Este capítulo describe la visión que Ezequiel tuvo de cuatro seres vivientes con caras de hombre, león, buey y águila, rodeados por ruedas llenas de ojos. También vio una expansión sobre sus cabezas que parecía cristal, y sobre ella había un trono de piedra de zafiro con una figura sentada en él. Cuando Ezequiel vio esta visión se postró ante la gloria de Dios.