La comunicación real se distingue de la comunicación imaginaria por el uso de un lenguaje objetivo e ideas concretas en lugar de recursos lingüísticos subjetivos como las figuras literarias. Un ejemplo de comunicación real es la comunicación científica, que se caracteriza por la claridad, precisión, verificabilidad y objetividad en la presentación de datos comprobables sin interpretaciones personales. Mientras que la comunicación literaria usa un lenguaje poético y subjetivo, la comunicación científica emplea un lenguaje objetivo para transmitir información