MARTES 1 DE OCTUBRE DEL 2013
FERNANDO VIVAS
Por quién dobla el campanazo
¿Qué no harías por dar el campanazo en Wall Street? El tintineo de toda la plata del mundo es música hasta
para los oídos más radicales. Estoy seguro de que Gregorio Santos abrazaría el liberalismo económico si le
dieran el chance de apretar el botón.
No lo menciono por gusto, sino porque Humala, un quinquenio atrás, tenía un discurso parecido al suyo, y el
jueves pasado fue el feliz protagonista del campanazo de cierre (pequeña historia: la New York Stock
Exchange, o Bolsa de Valores de Nueva York, abre su jornada a las 9:30 a.m. y la cierra a las 4 p.m., con
sendos campanazos. En sus inicios, en el siglo XIX, fue un martillazo, luego un gong y finalmente un
campanazo operado con un botón. Desde 1995, acostumbran a invitar a personalidades a dar cualquiera de
los dos campanazos. Han desfilado presidentes, ministros, líderes de corporaciones, celebrities del
espectáculo y hasta IronMan).
Lo del campanazo de Humala no es inédito para el Perú. Su ministro Luis Castilla ya lo dio en enero pasado,
como lo dio el ministro Ismael Benavides durante el gobierno de García. Lo que quiero hacer notar es la
absoluta naturalidad con la que nuestro incendiario anticapitalista de ayer cumplió uno de los ritos más
notorios del mundo capitalista, sin una reflexión para compartir con la nación, sin mirar atrás ni a los costados,
ni decirnos qué piensa para adelante: ¡Hey, aquí estamos, Ollanta, cuéntanos cómo te va! Como dicen tus
nuevos amigos gringos, ¡a pennyforyourthoughts!
El campanazo compromete, globaliza, invita y también „pone‟. La sonrisa de Nadine en las fotos es elocuente.
El de Wall Street era uno de los ritos que ella no se podía perder, aunque unas semanas atrás la pareja
decidió espaciar sus apariciones conjuntas porque las encuestas dicen que la sobreexposición de ella debilita
la imagen de él.
A esto quería llegar: Humala preside, se sienta a la cabeza en el Consejo de Ministros, se saluda y se
palmotea con sus homólogos del mundo, hace un contrapunto con Sebastián Piñera a propósito del gas
peruano y hasta da el campanazo en Nueva York, pero sigue proyectando una debilidad de liderazgo, un
vacío de planes y aspiraciones, cierta inmadurez que no discapacita pero sí limita. Claro que es un hombre
con sensibilidad, por supuesto que no es un zombi de la antipolítica; pero sus sentimientos y emociones están
puestos en la alerta de lo que le puede pasar más que en lo que puede hacer para cambiar el estado de
cosas. Es un político más reactivo que proactivo, de ahí que se haya convertido en un deporte de mis colegas
enumerar las veces que se ha echado atrás en decisiones importantes. “No va” es su lema inconsciente e
involuntario. Tiene razón el ministro Wilfredo Pedraza cuando habla de la elevada percepción de inseguridad.
Él la tiene encima.
Si somos generosos, podemos calificar a Humala de un ex militar „cool‟ y suficientemente sensible a las
protestas como para contener la tentación autoritaria; pero, visto con ojos más críticos, es un pisado por los
acontecimientos. Humala es un saco largo de la historia, y no aludo a su matrimonio, pues ello sería una
impertinencia machista, sino a la manera en que el país está pasando por sus narices sin que proyecte una
imagen de estadista proactivo y planificador que marca la agenda con sus anuncios. ¿Tendremos que esperar
una de sus entrevistas trimestrales para que responda las inquietudes de la temporada pasada y nos deje en
pindinga respecto del futuro?

1octubre2013

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    MARTES 1 DEOCTUBRE DEL 2013 FERNANDO VIVAS Por quién dobla el campanazo ¿Qué no harías por dar el campanazo en Wall Street? El tintineo de toda la plata del mundo es música hasta para los oídos más radicales. Estoy seguro de que Gregorio Santos abrazaría el liberalismo económico si le dieran el chance de apretar el botón. No lo menciono por gusto, sino porque Humala, un quinquenio atrás, tenía un discurso parecido al suyo, y el jueves pasado fue el feliz protagonista del campanazo de cierre (pequeña historia: la New York Stock Exchange, o Bolsa de Valores de Nueva York, abre su jornada a las 9:30 a.m. y la cierra a las 4 p.m., con sendos campanazos. En sus inicios, en el siglo XIX, fue un martillazo, luego un gong y finalmente un campanazo operado con un botón. Desde 1995, acostumbran a invitar a personalidades a dar cualquiera de los dos campanazos. Han desfilado presidentes, ministros, líderes de corporaciones, celebrities del espectáculo y hasta IronMan). Lo del campanazo de Humala no es inédito para el Perú. Su ministro Luis Castilla ya lo dio en enero pasado, como lo dio el ministro Ismael Benavides durante el gobierno de García. Lo que quiero hacer notar es la absoluta naturalidad con la que nuestro incendiario anticapitalista de ayer cumplió uno de los ritos más notorios del mundo capitalista, sin una reflexión para compartir con la nación, sin mirar atrás ni a los costados, ni decirnos qué piensa para adelante: ¡Hey, aquí estamos, Ollanta, cuéntanos cómo te va! Como dicen tus nuevos amigos gringos, ¡a pennyforyourthoughts! El campanazo compromete, globaliza, invita y también „pone‟. La sonrisa de Nadine en las fotos es elocuente. El de Wall Street era uno de los ritos que ella no se podía perder, aunque unas semanas atrás la pareja decidió espaciar sus apariciones conjuntas porque las encuestas dicen que la sobreexposición de ella debilita la imagen de él. A esto quería llegar: Humala preside, se sienta a la cabeza en el Consejo de Ministros, se saluda y se palmotea con sus homólogos del mundo, hace un contrapunto con Sebastián Piñera a propósito del gas peruano y hasta da el campanazo en Nueva York, pero sigue proyectando una debilidad de liderazgo, un vacío de planes y aspiraciones, cierta inmadurez que no discapacita pero sí limita. Claro que es un hombre con sensibilidad, por supuesto que no es un zombi de la antipolítica; pero sus sentimientos y emociones están puestos en la alerta de lo que le puede pasar más que en lo que puede hacer para cambiar el estado de cosas. Es un político más reactivo que proactivo, de ahí que se haya convertido en un deporte de mis colegas enumerar las veces que se ha echado atrás en decisiones importantes. “No va” es su lema inconsciente e involuntario. Tiene razón el ministro Wilfredo Pedraza cuando habla de la elevada percepción de inseguridad. Él la tiene encima. Si somos generosos, podemos calificar a Humala de un ex militar „cool‟ y suficientemente sensible a las protestas como para contener la tentación autoritaria; pero, visto con ojos más críticos, es un pisado por los acontecimientos. Humala es un saco largo de la historia, y no aludo a su matrimonio, pues ello sería una impertinencia machista, sino a la manera en que el país está pasando por sus narices sin que proyecte una imagen de estadista proactivo y planificador que marca la agenda con sus anuncios. ¿Tendremos que esperar una de sus entrevistas trimestrales para que responda las inquietudes de la temporada pasada y nos deje en pindinga respecto del futuro?