La demencia, especialmente la enfermedad de Alzheimer, es un grave problema de salud pública que afectará a millones de personas en las próximas décadas, generando dependencia y carga económica. A pesar de los avances en diagnóstico y tratamiento, persisten mitos sobre la complejidad del diagnóstico y el manejo de síntomas, lo que lleva a que muchos internistas desestimen su relevancia en su práctica. Es crucial que los internistas reevalúen su papel en el tratamiento de las demencias, adoptando un enfoque multidisciplinario para abordar su diagnóstico y cuidado.