Desde el siglo II a.C., las escuelas filosóficas desarrollaron un eclecticismo que integraba diversas doctrinas, destacando el platonismo medio y el neopitagorismo. Plotino, como figura central del neoplatonismo, propuso la existencia de un primer principio absoluto y trascendente, el Uno, del cual emergen el espíritu y el alma, fundamentando una filosofía que combina teología y el deseo de unión mística con lo divino. Su pensamiento influyó en la dirección religiosa de la filosofía, buscando la salvación a través de la liberación de lo sensible y la práctica de virtudes que acercan al ser humano al Uno.