Este documento es un resumen de las reflexiones de Larra sobre el día de difuntos de 1836 en Madrid. Larra describe Madrid como un gran cementerio donde cada calle, casa y corazón son tumbas que albergan recuerdos de esperanzas y sueños muertos. Mientras la gente visita el cementerio real, Larra pasea por la "ciudad cementerio" leyendo epitafios imaginarios sobre lugares y conceptos políticos y sociales que considera ya muertos. Finalmente, descubre que su propio corazón también alberga la tumba