NARRACIONES PERUANAS
FÁBULAS PERUANAS
LA JARACHUPA Y EL UTUSHCURO
• Caminaba distraída una Jarachupa, cuando reparo en un utushcuro que triste y abatido presa de
hambre iba jadeante arrastrándose penosamente por entre las malezas de un matorral.
– Preguntó la muca.
¿A roer la raíz de las hierbas?
- respondió con voz apagada y trémula.
Pasó el invierno con sus hielos y sequías, sus inclemencias y rigores. Vino la primavera con sus lluvias y rocíos
sus flores y sus frutos. Volviéndose a encontrar nuevamente los camaradas y con la cabeza erguida e inflado en
orgullo, el irascible gusano deslizábase infatuado por entre las cañas y mazorcas de un tupido maizal sin
dignarse mirar a la Jarachupa, que sorprendida por ese cambio y extrañada de tanta arrogancia le interroga:
Señor gusano ¿A dónde está usted yendo?
Irguiéndose aún más le enfurecida oruga contesto altanera y con mucho énfasis:
¿A comer corazón de choclos negros?
Y tanto y tanto se irguió el valiente utushcuro que alcanzo a divisarlo un chiguaco y se lo devoró
EL PUMA Y LA ZORRA
• Había helado tanto que un pobre puma yacía tiritando de frío al pie de una loma, cuando acertó a pasar
una zorra, describiendo piruetas en el aire para entrar en calor. Detiénese y le dirige la palabra.
• -¡Oye compadre!, ya, que estamos friolentos vamos a calentarnos azotándonos mutuamente; pero eso sí, antes nos
amarraremos los pies a fin de no encolerizarnos y hacernos daño.
• Dicho y hecho. Llególe su turno a la zorra, la que, a su vez, atrincó al puma y lo flageló despiadadamente. Dejándolo
amarrado, huyó sin dar oídos a sus lamentos, pues lo suponía irritadísimo y no sin razón, después de la manera cruel
como lo había zurrado.
• El puma, dolorido y maltratado, logró desasirse como pudo, jurando castigar ejemplarmente a la que había osado
burlarse de modo tan inicuo y azotado sin compasión al rey de los animales, caminaba en pos de la desvergonzada
zorra, cuando a pocos pasos la apercibe profundamente dormida tras unas matas de paja. Coge un manojo de briznas
y se le pone a cosquillar el hocico a la muy taimada, que sacudía su poblada cola, exclamado ufana: “¡Chuspi
(mosca) fuera, que estoy durmiendo después de haber azotado al puma!”. Y repetía: “¡Chuspi, fuera que estoy
durmiendo después de haber zurrado al feroz puma!”, con esto lo encolerizaba más recordándole su afrenta; así que
cogiéndola por el rabo y sin darle tiempo para encomendar su alma, la aventó barranca abajo, donde se hizo polvo.
Le tocó primero al puma, que ató de pies y manos a la zorra y le arrimó unos cuantos zurriagazos hasta hacerla
brincar
MITOS
VICHAMA
En el principio Pachacamác creó un hombre y una mujer. Todo era eriazo, la lumbre del Sol secaba
a los campos y parecía que la vida se extinguía. Murió el hombre y quedó sola la mujer.
Entonces el sol bajó risueño, la saludó amable y condolido de sus lágrimas oyó sus quejas. Le dijo
palabras amorosas. Le pidió que depusiera el miedo y esperase días mejores, le mandó que
continuase sacando raíces. Cuando estaba ocupada en esto, le infundió sus rayos y ella concibió
un hijo que nació al poco tiempo.
El dios Pachacamác indignado de la intervención del Sol y que, sobre todo, no se le diera la
adoración que se le debía a él, miró con odio al recién nacido. Sin atender a la clemencias y gritos
desesperados de la madre que pedía socorros al Sol lo mató, despedazándolo en menudas partes.
Pachacamác, para que nadie se quejase de que no había alimentos y se volviese a pedir ayuda al
Sol, sembró los dientes del difunto y nació el maíz, sembró las costillas y los huesos y nacieron las
yucas. De la carne nacieron los pepinos, pacaes y demás frutos de los árboles. Desde entonces no
hubo hambre ni necesidad alguna. Al dios Pachacamác se le debió la fertilidad de la tierra, el
sustento y los dulces frutos.
Sin embargo a la madre no la aplacó, ni consoló la abundancia.
KUNIRAYA WIRAQOCHA Y KAWILLAKA
• Primitivamente este Kuniraya Wiraqöcha caminaba muy pobremente vestido. Su manto y su túnica se
veían llenos de roturas y de remiendos. Los hombres, aquellos que no le conocían, se figuraban que era
un infeliz piojoso y le menospreciaban. Pero él era el conductor de todos estos pueblos. Con su sola
palabra hacía que fueran abundantes las cosechas, hacía aparecer bien murados los andenes y con
sólo arrojar una flor de caña llamada pupuna dejaba abiertos y establecidos los acueductos. Luego
anduvo realizando muy útiles trabajos, empequeñeciendo con su sabiduría a los dioses de los otros
pueblos.
• En aquellos mismos tiempos vivía una diosa llamada Kawillaka. Se mantenía siempre virgen y porque
era muy hermosa no había dios, fuera mayor, fuera menor, que, deseoso de yacer con ella, no la
enamorase. Pero ella nunca admitió a ninguno. De esa manera, sin permitir que nadie la tentase,
pasaba los días tejiendo al pie de un lúcumo. Pero Kuniraya, valiéndose de su sabiduría se convirtió en
un pájaro y fue a posarse entre el ramaje del árbol. Allí tomó una lúcuma madura e introduciendo en ella
su simiente la dejó caer muy cerca de la mujer. Esta se comió muy contenta la fruta. De esa sola
manera, sin que varón alguno se le hubiese aproximado, la diosa apareció en cinta. Como sucede con
todas las mujeres en tal estado, a los nueve meses Kawillaka tuvo que dar a luz, a pesar de su
doncellez. Por espacio de un año alimentó al niño con el pecho, preguntándose continuamente para
quién pudo haberlo concebido.
Transcurrido el año y cuando el niño comenzó a caminar a gatas, Kawillaka convocó un día a todos los dioses, mayores y
menores pensando que de este modo le sería dado conocer al padre de su hijo. Al oír el llamado, todos ellos acudieron
ataviados con sus mejores vestiduras, cada uno ansioso de ser el preferido de la diosa.
Esta reunión se realizó en Anchiqhocha, que era el lugar donde la diosa residía. No bien tomaron asiento todos los
dioses, mayores y menores, la mujer les dirigió estas palabras:
- Ved, señores y nobles varones, reconoced a este niño. ¿Cuál de vosotros pudo haberme fecundado?, ¿Tú?, ¿Tú? – fue
así preguntándoles uno por uno, a solas.
Y ninguno de ellos pudo decir: “Es mi hijo”, por su parte aquel que hemos llamado Kuniraya Wiraqöcha había tomado
asiento a un extremo y al verlo en esa traza tan lastimosa Kawillaka no se dignó preguntarle, pensando con
menosprecio: “¿Ese menesteroso fuera el padre de mi hijo?”, la diosa le dijo al niño: Anda, hijo mío y reconoce tú
mismo a tu padre.
Y dirigiéndose a los dioses, dijo:
Si alguno de vosotros es su padre, a él se encaramará el niño. Entonces el pequeñuelo fue caminando a gatas y
empezando de un extremo recorrió la fila de dioses sin detenerse ante ninguno, hasta que llegando al otro extremo, allí
donde se sentaba su padre, se puso a trepar a los muslos de él, presuroso y regocijado.
Al ver aquello, la madre montó en cólera y gritó: ¿Qué horror?, ¿Yo hubiese dado a luz un hijo de semejante
desdichado? Luego tomó en brazos al niño y huyó hacia el mar. En medio del asombro de los demás dioses, Kuniraya
Wiraqöcha apareció vestido con un traje de oro y exclamó: ¡Presto me amará ella! Y se lanzó en seguimiento de la diosa
diciéndole: ¡Hermana Kawillaka, vuelve a mí lo ojos! ¡Mírame cuán decente ya estoy!
Y haciendo resplandecer su traje de oro se detuvo. Empero Kawillaka no volvió los ojos hacia el dios y siguió huyendo.
Voy a desaparecer dentro del mar, ya que hube dado a luz un hijo de tan horroroso y despreciable varón – decía
enderezando hacia el mar. La madre se arrojó con su hijo al agua y al punto ambos se convirtieron en rocas.
INKARRI
• . Inkarri, dicen, tuvo la potencia de hacer y de desear. Fue hijo del padre Sol en una mujer
salvaje. Como era el segundo dios podía mandar. El hizo cuanto existe sobre la tierra.
Amarró al Sol en la cima del cerro Osgonta y encerró al viento para concluir su obra de
creación. Luego decidió fundar la ciudad del Cuzco. Inkarri lanzó una barreta de oro desde
la cima de una montaña. Donde cayera la barreta construiría la ciudad por encima de la
pampa pasó, ensombreciéndola. No se detuvo. Llegó hasta el Cuzco.
• Inkarri arrojaba las piedras también. En las piedras hundía los pies como sobre barro. Alas
piedras, al viento, él les ordenaba. Tuvo poder sobre toda las cosas. Fue un hombre
excelente, un joven admirable Inkarri fue apresado por el rey español fue martirizado y
decapitado. ¡Cuánto, cuánto habrá padecido! La cabeza del dios fue llevada al Cuzco.
• La cabeza de Inkarri está viva y el cuerpo se está reconstituyendo bajo la tierra. Pero como
ya no tiene poder, sus leyes no se cumplen ni su voluntad se acata, cuando el cuerpo de
Inkarri esté completo, él volverá y en ese día se hará el juicio final. Como prueba de que
Inkarri está en el Cuzco, los pájaros de la costa cantan: “En el Cuzco el rey”. “Al Cuzco id”.
• (Mito de la comunidad de Puquio, Ayacucho)
ADANEVA
. 2Adaneva creo la humanidad antigua. El hombre antiguo hacía caminar a las piedras con
azotes, como los ñawpa de Q’eros. Fueron hombres de fuerza descomunal. El dios Adaneva
logró tener relaciones con la Virgen de las Mercedes (Mamacha mercedes) y la abandonó
cuando ésta quedó encinta. El hijo de Adaneva y la Virgen fue Téete Mañuco (padre
Manuel).Téete Mañuco, cuando llegó a ser mayor, destruyó a la humanidad antigua haciendo
caer sobre el mundo una lluvia de fuego. Pero esa humanidad no está completamente muerta,
cuando alguien pretende cazar pumas o zorros, que fueron el ganado del hombre antiguo, se
oyen en el campo grandes voces protestan. Extinguida la primera humanidad, Téete Mañuco
hizo la actual y la dividió en dos clases: indios y mistis (“blancos”, la casta dominante).
Los indios para el servicio obligado de los mistis. Creó también el infierno y el cielo. No hay
hombre exento de pecado. El cielo es exactamente igual que este mundo, con una sola
diferencia: allí los indios se convierten en mistis y hacen trabajar por la fuerza, y hasta
azotándolos, a quienes en este mundo fueron mistis. La división de la humanidad en dos clases
fue establecida por Dios y será eterna, porque Téete Mañuco es inmortal, puesto que todos los
años muere un día viernes y resucita el sábado. Se renueva año tras año. (Mito de la
Comunidad de Vicos, Ancash)
CUENTOS
EL CONDOR Y EL ZORRO
• Discutían acaloradamente un zorro y un cóndor sobre sus fuerzas y aptitudes respectivas para desafiar la
inclemencia de las punas.
• -¿Hablas de resistencia - decíale el cóndor al zorro - cuando te veo acurrucado y hecho un ovillo los días
lluviosos, encerrado en la cueva, tú y tu prole, royendo huesos y pereciendo de hambre?
• -¿Y tú, cofrade, a quien ni se ve, sumido en su escondrijo, empollando como una gallina clueca, crees ser más
capaz que yo? -A mí - replicó el cóndor – con tener una ala y cubrirme con la otra me basta, en tanto que tú...
• -¿Yo?... en mi cola llevo abrigo y protección.
• No pudiendo convencerse con razonamientos, como sucede así siempre que se disputa, acordaron apelar a los
hechos.
• -Pues bien- propuso el zorro- vamos a quedarnos toda una noche al raso, soportando la intemperie con una
condición: el que se retira pierde la apuesta y será pasto del que permanezca en pie.
• -¡Aceptado!, pero tempestuosa ha de ser- agregó el cóndor.
• -¡Choca! –exclamó el otro-. Y fijaron plazo.
• Llegada la estación de las tormentas, cierto día en que nubes grises se amontonaban como torbellinos de
humo, fuese volando el cóndor en busca del zorro. Comenzó luego, una furiosa tempestad: los relámpagos
difundían destello iluminando el firmamento y los rayos, uno tras otro, describiendo tortuosos zigzags, rasgaban
las nubes y estallaban con fragor sobre las cumbres, cuando el cóndor, al resplandor de un relámpago,
descubre a su contrincante, erizados los pelos y desprendiendo chispas, aprestándose a huir pero detiénese a
la llamada y, quieras que no quieras, hubo de aparejarse para dar cumplimiento a lo pactado.
• Llovía a cántaros, rotas las nubes se precipitaban como cataratas desprendidas de lo alto y torrentes de agua inundaban el
campo, cuando ellos fieles al convenio disponíanse a pasar la noche de claro
• en claro, anhelosos que asomase la aurora. De pie el cóndor sobre un montículo, sin muchos preámbulos, extiende el
desnudo cuello y, levantando el ala, introduce su encorvado pico dentro de él. A su vez, el zorro, aparragado en el
humedecido suelo, oculto el hocico entre las patas, arrebujábase como podía guareciéndose bajo su copioso rabo.
• Mientras el impasible buitre desafiaba la lluvia que chorreaba y resbalaba por su reluciente y apretada plumazón; al
desventurado zorro empapábase el ya estropeado pelaje, infiltrándose sin reparo aún por sus puntiagudas y rígidas orejas.
Remojado su encallecido pellejo que ha tiempo el frío le tenía como carne de gallina, sin rehuir, herido en su amor propio,
manteníase firme en la lid. Prorrumpía de vez en cuando en lastimeros aullidos:
• Alaláu (¡Ay, qué frío!). Y con voz más desfalleciente gemía:
• Alaláu (¡Me muero de frío!)...
• ¡A-la.-laú-úúú...!
• ¡Huararaú!, respondía jactancioso el cóndor.
• Y, pasada la noche, el Alto rey yérguese, arruga el penacho de su coronado pico y purpúreo cuello, sacude su alba cola y
renegrido manto y con paso imponente dirígese a donde había dejado a su rival, el que, aterido y yerto, yacía sin vida.
EL PERRO Y LA PULGA
• Una mañana en que la pulga dormía plácidamente sobre la
almohada, entró una nueva mucama a limpiar la habitación. La
anciana encargada anteriormente de hacer tal servicio se había
marchado, pues, como sufría de una pronunciada ceguera, ya
no podía realizar sus funciones con prolijidad. La pulga,
conocedora del defecto de la anciana roncaba cada mañana a
patita suelta muy confiada.
LEYENDAS
LEYENDA SOBRE EL NOMBRE DEL DEPARTAMENTO
DE AREQUIPA
• Luego pasado el tiempo, los españoles llegaron al Perú y
empezaron a conquistar ciudades y primero pasaron por
Camaná donde iban a instalarse pero había muchos mosquitos
pero divisaron a lo lejos un verdor y preguntaron a los
camanejos como se llama ese lugar que está adornado por un
cerro resplandeciente y los incas dijeron Are Quipay. Y los
españoles se fueron a posesionar y además le cambiaron el
nombre es por eso que ahora la nombran Arequipa.
LEYENDA SOBRE LA VIRGEN DE CHAPI
• Trajeron en barco una imagen de España para que sea patrona
de la ciudad de Arequipa, llegaron al puerto Islay? pero por el
camino que iba a Arequipa no pudieron pasar y se fueron por la
quebrada de nombre Chapi, y descansaron y al momento que
se iban para la ciudad, no pudieron cargar la imagen estaba
muy pesada y la dejaron. Pero el obispo de la ciudad estaba
muy molesto y fue a traer la imagen con un ejército de hombres
y empezó a gritar a los pobladores porque se habían adueñado
de esa imagen si era para la ciudad le dijeron que se puso
pesada y no la podían levantar, el obispo mando a los hombres
que lo habían acompañado que la levantasen intentaron varias
veces pero no pudieron y el obispo resignado la dejo allí.
UTQHA PAUQAR
• En la ladera de una alta montaña tenía su palacio el anciano
Awapanti, curaca de vastos dominios y padre de una joven
muy hermosa que tenía por nombre Ima Súmaj. Arriba, la
montaña se mostraba todo el año coronada de nieve; abajo,
corría las aguas revoltosas de un río; al frente, veíase una
sucesión de lomas que de ordinario se cubrían de papeles y de
maizales.
GRACIAS

Diapositiva

  • 1.
  • 2.
  • 3.
    LA JARACHUPA YEL UTUSHCURO • Caminaba distraída una Jarachupa, cuando reparo en un utushcuro que triste y abatido presa de hambre iba jadeante arrastrándose penosamente por entre las malezas de un matorral. – Preguntó la muca. ¿A roer la raíz de las hierbas? - respondió con voz apagada y trémula. Pasó el invierno con sus hielos y sequías, sus inclemencias y rigores. Vino la primavera con sus lluvias y rocíos sus flores y sus frutos. Volviéndose a encontrar nuevamente los camaradas y con la cabeza erguida e inflado en orgullo, el irascible gusano deslizábase infatuado por entre las cañas y mazorcas de un tupido maizal sin dignarse mirar a la Jarachupa, que sorprendida por ese cambio y extrañada de tanta arrogancia le interroga: Señor gusano ¿A dónde está usted yendo? Irguiéndose aún más le enfurecida oruga contesto altanera y con mucho énfasis: ¿A comer corazón de choclos negros? Y tanto y tanto se irguió el valiente utushcuro que alcanzo a divisarlo un chiguaco y se lo devoró
  • 4.
    EL PUMA YLA ZORRA • Había helado tanto que un pobre puma yacía tiritando de frío al pie de una loma, cuando acertó a pasar una zorra, describiendo piruetas en el aire para entrar en calor. Detiénese y le dirige la palabra. • -¡Oye compadre!, ya, que estamos friolentos vamos a calentarnos azotándonos mutuamente; pero eso sí, antes nos amarraremos los pies a fin de no encolerizarnos y hacernos daño. • Dicho y hecho. Llególe su turno a la zorra, la que, a su vez, atrincó al puma y lo flageló despiadadamente. Dejándolo amarrado, huyó sin dar oídos a sus lamentos, pues lo suponía irritadísimo y no sin razón, después de la manera cruel como lo había zurrado. • El puma, dolorido y maltratado, logró desasirse como pudo, jurando castigar ejemplarmente a la que había osado burlarse de modo tan inicuo y azotado sin compasión al rey de los animales, caminaba en pos de la desvergonzada zorra, cuando a pocos pasos la apercibe profundamente dormida tras unas matas de paja. Coge un manojo de briznas y se le pone a cosquillar el hocico a la muy taimada, que sacudía su poblada cola, exclamado ufana: “¡Chuspi (mosca) fuera, que estoy durmiendo después de haber azotado al puma!”. Y repetía: “¡Chuspi, fuera que estoy durmiendo después de haber zurrado al feroz puma!”, con esto lo encolerizaba más recordándole su afrenta; así que cogiéndola por el rabo y sin darle tiempo para encomendar su alma, la aventó barranca abajo, donde se hizo polvo. Le tocó primero al puma, que ató de pies y manos a la zorra y le arrimó unos cuantos zurriagazos hasta hacerla brincar
  • 5.
  • 6.
    VICHAMA En el principioPachacamác creó un hombre y una mujer. Todo era eriazo, la lumbre del Sol secaba a los campos y parecía que la vida se extinguía. Murió el hombre y quedó sola la mujer. Entonces el sol bajó risueño, la saludó amable y condolido de sus lágrimas oyó sus quejas. Le dijo palabras amorosas. Le pidió que depusiera el miedo y esperase días mejores, le mandó que continuase sacando raíces. Cuando estaba ocupada en esto, le infundió sus rayos y ella concibió un hijo que nació al poco tiempo. El dios Pachacamác indignado de la intervención del Sol y que, sobre todo, no se le diera la adoración que se le debía a él, miró con odio al recién nacido. Sin atender a la clemencias y gritos desesperados de la madre que pedía socorros al Sol lo mató, despedazándolo en menudas partes. Pachacamác, para que nadie se quejase de que no había alimentos y se volviese a pedir ayuda al Sol, sembró los dientes del difunto y nació el maíz, sembró las costillas y los huesos y nacieron las yucas. De la carne nacieron los pepinos, pacaes y demás frutos de los árboles. Desde entonces no hubo hambre ni necesidad alguna. Al dios Pachacamác se le debió la fertilidad de la tierra, el sustento y los dulces frutos. Sin embargo a la madre no la aplacó, ni consoló la abundancia.
  • 7.
    KUNIRAYA WIRAQOCHA YKAWILLAKA • Primitivamente este Kuniraya Wiraqöcha caminaba muy pobremente vestido. Su manto y su túnica se veían llenos de roturas y de remiendos. Los hombres, aquellos que no le conocían, se figuraban que era un infeliz piojoso y le menospreciaban. Pero él era el conductor de todos estos pueblos. Con su sola palabra hacía que fueran abundantes las cosechas, hacía aparecer bien murados los andenes y con sólo arrojar una flor de caña llamada pupuna dejaba abiertos y establecidos los acueductos. Luego anduvo realizando muy útiles trabajos, empequeñeciendo con su sabiduría a los dioses de los otros pueblos. • En aquellos mismos tiempos vivía una diosa llamada Kawillaka. Se mantenía siempre virgen y porque era muy hermosa no había dios, fuera mayor, fuera menor, que, deseoso de yacer con ella, no la enamorase. Pero ella nunca admitió a ninguno. De esa manera, sin permitir que nadie la tentase, pasaba los días tejiendo al pie de un lúcumo. Pero Kuniraya, valiéndose de su sabiduría se convirtió en un pájaro y fue a posarse entre el ramaje del árbol. Allí tomó una lúcuma madura e introduciendo en ella su simiente la dejó caer muy cerca de la mujer. Esta se comió muy contenta la fruta. De esa sola manera, sin que varón alguno se le hubiese aproximado, la diosa apareció en cinta. Como sucede con todas las mujeres en tal estado, a los nueve meses Kawillaka tuvo que dar a luz, a pesar de su doncellez. Por espacio de un año alimentó al niño con el pecho, preguntándose continuamente para quién pudo haberlo concebido.
  • 8.
    Transcurrido el añoy cuando el niño comenzó a caminar a gatas, Kawillaka convocó un día a todos los dioses, mayores y menores pensando que de este modo le sería dado conocer al padre de su hijo. Al oír el llamado, todos ellos acudieron ataviados con sus mejores vestiduras, cada uno ansioso de ser el preferido de la diosa. Esta reunión se realizó en Anchiqhocha, que era el lugar donde la diosa residía. No bien tomaron asiento todos los dioses, mayores y menores, la mujer les dirigió estas palabras: - Ved, señores y nobles varones, reconoced a este niño. ¿Cuál de vosotros pudo haberme fecundado?, ¿Tú?, ¿Tú? – fue así preguntándoles uno por uno, a solas. Y ninguno de ellos pudo decir: “Es mi hijo”, por su parte aquel que hemos llamado Kuniraya Wiraqöcha había tomado asiento a un extremo y al verlo en esa traza tan lastimosa Kawillaka no se dignó preguntarle, pensando con menosprecio: “¿Ese menesteroso fuera el padre de mi hijo?”, la diosa le dijo al niño: Anda, hijo mío y reconoce tú mismo a tu padre. Y dirigiéndose a los dioses, dijo: Si alguno de vosotros es su padre, a él se encaramará el niño. Entonces el pequeñuelo fue caminando a gatas y empezando de un extremo recorrió la fila de dioses sin detenerse ante ninguno, hasta que llegando al otro extremo, allí donde se sentaba su padre, se puso a trepar a los muslos de él, presuroso y regocijado. Al ver aquello, la madre montó en cólera y gritó: ¿Qué horror?, ¿Yo hubiese dado a luz un hijo de semejante desdichado? Luego tomó en brazos al niño y huyó hacia el mar. En medio del asombro de los demás dioses, Kuniraya Wiraqöcha apareció vestido con un traje de oro y exclamó: ¡Presto me amará ella! Y se lanzó en seguimiento de la diosa diciéndole: ¡Hermana Kawillaka, vuelve a mí lo ojos! ¡Mírame cuán decente ya estoy! Y haciendo resplandecer su traje de oro se detuvo. Empero Kawillaka no volvió los ojos hacia el dios y siguió huyendo. Voy a desaparecer dentro del mar, ya que hube dado a luz un hijo de tan horroroso y despreciable varón – decía enderezando hacia el mar. La madre se arrojó con su hijo al agua y al punto ambos se convirtieron en rocas.
  • 9.
    INKARRI • . Inkarri,dicen, tuvo la potencia de hacer y de desear. Fue hijo del padre Sol en una mujer salvaje. Como era el segundo dios podía mandar. El hizo cuanto existe sobre la tierra. Amarró al Sol en la cima del cerro Osgonta y encerró al viento para concluir su obra de creación. Luego decidió fundar la ciudad del Cuzco. Inkarri lanzó una barreta de oro desde la cima de una montaña. Donde cayera la barreta construiría la ciudad por encima de la pampa pasó, ensombreciéndola. No se detuvo. Llegó hasta el Cuzco. • Inkarri arrojaba las piedras también. En las piedras hundía los pies como sobre barro. Alas piedras, al viento, él les ordenaba. Tuvo poder sobre toda las cosas. Fue un hombre excelente, un joven admirable Inkarri fue apresado por el rey español fue martirizado y decapitado. ¡Cuánto, cuánto habrá padecido! La cabeza del dios fue llevada al Cuzco. • La cabeza de Inkarri está viva y el cuerpo se está reconstituyendo bajo la tierra. Pero como ya no tiene poder, sus leyes no se cumplen ni su voluntad se acata, cuando el cuerpo de Inkarri esté completo, él volverá y en ese día se hará el juicio final. Como prueba de que Inkarri está en el Cuzco, los pájaros de la costa cantan: “En el Cuzco el rey”. “Al Cuzco id”. • (Mito de la comunidad de Puquio, Ayacucho)
  • 10.
    ADANEVA . 2Adaneva creola humanidad antigua. El hombre antiguo hacía caminar a las piedras con azotes, como los ñawpa de Q’eros. Fueron hombres de fuerza descomunal. El dios Adaneva logró tener relaciones con la Virgen de las Mercedes (Mamacha mercedes) y la abandonó cuando ésta quedó encinta. El hijo de Adaneva y la Virgen fue Téete Mañuco (padre Manuel).Téete Mañuco, cuando llegó a ser mayor, destruyó a la humanidad antigua haciendo caer sobre el mundo una lluvia de fuego. Pero esa humanidad no está completamente muerta, cuando alguien pretende cazar pumas o zorros, que fueron el ganado del hombre antiguo, se oyen en el campo grandes voces protestan. Extinguida la primera humanidad, Téete Mañuco hizo la actual y la dividió en dos clases: indios y mistis (“blancos”, la casta dominante). Los indios para el servicio obligado de los mistis. Creó también el infierno y el cielo. No hay hombre exento de pecado. El cielo es exactamente igual que este mundo, con una sola diferencia: allí los indios se convierten en mistis y hacen trabajar por la fuerza, y hasta azotándolos, a quienes en este mundo fueron mistis. La división de la humanidad en dos clases fue establecida por Dios y será eterna, porque Téete Mañuco es inmortal, puesto que todos los años muere un día viernes y resucita el sábado. Se renueva año tras año. (Mito de la Comunidad de Vicos, Ancash)
  • 11.
  • 12.
    EL CONDOR YEL ZORRO • Discutían acaloradamente un zorro y un cóndor sobre sus fuerzas y aptitudes respectivas para desafiar la inclemencia de las punas. • -¿Hablas de resistencia - decíale el cóndor al zorro - cuando te veo acurrucado y hecho un ovillo los días lluviosos, encerrado en la cueva, tú y tu prole, royendo huesos y pereciendo de hambre? • -¿Y tú, cofrade, a quien ni se ve, sumido en su escondrijo, empollando como una gallina clueca, crees ser más capaz que yo? -A mí - replicó el cóndor – con tener una ala y cubrirme con la otra me basta, en tanto que tú... • -¿Yo?... en mi cola llevo abrigo y protección. • No pudiendo convencerse con razonamientos, como sucede así siempre que se disputa, acordaron apelar a los hechos. • -Pues bien- propuso el zorro- vamos a quedarnos toda una noche al raso, soportando la intemperie con una condición: el que se retira pierde la apuesta y será pasto del que permanezca en pie. • -¡Aceptado!, pero tempestuosa ha de ser- agregó el cóndor. • -¡Choca! –exclamó el otro-. Y fijaron plazo. • Llegada la estación de las tormentas, cierto día en que nubes grises se amontonaban como torbellinos de humo, fuese volando el cóndor en busca del zorro. Comenzó luego, una furiosa tempestad: los relámpagos difundían destello iluminando el firmamento y los rayos, uno tras otro, describiendo tortuosos zigzags, rasgaban las nubes y estallaban con fragor sobre las cumbres, cuando el cóndor, al resplandor de un relámpago, descubre a su contrincante, erizados los pelos y desprendiendo chispas, aprestándose a huir pero detiénese a la llamada y, quieras que no quieras, hubo de aparejarse para dar cumplimiento a lo pactado.
  • 13.
    • Llovía acántaros, rotas las nubes se precipitaban como cataratas desprendidas de lo alto y torrentes de agua inundaban el campo, cuando ellos fieles al convenio disponíanse a pasar la noche de claro • en claro, anhelosos que asomase la aurora. De pie el cóndor sobre un montículo, sin muchos preámbulos, extiende el desnudo cuello y, levantando el ala, introduce su encorvado pico dentro de él. A su vez, el zorro, aparragado en el humedecido suelo, oculto el hocico entre las patas, arrebujábase como podía guareciéndose bajo su copioso rabo. • Mientras el impasible buitre desafiaba la lluvia que chorreaba y resbalaba por su reluciente y apretada plumazón; al desventurado zorro empapábase el ya estropeado pelaje, infiltrándose sin reparo aún por sus puntiagudas y rígidas orejas. Remojado su encallecido pellejo que ha tiempo el frío le tenía como carne de gallina, sin rehuir, herido en su amor propio, manteníase firme en la lid. Prorrumpía de vez en cuando en lastimeros aullidos: • Alaláu (¡Ay, qué frío!). Y con voz más desfalleciente gemía: • Alaláu (¡Me muero de frío!)... • ¡A-la.-laú-úúú...! • ¡Huararaú!, respondía jactancioso el cóndor. • Y, pasada la noche, el Alto rey yérguese, arruga el penacho de su coronado pico y purpúreo cuello, sacude su alba cola y renegrido manto y con paso imponente dirígese a donde había dejado a su rival, el que, aterido y yerto, yacía sin vida.
  • 14.
    EL PERRO YLA PULGA • Una mañana en que la pulga dormía plácidamente sobre la almohada, entró una nueva mucama a limpiar la habitación. La anciana encargada anteriormente de hacer tal servicio se había marchado, pues, como sufría de una pronunciada ceguera, ya no podía realizar sus funciones con prolijidad. La pulga, conocedora del defecto de la anciana roncaba cada mañana a patita suelta muy confiada.
  • 15.
  • 16.
    LEYENDA SOBRE ELNOMBRE DEL DEPARTAMENTO DE AREQUIPA • Luego pasado el tiempo, los españoles llegaron al Perú y empezaron a conquistar ciudades y primero pasaron por Camaná donde iban a instalarse pero había muchos mosquitos pero divisaron a lo lejos un verdor y preguntaron a los camanejos como se llama ese lugar que está adornado por un cerro resplandeciente y los incas dijeron Are Quipay. Y los españoles se fueron a posesionar y además le cambiaron el nombre es por eso que ahora la nombran Arequipa.
  • 17.
    LEYENDA SOBRE LAVIRGEN DE CHAPI • Trajeron en barco una imagen de España para que sea patrona de la ciudad de Arequipa, llegaron al puerto Islay? pero por el camino que iba a Arequipa no pudieron pasar y se fueron por la quebrada de nombre Chapi, y descansaron y al momento que se iban para la ciudad, no pudieron cargar la imagen estaba muy pesada y la dejaron. Pero el obispo de la ciudad estaba muy molesto y fue a traer la imagen con un ejército de hombres y empezó a gritar a los pobladores porque se habían adueñado de esa imagen si era para la ciudad le dijeron que se puso pesada y no la podían levantar, el obispo mando a los hombres que lo habían acompañado que la levantasen intentaron varias veces pero no pudieron y el obispo resignado la dejo allí.
  • 18.
    UTQHA PAUQAR • Enla ladera de una alta montaña tenía su palacio el anciano Awapanti, curaca de vastos dominios y padre de una joven muy hermosa que tenía por nombre Ima Súmaj. Arriba, la montaña se mostraba todo el año coronada de nieve; abajo, corría las aguas revoltosas de un río; al frente, veíase una sucesión de lomas que de ordinario se cubrían de papeles y de maizales.
  • 19.