Los patógenos utilizan factores de virulencia como adhesinas, enzimas y toxinas para adherirse, invadir e infectar al huésped. El huésped cuenta con defensas innatas como la microbiota, barreras físicas y la inflamación para resistir la infección. Además, produce anticuerpos e inmunidad adaptativa específica contra patógenos. La incapacidad de montar estas defensas puede ocasionar infecciones graves.