principios
Capítulo uno
2
Principios
C
onstruir una orientación
metodológica para la creación
artística colectiva multi, inter
y transdisciplinar en relación con la
atención psicosocial, supone un tránsito
por diferentes estadios que van desde
lo conceptual hasta lo práctico. Este
tránsito exige una postura ética orientada
a fundamentar y dar sentido a los planes
de estudio que se diseñan e implementan,
a la práctica pedagógica y sus alcances, a
la apropiación de saberes y conocimientos
y a la transformación y actualización de
las maneras de recoger, reflexionar y
compartir las experiencias pedagógicas.
Los fundamentos o principios comunes a
estas experiencias de creación complejas
permiten su movilización, articulación y
engrane con el proceso metodológico.
Es así como, los principios de diversidad y
diálogo de saberes; libertad, participación
y confianza; equivocarse está bien; el
arte como experiencia; y lo colectivo y
comunitario son el punto de partida de
esta propuesta y están presentes a lo largo
de la misma. Además, los principios en
cuestión intervienen de manera simultánea
y abren la puerta para que la maestra y el
maestro exploren, modifiquen, apliquen,
descubran y mejoren sus prácticas
docentes de creación artística.
3
Principios
Diversidad
y diálogo de
L
a diversidad étnica y cultural es
constitucionalmente reconocida y
protegida por el estado colombiano.
El principio de diversidad afecta la forma
en que son comprendidas y descritas las
metodologías y los proyectos, pues este
principio vela por el reconocimiento de la
diversidad como atributo de los contextos
humanos en múltiples dimensiones
(personal, contextual, cultural) y
abarca a todos los seres humanos y
grupos sociales con particularidades
identitarias marcadas por su etnia
(afrodescendientes, campesinos, gitanos,
raizales, palenqueros, indígenas); su
género y orientación sexual (LGBTQI+);
su ciclo vital (infancia, juventud, adultez,
vejez); las condiciones de su desarrollo
(discapacidad), entre muchas más, como
nacionalidad o religión.
El principio de diversidad también se
entiende en el plano de lo personal cuando
Saberes
comprende las formas particulares en que
cada individuo construye su identidad
desde las relaciones que establece con su
entorno, a partir de sus apropiaciones,
capacidades y recursos. Además,
involucra los gustos y preferencias de
la singularidad; sus ritmos y estilos de
aprendizaje y las formas de asumir su
corporalidad y de vivir sus emociones,
sentimientos y pensamientos.
El diálogo de saberes desde la diversidad
cultural de los territorios permite entender
la riqueza que posee Colombia; en este
sentido, los saberes son diversos, tienen
una estrecha relación con el territorio y
van desde los conocimientos empíricos
que se desarrollan en la percepción hasta
la relación con otros territorios y otras
personas. Al colocar estos saberes en
diálogo, se resaltan tanto las diferencias
como los puntos de encuentro. Así, en la
creación artística colectiva, en el proceso
4
Principios
1. El concepto de “Saberes Fuerza” utilizado en este documento procede del libro
de Orientaciones Metodológicas para la Creación Artística Colectiva Multi, Inter
y Transdisciplinar, publicado en el año 2021 por el Ministerio de Cultura en el
marco del Eje de Acción de Formación del Programa Expedición Sensorial.
Respeto significa, en cambio, tomar en serio el
pensamiento del otro: discutir, debatir con él
sin agredirlo, sin violentarlo, sin ofenderlo, sin
intimidarlo, sin desacreditar su punto de vista,
sin aprovechar los errores que cometa o los malos
ejemplos que presente, tratando de saber qué grado
de verdad tiene; pero al mismo tiempo significa
defender el pensamiento propio sin caer en el pequeño
pacto de respeto de nuestras diferencias. Muy a
menudo creemos que discutir no es respeto; muy por
el contrario, el verdadero respeto exige que nuestro
punto de vista, sea equivocado total o parcialmente,
sea puesto en relación con el punto de vista del otro a
través de la discusión. (Zuleta, 2006, p. 79)
de artear, las diferencias se convierten
en riquezas que permiten apropiar,
comprender y compartir saberes a través
de esa juntanza.
Ahora bien, lo colectivo no puede existir
sin un diálogo sobre lo que el ser humano
es y sabe, sin esos saberes fuerza1
. Por
lo cual, es fundamental escuchar para,
a través de una expedición sensorial,
explorar, descubrir, dejar surgir las
emociones, reconocer las perspectivas
del otro y evaluarse. Por medio de este
diálogo es posible entender mejor a
Colombia desde los territorios, ya que, al
reconocerse en el otro, al aportar desde
las culturas y diversidades, se pone de
manifiesto que la riqueza son los saberes
fuerza y los secretos que a través del
diálogo pasan de una generación a otra.
Para propiciar este dialogo, es
fundamental el respeto. De acuerdo con
Estanislao Zuleta:
5
Principios
Los saberes que se comparten son
de carácter empírico, territorial o
científico. Se alimentan en el compartir,
en la juntanza, en la siembra, en los
diálogos intergeneracionales, es decir,
se activan en colectividad. Por ejemplo,
en las comunidades indígenas o negras
se evidencia que los adultos mayores
poseen, por su experiencia de vida, un
gran baúl de saberes fuerza. Por lo tanto,
tienen un amplio conocimiento sobre el
territorio y la vida, son personas que han
logrado equilibrar la mente, el cuerpo y
las energías, un equilibrio en la relación
hombre-naturaleza que comparten con los
adultos, niñas y niños de la comunidad
para ayudarles a comprender mejor sus
inquietudes.
Otro ejemplo es el de las parteras
que, por excelencia, comparten con
las mujeres del pacífico colombiano
saberes fuerza y apoyo emocional para
afrontar y acompañar el crecimiento
de la vida; comparten saberes que son
prácticas ancestrales adquiridas por cada
comunidad.
Estimada maestra y maestro, en la
creación artística colectiva, el diálogo
de saberes permite destacar y reconocer
el potencial que tienen los jóvenes y
orientarlos a canalizar sus energías y su
creatividad en productos que involucren
la transformación de su territorio. Así,
se fortalece el desarrollo de una nueva
mirada analítica y crítica que permite que
los saberes fluyan, construyan y aporten
a las comunidades desde la exploración
sensorial.
Finalmente, es fundamental alimentar
y reconocer los saberes fuerza. Para
cumplir tal objetivo, se debe aprender
a escuchar para conocer, identificar,
contemplar o incluir a través de otros
ojos algo en lo que no se había reparado.
Lo anterior, a través de, por ejemplo,
las siguientes preguntas: ¿cómo es un
día de un joven indígena y un joven
afro?, ¿cuáles son sus semejanzas, sus
sueños?, ¿qué tan importante es su
relación con el territorio?, ¿cuál es su
visión de las y los adultos mayores en los
territorios?, ¿son las sabias y los sabios?
Precisamente, el diálogo de saberes busca
encontrarse desde la realidad multiétnica
y pluricultural, es la combinación de
saberes que permite entender la realidad
de la diversidad.
6
Principios
Libertad,
“Todas las personas nacen libres e iguales ante la
ley, recibirán la misma protección y trato de las
autoridades y gozarán de los mismos derechos,
libertades y oportunidades sin ninguna discriminación
por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar,
lengua, religión, opinión política o filosófica”.
(Const., 1991, art.13)
“Se garantiza a toda persona la libertad de expresar
y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar
y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar
medios masivos de comunicación”. (Const., 1991,
art.20)
La presente propuesta toma como
eje principal la creación artística,
entendida como proceso y como
producto, reparando en las experiencias
que permiten el tejido de la individualidad
en libertad de participación. Esta apuesta
por la libertad se inspira en los derechos
fundamentales de la constitución:
participación
y confianza
7
Principios
El facilitador de los procesos de
creación artística y atención psicosocial
comunitaria debe velar por la garantía
de estos derechos de libertad de cada
participante. Se espera que las diversas
experiencias den voz a cada individuo de
la comunidad constituida o en proceso de
consolidación.
Para ello, es fundamental generar
ambientes de confianza en los que la
participación en libertad sea posible. Uno
de los miedos del ser humano es el de
ser excluido, esto le lleva a retraerse y a
evitar participar en algunos espacios, o a
usar una máscara para no ser vulnerado,
impidiendo así su real exposición. Sin
embargo, para crear, especialmente de
manera colectiva, uno de los principios
más importantes es la apertura de sí
mismo, la entera disposición a entrar
en un juego, el juego de la creación,
que implica desplegar el ser con total
libertad: cuerpos, voz, gestos, historia
de vida, gustos, saberes, talentos,
sensibilidades, pensamientos, son todos
de vital importancia a la hora de aportar
en el juego. Por esta razón, es necesario
fomentar siempre, en aquellos espacios
donde se desarrollan los procesos de
creación, un ambiente de confianza y
cuidado entre los participantes.
El ambiente en cuestión se crea insistiendo
en el respeto que merecen todas y todos,
pero, principalmente, resaltando el
valor que tienen las singularidades de
cada persona. La vida ha sido creada a
partir de la diversidad; los campos, los
bosques, las selvas y, en general, cualquier
territorio en el planeta es más saludable
en cuanto posee más biodiversidad. De
igual manera, la diversidad humana es
una riqueza que nutre cualquier ambiente:
en la medida en que cada persona aporte
libremente desde su propia mirada, su
intuición, su carácter y su experiencia
de vida, el ecosistema creativo se irá
volviendo más nutritivo y valioso.
Otra manera de fomentar la confianza
dentro del grupo es alentando a las y
los participantes al diálogo, es decir,
creando espacios en donde tengan
oportunidad de conocerse e intercambiar
ideas y anécdotas de vida. Por lo general,
aquello a lo que más le teme el ser
humano es a lo desconocido (lugares
que nunca ha visitado, fenómenos que
no comprende, personas que le parecen
lejanas o extrañas, etc.), pero una vez
entra en contacto con ello y a medida
que lo va conociendo mejor, ese temor
inicial desaparece progresivamente. Por
esta razón, el palabrear, o intercambio de
palabras entre las y los participantes, es
muy importante; esta es, ante todo, una
práctica que genera cercanía y, al haber
cercanía, la confianza crece. El palabrear
contribuye a tejer vínculos y nuevos
conocimientos.
8
Principios
Equivocarse
está bien o el
En relación con el principio anterior,
se puede afirmar que, algunas veces,
cuando al ser humano se le invita a
participar en un evento, puede sentirse
otro tipo de miedo, esta vez asociado
al error, es decir, a la posibilidad de
equivocarse. Este temor nuevamente
le cohíbe, de manera que prefiere no
arriesgarse a exponer sus ideas o su
propia presencia.
Antes de continuar, es importante
plantearse las siguientes preguntas: ¿por
qué produce miedo el error?, ¿por qué
paraliza?, ¿por qué los estudiantes, por
ejemplo, quieren agradar al maestro al
“no”? Es posible que la respuesta a estas
preguntas se origine en la presión que
impone la necesidad de tener siempre
éxito, dicha presión puede venir del
entorno social y estar relacionada con un
conjunto de fuerzas económicas y políticas
que le exigen al ser humano competir y
ser tan productivo y eficiente como sea
posible. Sin embargo, para la forma de
creación que aquí se propone, donde la
experiencia del artear es prioridad por
encima de cualquier producto o resultado,
se plantea la siguiente afirmación:
Equivocarse está bien, ¡sí, está bien!
Este es el punto de partida para
vencer los miedos, las tensiones y las
preocupaciones. Aquí se entiende el error
como parte del proceso de reflexión,
análisis y aprendizaje; también, como
uno de los principales motores para el
hallazgo de lo nuevo. Por ejemplo, varios
descubrimientos científicos se han hecho
por accidente y algunas invenciones de la
industria son resultado de equivocaciones
durante el proceso inicial.
El error, o lo que inicialmente se considera
como “error”, se puede reconstruir y
transformar desde dos miradas: una
del err
valor
r
introspectiva y otra colectiva. En la
primera, se formulan preguntas como
¿cuál es la diferencia entre el resultado
que se esperaba y lo que realmente
sucedió?, ¿en qué punto ocurrió el
desvío?, ¿qué se debería repetir y qué
no?, ¿cómo fue mi reacción ante la
“equivocación”?, ¿cómo me siento
después de lo ocurrido? Al responder tales
interrogantes, se promueve un crecimiento
personal. Por su parte, la segunda mirada
se constituye a través de las observaciones
y las retroalimentaciones de los otros,
quienes, gracias a su perspectiva,
pueden aportar ideas para saber cómo
continuar; qué cosas aprovechar del
error o de la supuesta “equivocación”
y qué cosas hacer de manera diferente.
En otras palabras, el equilibrio de estas
dos miradas permite crecer, despertar,
reconocerse y encontrarse; es un proceso
de ensayoerrorensayo que va trazando
un camino donde se pueden identificar
y sortear obstáculos desde el propio
aprendizaje.
Otra de las virtudes de atravesar sin
temor, o a pesar de él, la experiencia del
error es que se pueden quitar las barreras
autoimpuestas y, así, ser más libres: al
perder el miedo a equivocarse, el ser
humano se vuelve explorador, capaz de
realizar una expedición sensorial para
encontrarse a sí mismo, para confrontar
las pieles reales debajo de las máscaras,
para dialogar de manera franca con
los demás y para permitirse jugar y
experimentar. Es en ese momento cuando
nace la creatividad, no solo en la práctica
artística, sino en la vida cotidiana, pues se
descubren formas de transformar lo que a
simple vista parece un impedimento y, así,
se crece, se avanza. Errar es útil cuando
lleva a reflexionar.
10
Principios
Arte como
experiencia:
El arte es una experiencia que va más
allá de un producto y que puede
ser vivenciado como un ritual social.
Para apoyar esta perspectiva, vale la
pena resaltar el concepto de musicar
del investigador y músico australiano
Christopher Small. Él “inventa” dicho
verbo (musicar) para poner de manifiesto
que la música es acción (experiencia) y no
solo un producto sonoromusical estático.
La música no es la partitura ni tampoco
la “versión ideal” de una pieza musical:
“musicar es participar, en cualquier
capacidad, en una interpretación musical,
ya sea tocando, escuchando, ensayando
o practicando, proporcionando material
para la interpretación (lo que se llama
composición) o bailando”. (Small, 1998,
p. 9). Así, hacer música es, en sí mismo,
un ritual social que pone en juego las
relaciones que se establecen en ese
momento con el sonido, las personas y el
territorio. La música se hace y se disfruta,
no solo se estudia o se domina. Como el
niño pequeño, el artista busca el placer
natural y la compañía de su ser musical
(Custodero, 2009), va —sólo o con
otros— tras el disfrute estético a través del
acto de musicar.
En este punto, se hace necesario comentar
qué se entiende acá por experiencia
estética. El valor del arte no se limita
a definir qué tan “bello” o “feo” es el
objeto artístico, pues la belleza en el arte
es una construcción social que puede
variar bastante de una comunidad a otra,
e incluso entre personas de un mismo
grupo. El valor del arte, desde esta
perspectiva, tiene que ver, sobre todo, con
la cualidad de la experiencia estética y la
sensibilidad que está allí en juego. Estética
encuentra su raíz en la palabra estesis
entendida como “[…] la receptividad, lo
abierto al entorno, lo sentiente o sensorial
a cualquier escala” (Mandoki, 2013, p.
16). Así, la experiencia estética puede
acontecer también por fuera del campo
artear
como ritual social
11
Principios
del arte, por ejemplo, en la vida cotidiana
cuando se contempla con asombro un
atardecer o se experimenta el placer que
produce morder un trozo de pan caliente
recién salido del horno.
Por otra parte, es importante que
los facilitadores de los procesos de
creación artística y atención psicosocial
comunitaria estén abiertos a aceptar que
en los talleres de creación pueden surgir
diversas estéticas o “tipos de arte”, ya
sean los que traen los participantes (sus
gustos musicales, cinematográficos,
literarios, entre otros) o los que emergen
de las experiencias mismas de creación de
los grupos durante los talleres a través de
los procesos de exploración, negociación y
consenso.
Ahora bien, en este documento se toma el
verbo “musicar”, comentado antes, para
extenderlo al campo general de las artes,
así: artear. De esta manera, se resalta que
lo que está en juego en el arte ocurre en el
momento mismo en que se hace arte (e.g.
cuando cantamos o bailamos) y cuando
se consume arte (e.g. cuando vemos una
película o miramos una pintura). El arte
no se agota, entonces, en los productos:
más allá de qué tan “perfecto” es el
producto artístico, lo fundamental es la
calidad y la autenticidad de la experiencia
y del proceso mismo de creación. A
continuación, se caracteriza el concepto
de artear con base en lo postulados de
Small (1998) y a propósito de la reflexión
sobre el arte como experiencia colectiva.
En el centro de la experiencia del artear
implica el tránsito por tres momentos o
dimensiones que se ponen en movimiento
en el proceso creativo:
1. Exploración de las relaciones:
del sujeto con el sonido, el color, el
cuerpo, la palabra. Del sujeto con el
otro y del sujeto con su territorio.
2. Afirmación colectiva de las
relaciones: que potencian la
identidad, entendida ésta como el
sentimiento de pertenencia a un
grupo o territorio, lo que da sentido
a mi experiencia, mi memoria.
Un ejemplo de ello es cuando los
creadores dicen “así sonamos
nosotros, así nos movemos nosotros,
esto es lo que somos”.
3. Experiencia estética: que con
frecuencia implica un disfrute
colectivo en torno a la creación
artística que puede darse durante el
proceso mismo de la creación o al
momento de socializar el resultado,
como ejecutante o como parte del
público.
12
Principios
El ser humano crea arte, o artea, “con
el mayor cuidado y amor”’; para ello,
usa los medios técnicos, intelectuales
y humanos de los que dispone en el
momento de la creación y desde ellos
aporta al ritual de sembrar y cosechar
en colectividad. Como frutos fértiles,
germinan productos creativos que son
auténticos y verdaderos en cuanto
expresan con honestidad los mundos
internos de las personas: memorias, ideas,
anhelos, sueños, miedos, heridas, sonidos,
imágenes, palabras que se convierten
en música, escultura, movimiento,
performance.
Y, en el camino, de repente, llega la visita
del disfrute colectivo, una vivencia que
es anhelada en la creación pero que no
puede ser manipulada ni controlada.
El rol de los que se desempeñan como
maestras, maestros o, en general,
acompañantes y facilitadores es tratar
de cuidar las condiciones para que
esta experiencia artística sea posible,
favoreciendo un ambiente de confianza,
enfatizando los talentos y potencias
de las personas, seduciendo hacia
nuevos referentes artísticos, brindando
herramientas adecuadas para la expresión
y propiciando diálogos constructivos
y espacios de palabrear que permitan
cosechar las semillas que son plantadas
como colectividad en el proceso de artear
juntos.
Así las cosas, la experiencia de artear
está basada en la expresión y validación
del potencial sensible y creativo de cada
participante; mantiene la mirada en las
posibilidades individuales y colectivas. Al
mismo tiempo, la creación se convierte
naturalmente en una experiencia colectiva
potente que favorece la autorregulación
del grupo cuando, por ejemplo, en una
improvisación los participantes deben
escucharse y observarse para entrar en el
momento justo, respetando el ritmo y la
intención expresiva del grupo.
En otro sentido, la experiencia de artear
es, también, un espacio que permite el
surgimiento de nuevos mundos posibles
que irrumpen en la cotidianidad y abren
brechas para experimentar de manera
colectiva, como en un trance, formas
nuevas de conciencia en donde los
participantes sienten que hacen parte de
algo más grande que ellos mismos. Con
frecuencia, esta experiencia se asocia a
estados de plenitud que difícilmente se
encuentran en otros ámbitos de la vida.
Experiencias en las que se recrea y se
alimenta el vínculo entre los participantes
mediante el encuentro con el otro a través
de lo que cada cual comunica, expresa y
recibe desde la exploración, el juego, la
improvisación y la creación. Finalmente,
en estos espacios también es posible
construir conocimiento cuando se transita
de la experiencia sensible a la reflexión
consciente sobre esta.
13
Principios
Definir colectividad plantea un primer
reto, a saber, diferenciar las palabras
colectividad o arte en colectividad de,
colectivo o arte en colectivo. Pues bien,
colectividad tiene su raíz en colectivo
y esta, a su vez, en colectar, colligere
en latín, que significa recoger, elegir y
leer conjuntamente. Entonces, se puede
afirmar que lo colectivo deriva de la
acción que hace un grupo de personas al
recoger, leer y elegir juntas.
Para hablar en imágenes, se podría
poner el ejemplo de la cosecha, donde
sembradoras y sembradores se reúnen
para recoger los alimentos que ha
producido su terreno de cultivo. Una vez
recogidos estos alimentos, el grupo debe
observar y poner en consideración todo
lo que tienen para valorar y decidir qué
pueden y qué quieren hacer con dichos
frutos. En este caso, lo colectivo emerge
gracias a las tres acciones conjuntas:
cosechar los alimentos, valorarlos,
y escoger cómo prepararlos, cómo
almacenarlos, cómo distribuirlos, etcétera.
La colectividad, etimológicamente
hablando, no señala la diversidad de
quienes integran el grupo, aunque sus
particularidades existan y sean apreciadas
y respetadas, sino que resalta aquello
que es común y compartido por todas las
personas que lo integran. En el ejemplo
señalado anteriormente, lo común sería el
terreno de cultivo compartido, la fuerza
de trabajo para cosechar los alimentos, la
participación de todo el grupo a la hora
de tomar decisiones, y el hecho mismo de
poder alimentarse gracias a estas labores
conjuntas. En esa medida, lo colectivo
apunta también a un beneficio grupal.
Así como el trabajo de la tierra para
sembrar, cultivar y cosechar todos los
alimentos necesarios puede ser difícil para
C lectividad
oy comunidad
14
Principios
un solo individuo, la práctica del arte en
solitario puede ser significativamente más
ardua y, sobre todo, menos potente en lo
que tiene que ver con el beneficio grupal.
El beneficio en cuestión, en el caso de
la creación artística colectiva, se da
tanto en el resultado final (la obra y su
circulación en festivales, ferias, conciertos,
exposiciones, entre otros) como en todas
las acciones o momentos del proceso
creativo (recoger los saberes, talentos y
fuerzas poéticas que se van expresando
durante el desarrollo de dicho proceso;
leer, observar y valorar estos mismos
saberes fuerza que se expresan y elegir
o decidir conjuntamente, las formas
y medios necesarios para el mejor
aprovechamiento de estos elementos, a la
hora de construir una obra).
De acuerdo con lo anterior, el beneficio
grupal de crear colectivamente tiene que
ver con la experiencia misma de estar
arteando, de abrir un espacio donde las
personas puedan conocerse, reconocerse
e incluso transformarse a través del
intercambio de esos saberes fuerza, y tiene
que ver, también, con la experiencia de
ser testigos de la magia y la riqueza de la
creación como facultad humana.
Los saberes fuerza se refieren a la idea
de experiencia individual, señalando
o proponiendo que los talentos o
sensibilidades que los seres humanos
piensan y sienten como propios son más
bien “rayos de luz” o “irradiaciones” que
les llegan de otra parte, de sus ancestras
y ancestros, de sus maestras y maestros,
de las montañas, de los ríos y de los otros
elementos que forman el paisaje que
habitan. Todos esos elementos toman
cuerpo cada uno para expresarse, son
saberes que vienen del territorio y muchas
veces de la herencia ancestral.
Si bien las obras que surgen de estos
procesos de creación son importantes
como evidencia, manifiesto, declaración
y huella de los pensamientos, aportes y
prácticas del colectivo, lo artístico se da,
verdaderamente, en el convivio, es decir,
en los días y las horas que los integrantes
del grupo pasan juntos en el ejercicio de
la creación, jugando, experimentando,
problematizando, discutiendo,
reflexionando, dialogando, haciendo.
Pertinencia y potencia de la práctica
artística colectiva
La práctica colectiva es pertinente por
varios motivos. Primero, porque favorece
el aprendizaje entre pares, es decir, la
enseñanza explícita de una o más personas
a un compañero. Por ejemplo, cuando un
joven “le muestra” a otro cómo tocar un
acorde en la guitarra o cómo conseguir un
determinado tono al mezclar dos colores.
Segundo, favorece el aprendizaje en grupo
que se produce como resultado de la
interacción entre pares, pero en ausencia
de una intención explícita (Green, L.,
2012, p. 76-83). Son los aprendizajes que
ocurren, por ejemplo, cuando un grupo
está improvisando movimientos con el
cuerpo y, mientras tanto, los participantes
se observan y van recogiendo,
incorporando e intercambiando un
universo valioso de saberes invisibles o
tácitos con relación al uso del cuerpo y la
expresión. Para el Ministerio de Cultura
de Colombia
15
Principios
La práctica colectiva permite que cada persona,
estando inmersa en el grupo observando a los demás,
pueda al mismo tiempo, observarse y regularse,
mientras se siente apoyada y con retroalimentación
inmediata por parte de sus pares. (Lineamientos de
iniciación musical [LIM], 2015, p. 75).
De este modo, todo el aprendizaje está conectado
entre sí, ya que la práctica colectiva es un escenario
integrado donde el arte, el maestro, los estudiantes,
el espacio y todas las relaciones que se tejen, se
convierten en la fuente primera de conocimiento y
aprendizaje. (LIM, 2015, p. 76).
De manera que los espacios para artear
se pueden entender como un cuerpo vivo,
en donde cada parte está relacionada, es
un sistema. Así, se recomienda atender
y cuidar las relaciones de las personas
consigo mismas, con el otro y con los
medios artísticos, pues el cambio de uno
de sus componentes implica un cambio
en todo el sistema (Capra, 2012). Resulta
importante, en este sentido, mostrar a los
participantes la interrelación en cuestión
para invitarlos a valorar y ser conscientes
de su responsabilidad como parte del
grupo que, como sistema vivo, artea
colectivamente.
En concordancia con lo anterior, el
espacio colectivo favorece la participación
de las diversas voces en el palabrear, ya
que abre espacios para que los aportes
de los estudiantes o asistentes sean
escuchados y respetados. vale la pena
resaltar, de manera especial, el poder de
la escucha. Para escuchar es necesaria
una disposición especial, no se trata
solamente de oír a las otras y los otros;
más bien, de lo que se trata es de crear un
estado de amplitud, como si cada poro de
la piel se ensanchara en nuestro cuerpo
para sentir lo que la otra y el otro dice y,
así, comprenderles profundamente. Para
lograr ese ensanchamiento del cuerpo,
es necesario desarrollar una forma de
paciencia que asiente las preocupaciones
propias, pero, al mismo tiempo, una
forma de deseo que permite habitar las
distintas ideas e inquietudes de aquellas y
aquellos a quienes se escucha.
En este sentido, las voces diversas aportan
a la siembra con un carácter colaborativo.
Para ello, se hace preciso generar espacios
que permitan un trabajo reflexivo
sobre el cuerpo, los pensamientos y las
emociones, invitando a las personas a
tomar conciencia de lo que sienten o
perciben con su cuerpo; a documentarlo
(en bitácoras, diarios, notas de audio, etc.)
y a compartirlo en círculos de palabra,
grupos de discusión, entrevistas, entre
otros. (Samper, 2019, p. 93-94).
Esta toma de conciencia permite entrar
en contacto con el mundo interior de las
personas como un sustrato clave para la
creación colectiva. La conciencia cada vez
más fina de lo que las personas “tienen
por dentro” alimenta el uso de los medios
artísticos como formas de expresión
de esos mundos personales cuando
son puestos en común, palabreados y
entretejidos. Lo anterior, mediante un
ejercicio respetuoso y empático de diálogo
de saberes que alimenta el acto creativo
colectivo desde la diversidad propia del
grupo.
Por último, la experiencia de artear en
colectividad implica el tejido de una
comunidad de personas que en ese
instante se juntan para crear. Para Etzioni
16
Principios
(1999), un grupo tiene dos características
mínimas para ser considerado una
comunidad: primero, es un espacio en
donde acontecen relaciones afectivas y,
segundo, implica el compartir de valores,
normas, significados, una historia e
identidad común. Cuidar la salud de
esta comunidad implica poner atención
a la forma en que se tejen los vínculos al
interior del grupo, favoreciendo la toma
de conciencia de cada miembro, de su
propia interioridad física, emocional y
mental; la capacidad para expresar esa
interioridad de manera respetuosa y con
palabras cada vez más finas y precisas; la
escucha atenta del otro, incluso, en medio
de la diferencia; y, finalmente, la empatía.

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    2 Principios C onstruir una orientación metodológicapara la creación artística colectiva multi, inter y transdisciplinar en relación con la atención psicosocial, supone un tránsito por diferentes estadios que van desde lo conceptual hasta lo práctico. Este tránsito exige una postura ética orientada a fundamentar y dar sentido a los planes de estudio que se diseñan e implementan, a la práctica pedagógica y sus alcances, a la apropiación de saberes y conocimientos y a la transformación y actualización de las maneras de recoger, reflexionar y compartir las experiencias pedagógicas. Los fundamentos o principios comunes a estas experiencias de creación complejas permiten su movilización, articulación y engrane con el proceso metodológico. Es así como, los principios de diversidad y diálogo de saberes; libertad, participación y confianza; equivocarse está bien; el arte como experiencia; y lo colectivo y comunitario son el punto de partida de esta propuesta y están presentes a lo largo de la misma. Además, los principios en cuestión intervienen de manera simultánea y abren la puerta para que la maestra y el maestro exploren, modifiquen, apliquen, descubran y mejoren sus prácticas docentes de creación artística.
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    3 Principios Diversidad y diálogo de L adiversidad étnica y cultural es constitucionalmente reconocida y protegida por el estado colombiano. El principio de diversidad afecta la forma en que son comprendidas y descritas las metodologías y los proyectos, pues este principio vela por el reconocimiento de la diversidad como atributo de los contextos humanos en múltiples dimensiones (personal, contextual, cultural) y abarca a todos los seres humanos y grupos sociales con particularidades identitarias marcadas por su etnia (afrodescendientes, campesinos, gitanos, raizales, palenqueros, indígenas); su género y orientación sexual (LGBTQI+); su ciclo vital (infancia, juventud, adultez, vejez); las condiciones de su desarrollo (discapacidad), entre muchas más, como nacionalidad o religión. El principio de diversidad también se entiende en el plano de lo personal cuando Saberes comprende las formas particulares en que cada individuo construye su identidad desde las relaciones que establece con su entorno, a partir de sus apropiaciones, capacidades y recursos. Además, involucra los gustos y preferencias de la singularidad; sus ritmos y estilos de aprendizaje y las formas de asumir su corporalidad y de vivir sus emociones, sentimientos y pensamientos. El diálogo de saberes desde la diversidad cultural de los territorios permite entender la riqueza que posee Colombia; en este sentido, los saberes son diversos, tienen una estrecha relación con el territorio y van desde los conocimientos empíricos que se desarrollan en la percepción hasta la relación con otros territorios y otras personas. Al colocar estos saberes en diálogo, se resaltan tanto las diferencias como los puntos de encuentro. Así, en la creación artística colectiva, en el proceso
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    4 Principios 1. El conceptode “Saberes Fuerza” utilizado en este documento procede del libro de Orientaciones Metodológicas para la Creación Artística Colectiva Multi, Inter y Transdisciplinar, publicado en el año 2021 por el Ministerio de Cultura en el marco del Eje de Acción de Formación del Programa Expedición Sensorial. Respeto significa, en cambio, tomar en serio el pensamiento del otro: discutir, debatir con él sin agredirlo, sin violentarlo, sin ofenderlo, sin intimidarlo, sin desacreditar su punto de vista, sin aprovechar los errores que cometa o los malos ejemplos que presente, tratando de saber qué grado de verdad tiene; pero al mismo tiempo significa defender el pensamiento propio sin caer en el pequeño pacto de respeto de nuestras diferencias. Muy a menudo creemos que discutir no es respeto; muy por el contrario, el verdadero respeto exige que nuestro punto de vista, sea equivocado total o parcialmente, sea puesto en relación con el punto de vista del otro a través de la discusión. (Zuleta, 2006, p. 79) de artear, las diferencias se convierten en riquezas que permiten apropiar, comprender y compartir saberes a través de esa juntanza. Ahora bien, lo colectivo no puede existir sin un diálogo sobre lo que el ser humano es y sabe, sin esos saberes fuerza1 . Por lo cual, es fundamental escuchar para, a través de una expedición sensorial, explorar, descubrir, dejar surgir las emociones, reconocer las perspectivas del otro y evaluarse. Por medio de este diálogo es posible entender mejor a Colombia desde los territorios, ya que, al reconocerse en el otro, al aportar desde las culturas y diversidades, se pone de manifiesto que la riqueza son los saberes fuerza y los secretos que a través del diálogo pasan de una generación a otra. Para propiciar este dialogo, es fundamental el respeto. De acuerdo con Estanislao Zuleta:
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    5 Principios Los saberes quese comparten son de carácter empírico, territorial o científico. Se alimentan en el compartir, en la juntanza, en la siembra, en los diálogos intergeneracionales, es decir, se activan en colectividad. Por ejemplo, en las comunidades indígenas o negras se evidencia que los adultos mayores poseen, por su experiencia de vida, un gran baúl de saberes fuerza. Por lo tanto, tienen un amplio conocimiento sobre el territorio y la vida, son personas que han logrado equilibrar la mente, el cuerpo y las energías, un equilibrio en la relación hombre-naturaleza que comparten con los adultos, niñas y niños de la comunidad para ayudarles a comprender mejor sus inquietudes. Otro ejemplo es el de las parteras que, por excelencia, comparten con las mujeres del pacífico colombiano saberes fuerza y apoyo emocional para afrontar y acompañar el crecimiento de la vida; comparten saberes que son prácticas ancestrales adquiridas por cada comunidad. Estimada maestra y maestro, en la creación artística colectiva, el diálogo de saberes permite destacar y reconocer el potencial que tienen los jóvenes y orientarlos a canalizar sus energías y su creatividad en productos que involucren la transformación de su territorio. Así, se fortalece el desarrollo de una nueva mirada analítica y crítica que permite que los saberes fluyan, construyan y aporten a las comunidades desde la exploración sensorial. Finalmente, es fundamental alimentar y reconocer los saberes fuerza. Para cumplir tal objetivo, se debe aprender a escuchar para conocer, identificar, contemplar o incluir a través de otros ojos algo en lo que no se había reparado. Lo anterior, a través de, por ejemplo, las siguientes preguntas: ¿cómo es un día de un joven indígena y un joven afro?, ¿cuáles son sus semejanzas, sus sueños?, ¿qué tan importante es su relación con el territorio?, ¿cuál es su visión de las y los adultos mayores en los territorios?, ¿son las sabias y los sabios? Precisamente, el diálogo de saberes busca encontrarse desde la realidad multiétnica y pluricultural, es la combinación de saberes que permite entender la realidad de la diversidad.
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    6 Principios Libertad, “Todas las personasnacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica”. (Const., 1991, art.13) “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación”. (Const., 1991, art.20) La presente propuesta toma como eje principal la creación artística, entendida como proceso y como producto, reparando en las experiencias que permiten el tejido de la individualidad en libertad de participación. Esta apuesta por la libertad se inspira en los derechos fundamentales de la constitución: participación y confianza
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    7 Principios El facilitador delos procesos de creación artística y atención psicosocial comunitaria debe velar por la garantía de estos derechos de libertad de cada participante. Se espera que las diversas experiencias den voz a cada individuo de la comunidad constituida o en proceso de consolidación. Para ello, es fundamental generar ambientes de confianza en los que la participación en libertad sea posible. Uno de los miedos del ser humano es el de ser excluido, esto le lleva a retraerse y a evitar participar en algunos espacios, o a usar una máscara para no ser vulnerado, impidiendo así su real exposición. Sin embargo, para crear, especialmente de manera colectiva, uno de los principios más importantes es la apertura de sí mismo, la entera disposición a entrar en un juego, el juego de la creación, que implica desplegar el ser con total libertad: cuerpos, voz, gestos, historia de vida, gustos, saberes, talentos, sensibilidades, pensamientos, son todos de vital importancia a la hora de aportar en el juego. Por esta razón, es necesario fomentar siempre, en aquellos espacios donde se desarrollan los procesos de creación, un ambiente de confianza y cuidado entre los participantes. El ambiente en cuestión se crea insistiendo en el respeto que merecen todas y todos, pero, principalmente, resaltando el valor que tienen las singularidades de cada persona. La vida ha sido creada a partir de la diversidad; los campos, los bosques, las selvas y, en general, cualquier territorio en el planeta es más saludable en cuanto posee más biodiversidad. De igual manera, la diversidad humana es una riqueza que nutre cualquier ambiente: en la medida en que cada persona aporte libremente desde su propia mirada, su intuición, su carácter y su experiencia de vida, el ecosistema creativo se irá volviendo más nutritivo y valioso. Otra manera de fomentar la confianza dentro del grupo es alentando a las y los participantes al diálogo, es decir, creando espacios en donde tengan oportunidad de conocerse e intercambiar ideas y anécdotas de vida. Por lo general, aquello a lo que más le teme el ser humano es a lo desconocido (lugares que nunca ha visitado, fenómenos que no comprende, personas que le parecen lejanas o extrañas, etc.), pero una vez entra en contacto con ello y a medida que lo va conociendo mejor, ese temor inicial desaparece progresivamente. Por esta razón, el palabrear, o intercambio de palabras entre las y los participantes, es muy importante; esta es, ante todo, una práctica que genera cercanía y, al haber cercanía, la confianza crece. El palabrear contribuye a tejer vínculos y nuevos conocimientos.
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    8 Principios Equivocarse está bien oel En relación con el principio anterior, se puede afirmar que, algunas veces, cuando al ser humano se le invita a participar en un evento, puede sentirse otro tipo de miedo, esta vez asociado al error, es decir, a la posibilidad de equivocarse. Este temor nuevamente le cohíbe, de manera que prefiere no arriesgarse a exponer sus ideas o su propia presencia. Antes de continuar, es importante plantearse las siguientes preguntas: ¿por qué produce miedo el error?, ¿por qué paraliza?, ¿por qué los estudiantes, por ejemplo, quieren agradar al maestro al “no”? Es posible que la respuesta a estas preguntas se origine en la presión que impone la necesidad de tener siempre éxito, dicha presión puede venir del entorno social y estar relacionada con un conjunto de fuerzas económicas y políticas que le exigen al ser humano competir y ser tan productivo y eficiente como sea posible. Sin embargo, para la forma de creación que aquí se propone, donde la experiencia del artear es prioridad por encima de cualquier producto o resultado, se plantea la siguiente afirmación: Equivocarse está bien, ¡sí, está bien! Este es el punto de partida para vencer los miedos, las tensiones y las preocupaciones. Aquí se entiende el error como parte del proceso de reflexión, análisis y aprendizaje; también, como uno de los principales motores para el hallazgo de lo nuevo. Por ejemplo, varios descubrimientos científicos se han hecho por accidente y algunas invenciones de la industria son resultado de equivocaciones durante el proceso inicial. El error, o lo que inicialmente se considera como “error”, se puede reconstruir y transformar desde dos miradas: una del err valor r
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    introspectiva y otracolectiva. En la primera, se formulan preguntas como ¿cuál es la diferencia entre el resultado que se esperaba y lo que realmente sucedió?, ¿en qué punto ocurrió el desvío?, ¿qué se debería repetir y qué no?, ¿cómo fue mi reacción ante la “equivocación”?, ¿cómo me siento después de lo ocurrido? Al responder tales interrogantes, se promueve un crecimiento personal. Por su parte, la segunda mirada se constituye a través de las observaciones y las retroalimentaciones de los otros, quienes, gracias a su perspectiva, pueden aportar ideas para saber cómo continuar; qué cosas aprovechar del error o de la supuesta “equivocación” y qué cosas hacer de manera diferente. En otras palabras, el equilibrio de estas dos miradas permite crecer, despertar, reconocerse y encontrarse; es un proceso de ensayoerrorensayo que va trazando un camino donde se pueden identificar y sortear obstáculos desde el propio aprendizaje. Otra de las virtudes de atravesar sin temor, o a pesar de él, la experiencia del error es que se pueden quitar las barreras autoimpuestas y, así, ser más libres: al perder el miedo a equivocarse, el ser humano se vuelve explorador, capaz de realizar una expedición sensorial para encontrarse a sí mismo, para confrontar las pieles reales debajo de las máscaras, para dialogar de manera franca con los demás y para permitirse jugar y experimentar. Es en ese momento cuando nace la creatividad, no solo en la práctica artística, sino en la vida cotidiana, pues se descubren formas de transformar lo que a simple vista parece un impedimento y, así, se crece, se avanza. Errar es útil cuando lleva a reflexionar.
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    10 Principios Arte como experiencia: El artees una experiencia que va más allá de un producto y que puede ser vivenciado como un ritual social. Para apoyar esta perspectiva, vale la pena resaltar el concepto de musicar del investigador y músico australiano Christopher Small. Él “inventa” dicho verbo (musicar) para poner de manifiesto que la música es acción (experiencia) y no solo un producto sonoromusical estático. La música no es la partitura ni tampoco la “versión ideal” de una pieza musical: “musicar es participar, en cualquier capacidad, en una interpretación musical, ya sea tocando, escuchando, ensayando o practicando, proporcionando material para la interpretación (lo que se llama composición) o bailando”. (Small, 1998, p. 9). Así, hacer música es, en sí mismo, un ritual social que pone en juego las relaciones que se establecen en ese momento con el sonido, las personas y el territorio. La música se hace y se disfruta, no solo se estudia o se domina. Como el niño pequeño, el artista busca el placer natural y la compañía de su ser musical (Custodero, 2009), va —sólo o con otros— tras el disfrute estético a través del acto de musicar. En este punto, se hace necesario comentar qué se entiende acá por experiencia estética. El valor del arte no se limita a definir qué tan “bello” o “feo” es el objeto artístico, pues la belleza en el arte es una construcción social que puede variar bastante de una comunidad a otra, e incluso entre personas de un mismo grupo. El valor del arte, desde esta perspectiva, tiene que ver, sobre todo, con la cualidad de la experiencia estética y la sensibilidad que está allí en juego. Estética encuentra su raíz en la palabra estesis entendida como “[…] la receptividad, lo abierto al entorno, lo sentiente o sensorial a cualquier escala” (Mandoki, 2013, p. 16). Así, la experiencia estética puede acontecer también por fuera del campo artear como ritual social
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    11 Principios del arte, porejemplo, en la vida cotidiana cuando se contempla con asombro un atardecer o se experimenta el placer que produce morder un trozo de pan caliente recién salido del horno. Por otra parte, es importante que los facilitadores de los procesos de creación artística y atención psicosocial comunitaria estén abiertos a aceptar que en los talleres de creación pueden surgir diversas estéticas o “tipos de arte”, ya sean los que traen los participantes (sus gustos musicales, cinematográficos, literarios, entre otros) o los que emergen de las experiencias mismas de creación de los grupos durante los talleres a través de los procesos de exploración, negociación y consenso. Ahora bien, en este documento se toma el verbo “musicar”, comentado antes, para extenderlo al campo general de las artes, así: artear. De esta manera, se resalta que lo que está en juego en el arte ocurre en el momento mismo en que se hace arte (e.g. cuando cantamos o bailamos) y cuando se consume arte (e.g. cuando vemos una película o miramos una pintura). El arte no se agota, entonces, en los productos: más allá de qué tan “perfecto” es el producto artístico, lo fundamental es la calidad y la autenticidad de la experiencia y del proceso mismo de creación. A continuación, se caracteriza el concepto de artear con base en lo postulados de Small (1998) y a propósito de la reflexión sobre el arte como experiencia colectiva. En el centro de la experiencia del artear implica el tránsito por tres momentos o dimensiones que se ponen en movimiento en el proceso creativo: 1. Exploración de las relaciones: del sujeto con el sonido, el color, el cuerpo, la palabra. Del sujeto con el otro y del sujeto con su territorio. 2. Afirmación colectiva de las relaciones: que potencian la identidad, entendida ésta como el sentimiento de pertenencia a un grupo o territorio, lo que da sentido a mi experiencia, mi memoria. Un ejemplo de ello es cuando los creadores dicen “así sonamos nosotros, así nos movemos nosotros, esto es lo que somos”. 3. Experiencia estética: que con frecuencia implica un disfrute colectivo en torno a la creación artística que puede darse durante el proceso mismo de la creación o al momento de socializar el resultado, como ejecutante o como parte del público.
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    12 Principios El ser humanocrea arte, o artea, “con el mayor cuidado y amor”’; para ello, usa los medios técnicos, intelectuales y humanos de los que dispone en el momento de la creación y desde ellos aporta al ritual de sembrar y cosechar en colectividad. Como frutos fértiles, germinan productos creativos que son auténticos y verdaderos en cuanto expresan con honestidad los mundos internos de las personas: memorias, ideas, anhelos, sueños, miedos, heridas, sonidos, imágenes, palabras que se convierten en música, escultura, movimiento, performance. Y, en el camino, de repente, llega la visita del disfrute colectivo, una vivencia que es anhelada en la creación pero que no puede ser manipulada ni controlada. El rol de los que se desempeñan como maestras, maestros o, en general, acompañantes y facilitadores es tratar de cuidar las condiciones para que esta experiencia artística sea posible, favoreciendo un ambiente de confianza, enfatizando los talentos y potencias de las personas, seduciendo hacia nuevos referentes artísticos, brindando herramientas adecuadas para la expresión y propiciando diálogos constructivos y espacios de palabrear que permitan cosechar las semillas que son plantadas como colectividad en el proceso de artear juntos. Así las cosas, la experiencia de artear está basada en la expresión y validación del potencial sensible y creativo de cada participante; mantiene la mirada en las posibilidades individuales y colectivas. Al mismo tiempo, la creación se convierte naturalmente en una experiencia colectiva potente que favorece la autorregulación del grupo cuando, por ejemplo, en una improvisación los participantes deben escucharse y observarse para entrar en el momento justo, respetando el ritmo y la intención expresiva del grupo. En otro sentido, la experiencia de artear es, también, un espacio que permite el surgimiento de nuevos mundos posibles que irrumpen en la cotidianidad y abren brechas para experimentar de manera colectiva, como en un trance, formas nuevas de conciencia en donde los participantes sienten que hacen parte de algo más grande que ellos mismos. Con frecuencia, esta experiencia se asocia a estados de plenitud que difícilmente se encuentran en otros ámbitos de la vida. Experiencias en las que se recrea y se alimenta el vínculo entre los participantes mediante el encuentro con el otro a través de lo que cada cual comunica, expresa y recibe desde la exploración, el juego, la improvisación y la creación. Finalmente, en estos espacios también es posible construir conocimiento cuando se transita de la experiencia sensible a la reflexión consciente sobre esta.
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    13 Principios Definir colectividad planteaun primer reto, a saber, diferenciar las palabras colectividad o arte en colectividad de, colectivo o arte en colectivo. Pues bien, colectividad tiene su raíz en colectivo y esta, a su vez, en colectar, colligere en latín, que significa recoger, elegir y leer conjuntamente. Entonces, se puede afirmar que lo colectivo deriva de la acción que hace un grupo de personas al recoger, leer y elegir juntas. Para hablar en imágenes, se podría poner el ejemplo de la cosecha, donde sembradoras y sembradores se reúnen para recoger los alimentos que ha producido su terreno de cultivo. Una vez recogidos estos alimentos, el grupo debe observar y poner en consideración todo lo que tienen para valorar y decidir qué pueden y qué quieren hacer con dichos frutos. En este caso, lo colectivo emerge gracias a las tres acciones conjuntas: cosechar los alimentos, valorarlos, y escoger cómo prepararlos, cómo almacenarlos, cómo distribuirlos, etcétera. La colectividad, etimológicamente hablando, no señala la diversidad de quienes integran el grupo, aunque sus particularidades existan y sean apreciadas y respetadas, sino que resalta aquello que es común y compartido por todas las personas que lo integran. En el ejemplo señalado anteriormente, lo común sería el terreno de cultivo compartido, la fuerza de trabajo para cosechar los alimentos, la participación de todo el grupo a la hora de tomar decisiones, y el hecho mismo de poder alimentarse gracias a estas labores conjuntas. En esa medida, lo colectivo apunta también a un beneficio grupal. Así como el trabajo de la tierra para sembrar, cultivar y cosechar todos los alimentos necesarios puede ser difícil para C lectividad oy comunidad
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    14 Principios un solo individuo,la práctica del arte en solitario puede ser significativamente más ardua y, sobre todo, menos potente en lo que tiene que ver con el beneficio grupal. El beneficio en cuestión, en el caso de la creación artística colectiva, se da tanto en el resultado final (la obra y su circulación en festivales, ferias, conciertos, exposiciones, entre otros) como en todas las acciones o momentos del proceso creativo (recoger los saberes, talentos y fuerzas poéticas que se van expresando durante el desarrollo de dicho proceso; leer, observar y valorar estos mismos saberes fuerza que se expresan y elegir o decidir conjuntamente, las formas y medios necesarios para el mejor aprovechamiento de estos elementos, a la hora de construir una obra). De acuerdo con lo anterior, el beneficio grupal de crear colectivamente tiene que ver con la experiencia misma de estar arteando, de abrir un espacio donde las personas puedan conocerse, reconocerse e incluso transformarse a través del intercambio de esos saberes fuerza, y tiene que ver, también, con la experiencia de ser testigos de la magia y la riqueza de la creación como facultad humana. Los saberes fuerza se refieren a la idea de experiencia individual, señalando o proponiendo que los talentos o sensibilidades que los seres humanos piensan y sienten como propios son más bien “rayos de luz” o “irradiaciones” que les llegan de otra parte, de sus ancestras y ancestros, de sus maestras y maestros, de las montañas, de los ríos y de los otros elementos que forman el paisaje que habitan. Todos esos elementos toman cuerpo cada uno para expresarse, son saberes que vienen del territorio y muchas veces de la herencia ancestral. Si bien las obras que surgen de estos procesos de creación son importantes como evidencia, manifiesto, declaración y huella de los pensamientos, aportes y prácticas del colectivo, lo artístico se da, verdaderamente, en el convivio, es decir, en los días y las horas que los integrantes del grupo pasan juntos en el ejercicio de la creación, jugando, experimentando, problematizando, discutiendo, reflexionando, dialogando, haciendo. Pertinencia y potencia de la práctica artística colectiva La práctica colectiva es pertinente por varios motivos. Primero, porque favorece el aprendizaje entre pares, es decir, la enseñanza explícita de una o más personas a un compañero. Por ejemplo, cuando un joven “le muestra” a otro cómo tocar un acorde en la guitarra o cómo conseguir un determinado tono al mezclar dos colores. Segundo, favorece el aprendizaje en grupo que se produce como resultado de la interacción entre pares, pero en ausencia de una intención explícita (Green, L., 2012, p. 76-83). Son los aprendizajes que ocurren, por ejemplo, cuando un grupo está improvisando movimientos con el cuerpo y, mientras tanto, los participantes se observan y van recogiendo, incorporando e intercambiando un universo valioso de saberes invisibles o tácitos con relación al uso del cuerpo y la expresión. Para el Ministerio de Cultura de Colombia
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    15 Principios La práctica colectivapermite que cada persona, estando inmersa en el grupo observando a los demás, pueda al mismo tiempo, observarse y regularse, mientras se siente apoyada y con retroalimentación inmediata por parte de sus pares. (Lineamientos de iniciación musical [LIM], 2015, p. 75). De este modo, todo el aprendizaje está conectado entre sí, ya que la práctica colectiva es un escenario integrado donde el arte, el maestro, los estudiantes, el espacio y todas las relaciones que se tejen, se convierten en la fuente primera de conocimiento y aprendizaje. (LIM, 2015, p. 76). De manera que los espacios para artear se pueden entender como un cuerpo vivo, en donde cada parte está relacionada, es un sistema. Así, se recomienda atender y cuidar las relaciones de las personas consigo mismas, con el otro y con los medios artísticos, pues el cambio de uno de sus componentes implica un cambio en todo el sistema (Capra, 2012). Resulta importante, en este sentido, mostrar a los participantes la interrelación en cuestión para invitarlos a valorar y ser conscientes de su responsabilidad como parte del grupo que, como sistema vivo, artea colectivamente. En concordancia con lo anterior, el espacio colectivo favorece la participación de las diversas voces en el palabrear, ya que abre espacios para que los aportes de los estudiantes o asistentes sean escuchados y respetados. vale la pena resaltar, de manera especial, el poder de la escucha. Para escuchar es necesaria una disposición especial, no se trata solamente de oír a las otras y los otros; más bien, de lo que se trata es de crear un estado de amplitud, como si cada poro de la piel se ensanchara en nuestro cuerpo para sentir lo que la otra y el otro dice y, así, comprenderles profundamente. Para lograr ese ensanchamiento del cuerpo, es necesario desarrollar una forma de paciencia que asiente las preocupaciones propias, pero, al mismo tiempo, una forma de deseo que permite habitar las distintas ideas e inquietudes de aquellas y aquellos a quienes se escucha. En este sentido, las voces diversas aportan a la siembra con un carácter colaborativo. Para ello, se hace preciso generar espacios que permitan un trabajo reflexivo sobre el cuerpo, los pensamientos y las emociones, invitando a las personas a tomar conciencia de lo que sienten o perciben con su cuerpo; a documentarlo (en bitácoras, diarios, notas de audio, etc.) y a compartirlo en círculos de palabra, grupos de discusión, entrevistas, entre otros. (Samper, 2019, p. 93-94). Esta toma de conciencia permite entrar en contacto con el mundo interior de las personas como un sustrato clave para la creación colectiva. La conciencia cada vez más fina de lo que las personas “tienen por dentro” alimenta el uso de los medios artísticos como formas de expresión de esos mundos personales cuando son puestos en común, palabreados y entretejidos. Lo anterior, mediante un ejercicio respetuoso y empático de diálogo de saberes que alimenta el acto creativo colectivo desde la diversidad propia del grupo. Por último, la experiencia de artear en colectividad implica el tejido de una comunidad de personas que en ese instante se juntan para crear. Para Etzioni
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    16 Principios (1999), un grupotiene dos características mínimas para ser considerado una comunidad: primero, es un espacio en donde acontecen relaciones afectivas y, segundo, implica el compartir de valores, normas, significados, una historia e identidad común. Cuidar la salud de esta comunidad implica poner atención a la forma en que se tejen los vínculos al interior del grupo, favoreciendo la toma de conciencia de cada miembro, de su propia interioridad física, emocional y mental; la capacidad para expresar esa interioridad de manera respetuosa y con palabras cada vez más finas y precisas; la escucha atenta del otro, incluso, en medio de la diferencia; y, finalmente, la empatía.