El documento explora la relación entre la viralidad y la educación, enfatizando la capacidad de las redes sociales para crear comunidades globales y fomentar la pertenencia. Destaca la importancia de establecer objetivos claros y estrategias efectivas para comunicarse en el entorno digital, así como la necesidad de adaptarse a los lenguajes contemporáneos para conectar con las audiencias. Finalmente, se resalta el papel de la iglesia en este contexto y la responsabilidad de utilizar las herramientas digitales para difundir mensajes positivos.