La libertad es un elemento esencial del ser humano que permite tanto la grandeza como la degradación, y su ejercicio está intrínsecamente relacionado con la realización personal. La ética filosófica considera que la libertad es inherente al hombre, aunque también está condicionada por factores como la historia y la sociedad. El poder, que puede ser ejercido de diversas formas, se define como la capacidad de influir en otros, y se manifiesta a través de distintas bases como la legitimidad, la referencia, la experticia, la recompensa y la coacción.