Este cuento presenta una alegoría del mundo de las matemáticas a través de la descripción de un club dirigido por la Señora Matemática. En él, diferentes funciones, conjuntos y espacios acuden buscando su lugar. Sal, el encargado de la puerta, debe evaluar sus propiedades y asignarles una sala apropiada de acuerdo a si son continuas, derivables, integrables u otras características. El cuento muestra de manera humorística los retos de clasificar diferentes objetos matemáticos abstractos.