Este documento contiene las cartas de Loretta Cornejo a su sobrino Pedro, quien quiere estudiar psicología. En la primera carta, Cornejo enfatiza que la base para ser psicoterapeuta es amar profundamente a los seres humanos y estar comprometido con su bienestar, más que creer que uno puede arreglarlos o sentirse orgulloso de sus logros. También advierte sobre los daños que pueden causar los malos terapeutas. El paciente no es una masa de arcilla que el terapeuta da forma, sino un ser