El estudio analiza la narrativa bíblica sobre el profeta Elías, argumentando que no fue llevado al cielo, como comúnmente se interpreta, sino a un lugar específico en la tierra. Se presentan ejemplos del Antiguo y Nuevo Testamento donde Dios transporta a sus profetas, subrayando que estos eventos eran comunes y relacionados con la persecución de los profetas. La conclusión es que el cielo, entendido como la morada de Dios, está reservado para lo divino, mientras que los profetas continuaron sus misiones en la tierra.