El documento discute la importancia de la identidad para las mujeres cristianas. Señala que desde la creación, Dios estableció el valor de cada persona hecha a su imagen. Las mujeres cristianas colocan su identidad en Dios y se ven a sí mismas como mujeres salvadas por Cristo y colaboradoras en su reino. También destaca la necesidad de ser tratadas como sujetos y no como objetos, y de poder participar en la formación de su propio futuro dentro de una comunidad de apoyo.