Los Ejercicios Espirituales están pensados para hacerse en retiro alejado de las distracciones cotidianas. Sin embargo, San Ignacio de Loyola comprendió que mucha gente ocupada no podía aislarse, por lo que propuso hacer los Ejercicios en la vida diaria. Esto implica integrar la vida cotidiana a la oración llevando lo que se vive y experimenta cada día a la reflexión para discernir la presencia de Dios.