El síndrome de Asperger, reconocido oficialmente en 1994, presenta desafíos en áreas como la interacción social, comunicación y rutinas, impactando principalmente a niños. Se proponen diversas estrategias educativas para apoyar a los niños afectados, tales como la anticipación, organización del tiempo y del espacio, y el modelamiento de reglas sociales. Además, es fundamental emplear sistemas visuales y recompensas efectivas para fomentar la independencia y la socialización en los estudiantes con este trastorno.