El documento argumenta que varios aspectos atribuidos a la revolución digital como la multimedia, la interactividad, el hipertexto, la anarquía digital, el escapismo y la velocidad no son en realidad revolucionarios, sino que existían antes o son síntomas culturales más amplios. La verdadera revolución de Internet es que sacó a los grandes medios del centro del control de la publicación y permitió que todos seamos emisores, no solo receptores.