La revolución de los transportes en el siglo XIX, especialmente el ferrocarril, impulsó un fuerte crecimiento del comercio y la especialización económica. La invención del ferrocarril por Stevenson en 1819 y su desarrollo posterior entre 1830 y 1880 transformó el transporte y facilitó la emigración. Esto tuvo consecuencias como la mejora de la dieta de la población.