El documento explora los crímenes perpetrados por regímenes comunistas a lo largo del siglo XX, destacando asesinatos, deportaciones y torturas en diferentes países, incluyendo España, los Estados Bálticos, China y Camboya. A lo largo de la narrativa, se menciona el impacto devastador del comunismo en términos de muertes humanas y violaciones de derechos, así como la insistencia en la necesidad de reconocer estas atrocidades para evitar su repetición. Finaliza con la Declaración de Praga, que aboga por el reconocimiento y evaluación de los crímenes del comunismo en Europa como parte de la historia común del continente.