El documento reflexiona sobre la misión del arquitecto en un mundo en constante cambio, donde debe responder a las necesidades culturales y humanas a través del diseño arquitectónico. Se destaca la importancia de un método estructurado en el proceso de diseño, que garantice resultados estéticos y funcionales. Además, se aborda la relación entre la ética, la moral y la estética en la práctica arquitectónica, sugiriendo que la belleza y la verdad son componentes esenciales en su labor.