George W. Bush y Tony Blair pronunciaron discursos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Bush prometió combatir el terrorismo dondequiera que se encuentre y dijo que los ataques no destruirían la determinación de Estados Unidos. Blair expresó su solidaridad con Estados Unidos y dijo que Gran Bretaña estaría con ellos hasta el final en la lucha contra el terrorismo. Ambos líderes caracterizaron a los ataques como actos de maldad y prometieron perseguir a los culpables.