El autor argumenta que el fallo del tribunal internacional sobre la disputa marítima entre Perú y Chile representa un empate simbólico más que una victoria, ya que el objetivo principal era reparar la derrota histórica de 1883. Además, señala que las sociedades civiles de ambos países ganan con la resolución pacífica del conflicto. Finalmente, propone que la agenda bilateral debe centrarse en acuerdos comerciales, convenios energéticos y facilidades para turistas, en lugar de en reivindicaciones históricas.