Jesús limpia el templo de mercaderes y traficantes para restaurarlo como casa de oración. Su acción profética anticipa su muerte y resurrección. Hoy, la Iglesia debe mostrar el mismo celo por la causa de Dios sin caer en el fanatismo, defendiendo la dignidad humana. Se pide orar para limpiar intereses mundanos y aceptar a Jesús como profeta y Señor.