El autor argumenta que las ciudades actualmente no se consideran insostenibles por la mayoría de ciudadanos y profesionales. Propone que la educación, información y participación son estrategias clave para promover una mayor conciencia sobre la insostenibilidad urbana. También sugiere enfocarse más en conceptos como la racionalidad y eficacia que en la sostenibilidad, para lograr ciudades mejor planificadas y diseñadas.