Los derechos humanos son inherentes a todos los seres humanos y son fundamentales para garantizar una vida digna. El poder del estado se organiza en tres ramas: legislativa, ejecutiva y judicial, y se basa en la soberanía y el estado de derecho. Una cultura de paz fomenta valores como el respeto y la tolerancia, cruciales para la convivencia democrática y la armonía social.