Las escuelas católicas promueven la inclusión social al educar a una población diversa con ingresos bajos y familias inmigrantes o monoparentales (1). Sin embargo, lograr la inclusión completa requiere recursos y esfuerzos contra la indiferencia y la exclusión, incluyendo planes de apoyo a familias y colaboración con organizaciones no religiosas (2). Los próximos pasos incluyen hacer las escuelas más interculturales, atender mejor las necesidades individuales y construir comunidades educativas inclusivas (