El documento discute la psicopatologización de la vida y sus consecuencias. Señala que factores como la industria farmacéutica, los medios de comunicación y los propios profesionales sanitarios contribuyen a ampliar los límites de lo que se considera una enfermedad mental. Esto tiene repercusiones asistenciales como un aumento de la demanda psiquiátrica y del gasto farmacéutico, y también clínicas como efectos secundarios de los tratamientos.