. A la hora de irse a
la cama, la niña de la litera de arriba reza:

Dos comadres se encuentran en el mercado y le
dice una a la otra:
Ay, comadre no sé que hacer con mi hijo, es
muy, pero muy tonto, yo creo que es el más
tonto de los niños.
A lo que la comadre responde:
No, no, no, mi hijo debe ser más tonto, seguro le
gana al suyo.
No, no, no, mire nada mas, en eso la primera
comadre llama a Pablito su hijo y le dice:
Mira Pablito, ve a la casa y me buscas a ver si
estoy.
El niño partió, en el momento la segunda
comadre le dice:
Ay, eso no es nada mire esto:
En eso llama a su hijo Rodriguito, y le dice:
Mira Rodriguito, toma $10.00 y ve a comprar una
televisión a color, y se va.
Luego, en el camino se encuentran los niños y le
dice uno al otro.
Híjole mano, mi mamá es re-tonta muy pero muy
tonta.
A lo que el otro responde:
No mano, mi mamá seguro que es mucho más
tonta que la tuya.
No puede ser.
Oye esto, me mandó a la casa a ver si estaba y
ni siquiera me dio las llaves para entrar.
Y el otro le contesta:
Pues eso no es nada, la mía me dio $10.00 para
comprar una televisión a color, y no me dijo de
qué color la quería.

La mentira
La mano las rompe,
el pie las tritura,
la boca las bebe.
¿Que son?
Las uvas
¿Qué instrumento se puede escuchar,
pero no se puede ver ni tocar?
La voz

Adivinazas
Verd

Por más que te cubre,
al final te descubre.
¿Qué es?

e me crié,
negro me volví,
ahora me visten de blanco,
para poderme vender.
y se pierden entren las flores.
La mariposa

El Tabaco
En un cuarto me arrinconan
sin acordarse de mí,
pero pronto van a buscarme
cuando tienen que subir.

Alto, alto, como un pino,
pesa menos que un comino.
El humo

La escalera
En un cuartito caliente,
hay bailando mucha gente.
Palomitas de maíz

Alas de mil colores

Me compran para dormir
y me encanta sacudir.
¿Qué soy?
La almohada

Del nogal vengo,
y en el cuello del hombre,
me cuelgo.
La nuez

REFRANES

1. A pan duro, diente agudo.
2. A perro sarnoso todo son
pulgas.
3. A persona lisonjera, no le des
oreja.
4. A pesar de ser tan pollo tengo
más plumas que un gallo.
5. A picada de mosca, pieza de
sabana. A poco pan, tomar
primero.
6. A quien amasa y cuece, muchas
cosas le acontecen.
7. A quien amasa, una le pilla y
ciento le pasa. A quien cuida la
peseta nunca le falta un
duro. (En España, cinco pesetas
es un duro.)
8. A quien Dios ama, Dios le llama.
9. A quien Dios no le dio hijos, el
diablo le dio sobrinos.
10.
A quien gana buscaras,
que quien pierde, el volverá.

COLMOS
¿Cuál es el colmo del barrendero?
Casarse con Alba Surero.
2- ¿Cuál es el colmo de un sordo?
Que al morir le dediquen un minuto de
silencio.
3- ¿Cuál es el colmo del atún?
Que le den la lata.
4- ¿Cuál es el colmo de la cigüeña? Que
le encarguen de París una Paloma.
5- ¿Cuál es el colmo del twittero?
Que se le escape el pajarito.
6- ¿Cuál es el colmo del barco?
Que griten, TODOS A BORDO y que
bordo muera aplastado.
7- ¿Cuál es el colmo de una farmacia?
Que la vendan porque no queda más
remedio.
8- ¿Cuál es el colmo de una tonta? Que
se mire al espejo y diga, yo te
conozco.
9- ¿Cuál es el colmo de un mosquito?
Pedir que le compren el libro Los tres
mosquiteros.
10- ¿Cuál es el colmo de un carpintero?
Tener un hijo que en deportes es de
madera.
1-

La rosa de Rosa es rosa,
Rosa sin blanco de arroz.
A Rosa le gusta su rosa,
a Rosa le gusta el arroz.

Esta es la llave del castillo de Chuchurumbel.
Tomadla y guardadla bien,
porque dentro del castillo
hay cien Chichiriminicáculos.
Cuidad de no deschichiriminicacularlos.
Porque si los deschichiriminicaculais,
saldrán otros cien chichiriminicáculos,
que os deschichiriminicacularán.

Trabalenguas
Tres tristes tigres, tragaban trigo en un trigal, en
tres tristes trasto, tragaban trigo tres tristes tigres.

El amor es una locura
que solo el Cura lo cura,
pero el Cura que lo cura,
comete una gran locura.

Erase una vez una vieja
teca meca chiringorda
vieja y sorda.
Si la vieja no hubiese sido
teca meca chiringorda,
vieja y sorda,
tampoco sus hijos hubieran sido tecos,
mecos, chiringordos, viejos y sordos.

Llega Galo al lago y liga,
luego al lego de Lugo
muy largo en lengua,
que al lago llega tras luengas leguas.

Tres pollo bolos peludos,
tres peludos pollos bolos.
Estaba en el blosque Francisco
buscando un bizco
vasco tan brusco,
que al verlo le dijo al chusco:
"Busco al vasco bizco brusco."

Creencias
1. Un gato negro que camina hacia ti o que se cruza en tu camino es mala suerte.
2. Colgar una pata de conejo para la suerte.
3. No bañarte en cuaresma (te vuelves pescado).
4. Pasar debajo de una escalera es mala suerte.
5. Abrir el paraguas bajo techo es mala suerte.

Apodos
El hígado, Porque siempre esta pegado al vaso.
La elefanta, Por gorda, arrugada y nunca olvida.
La circo, Porque se divierte cuando le sale el payaso.
La tostada, Porque si te esperas afloja.
Pecu, este apodo porque es tierno y proviene de pequeNa, peque, pequi, etc.

Parábolas
1.

El eco

Un hijo y su padre estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cayó, se lastimó y gritó:
"AAAhhhhhhhhhhhhhhh ! ! !".
Para su sorpresa, oyó una voz repitiendo, en algún lugar en la montaña:
"AAAhhhhhhhhhhhhhhh ! ! !"
Con curiosidad, el niño grito: "Quién eres tú?"
Recibió de respuesta: "Quién eres tú?"
Enojado con la respuesta, grito: "Cobarde!"
Recibió de respuesta:"Cobarde!"
Miró a su padre y le preguntó: "Que sucede?"
El padre sonrió y dijo: "Hijo mío, presta atención."
Y entonces el padre gritó a la montaña: "Te admiro!"
La voz respondió: "Te admiro!"
De nuevo el hombre gritó: "Eres un campeón!"
La voz respondió: "Eres un campeón!"
El niño estaba asombrado, pero no entendía.
Luego el padre explicó: "La gente lo llama ECO, pero en realidad es la VIDA...Te devuelve todo lo que dices o
haces... Nuestra vida es simplemente reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más
amor a tu alrededor... Si deseas más competitividad en tu grupo, ejercita tu competencia... Esta relación se
aplica a todos los aspectos de la vida... La vida te dará de regreso exactamente aquello que tú le has dado."
Tu vida no es una coincidencia... Es un reflejo de ti. Alguien dijo: "Si no te gusta lo que recibes de
vuelta, revisa lo que emites

El cachorro y el tigre
Un cachorro, perdido en la selva, vio un tigre corriendo en su dirección. Comenzó entonces a pensar rápido,
para ver si se le ocurría alguna idea que le salvase del tigre. Entonces vió unos huesos en el suelo y comenzó
a morderlos.
Cuando el tigre estaba casi para atarcarle, el cachorro dijo en alto:
- ¡Ah, este tigre que acabo de comer estaba delicioso!
El tigre, entonces, paró bruscamente y, muerto de miedo, dió media vuelta y huyó apaborado mientras pensaba
para sí:
- ¡Menudo cachorro feroz! ¡Por poco me come a mi también!
Un mono que había visto todo, fue detrás del tigre y le contó cómo había sido engañado por el cachorro. El
tigre se puso furioso y dijo:
- ¡Maldito cachorro! ¡Ahora me la vas a pagar!
El cachorro, entonces, vió que el tigre se aproximaba rápidamente a por él con el mono sentado encima y
penso:
- ¡Ah, mono traidor! ¿Y que hago ahora?
Comenzó a pensar y de repente se le ocurrió una idea: se puso de espaldas al tigre y cuando este llegó y
estaba preparado para darle el primer zarpazo, el cachorro dijo en voz alta:
- ¡Será perezoso el mono! ¡Haze una hora que le mandé para que me trajese otro tigre y todavía no ha vuelto!
EN MOMENTOS DE CRISIS, SOLO LA IMAGINACIÓN ES
MAS IMPORTANTEQUE EL CONOCIMIENTO
Albert Einstein

La falsa apariencia
Un día, por encargo de su abuelita, Adela fue al bosque en busca de setas para la
comida. Encontró unas muy bellas, grandes y de hermosos colores llenó con ellas su
cestillo.
-Mira abuelita -dijo al llegar a casa-, he traído las más hermosas...
¡mira qué bonito es su color escarlata!
Había otras más arrugadas, pero las he dejado.
-Hija mía -repuso la anciana- esas arrugadas son las que yo siempre he recogido. Te has
dejado guiar por las y apariencias engañosas y has traído a casa hongos que contienen
veneno. Si los comiéramos, enfermaríamos; quizás algo peor...
Adela comprendió entonces que no debía dejarse guiar por el bello aspecto de las cosas,
que a veces ocultan un mal desconocido.

Retahílas
3. Pipirigaña,
1. Tengo un buey
que sabe arar
y trabajar,
y dar la vuelta,
a la redonda,
y esta mano
que se esconda.

vino la araña
por su sabanita
para la arañita...
Vino la paloma
de su palomar,
vino por la sal.
Sal menuda
para la cuba.

2. Don Pepito el verdulero
se metió en un sombrero,
el sombrero era de paja,
se metió en una caja,
la caja era de cartón,
se metió en un cajón,
el cajón era de pino,
se metió en un pepino,
el pepino maduró
y don Pepito se salvó.

Caperucita roja
Había una vez una niña muy bonita.
Su madre le había hecho una capa roja
y la muchachita la llevaba tan a
menudo que todo el mundo la llamaba
Caperucita Roja.
Un día, su madre le pidió que llevase
unos pasteles a su abuela que vivía al
otro lado del bosque, recomendándole
que no se entretuviese por el camino,
pues cruzar el bosque era muy
peligroso, ya que siempre andaba
acechando por allí el lobo.
Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que
atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí
siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas...
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
- ¿A dónde vas, niña? - le preguntó el lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita - le dijo Caperucita.
- No está lejos - pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un
hermoso ramo de flores además de los pasteles.
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la
anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había
observado la llegada del lobo.
El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y
cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda
contenta. La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
- Son para verte mejor - dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
- Son para oírte mejor - siguió diciendo el lobo.
- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
- Son para...¡comerte mejoooor! - y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la
niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas
intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la
Abuelita. Pidió ayuda a un serrador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la
casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí,
¡vivas!.
Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a
cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un
estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de
cabeza y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita
Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido
que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas
recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.
El patito feo
Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus
amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre
eran los más guapos de todos.
Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a
poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez.
Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno
acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus
amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta
de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto.
Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto,
incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de
movimiento.
Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos,
pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más feo y desgarbado que los otros seis...
La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala
mientras prestaba atención a los otros seis.
El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían...
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era
flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.
Sus hermanos le jugaban pesadas bromas y se reían constantemente de él llamándole feo y torpe.
El patito decidió que debía buscar un lugar donde pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran
a pesar de su desastroso aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero,
huyó por un agujero del cercado.
Así llegó a otra granja, donde una vieja le recogió y el patito feo creyó que había encontrado un sitio
donde por fin le querrían y cuidarían, pero se equivocó también, porque la vieja era mala y sólo quería
que el pobre patito le sirviera de primer plato. También se fue de aquí corriendo.
Llegó el invierno y el patito feo casi se muere de hambre pues tuvo que buscar comida entre el hielo y
la nieve y tuvo que huir de cazadores que pretendían dispararle.
Al fin llegó la primavera y el patito pasó por un estanque donde encontró las aves más bellas que
jamás había visto hasta entonces. Eran elegantes, gráciles y se movían con tanta distinción que se
sintió totalmente acomplejado porque él era muy torpe. De todas formas, como no tenía nada que
perder se acercó a ellas y les preguntó si podía bañarse también.
Los cisnes, pues eran cisnes las aves que el patito vio en el estanque, le respondieron:
- ¡Claro que sí, eres uno de los nuestros!
A lo que el patito respondió:
-¡No os burléis de mí!. Ya sé que soy feo y desgarbado, pero no deberíais reír por eso...
- Mira tu reflejo en el estanque -le dijeron ellos- y verás cómo no te mentimos.
El patito se introdujo incrédulo en el agua transparente y lo que vio le dejó maravillado. ¡Durante el
largo invierno se había transformado en un precioso cisne!. Aquel patito feo y desgarbado era ahora el
cisne más blanco y elegante de todos cuantos había en el estanque.
Así fue como el patito feo se unió a los suyos y vivió feliz para siempre.
Los tres Cerditos
Había una vez tres cerditos que eran hermanos, y se
fueron por el mundo a buscar fortuna. A los tres
cerditos les gustaba la música y cada uno de ellos
tocaba un instrumento. El más pequeño tocaba la
flauta, el mediano el violín y el mayor tocaba el
piano...
A los otros dos les pareció una buena idea, y se
pusieran manos a la obra, cada uno construyendo su
casita.
- La mía será de paja - dijo el más pequeño-, la paja es blanda y se puede sujetar con facilidad.
Terminaré muy pronto y podré ir a jugar.
El hermano mediano decidió que su casa sería de madera:
- Puedo encontrar un montón de madera por los alrededores, - explicó a sus hermanos, - Construiré mi
casa en un santiamén con todos estos troncos y me iré también a jugar.
El mayor decidió construir su casa con ladrillos.
- Aunque me cueste mucho esfuerzo, será muy fuerte y resistente, y dentro estaré a salvo del lobo. Le
pondré una chimenea para asar las bellotas y hacer caldo de zanahorias.
Cuando las tres casitas estuvieron terminadas, los cerditos cantaban y bailaban en la puerta, felices por
haber acabado con el problema. De detrás de un árbol grande surgió el lobo, rugiendo de hambre y
gritando:
- Cerditos, ¡os voy a comer!
Cada uno se escondió en su casa, pensando que estaban a salvo, pero el Lobo Feroz se encaminó a la
casita de paja del hermano pequeño y en la puerta aulló:
- ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré!
Y sopló con todas sus fuerzas: sopló y sopló y la casita de paja se vino abajo. El cerdito pequeño corrió
lo más rápido que pudo y entró en la casa de madera del hermano mediano.
De nuevo el Lobo, más enfurecido que antes al sentirse engañado, se colocó delante de la puerta y
comenzó a soplar y soplar gruñendo:
- ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré!
La madera crujió, y las paredes cayeron y los dos cerditos corrieron a refugiarse en la casa de ladrillo
del mayor.El lobo estaba realmente enfadado y hambriento, y ahora deseaba comerse a los Tres
Cerditos más que nunca, y frente a la puerta bramó:
- ¡Soplaré y soplaré y la puerta derribaré! Y se puso a soplar tan fuerte como el viento de invierno
Sopló y sopló, pero la casita de ladrillos era muy resistente y no conseguía su propósito. Decidió trepar
por la pared y entrar por la chimenea. Se deslizó hacia abajo... Y cayó en el caldero donde el cerdito
mayor estaba hirviendo sopa de nabos. Escaldado y con el estómago vacío salió huyendo hacia el lago
Los cerditos no le volvieron a ver. El mayor de ellos regañó a los otros dos por haber sido tan
perezosos y poner en peligro sus propias vidas.
El Elefante Fotógrafo
Había una vez un elefante que quería ser fotógrafo. Sus amigos
se reían cada vez que le oían decir aquello:
- Qué tontería - decían unos- ¡no hay cámaras de fotos para
elefantes!
- Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay nada
que fotografíar...
Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue
reuniendo trastos y aparatos con los que fabricar una gran
cámara de fotos. Tuvo que hacerlo prácticamente todo: desde
un botón que se pulsara con la trompa, hasta un objetivo del
tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un montón de
hierros para poder colgarse la cámara sobre la cabeza.
Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero
su cámara para elefantes era tan grandota y extraña que paracecía una gran y ridícula máscara, y
muchos se reían tanto al verle aparecer, que el elefante comenzó a pensar en abandonar su sueño.. Para
más desgracia, parecían tener razón los que decían que no había nada que fotografiar en aquel lugar...
Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida, que nadie podía dejar
de reir al verle, y usando un montón de buen humor, el elefante consiguió divertidísimas e increíbles
fotos de todos los animales, siempre alegres y contentos, ¡incluso del malhumorado rino!; de esta
forma se convirtió en el fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían los animales para
sacarse una sonriente foto para el pasaporte al zoo.
Nube Avariciosa
Érase una vez una nube que vivía sobre un país
muy bello. Un día, vio pasar otra nube mucho más
grande y sintió tanta envidia, que decidió que para
ser más grande nunca más daría su agua a nadie, y
nunca
más
llovería.
Efectivamente, la nube fue creciendo, al tiempo
que su país se secaba. Primero se secaron los ríos,
luego se fueron las personas, después los animales,
y finalmente las plantas, hasta que aquel país se
convirtió en un desierto. A la nube no le importó
mucho, pero no se dio cuenta de que al estar sobre
un desierto, ya no había ningún sitio de donde sacar agua para seguir creciendo, y lentamente, la nube
empezó a perder tamaño, sin poder hacer nada para evitarlo.
La nube comprendió entonces su error, y que su avaricia y egoísmo serían la causa de su desaparición,
pero justo antes de evaporarse, cuando sólo quedaba de ella un suspiro de algodón, apareció una suave
brisa. La nube era tan pequeña y pesaba tan poco, que el viento la llevó consigo mucho tiempo hasta
llegar a un país lejano, precioso, donde volvió a recuperar su tamaño.
Y aprendida la lección, siguió siendo una nube pequeña y modesta, pero dejaba lluvias tan generosas y
cuidadas, que aquel país se convirtió en el más verde, más bonito y con más arcoíris del mundo.
Hielo en la Selva
El gran bloque apareció en el centro de la selva
una mañana cualquiera. Era un bloque de hielo
inmenso, alto como un árbol y grande como
cien elefantes, y además, estaba tan frío que
nadie se atrevía a acercarse. Pero lo que más
intrigó a todos los animales fue el gran tesoro
que guardaba en su interior. Tanto, que el
propio rey león dijo aquel mismo día que quien
fuera capaz de liberarlo, sería su sucesor como
rey.
No acabó de decir aquello, cuando todos perdieron su miedo al frío y se lanzaron a por el bloque con
toda su furia. Bueno, todos menos la comadreja, que se quedó parada un buen rato mirando el bloque,
viendo cómo los demás animales montaban un alboroto enorme, todos amontonados. El elefante usaba
su trompa como un martillo, hasta que le dio un buen porrazo a un gorila y tuvieron que ir a la
enfermería. El tigre clavaba sus garras como una taladradora, pero una vez las clavó tanto, que se
enganchó y al sacar la zarpa se le rompieron las uñas. Varias gacelas se dedicaron a chupar el bloque al
darse cuenta de que estaba hecho de agua helada, pero con tanto helado les dio un empacho tan grande
que ya no querían ni probarlo. Los monos estaban decididos a destrozar el bloque, y lanzaban plátanos
y piedras como si fueran ametralladoras, pero dieron tantas pedradas al resto de animales, que tuvieron
que suspender sus lanzamientos. Y así siguieron todos, intentando romper el bloque a lo bruto durante
todo el día sin ningún resultado. Al paso que iban, y viendo lo lentamente que se deshacía tanto hielo,
tardarían más de una semana.
Pero justo entonces alguien dijo:
- ¡Mirad! ¡Algo se mueve en el bloque!
Y era verdad, aunque no se veía bien, algo correteaba en el centro del bloque, junto al tesoro... ¿Estaría
vivo el tesoro? ¿tendría un dueño que vivía allí?
¡Nada de eso! Era la comadreja, que al poco apareció junto a los demás con algunas piezas del tesoro.
Todos estaban impresionados de ver cómo la comadreja había llegado al tesoro sin destrozar el bloque,
y después de felicitarla, les pidieron que les contase cómo lo había logrado. Entonces la comadreja
contó cómo antes de lanzarse a romper el bloque, se había dedicado a pensar y observar: era un bloque
demasiado grande para romperlo a golpes, y tardaría mucho en fundirse por el calor del sol, porque el
tesoro estaba en el centro y cerda del suelo, donde no daban los rayos. Y entonces se le ocurrió que
podría llegar al bloque por debajo, haciendo un túnel; desde allí hizo un pequeño fuego que comenzó a
derretir el hielo rápidamente, ¡y sin apenas esfuerzo pudo llegar al tesoro!
Y así fue como la comadreja llegó a ser la reina de la selva, al demostrar a todos que se consiguen más
cosas pensando que lanzándose a hacerlas a lo loco.
El Palacio de la Mentira
Todos los duendes se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los
ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que un niño decía una verdad, y los duendes de la
verdad los utilizaban para hacer su castillo. Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los duendes de
la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos
palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los duendes competían duramente porque el
suyo
fuera
el
mejor.
Tanto, que los duendes de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de
duendes al mundo para conseguir que los niños dijeran más y más mentiras. Y como lo fueron
consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo más grande y
espectacular. Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió
en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de
cristal y se rompió. Y así, poco a poco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían
creado aquellos ladrillos, éstos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira
se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó.
Y todos, incluidos los duendes mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para
nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán.

Lágrimas de Chocolate
Camila Comila era una niña golosa y comilona que apenas tenía amigos y sólo encontraba diversión en
los dulces y los pasteles. Preocupados, sus papás escondían cualquier tipo de dulce que caía en sus
manos, y la niña comenzó una loca búsqueda de golosinas por todas partes. En uno de sus paseos,
acabó en una pequeña choza desierta, llena de
cacharros y vasos de todos los tipos y colores.
Entre todos ellos, se fijó en una brillante
botellita de cristal dorado, rellena de lo que
parecía chocolate, y no dudó en bebérselo de
un trago. Estaba delicioso, pero sintió un
extraño cosquilleo, y entonces reparó en el
título de la etiqueta: "lágrimas de cristal",
decía, y con pequeñísimas letras explicaba:
"conjuro para convertir en chocolate cualquier
tipo de lágrimas".
¡Camila estaba entusiasmada! Corrió por los
alrededores buscando quien llorase, hasta
encontrar una pequeña niña que lloraba
desconsolada. Nada más ver sus lágrimas, estas se convirtieron en chocolate, endulzando los labios de
la niñita, que al poco dejó de llorar. Juntas pasaron un rato divertido probando las riquísimas lágrimas,
y se despidieron como amigas. Algo parecido ocurrió con una mujer que había dejado caer unos platos
y un viejito que no encontraba su bastón; la aparición de Camila y las lágrimas de chocolate animaron
sus caras y arrancaron alguna sonrisa.
Pronto Camila se dio cuenta de que mucho más que el chocolate de aquellas lágrimas, era alegrar a
personas con problemas lo que la hacía verdaderamente feliz, y sus locas búsquedas de dulces se
convirtieron en simpática ayuda para quienes encontraba entregados a la tristeza. Y de aquellos dulces
encuentros surgieron un montón de amigos que llenaron de
sentido y alegría la vida de Camila.

Pulgarcito
Pulgarcito era un niño del tamaño de un pulgar. Era el menor
de los 7 hijos de unos leñadores tan pobres que decidieron
abandonar a sus hijos en el bosque. Pulgarcito los escuchó, y
se preparó para ir dejando caer piedras por el camino y guiar a
sus hermanos de vuelta. Aunque inicialmente sus padres se
alegraron del regreso, tiempo después volvieron a intentarlo.
Esta vez Pulgarcito arrojó las migas de su pan para marcar el
camino, pero los pájaros se las comieron y resultaron perdidos.
Tras muchas vueltas encontraron la casa de un ogro,
aficionado a comer niños, que vivía con su mujer y sus siete
hijas. El ogro, al descubrir a los niños, quiso matarlos, pero la
mujer le convenció para reservarlos para mejor ocasión.
Aquella noche Pulgarcito cambió su gorro y el de sus
hermanos por las coronas de las hijas del ogro y, cuando el
ogro despertó a oscuras y pensó de nuevo en matarlos, fue a
sus hijas a quienes mató, mientras Pulgarcito y sus hermanos huían. Al descubrir lo ocurrido el ogro
persiguió a los niños calzando sus botas de siete leguas, capaces de avanzar esa distancia tanto a cada
paso. El ogro buscó largo rato y acabó dormido sin saber que Pulgarcito lo vigilaba. Este le robó las
botas y las usó para llegar hasta el palacio del rey y ponerse a su servicio como mensajero, lo que le
hizo enriquecerse de tal modo que ni él ni su familia volvieron a pasar hambre.
Hansel y Gretel
Hansel y Gretelson dos hermanos que son abandonados en el bosque. Perdidos, encuentran una casita
de chocolate y dulces en la que vive una ancianita que les invita a pasar. Los niños se quedan, pero la
ancianita resulta ser una bruja que encierra al niño en una jaula y lo engorda para comérselo, mientras
la niña tiene que hacer tareas.
Consiguen aplazar que la bruja se lo coma haciéndola creer que no engorda, mostrándole un hueso de
pollo como si fuera el dedo del niño, pero la bruja se harta y decide comérselo igual. Le pide a la niña
que prepare el horno, pero esta hace como que no sabe, y cuando la bruja se asoma para enseñarle, la
empuja dentro y se quema. Los niños consiguen huir y encontrar el camino a casa con su padre.
O
BR
AS
DE
Título: ¡Vamos a la playa!
Autor: Fabián Choque
Personajes:
Don Rogelio (El Papá)
Doña Lola (La mamá)
Timmy (El hermano menor)
Sabina (La hermana mayor)
(Se abre del telón y aparece toda la familia corriendo por todo el escenario totalmente apurados)
Doña Lola: ¡Apúrense por favor que ya tenemos que irnos! ¡Ay! (Sigue corriendo por todo el
escenario)
Sabina: (Se pone frente al público toda desesperada. Se queda en silencio por un momento) ¡No
encuentro mi bloqueador! (Se coge la mejillas) ¡Me voy a quemar la piel!
Timmy: (Poniéndose a su lado, la abraza y le jala de la mejilla) ¡Gran cosa por este pellejo!
Sabina: (Lo empuja) ¡Cállate, renacuajo! ¡Vete! (Grita desesperada) ¡¡¡Mamá!!!
Doña Lola: (Va hacia ella) ¡Qué pasa, hija!
Sabina: (La abraza) Mamá, no podré ir.
Doña Lola: (La mira sorprendida) ¡Por qué no, hija! (Se acerca a ella)
Sabina: (Se coge la cara mientras mira a su mamá) ¡Porque me malograré el cutis con el sol!
Timmy: (De lejos) ¡Es pellejo!
Sabina: ¡¡¡Mira, ya cállate!!! (Ve a su mamá) ¡Qué hago, mami! (Apoya la cabeza en su pecho)
Doña Lola: (Le golpea suavemente la cabeza) Ya hijita (Mira a todos lados como buscando a
alguien) Ya, ya, ya (Ve a su esposo) ¡Mira, acá está tu papá! (Toma su mano y lo jala hacia
Sabina) ¡Él sabrá cómo ayudarte! (Mira a su esposo y le habla en secreto) ¡Ayuda a tu hija, oye!
(Se va)
Don Rogelio: (Abrazándola mientras mira a su esposa, molesto y le habla en secreto) ¿¡Cómo
safaz del bulto, no!? (Mira a su hija) ¡A ver, qué pasa hija!
Sabina: ¡Papá, se me ha perdido mi bloqueador y se va a malograr mi tersa piel!
Timmy: ¡Se va a parecer a la vieja del ―Titanic‖! (Se ríe)
Sabina: (Toma un adorno de la mesa de centro y se lo lanza a su hermano) ¡¡¡Ya cállate!!!
Don Rogelio: (Ve a su Timmy) ¡Ya no molestes a tu hermana! (Ve a su hija y la sigue
abrazando)
Sabina: ¡Qué hago, papi!
Don Rogelio: ¡Ya no te preocupes, hija! (Pasa su esposa y le muestra su reloj en señal que se
apure) Mira, llegando allá te compraré un sachet para ti solita, ¿OK?
Timmy: ¡Sí, cómprale porque si no todos van a preferir ahogarse en el mar! (La mamá se acerca
a él por detrás y se lo lleva de las orejas fuera de escena)
Doña Lola: (Mientras se lo lleva fuera de escena) ¡Deja de molestar a tu hermana!
Timmy: ¡Auch….mamá me duele! (Mira a su hermana) ¡Ya ves lo que causas, ―pellejitos‖!
Sabina: ¡Fuera de acá! (Mira a su papá) ¡Papi! (Coloca la cabeza en el pecho de su papá)
Don Rogelio: Vamos hija (La abraza y camina con ella) ya verás que seguirás siendo la misma
chica linda de siempre con o sin bloqueador, ¿Está bien?
Sabina: (Con voz triste) Eso espero (Van saliendo de escena) ¡Ya mi hijita, ya!
Timmy: (Desde fuera del escenario) ¡Ay, Freddy Krugger!
Sabina: ¡¡¡Mamá!!! (Luego de unos momentos, entra Timmy a escena de puntas y se pone a
buscar algo debajo del sofá) (Después, saca el bloqueador de su hermana, con mirada maliciosa)
Timmy: Acá está (Se ríe. Después, toma un recipiente con mayonesa y le pone otra etiqueta)
Timmy: (Va saliendo de escena, caminando y saltando) ¡Hermanita, ya encontré tu bloqueador!
(Se va cerrando el telón)
Título: Un duende un poco apurado
Autor: Fabián Choque
Personajes:
Díndel
Samira
(Se abre el telón y aparece en escena un duende caminando muy
apurado por todo el escenario mirando su reloj)
Díndel: ¡No puede ser! ¡No puede ser, ya es muy tarde! (Mira su
reloj) (Continúa caminando y en eso, entra a escena una duende
llamada Samira, totalmente despreocupada con su celular en la
mano)
Samira: (Mirando su celular) A ver… encenderé mi what’s up…. (Díndel la ve)
Díndel: (Mirándola fijamente) Disculpa (Ella no le hace caso) ¡Disculpa! (Ella queda indiferente)
¡¡¡Disculpa!!!
Samira: (Asustada) ¡¡¡Ay, qué!!!
Díndel: ¿¡¡¡Cómo que ―qué‖!!!? ¡¡¡Tenemos que trabajar!!!
Samira: ¡No te apures, hay tiempo!
Díndel: ¿¡Cómo que ―hay tiempo‖!? ¡Ya faltan pocos minutos!
Samira: ¡Ya me oíste! (Camina por todo el escenario mientras que la otra lo mira extrañada) ¡La
navidad está cerca y no están listos los regalos!
Samira: Pero…
Díndel: (Interrumpiéndola)… ¡Claro, mientras tú estás con tu celular ―whatsapeando‖, otros
tienen que trabajar en vísperas (Saca su celular) Ahora mismo llamaré a Santa (Marca su
teléfono) ¿Aló?... ¿Santa?... Mira tengo un problema con Samira acá y… ¿¡Fotos!? ¿¡Qué fotos!?...
¿¡En Cancún!?
Samira: (Mirando su celular) ¡Sí, dile que ya me llegaron las fotos!
Díndel: ¡Qué fotos, ni que ocho cuartos! ¡Santa, necesitamos que vengas urgentemente!
Samira: (Tomando su hombro) Este… Díndel…
Díndel: ¡Un rato! (Camina por el escenario) Santa, es importante ¡Ven, por favor!
Samira: Díndel.
Díndel: ¡Espera un rato, por favor! (Volea la mirada) ¡No me digas nada ¡Solo quiero que vengas
de inmediato!.... ¡Cómo que no tienes que venir! ¡¡¡Tienes que estar aquí!!! ¡Ya casi es
navidad!... ¿¡Qué!? ¿¡Que mire el calendario!? …(Se acerca al almanaque) A ver… (Pone una
expresión de apenado) Este… ¿Creo que me equivoqué, verdad? ….
Samira: (Le quita el celular) Eso trataba de decirle (Se lo devuelve)
Díndel: Bueno ya que faltan dos días más, ¿Me podría mandar las fotos de su viaje a Cancún?
¿Por face?.... Gracias… diviértase…. Adiós (Cuelga y mira apenado a Samira)
Samira: (Lo mira fijamente) ¿Y ahora? (Cruza los brazos) ¿Qué vas a decir?
Díndel: Este… ¿Me compartes las fotos de Santa para mi muro?... ¿En Face? ¿Sí?
(Samira sale del escenario mientras que Díndel la sigue, usando su celular)

La memoria de la zanahoria
Autor: José Luis García
(Estamos en el salón de una casa de postín. Entre los
muebles destaca un escritorio, de esos que se cierran con
tapa. Y sobre él, un florero con flores).
(Entra Dalagón, el dueño de la casa. Va bien vestido y se
adorna con bigote y perilla).
DALAGÓN.(Que se acerca al escritorio y manosea las flores).
Por las narices de mil pregoneros errantes. ¿Dónde está
el kilo de turrón de Alicante? Lo dejé aquí para

PANCORBO.-

llevárselo a la dama de mis sueños.

(Cuando se ve acorralado entre la estaca y la pared).

(Entra Pancorbo, uno de sus criados).

¡Fue Periquillo!

PANCORBO.-

DALAGÓN.-

Amo. Si tiene sueño, lo mejor es que duerma.

¿Periquillo?

DALAGÓN.-

PANCORBO.-

¿Qué dices, palurdo?

Periquillo.

PANCORBO.-

DALAGÓN.-

Se confunde señor, no soy Palurdo sino Pancorbo.

(Que llama).

DALAGÓN.-

¡Periquillo!

¿Osas contradecirme?

(Entra Periquillo casi de inmediato).

PANCORBO.-

PERIQUILLO.-

¿Osas contradecirme? No las conozco señor. Tal vez si

¿Llamaba el señor o sólo se expresaba?

me habla de osas pardas, osas polares…

DALAGÓN.-

DALAGÓN.-

Te has comido mi kilo de turrón.

Ha desaparecido mi kilo de turrones.

PERIQUILLO.-

PANCORBO.-

¿Perdón?, ¿qué turrón?

Tal vez haya sido alguna de las osas. Es sabido que

PANCORBO.-

gustan del dulce.

Si no has sido tú, han sido las osas.

DALAGÓN.-

DALAGÓN.-

¡Mendrugo, recibirás tu merecido!

¡Confiesa!

PANCORBO.-

PERIQUILLO.-

Muy generoso mi señor, mendrugo para mí, y turrón para

Me confesaría, mi señor, pero a esta hora el cura duerme

las osas.

su siesta.

DALAGÓN.-

(Dalagón se abalanza con su estaca sobre Periquillo, pero

Has sido tú.

éste huye hacia Pancorbo y ambos se alejan cuanto

PANCORBO.-

pueden de la estaca, que recorre sin descanso toda la

¿Yo?

estancia, arriba y abajo, sin dar con los dos criados).

DALAGÓN.-

PERIQUILLO.-

Te has comido mi turrón.

(Cuando está acorralado por el amo, junto al infeliz

PANCORBO.-

Pancorbo).

¿No habíamos quedado que fueron las osas?

¡Ha sido Guillermillo!

(Dalagón se agacha y coge una estaca del suelo).

DALAGÓN.-

DALAGÓN.-

(Que llama).

Tendrás tu merecido.

¡Guillermillo!

PANCORBO.-

PANCORBO.-

Deje el señor la estaca, que prefiero el mendrugo de

¡Más alto, señor!, que Guillermillo es sordo como un

antes.

monaguillo.

(Dalagón persigue a Pancorbo por toda la estancia,

DALAGÓN.-

estaca en mano. Da mandobles a diestro y siniestro, pero

¡Guillermillo!

sin acertar a su sirviente, que corre como un gamo).

(Entra Guillermillo).
DALAGÓN.-

DALAGÓN.-

Mi turrón…

Pensé que lo había dejado encima.

GUILERMILLO.-

GUILLERMILLO.-

Y usted, mi bocata de panceta…

Lo guardó dentro, y no encima.

DALAGÓN.-

(Dalagón se acerca al escritorio, lo abre y dentro vemos

¡Ahhh!

el famoso turrón de Alicante).

(Dalagón se abalanza con su estaca sobre Guillermillo,

DALAGÓN.-

que se aleja. Y así, los tres criados esquivan los estacazos

¡Mi turrón!

de Dalagón).

(Deja caer la estaca).

GUILLERMILLO.-

PANCORBO.-

(Cuando está acorralado, junto a Pancorbo y Periquillo).

(Mientras coge la estaca del suelo).

¡El escritorio!

Es hora, señor, que pague usted lo que es justo.

DALAGÓN.-

DALAGÓN.-

(Que llama. Fuera de sí).

¿No iréis a utilizar la violencia?

¡Escritorio!

PERIQUILLO.-

PANCORBO.-

¡A por él!

Más alto, señor; que es como un tronco.

(Los tres sirvientes persiguen a Dalagón por la estancia,

DALAGÓN.-

mientras el amo corre como el mejor de entre ellos y los

¡Escritorio!

otros no le dan alcance. Salen los cuatro, perseguido y

GUILLERMILLO.-

perseguidores).
(Entra Gasconcillo, otro criado).
GASCONCILLO.Y así termina esta farsa. Pues ya lo dice el refrán: Si el
que acusa no tiene memoria, es como hablar con una
zanahoria.
(Vase).
FIN

Los tres vagos
Autor: José Luis García
¿Y no sería más fácil que vaya usted y lo abra?, porque
si hemos de esperar aquí a que el escritorio de sus
primeros pasos…
DALAGÓN.Me confundes.
GUILLERMILLO.Digo, que el señor guardó su turrón alicantino dentro del
escritorio.

(Se ilumina la escena y vemos al viejo Rey
tumbado en la cama).
REY.¡Ay, qué malito estoy!
(Entran los tres hijos. Deambulan por la
habitación sin ver al Rey).
HIJO 1.Padre nos ha mandado llamar.
HIJO 2.Pero no está.
HIJO 3.Luego, no ha venido o se ha ido.
REY.Estoy en la cama.
1.(Aún no lo ven).
¿Quién ha dicho eso?
3.Alguien desde una cama.
REY.Yo, vuestro padre y el Rey.
(Al fin los hijos ven al Rey en la cama).
2.¡Papá!
3.Os lo dije: alguien nos hablaba desde una
cama.
1.¿Qué te pasa papá?
REY.Estoy malito.
2.Imposible, siempre has sido “buenito”.
REY.Voy a morir.
HIJO 1.No puedes papá, eres el Rey.
HIJO 2.¿Cómo vas a morir si estás vivo?
HIJO 3.Te protegeremos. Dinos quién quiere matarte.
REY.Voy a morir y ya sé que los tres sois igual de
bobos.
1.Pero papá.
2.-

¡Papá!
REY.Chitón.
3.Papá.
REY.¡Callaos! Ahora necesito saber cuál de vosotros
tres es el más vago.
1.¿Qué es un vago?
2.Un gandul.
3.El que no da palo al agua.
1.¿Para qué darle un palo al agua?
REY.¡Callad! El más vago de vosotros me sucederá
y será Rey.
1.Padre, entonces el reino es mío. Soy tan vago
que si me acuesto a dormir en el patio y
comienza a llover, no me levanto aunque me
empape hasta los huesos.
2.Eso es una bobada. El reino me pertenece a mí,
pues soy tan vago que cuando estoy sentado al
fuego para calentarme, prefiero quemarme los
pies antes de retirar las piernas.
3.Eso no es ser vago, es ser bobo. El reino es
mío.
2.¿Por qué?
3.Porque soy tan vago que si me fueran a ahorcar
y alguien me diese un cuchillo para cortar la
soga, antes me dejaría colgar que levantar la
mano hasta la soga.
REY.Tú has alcanzado el máximo grado. Tú serás
Rey.
2.Pero papá.
1.¡Papá, papá!
REY.¡Chitón! La decisión está tomada. Marchaos
que quiero dormir.
3.Tus deseos son órdenes.
2.Eres un pelota.
3.Y tú un envidioso.
1.Y tú un cara huevo.
REY.¡Marchaos! Y apagad la luz al salir.
(Salen los tres hijos).
REY.-

¿Por qué no habré tenido una hija?
(Se oscurece la escena).
FIN

La fuente de los enamorados
Autor: José Luis García
(Se ilumina la escena y contemplamos una
fuente de la que mana agua. Escuchamos
el trino de los pájaros).
(Entran el Príncipe y la Princesa, que
vienen cogidos de la mano).
PRINCESA.¡Qué lugar tan bello, amor mío!
PRÍNCIPE.Y tiene una fuente, ¡qué alegría!; me
muero de sed.
(Mientras él se acerca a la fuente, ella le
da la espalda y contempla el lugar).
PRINCESA.¡Qué lugar tan bello!
(El Príncipe se acerca a la fuente, bebe de
ella y, de pronto, se transforma en mujer,
con vestidos de princesa).
(La Princesa se vuelve hacia la fuente y lo
ve a él, transformado en mujer).
PRINCESA.¿Quién eres tú?
PRÍNCIPE.(Lo seguiremos llamando así, aunque sea
princesa y hable con voz de mujer).
¿Cómo quién soy?, soy Gustavo, tu amor.
PRINCESA.¿Qué broma es ésta, princesa?
PRÍNCIPE.¿Princesa?, ¡querrás decir Príncipe!
(Se mira y se palpa).
¿Qué es esto? ¡Soy una mujer!
(Entra el Labriego).
LABRIEGO.Espero que tengáis un buen día bellas
señoras. Aunque debo avisaros que no
toquéis el agua de esta fuente, porque
quien la bebe por primera vez cambia de
sexo y después no tiene arreglo.
(Bebe).
Yo puedo beber porque ya no me produce
ningún efecto.
(Bebe).
Me lo produjo la primera vez que bebí,
cuando era una muchacha tan bella como
vosotras.
(Sale).
PRÍNCIPE.¿Seré siempre una mujer?, ¡es imposible!

(Bebe).
¡Sigo siendo mujer!
(Bebe).
Es cierto lo que dijo ese hombre, esto no
tiene arreglo. ¿Qué será de nosotros y de
nuestro amor?
PRINCESA.Yo no pienso renunciar a nuestro amor.
(Se acerca a la fuente y bebe de ella. Se
transforme en Príncipe y habla con voz de
hombre).
¡Ven a mis brazos, amor mío!
(Se abrazan y luego se cogen de la mano).
PRÍNCIPE.¡Qué bello lugar es éste!
PRINCESA.Casi tanto como nuestro amor.
(Salen cogidos de la mano).
FIN

El canto del maíz
Autor: José Luis García
(La escena está dominada por un campo
de maíz. Entran unos pájaros que
sobrevuelan las plantas, se posan sobre
ellas y picotean las mazorcas).
(Entran Padre, Madre e Hijo; éste es ya un
hombre, joven. Los pájaros salen
espantados).
HIJO.-
¡Qué buena plantación nos ha dejado el
tío Gregorio!
MADRE.Pero habrá que cuidarla. Sino, se la
comerán los pájaros esos.
PADRE.Bien dicho, mamá. ¡Hijo!
HIJO.Soy yo, padre.
PADRE.Ya lo sé, hijo. Iremos a casa y te daré la
escopeta para que mates a todos esos
pájaros.
HIJO.Bueno está, papá.
MADRE.Buena idea, papá.
PADRE.Gracias, mamá.
(Salen los tres).
(Primero uno, luego otro y al rato todos,
los pájaros que antes picotearon el maíz
vuelven a las plantas y a su labor
interrumpida).
(Entra por un extremo, medio escondido y
medio a la vista, el Hijo con una
escopeta).
HIJO.(Para sí).
No os comeréis la herencia de tío Rigorito.
(Apunta hacia los pájaros con su escopeta,
pero uno de ellos se posa sobre el cañón
del arma y comienza a cantar; al instante
el resto de las aves lo acompaña con sus
trinos. Hijo queda inmóvil como una
estatua, hasta que los pájaros terminan su
canto y se alejan, como espantados por
algo o alguien).
(Entra el Padre, que ve a su Hijo aún
inmóvil y apuntando con la escopeta).
PADRE.-

¿Los has matado a todos?
HIJO.(Que recupera la movilidad y baja el
arma).
¡No, apá!, no he podido. Es que cantan
bonito y no he sido capaz.
PADRE.¡Anda, trae esa escopeta! Tú si que estás
bonito…
HIJO.Pero, papá.
PADRE.Ve tú a casa. Ya haré yo este trabajo de
hombres.
HIJO.Sí, papá.
(Sale después de entregar el arma a su
padre).
PADRE.¡Que cantan bonito! Es un hombre hecho y
derecho y habla como un niño.
(Se oculta entre las plantas).
(Como sucedió antes, entra uno de los
pájaros y poco a poco se suma toda la
bandada, que se entretiene con su
picoteo).
(El Padre asoma desde su escondite y
apunta con la escopeta. Y al igual que
antes, una de las aves se posa sobre el
arma y canta, siendo acompañada al poco
rato por todas las demás. El Padre queda
inmóvil durante el canto de las aves,
hasta que éstas alzan el vuelo y se
marchan).
(Entra la Madre, que mira al Padre, aún
inmóvil).
MADRE.¿Te has quedado pasmarote?
PADRE.(Que recupera la normalidad y baja el
arma).
No, mamá. Es que no he podido.
MADRE.¿Qué es lo que no has podido?
PADRE.Matar a los pajaritos. ¡Cantaban tan
bonito!
MADRE.¡Cómo el hijo!… Está claro que a mí no ha
salido… Anda, bonito, déjame el arma,
que ya me ocupo yo.
PADRE.(Le entrega la escopeta).
Lo siento, mamá.
MADRE.¡Que no soy tu madre! Vete pa`casa, que
ya hablaremos.
PADRE.¿De qué hablaremos?
MADRE.Anda, vete y no me tires de la lengua.
PADRE.Adiós, mamá.
(Sale).
MADRE.¡Qué cantan bonito! ¡Bonito hijo y bonito
marido! Si ya lo decía mi madre…
(Se oculta entre las plantas).
(Una vez más, y a poco, vuelven los
pájaros a picotear la plantación).
(Madre asoma, escopeta al hombro).
MADRE.(Para sí).
Rigorito, Rigorito; quien me quita la
herencia, pierde el pico…
(Esta vez las aves cantan desde las plantas
y la Madre queda también inmóvil, como
antes su hijo y su marido).
(Las aves alzan el vuelo y salen. Entran
Padre e Hijo).
HIJO.Madre, ¿qué ha pasado?

MADRE.Que sí, que cantan bonito.
PADRE.¿A qué si?
MADRE.Y digo, que si hemos vivido todo estos
años sin este maíz, tampoco nos hará
tanta falta, digo yo.
PADRE.¿A que no? Y al fin, es el canto del maíz.
HIJO.¿Vendremos a oírlos cantar?
PADRE.Todos los días.
MADRE.Vámonos a casa, que pronto llegará la
noche.
(Salen los tres).
(Sin que los veamos, se escucha el canto
de los pájaros. La escena se oscurece de a
poco, hasta que queda todo en negro).
FIN

El
Gusanito
regordito
Autor:
Jose Luis
Garcia
(Estamos en el campo. Entra un Gusanito
de muchos colores, algo regordete; lleva
puesto un sombrero de paja).
GUSANITO.¡Vaya! Esta es la primera vez que salgo
sólo de casa.
MAMÁ.(En off).
No te alejes.
GUSANITO.No. mamá.
(Avanza por la escena. En el cielo aparece
el Sol).
GUSANITO.¡Hala!, qué calorcito.
(Ve al Sol).
Hola, ¿tú quién eres?
SOL.Soy el Sol.
GUSANITO.Ahora se está más calentito.
SOL.Es que cuando salgo de entre las nubes,
caliento todas las cosas.
GUSANITO.Je, je.
(Gusanito va de aquí para allá).
¡Se está muy bien aquí!
Je, je.
(Sigue con su ir y venir alegre).
SOL.Adiós, Gusanito. Tengo que irme. Ya nos
veremos otro día.
GUSANITO.Adiós.
(El Sol se va. Enseguida comienza a soplar
el viento).
¡Qué frío!
(De repente se vuela el sombrero de
Gusanito).
¡Oye, vuelve aquí!
(Gusanito persigue a su sombrero, pero
éste impulsado por el viento, va primero
de izquierda a derecha, luego sube muy
alto, luego se lanza en picado hacia
Gusanito, lo roza, y sale disparado hacia
otro lado).
¡Vuelve!, no quiere perderte. No quiero
que me riña mi mamá por haberte

perdido.
(Continúa la persecución, pero en un
momento dado, el sombrero vuelve a
subir muy alto y cuando está arriba, deja
de soplar el viento, y el sombrero cae
suavemente sobre la cabeza de Gusanito).
Menos mal. Ya estoy cansado de tanto
correr.
(Ahora, ya con su sombrero, avanza un
poco hacia la izquierda, se detiene,
avanza hacia la derecha y se detiene de
nuevo).
No sé hacia dónde ir para volver a mi
casa.
(Sale por la izquierda, entra, sale por la
derecha, entra).
No sé dónde estoy. Estoy echo un lío. A lo
mejor me he perdido.
(Sale por la izquierda. La Luna aparece en
el cielo. Entra Gusanito).
GUSANITO.(A la Luna).
Hola, ¿quién eres?
LUNA.Soy la Luna. Aparezco en el cielo cuando
es de noche.
GUSANITO.Me he perdido. ¿Sabes dónde está mi
casa?
LUNA.No lo sé. Es la primera vez que te veo.
GUSANITO.Vaya…
LUNA.Espérame aquí. Antes vi a alguien por el
bosque.
GUSANITO.A lo mejor me están buscando.
LUNA.Le iluminaré el camino hasta aquí. Pero es
importante que no te muevas de este
sitio.
(Sale la Luna).
GUSANITO.¡Vale!
(Avanza hacia la derecha).
¡No!, le prometí a la Luna que no me
movería.
(Se detiene).
(Avanza hacia la izquierda).
¡Tengo que esperar aquí!
(Se detiene).
(Aparece la Luna en el cielo).
PADRE.(En off).
Gusanito, ¿eres tú?
GUSANITO.¡Papá!
(Entra el Padre y Gusanito corre a su
encuentro).
¡Papá! Ya pensaba que no podría volver
más a casa.
PADRE.Llevo mucho tiempo buscándote. No
debiste alejarte tanto.
GUSANITO.Es que conocí al Sol, que es bueno; pero
luego vino el Viento, que es malo, y se
llevó mi sombrero.
PADRE.El viento no es malo. Lo que pasa es que
le gusta jugar, como a tí.
GUSANITO.¿De verdad?
PADRE.Claro. Seguro que le gustó tu sombrero y
por eso se puso a jugar contigo.
GUSANITO.¡Anda!
PADRE.Venga, volvamos a casa.
GUSANITO.-

¡Vamos a casita! ¿Y otro día podré volver
a jugar con el Sol y con el Viento.
PADRE.Claro, y vendremos juntos.
GUSANITO.¡Bien!
(Salen ambos).
(Enseguida entra Gusanito).
GUSANITO.(A la Luna).
Adiós. Tú también eres buena.
PADRE.¡Vamos, Gusanito!
LUNA.Adiós, Gusanito.
(Sale Gusanito. Y se oscurece la escena).
FIN

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  • 1. La princesa y el frijol Había una vez... ...Un príncipe que quería casarse con una princesa, pero pretendía una princesa como la que él había imaginado en sueños. Por lo que se dedicó a buscarla por el mundo entero, aunque inútilmente, ya que a todas las que le presentaban les hallaba algún defecto. Princesas había muchas, pero nunca podía estar seguro de que lo fuesen de veras: siempre había en ellas alguna cosa que le disgustaba. Así que regresó a casa lamentando no haber encontrado la princesita que él andaba buscando, pues ¡deseaba tanto una verdadera princesa! Llegó una noche en que se desató una tormenta muy fuerte, en que pululaban los rayos y los truenos y la lluvia caía a cántaros. En medio de la terrible tempestad, tocaron a la puerta de la ciudad, y el viejo rey fue a abrir en persona. En el umbral había una princesa. Pero, ¡santo cielo, cómo se había puesto con el mal tiempo y la lluvia! El agua le chorreaba por el pelo y las ropas, se le colaba en los zapatos y su estado era deplorable. A pesar de esto, ella insistía en que era una princesa real y verdadera. "Bueno, eso lo sabremos muy pronto", pensó la vieja reina. Y, sin decir una palabra, se fue a su cuarto, quitó toda la ropa de la cama y puso un frijol sobre el bastidor; luego colocó veinte colchones sobre el frijol, y encima de ellos, veinte almohadones hechos con las plumas más suaves que uno pueda imaginarse. Allí tendría que dormir toda la noche la princesa. A la mañana siguiente le preguntaron cómo había dormido. –¡Oh, terriblemente mal! –dijo la princesa–. Apenas pude cerrar los ojos en toda la noche. Estaba muy incómoda ¡Vaya usted a saber lo que había en esa cama! Me acosté sobre algo tan duro que amanecí llena de cardenales por todas partes. ¡Fue sencillamente horrible! Oyendo esto, todos comprendieron enseguida que se trataba de una verdadera princesa, ya que había sentido el frijol nada menos que a través de los veinte colchones y los veinte almohadones. Sólo una princesa podía tener una piel tan delicada. Y así el príncipe se casó con ella, seguro de que la suya era toda una princesa verdadera. Y el frijol fue enviado a un museo, donde está exhibido todavía, salvo que alguien se lo haya robado.
  • 2. El león y el ratón Una tarde muy calurosa, un león dormitaba en una cueva fría y oscura. Estaba a punto de dormirse del todo cuando un ratón se puso a corretear sobre su hocico. Con un rugido iracundo, el león levantó su pata y aplastó al ratón contra el suelo. -¿Cómó te atreves a despertarme? -gruñó- Te-voy a espachurrar. -Oh, por favor, por favor, perdóname la vida -chilló el ratón atemorizado-Prometo ayudarte algún día si me dejas marchar. -¿Quieres tomarme el pelo? -dijo el león-. ¿Cómo podría un ratoncillo birrioso como tú ayudar a un león grande y fuerte como yo? Se echó a reír con ganas. Se reía tanto que en un descuido deslizó su pata y el ratón escapó. Unos días más tarde el león salió de caza por la jungla. Estaba justamente pensando en su próxima comida cuando tropezó con una cuerda estirada en medio del sendero. Una red enorme se abatió sobre él y, pese a toda su fuerza, no consiguió liberarse. Cuanto más se removía y se revolvía, más se enredaba y más se tensaba la red en torno a él. El león empezó a rugir tan fuerte que todos los animales le oían, pues sus rugidos llegaban hasta los mismos confines de la jungla. Uno de esos animales era el ratonállo, que se encontraba royendo un grano de maíz. Soltó inmediatamente el grano y corrió hasta el león. —¡Oh, poderoso león! -chilló- Si me hicieras el favor de quedarte quieto un ratito, podría ayudarte a escapar. El león se sentía ya tan exhausto que permaneció tumbado mirando cómo el ratón roía las cuerdas de la red. Apenas podía creerlo cuando, al cabo de un rato, se dio cuenta de que estaba libre. -Me salvaste la vida, ratónenle —di¡o—. Nunca volveré a burlarme de las promesas hechas por los amigos pequeños.
  • 3. La cigarra y la hormiga Era un caluroso día de verano y la cigarra se hallaba sentada en una brizna de hierba disfrutando del sol. "Es tan agradable esta época del año", suspiraba. "No puedo entender por qué están todos trabajando. Deberían seguir mi ejemplo y disfrutar del buen tiempo." De pura felicidad comenzó a saltar de aquí para allá. Saltó por encima de una diminuta hormiga negra que luchaba por arrastrar un grano de trigo hasta su despensa. -Deja ya de trabajar tanto -le gritó la cigarra- Ven y aprovecha este hermoso día. La hormiga le miró y dijo: -Es que pienso en el mañana. Y tú también deberías hacerlo. Si no empiezas ahora a almacenar alimentos, no tendrás comida para pasar el invierno. La cigarra se rió -Piensa mejor en el presente, -le respondió. - Una mañana, algunos meses después, la cigarra se arrastraba por la tierra helada. Tenía tanto frío y tanta hambre que apenas podía moverse. Al pasar junto a un grupo de hormigas, vio que estaban dando cuenta de un buen desayuno de trigo. -Oh, por favor, dadme un poquitín de vuestra comida -les suplicó- Vosotras tenéis mucho y yo no tengo nada. -Te conozco -gritó una de las hormigas- Tú te reías cuando yo te dije que fueses previsora. Piensa en el presente, me decías. Pues bueno, vé y consigúete tu propia comida ahora. Y la hormiga le dio la espalda y terminó su desayuno.
  • 4. Ricitos de oro Erase una vez una tarde , se fue Ricitos de Oro al bosque y se puso a coger flores. Cerca de alli, habia una cabaña muy bonita , y como Ricitos de Oro era una niña muy curiosa , se acerco paso a paso hasta la puerta de la casita. Y empujo. La puerta estaba abierta. Y vio una mesa. Encima de la mesa habia tres tazones con leche y miel. Uno , era grande; otro, mediano; y otro, pequeño. Ricitos de Oro tenia hambre, y probo la leche del tazon mayor. ¡Uf! ¡Esta muy caliente! Luego, probo del tazon mediano. ¡Uf! ¡Esta muy caliente! Despues, probo del tazon pequeñito, y le supo tan rica que se la tomo toda, toda. Habiatambien en la casita tres sillas azules: una silla era grande, otra silla era mediana, y otra silla era pequeñita. Ricitos de Oro fue a sentarse en la silla grande, pero esta era muy alta. Luego, fue a sentarse en la silla mediana. Pero era muy ancha. Entonces, se sento en la silla pequeña, pero se dejo caer con tanta fuerza, que la rompio. Entro en un cuarto que tenia tres camas. Una, era grande; otra, era mediana; y otra, pequeña. La niña se acosto en la cama grande, pero la encontro muy dura. Luego, se acosto en la cama mediana, pero tambien le perecio dura. Despues, se acosto, en la cama pequeña. Y esta la encontro tan de su gusto, que Ricitos de Oro se quedo dormida. Estando dormida Ricitos de Oro, llegaron los dueños de la casita, que era una familia de Osos, y venian de dar su diario paseo por el bosque mientras se enfriaba la leche. Uno de los Osos era muy grande, y usaba sombrero, porque era el padre. Otro, era mediano y usaba cofia, porque era la madre. El otro, era un Osito pequeño y usaba gorrito: un gorrito muy pequeño. El Oso grande, grito muy fuerte: -¡Alguien ha probado mi leche! El Oso mediano, gruño un poco menos fuerte: -¡Alguien ha probado mi leche! El Osito pequeño dijo llorando con voz suave: se han tomado toda mi leche! Los tres Osos se miraron unos a otros y no sabian que pensar. Pero el Osito pequeño lloraba tanto, que su papa quiso distraerle. Para conseguirlo, le dijo que no hiciera caso , porque ahora iban a sentarse en las tres sillas de color azul que tenian, una para cada uno. Se levantaron de la mesa, y fueron a la salita donde estaban las sillas. ¿Que ocurrio entonces?. El Oso grande grito muy fuerte: -¡Alguien ha tocado mi silla! El Oso mediano gruño un poco menos fuerte.. -¡Alguien ha tocado mi silla! El Osito pequeño dijo llorando con voz suave: se han sentado en mi silla y la han roto! Siguieron buscando por la casa, y entraron en el cuarto de dormir. El Oso grande dijo: -¡Alguien se ha acostado en mi cama! El Oso mediano dijo: -¡Alguien se ha acostado en mi cama! Al mirar la cama pequeñita, vieron en ella a Ricitos de Oro, y el Osito pequeño dijo: -¡Alguien esta durmiendo en mi cama! Se desperto entonces la niña, y al ver a los tres Osos tan enfadados, se asusto tanto, que dio un salto y salio de la cama. Como estaba abierta una ventana de la casita, salto`por ella Ricitos de Oro, y corrio sin parar por el bosque hasta que encontro el camino de su casa.
  • 5. El hada del lago EL HADA DEL LAGO Hace mucho, mucho tiempo, mucho antes incluso de que los hombres llenaran la tierra y construyeran sus grandes ciudades , existía un lugar misterioso, un gran y precioso lago, rodeado de grandes árboles y custodiado por un hada, al que todos llamaban la hada del lago. Era justa y muy generosa, y todos sus vasallos estaban siempre dispuestos a servirla. Pero de pronto llegaron unos malvados seres que amenazaron el lago, sus bosques y a sus habitantes. Tal era el peligro, que el hada solicitó a su pueblo que se unieran a ella, pues había que hacer un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos, con el fin de encontrar la Piedra de Cristal, que les dijo, era la única salvación posible para todos. El hada advirtió que el viaje estaría plagado de peligros y dificultades, y de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se echó hacia atrás. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, partió hacia lo desconocido con sus 80 vasallos más leales y fuertes. El camino fue mucho más terrible, duro y peligroso que lo predicho por el hada. Se tuvieron que enfrentar a terribles bestias, caminaron día y noche y vagaron perdidos por un inmenso desierto, que parecía no tener fin, sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era considerado como el más valiente del lago, ni el mejor luchador, ni tan siquiera el más listo o divertido, pero fielmente continuó junto a su hada sin desfallecer. Cuando ésta le preguntaba de dónde sacaba la fuerza para seguir y por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Mi señora, os prometí que os acompañaría a pesar de las dificultades y peligros, y éso es lo que hago. No me voy a ir a casa sólo porque que todo lo que nos advertiste haya sido verdad". Gracias a su leal Sombra el hada pudo por fin encontrar la cueva donde se hallaba la Piedra de Cristal, pero dentro había un monstruoso Guardián, grande y muy poderoso que no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un gesto más de la lealtad que le profesaba al hada, se ofreció a cambio de la piedra, y se quedó al servicio del monstruo por el resto de sus días. La poderosa magia de la Piedra de Cristal hizo que el hada regresara al lago inmediatamente y así pudo expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues gracias a aquel desinteresado y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, el hada quiso mostrar a todos lo que significaba el valor de la lealtad y el compromiso, y regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.
  • 6. EL LOBO Y EL CARNERO Hace mucho, un gran Perro que fue exterminador de Lobos, murió en una feroz pelea ocasionando el llanto de su Amo. Un Carnero vio a su Amollorar por su Perro, y l e dijo: "Señor. Córteme los cuernos y cúbrame con la piel del Perro. Los Loboscreerán que soy él, y así huirán." El Pastor, acogido por la idea, lo hizo. Al poco rato, un Lobo hambriento ingresó al rebaño y tomó a un Corderitopara hacerlo su cena. El falso Perro de inmediato persiguió al ladrón pero, al pasar por un matorral, una de las ramas se aferró a la piel del Perro, e hizo desprenderse del Cordero quedando así el engaño descubierto. ElLobo, al ver al falso Perro le dijo: "Y tú, ¿que se supone que eres?" "Soy un Carnero fiel a su Amo." - Respondió. "Bueno, aunque uses ropas ajenas, eres comida para mi." - Dijo el Lobo que sin mucha demora, devoró al Carnero. Moraleja Aunque cambies de vestido, Igual se cumplirá tu destino. LA MONA Y LOS MONITOS Hace mucho, una Mona tenía dos hijos. A uno de ellos lo cuidaba mucho por ser su favorito, y al otro que no lo era, lo dejaba a su suerte. Un día, un Perro pasó cerca de ellos y de inmediato persiguió a la Madrecon intenciones de atraparla. Esta dijo a su hijo favorito: "¡No te preocupes mi bebé, yo te salvaré!" Y echó a correr llevándolo en sus brazos. Por otro lado, el otro Monito que estaba muy aterrado, sólo se aferró fuertemente a la cola de su Madre. En la huida y la confusión, la Mona chocó contra un árbol golpeando la cabeza del hijo favorito. El resultado fue la muerte instantánea de este. Cuando por fin perdieron al Perro, la Mona lloraba desconsoladamente por la pérdida de su hijo favorito, mientra tanto, el hijo olvidado, jugaba sano y salvo balanceándose por las ramas de los árboles. Moraleja No siempre el predilecto, conserva vida y afecto.
  • 7. EL CUERVO Y LOS PÁJAROS Hace mucho tiempo, Júpiter citó a todos los pájaros en una reunión para elegir como Rey y el más hermoso de todos. Los pájaros muy halagados ante la gran oportunidad, de inmediato fueron a las aguas del gran riopara lavarse y acicalarse y así, estar muy presentables. El Cuervo, siendo realista de su fealdad, ideó un plan que consistía, en recoger las bellas plumas que los pájaros dejaban caer al limpiarse, para luego unirlas a su cuerpo. Tras varias horas de colocarse dichas plumas, elCuervo por fin terminó, y logró verse como una ave maravillosa y hermosa. Cuando llegó el día esperado, todas las aves acudieron a la cita entre ellos el Cuervo, que destacó al instante por su belleza y gracia multicolor. Júpiter al verlo, decidió coronar al Cuervo por su gran belleza, pero los pájaros que estaban muy indignados, descubrieron la farsa de este y lo castigaron desplumándolo en el acto. El Cuervo ridiculizado, volvió a ser el de siempre en cuestión de segundos. Moraleja Quien con lo ajeno se viste, en la calle lo desvisten. LOS CARACOLES Hace mucho, el hijo de un pescador fue a los acantilados en busca decaracoles. Cuando encontró algunos, encendió una fogata y empezó a asarlos para comérselos. Mientras se freían los caracoles, estos empezaron a hacer mucho ruido como silbidos. El Joven incomodo dijo: "Vaya. Los estoy friendo vivos y se ponen a silbar. Que descaro." Cuando el Joven regresó a su hogar, contó lo sucedido a su Padre. Este le respondió: "No te extrañes hijo. En la vida, muchos se sacrifican por el bien de los demás." Moraleja Nada en la vida da más paz, que hacer bien a los demás.
  • 8. EL LOBO Y EL MURCIÉLAGO Cierta vez, estaba volando de rama en rama un Murciélago con sueño que sin querer, fue a caer sobre un Lobo dormido. Este, despertó al instante, tomó al Murciélago e intentó devorarlo. El Murciélago, pidió piedad por su vida, el Lobo le dijo: "Muy bien pequeño entremés, te dejare libre con una condición. Dime por qué ustedes los Murciélagos, son tan alegres y traviesos. En cambio yo, siempre estoy molesto de todo." El Murciélago respondió: "Ammm... Usted me asusta mucho. Déjeme volar hacia mi cueva, y le explicare con lujos y detalles ahí señor Lobo." El Lobo aceptó, y lo dejó libre. Luego, cuando el Murciélago llego a su cueva, le dijo: "Señor Lobo, usted se molesta porque es malo y cruel, eso seca tu corazón. En cambio nosotros, somos alegres porque jamás intentamos dañar al prójimo." Moraleja Quién a nadie hace daño, vive feliz todo el año.
  • 9. Canciones de Cuna Arrorró mi niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo, de mi corazón. ARRORRÓ MI NIÑO Este lindo niño se quiere dormir... cierra los ojitos y los vuelve a abrir. Arrorró mi niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo, de mi corazón. Arrorró mi niño, arrorró mi sol, duérmase pedazo, de mi corazón. Este niño lindo ya quiere dormir; háganle la cuna de rosa y jazmín. Háganle la cama en el toronjil, y en la cabecera pónganle un jazmín que con su fragancia me lo haga dormir. Arrorró mi niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo, de mi corazón. Esta leche linda que le traigo aquí, es para este niño que se va a dormir. ESTE NENE LINDO Este nene lindo se quiere dormir, y el pícaro sueño no quiere venir. Este nene lindo que nació de noche,
  • 10. quiere que lo lleven a pasear en coche. SAN JOSÉ Y LA VIRGEN San José y la Virgen y Santa Isabel andan por las calles de Jerusalén, preguntando a todos del Niño Jesús que vaga cansado de cargar la cruz. -¿Por qué llora el niño? ¿Por qué llora el sol? -Por una manzana, que se le ha perdido debajo la cama. - Vamos a mi quinta, yo te daré dos: una para el Niño y otra para vos, Señor San José, Alférez mayor, Bate la bandera, que pase el Señor - Señora Santa Ana, toque la campana, ¿ por qué llora el Niño? - Por una manzana que se le ha caído debajo la cama. - Vamos a mi cuarto. Yo te daré dos: una para el Niño y otra para vos. -Duérmete, mi niño, yo te daré dos: una para el niño y otra para vos. SEÑORA SANTA ANA - Señora Santa Ana, ¿Qué dicen de vos? -Que soy soberana abuela de Dios. - Señora Santa Ana, ¿ por qué llora el niño? - Por una manzana que se le ha perdido debajo la cama. YO TENIA UNA GALLINITA Yo tenia una gallinita, corococó. Diez centavos me costó, corococó. La compré por la mañana, corococó. Por la tarde se murió, corococó. Yo no lloro por la gallinita, corococó.
  • 11. ni tampoco por los centavos, corococó. Sólo lloro por los pollitos, corococó. Que decían pío, pío, pío. Corococó. ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! O por la Trinidad. La Trinidad se pasa, ¡qué dolor, qué dolor qué pena! La Trinidad se pasa, Mambrú no vuelve más. Por allí viene un paje, ¡qué dolor, qué dolor, qué pena! Por allí viene un paje, Mambrú se fue a la guerra, ¡qué dolor, qué dolor, qué pena! Mambrú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá. ¿Qué noticias traerá? ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! ¿Qué noticias traerá? -Las noticias que traigo, ¡qué dolor, qué dolor, qué pena! ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! -Las noticias que traigo, ¡dan ganas de llorar! No sé cuándo vendrá. ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! ¿Vendrá para la Pascua? Dan ganas de llorar! ¡Qué dolor, qué dolor, qué pena! ¿Vendrá para la Pascua o por la Trinidad? Mambrú ha muerto en guerra. ¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!
  • 12. Mambrú ha muerto en guerra, y yo le fui a enterrar. ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! Y yo le fui a enterrar! Con cuatro oficiales ¡qué dolor, qué dolor, qué pena! Con cuatro oficiales y un cura sacristán. ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! Y un cura sacristán. Encima de la tumba ¡qué dolor, qué dolor, qué pena! Encima de la tumba los pajaritos van, ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! Los pajaritos van, cantando el pío, pío, ¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah! Cantando el pío, pío el pío, pío, pa. Cucú, cantaba la rana Cucú, cucú, cantaba la rana, Cucú, cucú, debajo del agua. Cucú, cucú, Pasó un caballero Cucú, cucú, de capa y sombrero Cucú, cucú, pasó una señora Cucú, cucú, con traje de cola Cucú, cucú, pasó un marinero Cucú, cucú, vendiendo floreros Cucú, cucú, pidió de un ramito Cucú, cucú, y no se lo dieron Cucú, cucú, me puse a llorar. (Bis)
  • 13. cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis, y ocho veinticuatro, y ocho treinta y dos. La Farolera tropezó Ay, niña bendita, me arrodillo en vos. y en la calle se cayó y al pasar por un cuartel se enamoró de un coronel. Alcen las barreras para que pase la Farolera de la puerta al sol Subo la escalera y enciendo el farol. A la media noche me puse a contar y todas las cuentas me salieron mal. Dos y dos son cuatro,
  • 14. Arroz con leche Arróz con leche, me quiero casar con una señorita de San Nicolás que sepa coser, que sepa bordar que sepa abrir la puerta para ir a jugar. Yo soy la viudita del barrio del rey me quiero casar y no sé con quién Con ésta sí, con ésta no, con esta señorita me caso yo.
  • 15. Juguemos en el bosque Juguemos en el bosque mientras el lobo no está (Bis) ¿Lobo está? me estoy poniendo los pantalones Juguemos en el bosque mientras el lobo no está (Bis) ¿Lobo está? Me estoy poniendo el chaleco Juguemos en el bosque mientras el lobo no está (Bis) ¿Lobo está? Me estoy poniendo el saco Juguemos en el bosque mientras el lobo no está (Bis) ¿Lobo está? Me estoy poniendo el sombrerito Juguemos en el bosque mientras el lobo no está (Bis) ¿Lobo está? ¡Ya salgo para comerlas a todas! ¡Gritos!
  • 16. Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con la Virgen María y el Espíritu Santo. Pocos segundos después, se le hunde la litera, y la niña de la litera de abajo exclama: ¿Lo ves? ¡Eso es lo que pasa por dormir con tanta gente! Estaban dos niños cada uno con un trompo y uno le dice al otro: A ver, baila el trompo. Y el otro le contesta: No sabo. El otro le dice: No se dice "no sabo" se dice "no sepo". En ese momento una señora estaba escuchando la conversación de los niños y les dice: No se dice ni no sabo ni no sepo. Los niños le preguntan: Entonces, ¿Cómo se dice? La señora les contesta: No sé. Y los niños le dicen: Entonces, por qué se mete en lo que no le importa. Va el niño y le dice al padre: Papá, me quiero casar con mi abuela. Y el padre le dice: ¿Cómo te vas a casar con mi madre? El niño le responde: ¿Y como tú te casaste con la mía y yo no dije nada? Chistes Infantiles El niño a su papá: ¡Papá, papá, vinieron a preguntar si aquí vendían un burro! ¿Y qué les dijiste, hijo? Que no estabas. Dos niñas están en un campamento donde compartían habitación y litera. A la hora de irse a la cama, la niña de la litera de arriba reza: Dos comadres se encuentran en el mercado y le dice una a la otra: Ay, comadre no sé que hacer con mi hijo, es muy, pero muy tonto, yo creo que es el más tonto de los niños. A lo que la comadre responde: No, no, no, mi hijo debe ser más tonto, seguro le gana al suyo. No, no, no, mire nada mas, en eso la primera comadre llama a Pablito su hijo y le dice: Mira Pablito, ve a la casa y me buscas a ver si
  • 17. estoy. El niño partió, en el momento la segunda comadre le dice: Ay, eso no es nada mire esto: En eso llama a su hijo Rodriguito, y le dice: Mira Rodriguito, toma $10.00 y ve a comprar una televisión a color, y se va. Luego, en el camino se encuentran los niños y le dice uno al otro. Híjole mano, mi mamá es re-tonta muy pero muy tonta. A lo que el otro responde: No mano, mi mamá seguro que es mucho más tonta que la tuya. No puede ser. Oye esto, me mandó a la casa a ver si estaba y ni siquiera me dio las llaves para entrar. Y el otro le contesta: Pues eso no es nada, la mía me dio $10.00 para comprar una televisión a color, y no me dijo de qué color la quería. La mentira La mano las rompe, el pie las tritura, la boca las bebe. ¿Que son? Las uvas ¿Qué instrumento se puede escuchar, pero no se puede ver ni tocar? La voz Adivinazas Verd Por más que te cubre, al final te descubre. ¿Qué es? e me crié, negro me volví, ahora me visten de blanco, para poderme vender.
  • 18. y se pierden entren las flores. La mariposa El Tabaco En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir. Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino. El humo La escalera En un cuartito caliente, hay bailando mucha gente. Palomitas de maíz Alas de mil colores Me compran para dormir y me encanta sacudir. ¿Qué soy?
  • 19. La almohada Del nogal vengo, y en el cuello del hombre, me cuelgo. La nuez REFRANES 1. A pan duro, diente agudo. 2. A perro sarnoso todo son pulgas. 3. A persona lisonjera, no le des oreja. 4. A pesar de ser tan pollo tengo más plumas que un gallo. 5. A picada de mosca, pieza de sabana. A poco pan, tomar primero. 6. A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen. 7. A quien amasa, una le pilla y ciento le pasa. A quien cuida la peseta nunca le falta un duro. (En España, cinco pesetas es un duro.) 8. A quien Dios ama, Dios le llama. 9. A quien Dios no le dio hijos, el diablo le dio sobrinos. 10. A quien gana buscaras, que quien pierde, el volverá. COLMOS
  • 20. ¿Cuál es el colmo del barrendero? Casarse con Alba Surero. 2- ¿Cuál es el colmo de un sordo? Que al morir le dediquen un minuto de silencio. 3- ¿Cuál es el colmo del atún? Que le den la lata. 4- ¿Cuál es el colmo de la cigüeña? Que le encarguen de París una Paloma. 5- ¿Cuál es el colmo del twittero? Que se le escape el pajarito. 6- ¿Cuál es el colmo del barco? Que griten, TODOS A BORDO y que bordo muera aplastado. 7- ¿Cuál es el colmo de una farmacia? Que la vendan porque no queda más remedio. 8- ¿Cuál es el colmo de una tonta? Que se mire al espejo y diga, yo te conozco. 9- ¿Cuál es el colmo de un mosquito? Pedir que le compren el libro Los tres mosquiteros. 10- ¿Cuál es el colmo de un carpintero? Tener un hijo que en deportes es de madera. 1- La rosa de Rosa es rosa, Rosa sin blanco de arroz. A Rosa le gusta su rosa, a Rosa le gusta el arroz. Esta es la llave del castillo de Chuchurumbel. Tomadla y guardadla bien, porque dentro del castillo hay cien Chichiriminicáculos. Cuidad de no deschichiriminicacularlos. Porque si los deschichiriminicaculais, saldrán otros cien chichiriminicáculos, que os deschichiriminicacularán. Trabalenguas Tres tristes tigres, tragaban trigo en un trigal, en tres tristes trasto, tragaban trigo tres tristes tigres. El amor es una locura que solo el Cura lo cura,
  • 21. pero el Cura que lo cura, comete una gran locura. Erase una vez una vieja teca meca chiringorda vieja y sorda. Si la vieja no hubiese sido teca meca chiringorda, vieja y sorda, tampoco sus hijos hubieran sido tecos, mecos, chiringordos, viejos y sordos. Llega Galo al lago y liga, luego al lego de Lugo muy largo en lengua, que al lago llega tras luengas leguas. Tres pollo bolos peludos, tres peludos pollos bolos. Estaba en el blosque Francisco buscando un bizco
  • 22. vasco tan brusco, que al verlo le dijo al chusco: "Busco al vasco bizco brusco." Creencias 1. Un gato negro que camina hacia ti o que se cruza en tu camino es mala suerte. 2. Colgar una pata de conejo para la suerte. 3. No bañarte en cuaresma (te vuelves pescado). 4. Pasar debajo de una escalera es mala suerte. 5. Abrir el paraguas bajo techo es mala suerte. Apodos El hígado, Porque siempre esta pegado al vaso. La elefanta, Por gorda, arrugada y nunca olvida. La circo, Porque se divierte cuando le sale el payaso. La tostada, Porque si te esperas afloja. Pecu, este apodo porque es tierno y proviene de pequeNa, peque, pequi, etc. Parábolas 1. El eco Un hijo y su padre estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cayó, se lastimó y gritó: "AAAhhhhhhhhhhhhhhh ! ! !".
  • 23. Para su sorpresa, oyó una voz repitiendo, en algún lugar en la montaña: "AAAhhhhhhhhhhhhhhh ! ! !" Con curiosidad, el niño grito: "Quién eres tú?" Recibió de respuesta: "Quién eres tú?" Enojado con la respuesta, grito: "Cobarde!" Recibió de respuesta:"Cobarde!" Miró a su padre y le preguntó: "Que sucede?" El padre sonrió y dijo: "Hijo mío, presta atención." Y entonces el padre gritó a la montaña: "Te admiro!" La voz respondió: "Te admiro!" De nuevo el hombre gritó: "Eres un campeón!" La voz respondió: "Eres un campeón!" El niño estaba asombrado, pero no entendía. Luego el padre explicó: "La gente lo llama ECO, pero en realidad es la VIDA...Te devuelve todo lo que dices o haces... Nuestra vida es simplemente reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor... Si deseas más competitividad en tu grupo, ejercita tu competencia... Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida... La vida te dará de regreso exactamente aquello que tú le has dado." Tu vida no es una coincidencia... Es un reflejo de ti. Alguien dijo: "Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa lo que emites El cachorro y el tigre Un cachorro, perdido en la selva, vio un tigre corriendo en su dirección. Comenzó entonces a pensar rápido, para ver si se le ocurría alguna idea que le salvase del tigre. Entonces vió unos huesos en el suelo y comenzó a morderlos. Cuando el tigre estaba casi para atarcarle, el cachorro dijo en alto: - ¡Ah, este tigre que acabo de comer estaba delicioso! El tigre, entonces, paró bruscamente y, muerto de miedo, dió media vuelta y huyó apaborado mientras pensaba para sí: - ¡Menudo cachorro feroz! ¡Por poco me come a mi también! Un mono que había visto todo, fue detrás del tigre y le contó cómo había sido engañado por el cachorro. El tigre se puso furioso y dijo: - ¡Maldito cachorro! ¡Ahora me la vas a pagar! El cachorro, entonces, vió que el tigre se aproximaba rápidamente a por él con el mono sentado encima y penso: - ¡Ah, mono traidor! ¿Y que hago ahora? Comenzó a pensar y de repente se le ocurrió una idea: se puso de espaldas al tigre y cuando este llegó y estaba preparado para darle el primer zarpazo, el cachorro dijo en voz alta: - ¡Será perezoso el mono! ¡Haze una hora que le mandé para que me trajese otro tigre y todavía no ha vuelto! EN MOMENTOS DE CRISIS, SOLO LA IMAGINACIÓN ES MAS IMPORTANTEQUE EL CONOCIMIENTO Albert Einstein La falsa apariencia Un día, por encargo de su abuelita, Adela fue al bosque en busca de setas para la comida. Encontró unas muy bellas, grandes y de hermosos colores llenó con ellas su cestillo. -Mira abuelita -dijo al llegar a casa-, he traído las más hermosas... ¡mira qué bonito es su color escarlata!
  • 24. Había otras más arrugadas, pero las he dejado. -Hija mía -repuso la anciana- esas arrugadas son las que yo siempre he recogido. Te has dejado guiar por las y apariencias engañosas y has traído a casa hongos que contienen veneno. Si los comiéramos, enfermaríamos; quizás algo peor... Adela comprendió entonces que no debía dejarse guiar por el bello aspecto de las cosas, que a veces ocultan un mal desconocido. Retahílas 3. Pipirigaña, 1. Tengo un buey que sabe arar y trabajar, y dar la vuelta, a la redonda, y esta mano que se esconda. vino la araña por su sabanita para la arañita... Vino la paloma de su palomar, vino por la sal. Sal menuda para la cuba. 2. Don Pepito el verdulero
  • 25. se metió en un sombrero, el sombrero era de paja, se metió en una caja, la caja era de cartón, se metió en un cajón, el cajón era de pino, se metió en un pepino, el pepino maduró y don Pepito se salvó. Caperucita roja Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja. Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo. Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas... De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
  • 26. - ¿A dónde vas, niña? - le preguntó el lobo con su voz ronca. - A casa de mi Abuelita - le dijo Caperucita. - No está lejos - pensó el lobo para sí, dándose media vuelta. Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles. Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo. El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta. La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada. - Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes! - Son para verte mejor - dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela. - Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes! - Son para oírte mejor - siguió diciendo el lobo. - Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes! - Son para...¡comerte mejoooor! - y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita. Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un serrador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba. El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!. Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó. En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido
  • 27. que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá. El patito feo Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre eran los más guapos de todos. Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez. Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto. Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de movimiento. Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más feo y desgarbado que los otros seis... La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis. El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían... Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito. Sus hermanos le jugaban pesadas bromas y se reían constantemente de él llamándole feo y torpe. El patito decidió que debía buscar un lugar donde pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran a pesar de su desastroso aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero, huyó por un agujero del cercado. Así llegó a otra granja, donde una vieja le recogió y el patito feo creyó que había encontrado un sitio donde por fin le querrían y cuidarían, pero se equivocó también, porque la vieja era mala y sólo quería que el pobre patito le sirviera de primer plato. También se fue de aquí corriendo. Llegó el invierno y el patito feo casi se muere de hambre pues tuvo que buscar comida entre el hielo y la nieve y tuvo que huir de cazadores que pretendían dispararle. Al fin llegó la primavera y el patito pasó por un estanque donde encontró las aves más bellas que jamás había visto hasta entonces. Eran elegantes, gráciles y se movían con tanta distinción que se sintió totalmente acomplejado porque él era muy torpe. De todas formas, como no tenía nada que perder se acercó a ellas y les preguntó si podía bañarse también. Los cisnes, pues eran cisnes las aves que el patito vio en el estanque, le respondieron: - ¡Claro que sí, eres uno de los nuestros!
  • 28. A lo que el patito respondió: -¡No os burléis de mí!. Ya sé que soy feo y desgarbado, pero no deberíais reír por eso... - Mira tu reflejo en el estanque -le dijeron ellos- y verás cómo no te mentimos. El patito se introdujo incrédulo en el agua transparente y lo que vio le dejó maravillado. ¡Durante el largo invierno se había transformado en un precioso cisne!. Aquel patito feo y desgarbado era ahora el cisne más blanco y elegante de todos cuantos había en el estanque. Así fue como el patito feo se unió a los suyos y vivió feliz para siempre. Los tres Cerditos Había una vez tres cerditos que eran hermanos, y se fueron por el mundo a buscar fortuna. A los tres cerditos les gustaba la música y cada uno de ellos tocaba un instrumento. El más pequeño tocaba la flauta, el mediano el violín y el mayor tocaba el piano... A los otros dos les pareció una buena idea, y se pusieran manos a la obra, cada uno construyendo su casita. - La mía será de paja - dijo el más pequeño-, la paja es blanda y se puede sujetar con facilidad. Terminaré muy pronto y podré ir a jugar. El hermano mediano decidió que su casa sería de madera: - Puedo encontrar un montón de madera por los alrededores, - explicó a sus hermanos, - Construiré mi casa en un santiamén con todos estos troncos y me iré también a jugar. El mayor decidió construir su casa con ladrillos. - Aunque me cueste mucho esfuerzo, será muy fuerte y resistente, y dentro estaré a salvo del lobo. Le pondré una chimenea para asar las bellotas y hacer caldo de zanahorias. Cuando las tres casitas estuvieron terminadas, los cerditos cantaban y bailaban en la puerta, felices por haber acabado con el problema. De detrás de un árbol grande surgió el lobo, rugiendo de hambre y gritando: - Cerditos, ¡os voy a comer! Cada uno se escondió en su casa, pensando que estaban a salvo, pero el Lobo Feroz se encaminó a la casita de paja del hermano pequeño y en la puerta aulló: - ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! Y sopló con todas sus fuerzas: sopló y sopló y la casita de paja se vino abajo. El cerdito pequeño corrió lo más rápido que pudo y entró en la casa de madera del hermano mediano. De nuevo el Lobo, más enfurecido que antes al sentirse engañado, se colocó delante de la puerta y comenzó a soplar y soplar gruñendo: - ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! La madera crujió, y las paredes cayeron y los dos cerditos corrieron a refugiarse en la casa de ladrillo del mayor.El lobo estaba realmente enfadado y hambriento, y ahora deseaba comerse a los Tres Cerditos más que nunca, y frente a la puerta bramó: - ¡Soplaré y soplaré y la puerta derribaré! Y se puso a soplar tan fuerte como el viento de invierno
  • 29. Sopló y sopló, pero la casita de ladrillos era muy resistente y no conseguía su propósito. Decidió trepar por la pared y entrar por la chimenea. Se deslizó hacia abajo... Y cayó en el caldero donde el cerdito mayor estaba hirviendo sopa de nabos. Escaldado y con el estómago vacío salió huyendo hacia el lago Los cerditos no le volvieron a ver. El mayor de ellos regañó a los otros dos por haber sido tan perezosos y poner en peligro sus propias vidas. El Elefante Fotógrafo Había una vez un elefante que quería ser fotógrafo. Sus amigos se reían cada vez que le oían decir aquello: - Qué tontería - decían unos- ¡no hay cámaras de fotos para elefantes! - Qué pérdida de tiempo -decían los otros- si aquí no hay nada que fotografíar... Pero el elefante seguía con su ilusión, y poco a poco fue reuniendo trastos y aparatos con los que fabricar una gran cámara de fotos. Tuvo que hacerlo prácticamente todo: desde un botón que se pulsara con la trompa, hasta un objetivo del tamaño del ojo de un elefante, y finalmente un montón de hierros para poder colgarse la cámara sobre la cabeza. Así que una vez acabada, pudo hacer sus primeras fotos, pero su cámara para elefantes era tan grandota y extraña que paracecía una gran y ridícula máscara, y muchos se reían tanto al verle aparecer, que el elefante comenzó a pensar en abandonar su sueño.. Para más desgracia, parecían tener razón los que decían que no había nada que fotografiar en aquel lugar... Pero no fue así. Resultó que la pinta del elefante con su cámara era tan divertida, que nadie podía dejar de reir al verle, y usando un montón de buen humor, el elefante consiguió divertidísimas e increíbles fotos de todos los animales, siempre alegres y contentos, ¡incluso del malhumorado rino!; de esta forma se convirtió en el fotógrafo oficial de la sabana, y de todas partes acudían los animales para sacarse una sonriente foto para el pasaporte al zoo. Nube Avariciosa Érase una vez una nube que vivía sobre un país muy bello. Un día, vio pasar otra nube mucho más grande y sintió tanta envidia, que decidió que para ser más grande nunca más daría su agua a nadie, y nunca más llovería. Efectivamente, la nube fue creciendo, al tiempo que su país se secaba. Primero se secaron los ríos, luego se fueron las personas, después los animales, y finalmente las plantas, hasta que aquel país se convirtió en un desierto. A la nube no le importó mucho, pero no se dio cuenta de que al estar sobre un desierto, ya no había ningún sitio de donde sacar agua para seguir creciendo, y lentamente, la nube empezó a perder tamaño, sin poder hacer nada para evitarlo.
  • 30. La nube comprendió entonces su error, y que su avaricia y egoísmo serían la causa de su desaparición, pero justo antes de evaporarse, cuando sólo quedaba de ella un suspiro de algodón, apareció una suave brisa. La nube era tan pequeña y pesaba tan poco, que el viento la llevó consigo mucho tiempo hasta llegar a un país lejano, precioso, donde volvió a recuperar su tamaño. Y aprendida la lección, siguió siendo una nube pequeña y modesta, pero dejaba lluvias tan generosas y cuidadas, que aquel país se convirtió en el más verde, más bonito y con más arcoíris del mundo. Hielo en la Selva El gran bloque apareció en el centro de la selva una mañana cualquiera. Era un bloque de hielo inmenso, alto como un árbol y grande como cien elefantes, y además, estaba tan frío que nadie se atrevía a acercarse. Pero lo que más intrigó a todos los animales fue el gran tesoro que guardaba en su interior. Tanto, que el propio rey león dijo aquel mismo día que quien fuera capaz de liberarlo, sería su sucesor como rey. No acabó de decir aquello, cuando todos perdieron su miedo al frío y se lanzaron a por el bloque con toda su furia. Bueno, todos menos la comadreja, que se quedó parada un buen rato mirando el bloque, viendo cómo los demás animales montaban un alboroto enorme, todos amontonados. El elefante usaba su trompa como un martillo, hasta que le dio un buen porrazo a un gorila y tuvieron que ir a la enfermería. El tigre clavaba sus garras como una taladradora, pero una vez las clavó tanto, que se enganchó y al sacar la zarpa se le rompieron las uñas. Varias gacelas se dedicaron a chupar el bloque al darse cuenta de que estaba hecho de agua helada, pero con tanto helado les dio un empacho tan grande que ya no querían ni probarlo. Los monos estaban decididos a destrozar el bloque, y lanzaban plátanos y piedras como si fueran ametralladoras, pero dieron tantas pedradas al resto de animales, que tuvieron que suspender sus lanzamientos. Y así siguieron todos, intentando romper el bloque a lo bruto durante todo el día sin ningún resultado. Al paso que iban, y viendo lo lentamente que se deshacía tanto hielo, tardarían más de una semana. Pero justo entonces alguien dijo: - ¡Mirad! ¡Algo se mueve en el bloque! Y era verdad, aunque no se veía bien, algo correteaba en el centro del bloque, junto al tesoro... ¿Estaría vivo el tesoro? ¿tendría un dueño que vivía allí? ¡Nada de eso! Era la comadreja, que al poco apareció junto a los demás con algunas piezas del tesoro. Todos estaban impresionados de ver cómo la comadreja había llegado al tesoro sin destrozar el bloque, y después de felicitarla, les pidieron que les contase cómo lo había logrado. Entonces la comadreja contó cómo antes de lanzarse a romper el bloque, se había dedicado a pensar y observar: era un bloque demasiado grande para romperlo a golpes, y tardaría mucho en fundirse por el calor del sol, porque el tesoro estaba en el centro y cerda del suelo, donde no daban los rayos. Y entonces se le ocurrió que podría llegar al bloque por debajo, haciendo un túnel; desde allí hizo un pequeño fuego que comenzó a derretir el hielo rápidamente, ¡y sin apenas esfuerzo pudo llegar al tesoro! Y así fue como la comadreja llegó a ser la reina de la selva, al demostrar a todos que se consiguen más cosas pensando que lanzándose a hacerlas a lo loco.
  • 31. El Palacio de la Mentira Todos los duendes se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que un niño decía una verdad, y los duendes de la verdad los utilizaban para hacer su castillo. Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los duendes de la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los duendes competían duramente porque el suyo fuera el mejor. Tanto, que los duendes de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de duendes al mundo para conseguir que los niños dijeran más y más mentiras. Y como lo fueron consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo más grande y espectacular. Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de cristal y se rompió. Y así, poco a poco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían creado aquellos ladrillos, éstos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó. Y todos, incluidos los duendes mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán. Lágrimas de Chocolate Camila Comila era una niña golosa y comilona que apenas tenía amigos y sólo encontraba diversión en los dulces y los pasteles. Preocupados, sus papás escondían cualquier tipo de dulce que caía en sus manos, y la niña comenzó una loca búsqueda de golosinas por todas partes. En uno de sus paseos, acabó en una pequeña choza desierta, llena de cacharros y vasos de todos los tipos y colores. Entre todos ellos, se fijó en una brillante botellita de cristal dorado, rellena de lo que parecía chocolate, y no dudó en bebérselo de un trago. Estaba delicioso, pero sintió un extraño cosquilleo, y entonces reparó en el título de la etiqueta: "lágrimas de cristal", decía, y con pequeñísimas letras explicaba: "conjuro para convertir en chocolate cualquier tipo de lágrimas". ¡Camila estaba entusiasmada! Corrió por los alrededores buscando quien llorase, hasta encontrar una pequeña niña que lloraba desconsolada. Nada más ver sus lágrimas, estas se convirtieron en chocolate, endulzando los labios de la niñita, que al poco dejó de llorar. Juntas pasaron un rato divertido probando las riquísimas lágrimas, y se despidieron como amigas. Algo parecido ocurrió con una mujer que había dejado caer unos platos y un viejito que no encontraba su bastón; la aparición de Camila y las lágrimas de chocolate animaron sus caras y arrancaron alguna sonrisa.
  • 32. Pronto Camila se dio cuenta de que mucho más que el chocolate de aquellas lágrimas, era alegrar a personas con problemas lo que la hacía verdaderamente feliz, y sus locas búsquedas de dulces se convirtieron en simpática ayuda para quienes encontraba entregados a la tristeza. Y de aquellos dulces encuentros surgieron un montón de amigos que llenaron de sentido y alegría la vida de Camila. Pulgarcito Pulgarcito era un niño del tamaño de un pulgar. Era el menor de los 7 hijos de unos leñadores tan pobres que decidieron abandonar a sus hijos en el bosque. Pulgarcito los escuchó, y se preparó para ir dejando caer piedras por el camino y guiar a sus hermanos de vuelta. Aunque inicialmente sus padres se alegraron del regreso, tiempo después volvieron a intentarlo. Esta vez Pulgarcito arrojó las migas de su pan para marcar el camino, pero los pájaros se las comieron y resultaron perdidos. Tras muchas vueltas encontraron la casa de un ogro, aficionado a comer niños, que vivía con su mujer y sus siete hijas. El ogro, al descubrir a los niños, quiso matarlos, pero la mujer le convenció para reservarlos para mejor ocasión. Aquella noche Pulgarcito cambió su gorro y el de sus hermanos por las coronas de las hijas del ogro y, cuando el ogro despertó a oscuras y pensó de nuevo en matarlos, fue a sus hijas a quienes mató, mientras Pulgarcito y sus hermanos huían. Al descubrir lo ocurrido el ogro persiguió a los niños calzando sus botas de siete leguas, capaces de avanzar esa distancia tanto a cada paso. El ogro buscó largo rato y acabó dormido sin saber que Pulgarcito lo vigilaba. Este le robó las botas y las usó para llegar hasta el palacio del rey y ponerse a su servicio como mensajero, lo que le hizo enriquecerse de tal modo que ni él ni su familia volvieron a pasar hambre. Hansel y Gretel Hansel y Gretelson dos hermanos que son abandonados en el bosque. Perdidos, encuentran una casita de chocolate y dulces en la que vive una ancianita que les invita a pasar. Los niños se quedan, pero la ancianita resulta ser una bruja que encierra al niño en una jaula y lo engorda para comérselo, mientras la niña tiene que hacer tareas. Consiguen aplazar que la bruja se lo coma haciéndola creer que no engorda, mostrándole un hueso de pollo como si fuera el dedo del niño, pero la bruja se harta y decide comérselo igual. Le pide a la niña que prepare el horno, pero esta hace como que no sabe, y cuando la bruja se asoma para enseñarle, la empuja dentro y se quema. Los niños consiguen huir y encontrar el camino a casa con su padre.
  • 34. Título: ¡Vamos a la playa! Autor: Fabián Choque Personajes: Don Rogelio (El Papá) Doña Lola (La mamá) Timmy (El hermano menor) Sabina (La hermana mayor) (Se abre del telón y aparece toda la familia corriendo por todo el escenario totalmente apurados) Doña Lola: ¡Apúrense por favor que ya tenemos que irnos! ¡Ay! (Sigue corriendo por todo el escenario) Sabina: (Se pone frente al público toda desesperada. Se queda en silencio por un momento) ¡No encuentro mi bloqueador! (Se coge la mejillas) ¡Me voy a quemar la piel! Timmy: (Poniéndose a su lado, la abraza y le jala de la mejilla) ¡Gran cosa por este pellejo!
  • 35. Sabina: (Lo empuja) ¡Cállate, renacuajo! ¡Vete! (Grita desesperada) ¡¡¡Mamá!!! Doña Lola: (Va hacia ella) ¡Qué pasa, hija! Sabina: (La abraza) Mamá, no podré ir. Doña Lola: (La mira sorprendida) ¡Por qué no, hija! (Se acerca a ella) Sabina: (Se coge la cara mientras mira a su mamá) ¡Porque me malograré el cutis con el sol! Timmy: (De lejos) ¡Es pellejo! Sabina: ¡¡¡Mira, ya cállate!!! (Ve a su mamá) ¡Qué hago, mami! (Apoya la cabeza en su pecho) Doña Lola: (Le golpea suavemente la cabeza) Ya hijita (Mira a todos lados como buscando a alguien) Ya, ya, ya (Ve a su esposo) ¡Mira, acá está tu papá! (Toma su mano y lo jala hacia Sabina) ¡Él sabrá cómo ayudarte! (Mira a su esposo y le habla en secreto) ¡Ayuda a tu hija, oye! (Se va) Don Rogelio: (Abrazándola mientras mira a su esposa, molesto y le habla en secreto) ¿¡Cómo safaz del bulto, no!? (Mira a su hija) ¡A ver, qué pasa hija! Sabina: ¡Papá, se me ha perdido mi bloqueador y se va a malograr mi tersa piel! Timmy: ¡Se va a parecer a la vieja del ―Titanic‖! (Se ríe) Sabina: (Toma un adorno de la mesa de centro y se lo lanza a su hermano) ¡¡¡Ya cállate!!! Don Rogelio: (Ve a su Timmy) ¡Ya no molestes a tu hermana! (Ve a su hija y la sigue abrazando) Sabina: ¡Qué hago, papi! Don Rogelio: ¡Ya no te preocupes, hija! (Pasa su esposa y le muestra su reloj en señal que se apure) Mira, llegando allá te compraré un sachet para ti solita, ¿OK? Timmy: ¡Sí, cómprale porque si no todos van a preferir ahogarse en el mar! (La mamá se acerca a él por detrás y se lo lleva de las orejas fuera de escena) Doña Lola: (Mientras se lo lleva fuera de escena) ¡Deja de molestar a tu hermana! Timmy: ¡Auch….mamá me duele! (Mira a su hermana) ¡Ya ves lo que causas, ―pellejitos‖! Sabina: ¡Fuera de acá! (Mira a su papá) ¡Papi! (Coloca la cabeza en el pecho de su papá) Don Rogelio: Vamos hija (La abraza y camina con ella) ya verás que seguirás siendo la misma chica linda de siempre con o sin bloqueador, ¿Está bien? Sabina: (Con voz triste) Eso espero (Van saliendo de escena) ¡Ya mi hijita, ya! Timmy: (Desde fuera del escenario) ¡Ay, Freddy Krugger! Sabina: ¡¡¡Mamá!!! (Luego de unos momentos, entra Timmy a escena de puntas y se pone a buscar algo debajo del sofá) (Después, saca el bloqueador de su hermana, con mirada maliciosa) Timmy: Acá está (Se ríe. Después, toma un recipiente con mayonesa y le pone otra etiqueta) Timmy: (Va saliendo de escena, caminando y saltando) ¡Hermanita, ya encontré tu bloqueador! (Se va cerrando el telón) Título: Un duende un poco apurado Autor: Fabián Choque Personajes: Díndel Samira (Se abre el telón y aparece en escena un duende caminando muy apurado por todo el escenario mirando su reloj) Díndel: ¡No puede ser! ¡No puede ser, ya es muy tarde! (Mira su reloj) (Continúa caminando y en eso, entra a escena una duende llamada Samira, totalmente despreocupada con su celular en la mano) Samira: (Mirando su celular) A ver… encenderé mi what’s up…. (Díndel la ve)
  • 36. Díndel: (Mirándola fijamente) Disculpa (Ella no le hace caso) ¡Disculpa! (Ella queda indiferente) ¡¡¡Disculpa!!! Samira: (Asustada) ¡¡¡Ay, qué!!! Díndel: ¿¡¡¡Cómo que ―qué‖!!!? ¡¡¡Tenemos que trabajar!!! Samira: ¡No te apures, hay tiempo! Díndel: ¿¡Cómo que ―hay tiempo‖!? ¡Ya faltan pocos minutos! Samira: ¡Ya me oíste! (Camina por todo el escenario mientras que la otra lo mira extrañada) ¡La navidad está cerca y no están listos los regalos! Samira: Pero… Díndel: (Interrumpiéndola)… ¡Claro, mientras tú estás con tu celular ―whatsapeando‖, otros tienen que trabajar en vísperas (Saca su celular) Ahora mismo llamaré a Santa (Marca su teléfono) ¿Aló?... ¿Santa?... Mira tengo un problema con Samira acá y… ¿¡Fotos!? ¿¡Qué fotos!?... ¿¡En Cancún!? Samira: (Mirando su celular) ¡Sí, dile que ya me llegaron las fotos! Díndel: ¡Qué fotos, ni que ocho cuartos! ¡Santa, necesitamos que vengas urgentemente! Samira: (Tomando su hombro) Este… Díndel… Díndel: ¡Un rato! (Camina por el escenario) Santa, es importante ¡Ven, por favor! Samira: Díndel. Díndel: ¡Espera un rato, por favor! (Volea la mirada) ¡No me digas nada ¡Solo quiero que vengas de inmediato!.... ¡Cómo que no tienes que venir! ¡¡¡Tienes que estar aquí!!! ¡Ya casi es navidad!... ¿¡Qué!? ¿¡Que mire el calendario!? …(Se acerca al almanaque) A ver… (Pone una expresión de apenado) Este… ¿Creo que me equivoqué, verdad? …. Samira: (Le quita el celular) Eso trataba de decirle (Se lo devuelve) Díndel: Bueno ya que faltan dos días más, ¿Me podría mandar las fotos de su viaje a Cancún? ¿Por face?.... Gracias… diviértase…. Adiós (Cuelga y mira apenado a Samira) Samira: (Lo mira fijamente) ¿Y ahora? (Cruza los brazos) ¿Qué vas a decir? Díndel: Este… ¿Me compartes las fotos de Santa para mi muro?... ¿En Face? ¿Sí? (Samira sale del escenario mientras que Díndel la sigue, usando su celular) La memoria de la zanahoria Autor: José Luis García (Estamos en el salón de una casa de postín. Entre los muebles destaca un escritorio, de esos que se cierran con tapa. Y sobre él, un florero con flores). (Entra Dalagón, el dueño de la casa. Va bien vestido y se adorna con bigote y perilla). DALAGÓN.(Que se acerca al escritorio y manosea las flores). Por las narices de mil pregoneros errantes. ¿Dónde está
  • 37. el kilo de turrón de Alicante? Lo dejé aquí para PANCORBO.- llevárselo a la dama de mis sueños. (Cuando se ve acorralado entre la estaca y la pared). (Entra Pancorbo, uno de sus criados). ¡Fue Periquillo! PANCORBO.- DALAGÓN.- Amo. Si tiene sueño, lo mejor es que duerma. ¿Periquillo? DALAGÓN.- PANCORBO.- ¿Qué dices, palurdo? Periquillo. PANCORBO.- DALAGÓN.- Se confunde señor, no soy Palurdo sino Pancorbo. (Que llama). DALAGÓN.- ¡Periquillo! ¿Osas contradecirme? (Entra Periquillo casi de inmediato). PANCORBO.- PERIQUILLO.- ¿Osas contradecirme? No las conozco señor. Tal vez si ¿Llamaba el señor o sólo se expresaba? me habla de osas pardas, osas polares… DALAGÓN.- DALAGÓN.- Te has comido mi kilo de turrón. Ha desaparecido mi kilo de turrones. PERIQUILLO.- PANCORBO.- ¿Perdón?, ¿qué turrón? Tal vez haya sido alguna de las osas. Es sabido que PANCORBO.- gustan del dulce. Si no has sido tú, han sido las osas. DALAGÓN.- DALAGÓN.- ¡Mendrugo, recibirás tu merecido! ¡Confiesa! PANCORBO.- PERIQUILLO.- Muy generoso mi señor, mendrugo para mí, y turrón para Me confesaría, mi señor, pero a esta hora el cura duerme las osas. su siesta. DALAGÓN.- (Dalagón se abalanza con su estaca sobre Periquillo, pero Has sido tú. éste huye hacia Pancorbo y ambos se alejan cuanto PANCORBO.- pueden de la estaca, que recorre sin descanso toda la ¿Yo? estancia, arriba y abajo, sin dar con los dos criados). DALAGÓN.- PERIQUILLO.- Te has comido mi turrón. (Cuando está acorralado por el amo, junto al infeliz PANCORBO.- Pancorbo). ¿No habíamos quedado que fueron las osas? ¡Ha sido Guillermillo! (Dalagón se agacha y coge una estaca del suelo). DALAGÓN.- DALAGÓN.- (Que llama). Tendrás tu merecido. ¡Guillermillo! PANCORBO.- PANCORBO.- Deje el señor la estaca, que prefiero el mendrugo de ¡Más alto, señor!, que Guillermillo es sordo como un antes. monaguillo. (Dalagón persigue a Pancorbo por toda la estancia, DALAGÓN.- estaca en mano. Da mandobles a diestro y siniestro, pero ¡Guillermillo! sin acertar a su sirviente, que corre como un gamo). (Entra Guillermillo).
  • 38. DALAGÓN.- DALAGÓN.- Mi turrón… Pensé que lo había dejado encima. GUILERMILLO.- GUILLERMILLO.- Y usted, mi bocata de panceta… Lo guardó dentro, y no encima. DALAGÓN.- (Dalagón se acerca al escritorio, lo abre y dentro vemos ¡Ahhh! el famoso turrón de Alicante). (Dalagón se abalanza con su estaca sobre Guillermillo, DALAGÓN.- que se aleja. Y así, los tres criados esquivan los estacazos ¡Mi turrón! de Dalagón). (Deja caer la estaca). GUILLERMILLO.- PANCORBO.- (Cuando está acorralado, junto a Pancorbo y Periquillo). (Mientras coge la estaca del suelo). ¡El escritorio! Es hora, señor, que pague usted lo que es justo. DALAGÓN.- DALAGÓN.- (Que llama. Fuera de sí). ¿No iréis a utilizar la violencia? ¡Escritorio! PERIQUILLO.- PANCORBO.- ¡A por él! Más alto, señor; que es como un tronco. (Los tres sirvientes persiguen a Dalagón por la estancia, DALAGÓN.- mientras el amo corre como el mejor de entre ellos y los ¡Escritorio! otros no le dan alcance. Salen los cuatro, perseguido y GUILLERMILLO.- perseguidores). (Entra Gasconcillo, otro criado). GASCONCILLO.Y así termina esta farsa. Pues ya lo dice el refrán: Si el que acusa no tiene memoria, es como hablar con una zanahoria. (Vase). FIN Los tres vagos Autor: José Luis García ¿Y no sería más fácil que vaya usted y lo abra?, porque si hemos de esperar aquí a que el escritorio de sus primeros pasos… DALAGÓN.Me confundes. GUILLERMILLO.Digo, que el señor guardó su turrón alicantino dentro del escritorio. (Se ilumina la escena y vemos al viejo Rey tumbado en la cama). REY.¡Ay, qué malito estoy! (Entran los tres hijos. Deambulan por la habitación sin ver al Rey).
  • 39. HIJO 1.Padre nos ha mandado llamar. HIJO 2.Pero no está. HIJO 3.Luego, no ha venido o se ha ido. REY.Estoy en la cama. 1.(Aún no lo ven). ¿Quién ha dicho eso? 3.Alguien desde una cama. REY.Yo, vuestro padre y el Rey. (Al fin los hijos ven al Rey en la cama). 2.¡Papá! 3.Os lo dije: alguien nos hablaba desde una cama. 1.¿Qué te pasa papá? REY.Estoy malito. 2.Imposible, siempre has sido “buenito”. REY.Voy a morir. HIJO 1.No puedes papá, eres el Rey. HIJO 2.¿Cómo vas a morir si estás vivo? HIJO 3.Te protegeremos. Dinos quién quiere matarte. REY.Voy a morir y ya sé que los tres sois igual de bobos. 1.Pero papá. 2.- ¡Papá! REY.Chitón. 3.Papá. REY.¡Callaos! Ahora necesito saber cuál de vosotros tres es el más vago. 1.¿Qué es un vago? 2.Un gandul. 3.El que no da palo al agua. 1.¿Para qué darle un palo al agua? REY.¡Callad! El más vago de vosotros me sucederá y será Rey. 1.Padre, entonces el reino es mío. Soy tan vago que si me acuesto a dormir en el patio y comienza a llover, no me levanto aunque me empape hasta los huesos. 2.Eso es una bobada. El reino me pertenece a mí, pues soy tan vago que cuando estoy sentado al fuego para calentarme, prefiero quemarme los pies antes de retirar las piernas. 3.Eso no es ser vago, es ser bobo. El reino es mío. 2.¿Por qué? 3.Porque soy tan vago que si me fueran a ahorcar y alguien me diese un cuchillo para cortar la soga, antes me dejaría colgar que levantar la mano hasta la soga. REY.Tú has alcanzado el máximo grado. Tú serás
  • 40. Rey. 2.Pero papá. 1.¡Papá, papá! REY.¡Chitón! La decisión está tomada. Marchaos que quiero dormir. 3.Tus deseos son órdenes. 2.Eres un pelota. 3.Y tú un envidioso. 1.Y tú un cara huevo. REY.¡Marchaos! Y apagad la luz al salir. (Salen los tres hijos). REY.- ¿Por qué no habré tenido una hija? (Se oscurece la escena). FIN La fuente de los enamorados Autor: José Luis García (Se ilumina la escena y contemplamos una fuente de la que mana agua. Escuchamos el trino de los pájaros). (Entran el Príncipe y la Princesa, que vienen cogidos de la mano). PRINCESA.¡Qué lugar tan bello, amor mío!
  • 41. PRÍNCIPE.Y tiene una fuente, ¡qué alegría!; me muero de sed. (Mientras él se acerca a la fuente, ella le da la espalda y contempla el lugar). PRINCESA.¡Qué lugar tan bello! (El Príncipe se acerca a la fuente, bebe de ella y, de pronto, se transforma en mujer, con vestidos de princesa). (La Princesa se vuelve hacia la fuente y lo ve a él, transformado en mujer). PRINCESA.¿Quién eres tú? PRÍNCIPE.(Lo seguiremos llamando así, aunque sea princesa y hable con voz de mujer). ¿Cómo quién soy?, soy Gustavo, tu amor. PRINCESA.¿Qué broma es ésta, princesa? PRÍNCIPE.¿Princesa?, ¡querrás decir Príncipe! (Se mira y se palpa). ¿Qué es esto? ¡Soy una mujer! (Entra el Labriego). LABRIEGO.Espero que tengáis un buen día bellas señoras. Aunque debo avisaros que no toquéis el agua de esta fuente, porque quien la bebe por primera vez cambia de sexo y después no tiene arreglo. (Bebe). Yo puedo beber porque ya no me produce ningún efecto. (Bebe). Me lo produjo la primera vez que bebí, cuando era una muchacha tan bella como vosotras. (Sale). PRÍNCIPE.¿Seré siempre una mujer?, ¡es imposible! (Bebe). ¡Sigo siendo mujer! (Bebe). Es cierto lo que dijo ese hombre, esto no tiene arreglo. ¿Qué será de nosotros y de nuestro amor? PRINCESA.Yo no pienso renunciar a nuestro amor. (Se acerca a la fuente y bebe de ella. Se transforme en Príncipe y habla con voz de hombre). ¡Ven a mis brazos, amor mío! (Se abrazan y luego se cogen de la mano). PRÍNCIPE.¡Qué bello lugar es éste! PRINCESA.Casi tanto como nuestro amor. (Salen cogidos de la mano). FIN El canto del maíz Autor: José Luis García (La escena está dominada por un campo de maíz. Entran unos pájaros que sobrevuelan las plantas, se posan sobre ellas y picotean las mazorcas). (Entran Padre, Madre e Hijo; éste es ya un hombre, joven. Los pájaros salen espantados). HIJO.-
  • 42. ¡Qué buena plantación nos ha dejado el tío Gregorio! MADRE.Pero habrá que cuidarla. Sino, se la comerán los pájaros esos. PADRE.Bien dicho, mamá. ¡Hijo! HIJO.Soy yo, padre. PADRE.Ya lo sé, hijo. Iremos a casa y te daré la escopeta para que mates a todos esos pájaros. HIJO.Bueno está, papá. MADRE.Buena idea, papá. PADRE.Gracias, mamá. (Salen los tres). (Primero uno, luego otro y al rato todos, los pájaros que antes picotearon el maíz vuelven a las plantas y a su labor interrumpida). (Entra por un extremo, medio escondido y medio a la vista, el Hijo con una escopeta). HIJO.(Para sí). No os comeréis la herencia de tío Rigorito. (Apunta hacia los pájaros con su escopeta, pero uno de ellos se posa sobre el cañón del arma y comienza a cantar; al instante el resto de las aves lo acompaña con sus trinos. Hijo queda inmóvil como una estatua, hasta que los pájaros terminan su canto y se alejan, como espantados por algo o alguien). (Entra el Padre, que ve a su Hijo aún inmóvil y apuntando con la escopeta). PADRE.- ¿Los has matado a todos? HIJO.(Que recupera la movilidad y baja el arma). ¡No, apá!, no he podido. Es que cantan bonito y no he sido capaz. PADRE.¡Anda, trae esa escopeta! Tú si que estás bonito… HIJO.Pero, papá. PADRE.Ve tú a casa. Ya haré yo este trabajo de hombres. HIJO.Sí, papá. (Sale después de entregar el arma a su padre). PADRE.¡Que cantan bonito! Es un hombre hecho y derecho y habla como un niño. (Se oculta entre las plantas). (Como sucedió antes, entra uno de los pájaros y poco a poco se suma toda la bandada, que se entretiene con su picoteo). (El Padre asoma desde su escondite y apunta con la escopeta. Y al igual que antes, una de las aves se posa sobre el arma y canta, siendo acompañada al poco rato por todas las demás. El Padre queda inmóvil durante el canto de las aves, hasta que éstas alzan el vuelo y se marchan). (Entra la Madre, que mira al Padre, aún inmóvil). MADRE.¿Te has quedado pasmarote? PADRE.(Que recupera la normalidad y baja el arma).
  • 43. No, mamá. Es que no he podido. MADRE.¿Qué es lo que no has podido? PADRE.Matar a los pajaritos. ¡Cantaban tan bonito! MADRE.¡Cómo el hijo!… Está claro que a mí no ha salido… Anda, bonito, déjame el arma, que ya me ocupo yo. PADRE.(Le entrega la escopeta). Lo siento, mamá. MADRE.¡Que no soy tu madre! Vete pa`casa, que ya hablaremos. PADRE.¿De qué hablaremos? MADRE.Anda, vete y no me tires de la lengua. PADRE.Adiós, mamá. (Sale). MADRE.¡Qué cantan bonito! ¡Bonito hijo y bonito marido! Si ya lo decía mi madre… (Se oculta entre las plantas). (Una vez más, y a poco, vuelven los pájaros a picotear la plantación). (Madre asoma, escopeta al hombro). MADRE.(Para sí). Rigorito, Rigorito; quien me quita la herencia, pierde el pico… (Esta vez las aves cantan desde las plantas y la Madre queda también inmóvil, como antes su hijo y su marido). (Las aves alzan el vuelo y salen. Entran Padre e Hijo). HIJO.Madre, ¿qué ha pasado? MADRE.Que sí, que cantan bonito. PADRE.¿A qué si? MADRE.Y digo, que si hemos vivido todo estos años sin este maíz, tampoco nos hará tanta falta, digo yo. PADRE.¿A que no? Y al fin, es el canto del maíz. HIJO.¿Vendremos a oírlos cantar? PADRE.Todos los días. MADRE.Vámonos a casa, que pronto llegará la noche. (Salen los tres). (Sin que los veamos, se escucha el canto de los pájaros. La escena se oscurece de a poco, hasta que queda todo en negro). FIN El Gusanito regordito Autor: Jose Luis Garcia (Estamos en el campo. Entra un Gusanito de muchos colores, algo regordete; lleva puesto un sombrero de paja). GUSANITO.¡Vaya! Esta es la primera vez que salgo sólo de casa. MAMÁ.(En off).
  • 44. No te alejes. GUSANITO.No. mamá. (Avanza por la escena. En el cielo aparece el Sol). GUSANITO.¡Hala!, qué calorcito. (Ve al Sol). Hola, ¿tú quién eres? SOL.Soy el Sol. GUSANITO.Ahora se está más calentito. SOL.Es que cuando salgo de entre las nubes, caliento todas las cosas. GUSANITO.Je, je. (Gusanito va de aquí para allá). ¡Se está muy bien aquí! Je, je. (Sigue con su ir y venir alegre). SOL.Adiós, Gusanito. Tengo que irme. Ya nos veremos otro día. GUSANITO.Adiós. (El Sol se va. Enseguida comienza a soplar el viento). ¡Qué frío! (De repente se vuela el sombrero de Gusanito). ¡Oye, vuelve aquí! (Gusanito persigue a su sombrero, pero éste impulsado por el viento, va primero de izquierda a derecha, luego sube muy alto, luego se lanza en picado hacia Gusanito, lo roza, y sale disparado hacia otro lado). ¡Vuelve!, no quiere perderte. No quiero que me riña mi mamá por haberte perdido. (Continúa la persecución, pero en un momento dado, el sombrero vuelve a subir muy alto y cuando está arriba, deja de soplar el viento, y el sombrero cae suavemente sobre la cabeza de Gusanito). Menos mal. Ya estoy cansado de tanto correr. (Ahora, ya con su sombrero, avanza un poco hacia la izquierda, se detiene, avanza hacia la derecha y se detiene de nuevo). No sé hacia dónde ir para volver a mi casa. (Sale por la izquierda, entra, sale por la derecha, entra). No sé dónde estoy. Estoy echo un lío. A lo mejor me he perdido. (Sale por la izquierda. La Luna aparece en el cielo. Entra Gusanito). GUSANITO.(A la Luna). Hola, ¿quién eres? LUNA.Soy la Luna. Aparezco en el cielo cuando es de noche. GUSANITO.Me he perdido. ¿Sabes dónde está mi casa? LUNA.No lo sé. Es la primera vez que te veo. GUSANITO.Vaya… LUNA.Espérame aquí. Antes vi a alguien por el bosque. GUSANITO.A lo mejor me están buscando. LUNA.Le iluminaré el camino hasta aquí. Pero es importante que no te muevas de este
  • 45. sitio. (Sale la Luna). GUSANITO.¡Vale! (Avanza hacia la derecha). ¡No!, le prometí a la Luna que no me movería. (Se detiene). (Avanza hacia la izquierda). ¡Tengo que esperar aquí! (Se detiene). (Aparece la Luna en el cielo). PADRE.(En off). Gusanito, ¿eres tú? GUSANITO.¡Papá! (Entra el Padre y Gusanito corre a su encuentro). ¡Papá! Ya pensaba que no podría volver más a casa. PADRE.Llevo mucho tiempo buscándote. No debiste alejarte tanto. GUSANITO.Es que conocí al Sol, que es bueno; pero luego vino el Viento, que es malo, y se llevó mi sombrero. PADRE.El viento no es malo. Lo que pasa es que le gusta jugar, como a tí. GUSANITO.¿De verdad? PADRE.Claro. Seguro que le gustó tu sombrero y por eso se puso a jugar contigo. GUSANITO.¡Anda! PADRE.Venga, volvamos a casa. GUSANITO.- ¡Vamos a casita! ¿Y otro día podré volver a jugar con el Sol y con el Viento. PADRE.Claro, y vendremos juntos. GUSANITO.¡Bien! (Salen ambos). (Enseguida entra Gusanito). GUSANITO.(A la Luna). Adiós. Tú también eres buena. PADRE.¡Vamos, Gusanito! LUNA.Adiós, Gusanito. (Sale Gusanito. Y se oscurece la escena). FIN