El vidrio se descubrió accidentalmente por mercaderes fenicios que preparaban comida sobre piedras de natrón, las cuales se fundieron con la arena produciendo un material brillante y transparente. El vidrio se produce calentando una mezcla de arena y óxidos metálicos a más de 1000°C, lo que lo hace inerte, higiénico y capaz de envasar productos sin alterarlos. Aunque caro y pesado, el vidrio es un fluido denso con propiedades que lo hacen muy útil desde la antigüedad.