Hidroterapia

                                                                       Por Carlos Orellana D
                                                     MPH(c) Master in Public Health/Nutrition

       La Hidroterapia es la utilización del agua como agente terapéutico, en cualquier
forma, estado o temperatura ya que es la consecuencia del uso de agentes físicos como la
temperatura y la presión. El término procede del griego Hydro (ύδρο-,agua, griego antiguo
ὕδωρ, hýdor) y Therapia (θεραπία, curación).




          Fuente: http://www.tulesion.com/tratamiento-tipo_nutricion-hidroterapia-relAsociado_44.3php

      Se define como el arte y la ciencia de la prevención y del tratamiento de
enfermedades y lesiones por medio del agua.

     Las propiedades terapéuticas del agua nos permiten sentar la base en el tratamiento de
las alteraciones de los pacientes. Éstas son:

   la dinámica, a través de grifos a presión se incrementa la presión se incrementa también
    en el organismo el retorno venoso y ejercemos un efecto relajante sobre el paciente
   mecánica, a través de masajes se incrementa la temperatura del cuerpo
   química, por medio de la adición en el agua de otros componentes.
    Los tratamientos de hidroterapia se pueden aplicar a través de:

   Baños. Los baños pueden ser totales o parciales y la temperatura de los mismos varía
    según el tipo de aplicación que se quiera dar. Se distinguen las siguientes técnicas.
       Baños simples: se realizan en la bañera o tanque y tienen como finalidad la
        relajación del paciente. Pueden ser fríos o calientes.
   Baños parciales: se aplican sobre una parte concreta del cuerpo.
       Baños de vapor: se utiliza vapor a gran temperatura que se proyecta sobre la zona a
        tratar tapándose posteriormente con una toalla.
       Baños de contraste: se aplica agua a diferentes temperaturas de forma alternativa.
       Baños de remolino: su efecto radica en la presión que ejerce el agua sobre la parte
        del cuerpo afectada.
       Baños galvánicos: se utiliza agua combinada con electricidad.
       Hidromasaje termal: se trata de un baño con agua azufrada que activa la
        circulación sanguínea.
       Duchas. Su efecto se produce por la presión que ejerce el agua fragmentada al salir
        de la ducha. Existen diferentes tipos de aplicaciones a través de duchas
        dependiendo de la presión y el tipo de emisión realizada.
       Chorros. La aplicación se basa en la emisión de agua a alta presión a través de un
        solo agujero lo que permite concentrar la acción sobre un punto determinado. Los
        chorros se proyectan a diferentes presiones y temperaturas.
       Aditivos. La acción del agua puede complementarse mediante la adición de
        sustancias en el baño.
       Lavados. Se realizan pasando un paño húmedo sobre la piel.
       Compresas. Son un tipo de envolturas a las que se adicionan hierbas.
       Abluciones. El agua es derramada directamente sobre el cuerpo.
    Los centros especializados en el mundo de la hidroterapia son:

   Balneario: lugar habilitado para el tratamiento de afecciones en cuya base se asienta
    este tratamiento a través de aguas termales mineromedicinales, estando siempre situado
    en el lugar de emanación del manantial.
   Spa: siglas de “salutem per aquam” o “salud a través del agua”;3 son lugares
    habilitados para el tratamiento de afecciones con aguas que no mineromedicinal ni
    termal. No obstante pueden añadirse otros componentes que mejoren el tratamiento
    estético o de relajación.
   Centros de talasoterapia: variante de la hidroterapia que basa sus aplicaciones
    terapéuticas en el agua marina y sus componentes (algas, arena y otros).


Historia de la Hidroterapia
        El uso del agua fría, como medio higiénico y curativo, no es nuevo pues es grande
el valor que todas las naciones le han dado en diversas épocas; así es que, recorriendo las
costumbres de los antiguos, veremos que los espartanos bañaban a sus hijos de recién
nacidos en agua fría y era tanto el aprecio que hacían de dicho medio, que con el objeto do
dar tono y vigor al cuerpo se bañaban en todas las estaciones del frío en el Eurotas. Píndaro
dice en una de sus odas olímpicas que la mejor cosa es el agua y después, el oro.
Pitágoras recomendaba mucho a sus discípulos el uso de los baños fríos para
fortificar el cuerpo y el talento. El anciano de Coos, el gran Hipócrates o sea el padre de la
medicina, que añadió las frotaciones en el baño frío, estaba acostumbrado a usar del
referido agente en la curación de las enfermedades más graves y fue el primero que con su
genio profundo y observador notó que el uso del agua caliente enfriaba, mientras la fría
calentaba. Losmacedonios creían que el agua caliente era muy enervante y así es que
prescribían a sus mujeres se lavasen con agua fría después de paridas.
       El célebre poeta Virgilio llama a los antiguos habitantes de Italia raza de hombres
endurecidos y austeros, que sumergen a sus criaturas acabadas de nacer en los ríos y los
acostumbran al agua fría lo que nos indica cuáles eran las costumbres de aquel pueblo.
Celso, llamado el Cicerón de los médicos, usaba el agua para curar el dolor de cabeza y
estómago. Galeno en el siglo II recomendaba los baños fríos, tanto a los que gozaban de
salud como a los que estaban padeciendo ataques febriles.
        Carlomagno, sabedor de la salubridad de los mismos baños animaba a todos los de
su imperio al uso de ellos e introdujo en la corte por vía de diversión la costumbre de
nadar. Michelle Savonarola, médico italiano en 1462 recomendaba el agua pura
la oftalmía y las hemorragias por creerla uno de los remedios más eficaces.
         Vander Heyden, doctor de Ghent, manifiesta que en 1624 curó a muchos centenares
de personas atacadas de disentería, cuya enfermedad era entonces epidémica y para lo cual
tan solo usó el agua fría. Short, doctor inglés, refiere en 1650 que había curado con agua
fría la hidropesía y las mordeduras de perros rabiosos.
        El doctor Floyer, en 1702, publicó una obra muy buena, titulada Psychrlousie
(Instrucciones sobre el uso de los baños fríos), habiéndose hecho desde aquel período hasta
el año 1722 seis ediciones. El doctor Hancoek, en 1722, dio al público un tratado antifebril
sobre el uso del agua fría de la que se hicieron en solo un año siete ediciones. Curri publicó
en 1707 una honra sobre la eficacia del agua, la cual puede considerarse como la base
científica de la Hidropatía. Tissot, en sus Consejos al pueblo, publicados en París en 1770,
demues la importancia del agua fría.
       Hahn, que nació en Silesia en 1714, escribió acerca de las curas con el agua una
excelente obra que se reimprimió. Samuel Hahnemann, padre de la Homeopatía, en una
obra impresa en Leipsic en 1784, recomienda el agua fría, sin la cual dice que las úlceras
muy atrasadas no se pueden curar y agrega que si existe algún remedio, es el agua.
       Similares tratamientos utilizaba el célebre cura Sebastian Kneipp, párroco
de Wörishofen (Baviera)      el     cual     se       proponía resolver las     sustancias
morbosas, eliminarlas del cuerpo humano y fortalecer el organismo por medio de las
efusiones de agua fría añadiendo a veces vegetales, sobre todo, flores de heno, de cola de
caballo y de paja de avena.
        La hidroterapia moderna de Sebastian Kneipp (1821 -1897) propone tratamiento
natural para enfermos y sanos. Sus métodos, conocidos aún hoy como la "cura de Kneipp",
incluyen no sólo baños parciales y completos de agua fría principalmente, sino también
chorros de agua, ejercicios físicos, el uso de hierbas medicinales y una dieta saludable.
Tratamientos
Andar sobre hierba húmeda

   Fortificantes

   “Andar sobre la hierba húmeda es otro de los ejercicios fortificantes, ya se haya
humedecido aquella por el rocío, la lluvia o el riego.*(* Este paseo, con los pies descalzos,
es mucho más saludable que el que se hace sobre la tierra húmeda). En la tercera parte
tendremos ocasión de citar repetidas veces esta práctica, que no titubeo en recomendar a
toda clase de personas, sin distinción de edades, aún a los enfermos. Cuanto más húmeda
esté la hierba, más se prolongue el ejercicio y con más frecuencia se practique, serán
mejores los resultados. Por regla general debe durar de 1 a 3 cuartos de hora.

    Una vez terminado el paseo se separan de los pies todas las sustancias extrañas que se
les hayan adherido, como hierba ó arenita y, con la mayor prontitud posible, sin secarlos, se
cubren con calzado perfectamente seco. Acto continuo se emprende sobre terreno seco, un
paseo bastante rápido que se va moderando paulatinamente, y cuya duración depende de la
mayor ó menor prontitud con que se enjuguen y entren en calor los pies, pero que nunca
deberá exceder de una hora.

   Debe evitarse, con el mayor cuidado, que las medias y el calzado que se pongan
después de este ejercicio estén húmedos, pues de lo contrario pronto se dejarían sentir las
consecuencias en la cabeza y en el cuello, y el remedio sería contraproducente. He aquí por
qué no deben dejarse nunca esas prendas sobre la hierba húmeda, sino en lugar seco, para
que, con su ayuda, los pies entren pronto en reacción y recobren el calor perdido. Este,
como los demás ejercicios similares, puede practicarse aún cuando se tengan los pies fríos.

Andar sobre piedras mojadas

Fortificantes

       Análogos resultados produce el paseo sobre piedras húmedas, que para muchos es
más fácil y cómodo, ya que en la mayor parte de las casas hay algún espacio o habitación
con pavimento de piedra, suficiente para practicar este ejercicio. Se marchará sobre la
piedra húmeda, con los pies descalzos, a paso ligero y movido, a la manera que el pisador
de uvas en el lagar ó el mozo de tahona sobre la masa, teniendo sumo cuidado de no pararse
un momento. Las piedras pueden humedecerse con regadera o con un jarro, siempre con el
agua más fría que se tenga a mano, y debe repetirse la operación del riego cuantas veces sea
necesario para mantener uniforme la humedad, todo el tiempo que dure el paseo.

        Si éste se practica con un fin medicinal no debe durar más de 15 minutos ni menos
de 3, según las condiciones del paciente y el estado de sus fuerzas; por lo general, dura el
ejercicio de 3 a 5 minutos. Pero si se toma como fortificante, en buen estado de salud,
puede prolongarse media hora y más, sin peligro ninguno. Me creo en el caso de
recomendarle a todo aquel que tenga verdadero deseo de fortalecer su constitución física,
aunque haya llegado a un grado de debilidad extrema. Los que sufran de frialdad en los
pies, dolores en el cuello y sean propensos a los catarros y ataques apopléticos o fuertes
dolores de cabeza, deben combatir estos males con el expresado paseo, que será más eficaz
si se añade un poco de vinagre al agua con que se riega la piedra.

Andar por agua fría

Fortificantes

Paseo por el agua
   Paseo por el agua. Por sencillo que este ejercicio parezca, se obtienen con él los
siguientes resultados:

     1.º obrando sobre todo el cuerpo, fortalece el organismo
     2.° obra ventajosamente sobre los riñones y favorece, como revulsivo, la operación
      de la orina, por cuyo medio sirve de preservativo contra varias dolencias que tienen
      su raíz en los riñones, en la vejiga ó en el bajo vientre
     3.º ejerce una acción favorable sobre el pecho, facilita la respiración y expulsa los
      gases del estómago
     4.° combate los dolores y la pesadez de cabeza

   Este fortificante consiste en dar paseos por un baño o tina con el agua hasta los tobillos,
primeramente, pudiendo añadirse más paulatinamente hasta que cubra, por lo menos, las
pantorrillas. El resultado es tanto más eficaz cuanto más fría está el agua.

  El primer día el paseo será de 1 minuto solamente, pudiendo llegar hasta 6 minutos.
Después del paseo se hará ejercicio hasta que la parte bañada haya recobrado el calor
normal, al aire libre en verano y en una habitación caldeada durante el invierno. En esta
estación se puede refrescar más el agua con nieve. Tratándose de personas débiles se puede
empezar con agua quebrantada, que se irá enfriando en las prácticas sucesivas hasta usarla
completamente fría.

Bañar en agua fría los brazos y las piernas

Fortificantes

       Fortificantes de las extremidades, especialmente de los brazos y piernas. Como tal
puede emplearse el siguiente procedimiento. El paciente permanece de pié en el agua fría
hasta la rodilla o algo más arriba, durante un minuto. Después de calzarse descúbrase los
brazos hasta los hombros y los mete el mismo espacio de tiempo en el agua fresca. Pero es
más ventajoso practicar las dos operaciones simultáneamente, para lo que únicamente se
necesita una artesa o baño de mayor tamaño. Esta doble operación puede también
verificarse metiendo los pies en una vasija colocada en el suelo y las manos y brazos en
otra puesta sobre una silla.

        Esta práctica se recomienda, después de ciertas enfermedades, para llamar la
circulación de la sangre hacia las extremidades.
El baño de los brazos, por sí solo, obra ventajosamente en todos aquellos que son propensos
a sabañones y a tener las manos frías. Conviene secar las manos después de la inmersión a
fin de evitar que por la acción del aire frío se levanten ampollas, pero no se practicará esta
operación con los brazos.

        Para tomar el baño de brazos y manos precisa que todo el cuerpo tenga la
temperatura normal y no se sienta frío; sin embargo puede tomarse si el frío está localizado
en los pies o en los brazos hasta el codo solamente.

Baños de regadera locales

Fortificantes

        Citaremos, como último de los fortificantes, el riego de las rodillas. Los detalles
pueden verse en la descripción de los baños de regadera. Obra muy ventajosamente sobre
los pies, llamando la sangre a sus escuálidas venas.* (* A un caballero se le desarrolló en
los dedos da los pies una blanda masa en lugar de uñas. Los baños de regadera en las
piernas hicieron reaparecer las uñas, fortaleciendo aquella parte, mediante un reparto
proporcional de la sangre.)
Creo conveniente advertir que si se trata de personas en buena salud, que toman este
baño como fortificante, puede aplicarse bajo una forma algo más dura: bien sea dejando
caer la lluvia de mayor altura, refrescando el agua con nieve o hielo durante el invierno etc.

        Para tomar este baño precisa también que el cuerpo tenga la temperatura normal, si
bien pueden exceptuarse los pies hasta los tobillos. Por lo además, el baño de la rodilla no
puede tomarse más de 3 a 4 días consecutivos, a no aplicarse en unión o alternando con otra
de las prácticas hidroterápicas, como el riego de la parte superior del cuerpo o la inmersión
de los brazos, de tal modo que una se aplique por la mañana y por la tarde la otra.

       Como fortificantes bastan las prácticas descritas, que pueden aplicarse en todo
tiempo, lo mismo en invierno que en verano. Durante la estación fría debe abreviarse el
baño y alargarse un poco el ejercicio que le sigue. Pero los que no tengan costumbre da
practicar estas operaciones deben comenzarlas en una de las estaciones templadas, muy
particularmente aquellos que son propensos a resfriados, los anémicos y todos los que
hayan debilitado sus fuerzas con el excesivo abrigo y las precauciones exageradas para
precaverse de los rigores del frío. Hago esta recomendación, no porque tema ningún daño,
sino por no espantar a los tímidos y hacerles cobrar aversión a un sistema evidentemente
bueno.

        Tanto los sanos como los que tienen alguna dolencia pueden someterse a cualquiera
de las prácticas hidroterápicas descritas, siempre que se sujeten a las instrucciones dadas
para cada tratamiento, en la seguridad de que los malos resultados provienen siempre de
alguna imprudencia del paciente. Aun tratándose de tísicos en los que el mal ha hecho
algunos progresos, se aplican con resultado los procedimientos descritos en los puntos 1 -
 Andar descalzo, 2 - Andar sobre la hierba húmeda, 3 -Andar sobre piedras mojadas y 6 -
 Bañar en agua fría los brazos y las piernas.

        No todas las personas a quienes dedico mi pequeño trabajo necesitan estímulos para
fortalecer su organismo; su vocación y sus ocupaciones cotidianas, les proporcionan a
muchos innumerables ocasiones de robustecer sus fuerzas y, como vulgarmente se dice, de
curtirse. En realidad de verdad no tienen por qué envidiar a los que parecen encontrarse en
mejor situación que ellos. Hay en esto de la posición muchas y muy crasas ilusiones.

       Por lo que respecta a aquellos de mis lectores que ni de nombre, tal vez, conocen los
tratamientos que acabamos de exponer, les invito a hacer una prueba, siquiera sea pequeña,
antes de emitir su fallo. Si aquella resulta favorable al nuevo sistema curativo, me alegraré,
no tanto por mí como por la importancia suma del asunto. Harto numerosas son las
tempestades que surgen en la vida contra la salud de los hombres. Demos el parabién al que
sabe fortalecer su naturaleza y hacer que el árbol de la salud eche robustas y profundas
raíces.

Andar sobre nieve

Fortificantes

Andar sobre la nieve blanda o recién caída
        Más eficaces son los resultados que se obtienen por el paseo sobre la nieve recién
caída. Es condición precisa que esta sea fresca, que se pegue fácilmente a los pies en forma
de polvo, no dura ó congelada, que sólo sirve para producir una gran sensación de frío.
Tampoco es conveniente dar este paseo con viento muy frío, por cuya razón son preferibles
los días de primavera en que empieza el deshielo. Conozco algunas personas que hacen
durar estos paseos media hora, una y hasta hora y media, con excelente resultado. En los
primeros minutos tuvieron que hacerse alguna violencia; después no sintieron molestia
alguna ni señal de frío. Sin embargo el paseo por la nieve no debe durar más de 3 a 4
minutos, y en ningún caso debe estar parado el ejercitante.

        A las veces ocurre que los dedos de los pies, no pudiendo soportar el frío de la
nieve, se ponen rígidos, presentan un calor febril y se hinchan. No hay que asustarse por
eso; el mal tiene fácil remedio y desaparece con solo meterlos varias veces en agua de nieve
ó frotarlos ligeramente con la misma nieve.

       En ciertas épocas, Otoño por ejemplo, puede suplirse el ejercicio sobre la nieve con
un paseo cubierta de rocío. Entonces la sensación de frío es mayor en razón a que el cuerpo
vive aún bajo la influencia del calor del estío. En invierno le sustituye el paseo sobre
piedras humedecidas con agua de nieve. Respecto del vestido y del ejercicio subsiguiente,
obsérvense las prescripciones indicadas anteriormente.

      Muchos califican de necedades, locuras etc. estos ejercicios fortificantes, que se
rehúyen por temor a los catarros, reumas, enfriamientos y toda clase de dolencias. Mas todo
depende de una pequeña prueba y de un ligero esfuerzo, para vencer la repugnancia; los
primeros ensayos bastarán para destruir esas preocupaciones y demostrar los excelentes
resultados del terrorífico paseo por la nieve.* (* Conozco a varios médicos que aprueban
este ejercicio, siempre que se practique con las debidas precauciones. A los que le califican
de duro les opondré el empleo de hielo, que no cede seguramente en rudeza al de la nieve.)
Hace muchos años entablé conocimiento con la señora de un alto funcionario, que
daba gran importancia al desarrollo físico de sus hijos, no consintiéndoles ningún capricho
en la elección de la comida o la bebida y reprendiéndoles severamente cualquier
manifestación de desagrado, tocante al calor, al frío etc. Tan pronto como caían las
primeras nieves, les prometía una merienda da pan de manteca con miel, si se arriesgaban a
dar, descalzos, un paseo por la nieve. Pronto se aficionaron los niños a este ejercicio, se
criaron robustos y sanos y toda su vida conservó viva gratitud hacia la madre que tan
varonil educación les había dado. Indudablemente esta señora cumplió a maravilla su
misión de madre.

        De ordinario, este paseo se recomienda solamente a personas que gozan de buena
salud; no obstante citaré un par de casos que evidencian el buen resultado que puede dar en
cierta clase de dolencias.

        Durante muchos inviernos estuvo sufriendo uno horribles molestias, a consecuencia
de los sabañones que, al reventarse, le producían grandes dolores. Siguiendo mis consejos,
al caer las primeras nieves, antes de reventarse aquellos, empezó a dar los paseos por la
nieve y, al poco tiempo, se vio libre de la incómoda dolencia.

        No ha mucho tiempo se presentó a mí una muchacha de 17 años, quejándose de
fuertes dolores de muelas. «Si dieses un paseo de cinco minutos por la nieve» la dije,
«pronto desaparecerían los dolores.» Siguiendo en el acto mi consejo, corrió al jardín y
volvió al cabo de diez minutos completamente curada.

       Para dar el paseo por la nieve es condición indispensable que todo el cuerpo tenga la
temperatura normal; por consiguiente, el que sienta frío debe procurar antes recuperar el
calor normal por el ejercicio o el trabajo corporal. Inútil es advertir que las personas
propensas al sudor de pies, grietas o que tengan sabañones ya abiertos o en supuración, no
deben practicar este ejercicio, sino después de aplicar los remedios indicados para la
expresada dolencia, como baños de pies con agua o vapor etc.

Aplicaciones Hidroterápicas

Paños Empapados
        Los paños empapados o "paños mojados" como se dice vulgarmente, se aplican bajo
las siguientes formas:
I. Paño superior.
       Se toma un paño de hilo burdo, de lona o de arpillera, se pliega en 3, 4, 6, 8 ó 10
dobleces longitudinalmente, dándole el ancho y largo necesarios para que pueda cubrir el
cuerpo, desde el cuello hasta el bajo vientre inclusive, y dejándole a manera de dos faldillas
por los costados, para su mejor sujeción. El paño así preparado se empapa en agua, se
retuerce perfectamente y se coloca sobre el paciente que estará acostado boca arriba.
Encima se pone una manta de lana o de hilo en dos o tres dobleces que cierre
herméticamente, para impedir el paso del aire, y sobre esta el edredón o mantas de la.
Cama. Conviene, además, cubrir el cuello con un pañuelo do lana que impida el acceso del
aire por la parte superior. La operación de tapar al enfermo debe practicarse con exquisito
cuidado para evitar enfriamientos. En invierno puede emplearse agua caliente.

       El paciente permanece en la posición descrita de 3/4 a 1 hora; y si se cree oportuno
renovar la operación durante ese tiempo, por haberse calentado la envoltura, se volverá a
humedecer el paño en igual forma, con agua fría, y se procederá como queda dicho.

        Trascurrido el tiempo marcado se quita los paños mojados, se viste el paciente y se
le hace dar un Pasco por la habitación, si no prefiere permanecer algún tiempo más en la
cama.

IV. Paños en el bajo vientre.
        Estando acostado el paciente, se toma un paño de hilo en 4 a 6 dobleces, se moja y
se retuerce hasta que no gotee, se aplica al bajo vientre o sea desde el estómago para abajo,
y se le cubre perfectamente con la manta de lana y la ropa de la cama. La duración puede
variar de 3/4 de hora a 2 horas; pero en este último caso debe repetirse a la hora la
mojadura, con las operaciones subsiguientes:

      Estos paños prestan excelentes servicios en los dolores de estómago, en los
espasmos o calambres, y para aminorar la sangre en la región torácica y del corazón.

      Con frecuencia se empapa el paño en vinagre, en lugar de agua, empleándose
también, según se dirá en la tercera parte, cocimientos de flores de heno, de paja de avena,
cola de caballo (Equisetum hyemale L.) etc.

       Para ahorrar el gasto de vinagre se puede empapar un paño de hilo en dos dobleces,
en una mezcla de agua y vinagre, por mitad, aplicarla sobre la carne y sobre este paño se
extiende otro en dos a cuatro dobleces, empapado en agua solamente. En lo demás se
procede como queda dicho.
Este tratamiento sirve para expulsar los gases que se introducen en el estómago y en
el bajo vientre.

        Para someterse a él, lo mismo que a las prácticas similares, precisa que el cuerpo
tenga la temperatura normal.

II. Paño inferior.
        Suele aplicarse antes que el anterior, aunque no es indispensable que se apliquen
ambos. En la operación deben observarse las siguientes prescripciones.

       Como el patio inferior se aplica también en la cama, para evitar que se humedezcan
los colchones o jergones se extiende sobre el parto de lino otro análogo y sobre este una
manta de lana burda de iguales dimensiones.

        El paño de hilo ya mencionado, en 3 o 4 dobleces, se empapa en agua y, después de
bien retorcido, se extiende longitudinalmente sobre la manta de lana de modo que coja toda
la columna vertebral, desde el cuello al extremo inferior. De este modo se echa el paciente
boca arriba se le cubre por ambos lados con la manta de lana y con otra ropa análoga,
edredón etc., que impida la entrada del aire. La operación dura también unos 3/4 de hora y
si se quiere prolongar debe mojarse de nuevo el paño, puesto que, lo mismo que con el
superior, de la frialdad depende el resultado que se busca. Una vez terminada la operación
se observan las prescripciones indicadas en el número anterior.

        Este tratamiento se aplica, con gran resultado, contra los dolores de riñones y de
espalda, y para fortalecer la columna vertebral. Dos tratamientos, aplicados en un mismo
día, han bastado muchas veces para hacer desaparecer el dolor de riñones.

        Para contener la inflamación de la sangre y mitigar el calor de la calentura es
igualmente un excelente remedio.

III. Paño superior e inferior combinados.
       Los dos expresados tratamientos pueden aplicarse a un mismo tiempo. Al efecto se
prepara el inferior primeramente, según queda dicho en el párrafo II, y luego el superior,
que se deja así dispuesto al lado de la cama. El paciente se echa desnudo sobre el paño
inferior, cubriéndose inmediatamente con el superior; y, acto continuo, con la manta y ropa
de cama de modo que no pueda penetrar el aire. En este doble tratamiento precisa que la
manta de lana tenga el ancho suficiente para envolver al enfermo, a manera de faja. Inútil es
advertir que la Operación se practicará mucho mejor, si el paciente está asistido por otra
persona.

       La duración mínima del tratamiento es de 3/4 de hora y la máxima de una.
Para mitigar el calor, expeler gases, en congestiones, en la hipocondría y padecimientos
análogos da muy buenos resultados, así como también en las múltiples afecciones del bazo.

       Con frecuencia se me ha preguntado lo que opino acerca de las compresas o paños
de hielo, la sangría y otros remedios. Voy a exponer aquí en breves palabras mi opinión
acerca de estos puntos.

       El que con fruncido ceño alarga a un enemigo la mano en demanda de
reconciliación, no logrará tan fácilmente su objeto como el que lo hace con la sonrisa en los
labios y la alegría en el corazón. Este símil viene aquí muy al caso: el primero es el hielo y
el segundo el agua. La aplicación de hielo a los enfermos me ha parecido siempre, en
particular a las partes más nobles del cuerpo, (como la cabeza, los ojos, los oídos etc.) uno
de los remedios más rudos y violentos que pueden imaginarse. Lejos de ayudar a la
naturaleza para recuperar la actividad perdida, la arrancan por fuerza algo que pretende
retener y nunca deja de vengarse. He aquí porqué los paños o compresas de hielo son
tratamientos desconocidos en mi farmacopea y creo que nunca tendrán entrada en ella.
Pongámonos ante los ojos el colosal contraste que resulta de semejante aplicación: dentro
del organismo un calor ardiente; fuera una capa de hielo y en medio el miembro enfermo,
un objeto siempre delicado sufriendo la acción de dos factores tan opuestos. En la mayoría
de los casos he podido desgraciadamente comprobar los detestables efectos de tan rudo
tratamiento.

       Conozco a un caballero que estuvo condenado un año entero a llevar, día y noche,
sin ninguna interrupción, compresas de hielo en los pies. Claro está que una acción tan
constante del hielo acabó por hacer desaparecer hasta el calor natural de ese órgano; mas no
produjo igual efecto con la dolencia que se pretendía combatir.

       Se me objetará que, en muchos casos, produce buen resultado. Convengo en que
algunos males no puedan resistir a ese tratamiento de fuerza; pero ¿y las consecuencias?
Innumerables enfermos se me han presentado quejándose de debilidad en la vista, de
sordera, de dolores reumáticos de índole muy diversa, especialmente en la cabeza, que de
ordinario, se hallaba además atacada de una sensibilidad extraordinaria y de otras mil
dolencias. Al preguntarles, de donde les había venido el mal, solían responderme: «la
compresa, o la bolsa de hielo me ha causado este daño; así estoy hace tantos y cuantos
años...» Y lo peor es que muchos le llevarán consigo hasta el fin de su vida.

       Por consiguiente repruebo, en absoluto, el uso de bolsas o compresas de hielo y
sostengo que el agua, empleada en debida forma, es capaz de mitigar y de amortiguar por
completo el calor interior más intenso, en cualquier órgano que se haya cebado. Cuando no
basta el agua para apagar un incendio, son impotentes contra el voraz elemento los
témpanos de hielo.

       Téngase por seguro: el agua bien aplicada es el mejor remedio. No quiere decir esto
que, por ejemplo, si se trata de una inflamación de cabeza, en lugar de la compresa o de la
bolsa de hielo, se apliquen sin discernimiento paños mojados etc. Cien compresas y paños
no serán capaces de contener la afluencia de la sangre hacia el punto inflamado, causa del
fuego que allí se siente. Es indispensable dirigir a otra parte la sangre, repartirla, o con otras
palabras: precisa distraer la dolencia con aplicaciones simultáneas en otras partes del
cuerpo. Así, al enemigo que fija sus reales en la cabeza le combatiré, en primer término,
con remedios aplicados a los pies del paciente, que se irán replegando sucesivamente en
dirección al punto atacado.

       Por lo demás, ya han tenido ocasión de observar mis lectores los servicios
excelentes que, de una manera indirecta, presta el hielo en determinados tratamientos
hidroterápicos; así en verano sirve para refrescar el agua, cuando se pone demasiada tibia.

      Dos palabras acerca de la sangría, las sanguijuelas y demás procedimientos
empleados para aminorar la sangre.

       En años anteriores apenas había señora que no se hiciese sangrar 2, 3 y aun 4 veces
en un año; una señal roja o azul puesta en el calendario marcaba los días escogidos para la
operación: los más favorables eran los de media fiesta y los que tenían algún signo de buen
agüero. Médicos, cirujanos y barberos hacían en tales días verdaderas carnicerías. Los
establecimientos públicos, conventos etc. tenían señaladas sus épocas de sangría y
prescrito, con severidad suma, el género de vida, la dieta que debía observarse. Antes de
practicar la sangrienta operación se deseaban buen éxito y se felicitaban del resultado si
salían bien de la prueba. Para algunos tenía la operación sus peripecias. Un eclesiástico de
aquella época asegura que se había hecho sangrar cuatro veces al año, por espacio de 32
consecutivos, sacándole 8 onzas en cada operación, lo que arroja la enorme cifra do 1.024
onzas, suma de 8 X 4X 32.
Con la sangría alternaban las sanguijuelas, ventosas etc.; para todos había su
procedimiento de extracción, fuesen jóvenes o viejos, altos o bajos, hombres o mujeres.

       ¡Pero cómo cambian los tiempos! Tenías este procedimiento por el unum
necessarium, la verdadera y única clave de la salud y de la vida y ¿hoy qué se piensa de
todo esto? Todo el mundo se mofa de esta errónea creencia de los antiguos, que se
imaginaban y creían, a ciencia cierta, que el hombre puede tener sobra de sangre. Hace dos
años, un médico extranjero, autor de trabajos científicos, que sigue una de las nuevas
tendencias de la ciencia médica, me aseguró, que en toda su vida no había visto
sanguijuelas; y no faltan médicos que atribuyen el carácter anémico de la generación
presente al enorme despilfarro que de su sangre hicieron nuestros antepasados, al abuso que
hicieron de la sangría y de las sanguijuelas. Algo puede haber de esto, por más que no sea
esa la única causa de la anemia.

       Pero volvamos al asunto y óigase mi opinión, lisa y llanamente expuesta. Todo en el
cuerpo humano se halla dispuesto con orden y medida y con tan admirable armonía que,
aun los más exigentes, consideran este maravilloso organismo como una obra de arte, única
en su género, cuya concepción portentosa sólo pudo existir en la mente del Dios
Omnipotente y Omnisciente, y para cuya ejecución fue necesaria la virtud creadora del
Altísimo. El mismo orden, la propia medida y armonía existe entre la producción y
consumo de las sustancias necesarias para el mantenimiento y conservación del cuerpo,
siempre que el hombre libre, pero racional, haga recto uso de lo que Dios le ha entregado y
no perturbe, con sus abusos, el orden preestablecido, destruyendo, a la vez, la armonía que
todos admiramos. Siendo esto así, no se comprende que precisamente la sangre, el más
importante de los factores que componen el organismo humano, se haya distribuido en él
sin orden, peso ni medida, y su acción no obedezca a leyes bien definidas.

       Pero seguramente no pueda ser así. El niño recibe de la madre, al nacer, juntamente
con la vida, cierta cantidad de sustancia sanguínea, esencia o como quiera llamársela, de la
que se forma la sangre. Cuando se acaba esta esencia cesa también la formación de la
sangre y con ella se extingue la vida. Sin sangre no hay vida posible y el anémico vive
muriendo. Toda pérdida de sangre, por cualquier causa que se origine: por herida, sangría,
ventosa o sanguijuela, ocasiona una disminución de dicha sustancia o esencia vital, que
lleva consigo la abreviación de la vida, porque la una es condición precisa de la otra.

       Se me objetará que el proceso de la formación de la sangre es muy rápido y que se
recobra tan pronto como se pierde. La objeción es muy justa; pero a mi vez voy a oponer a
ella otro argumento, para cuya confirmación apelo al testimonio de los labradores. Todo el
que se propone engordar rápidamente un animal, le sangra para sacarle una buena cantidad
de sangre y entonces es cuando empieza la operación del cebo. Poco tiempo después repite
la sangría, con lo que el cuadrúpedo engorda de una manera extraordinaria y con rapidez
suma. Al cabo de 3 a 4 semanas hace la misma operación, se le suministra alimentación
abundante y nutritiva y el animal engorda por modo extraordinario y, aunque sea una bestia
vieja, pronto adquiere tan buena sangre y en tanta abundancia como una joven. Pero
examinemos de cerca la sangre, formada por ese procedimiento artificioso, y veremos que
es un líquido acuoso, blanquecino, impropio para la vida. El animal carece de fuerza y de
actividad y es tan efímera su existencia que muy luego se presentaría la tisis, a no
adelantarse la cuchilla del matarife.

        Lo propio acontece en el hombre. Todo el que tenga alguna experiencia, en lo que
atañe a la vida humana, conoce perfectamente la influencia que la inmoderada extracción
de sangre ejerce sobre las facultades, aptitudes y las fuerzas corporales de los hijos. El
individuo mencionado anteriormente murió tísico, en la flor de la edad, efecto del
despilfarro que hizo de su sangre; y aquella señora que se hizo sangrar 300 veces, o la otra
que sufrió esta operación 400 tuvieron, por necesidad, que dejar una descendencia
raquítica, enteca y sujeta a toda clase de dolencias.

       No se me oculta que puede haber casos, siempre raros y excepcionales, en que, a
falta de otros medios eficaces, la sangría puede servir para conjurar un peligro del
momento. Pero, fuera de estos casos, que me diga toda persona imparcial si prefiere dejarse
cortar paulatinamente el hilo de la vida, o mediante la aplicación racional de la hidroterapia
repartir y moderar da tal manera la sangre que el más pletórico tenga solamente la cantidad
del precioso líquido necesaria para las funciones de la vida. En el lugar oportuno
expondremos los procedimientos que han de emplearse para lograr ese resultado.

       Nada más corriente que la creencia de que en los ataques apopléticos no hay otra
salvación que la sangría. A este propósito podría citar algún caso en que el primer médico
que asistió al enfermo recetó la sangría, mientras que el segundo declaró explícitamente que
aquel moriría a consecuencia de dicha operación. No es el exceso de sangre lo que produce
la apoplejía, como vulgarmente se cree, sino más bien la falta del expresado elemento. Por
tanto «morir de apoplejía» es lo mismo que extinguirse la vida por haberse agotado la
sangre, como se apaga la lamparilla cuando se acaba el aceite.
BAÑOS

        Para tomarlos se mete el pié hasta la rodilla o un poco más arriba en agua fría,
durante uno a 3 minutos.

1. Baños de pies fríos.
      Si se trata de enfermos sirven estos baños principalmente para atraer la sangre y
aminorar su afluencia a la cabeza y al pecho. De ordinario se aplican en unión con otros
tratamientos, sobre todo en casos en que el paciente, por cualquier causa, no puede soportar
otra clase de baños.

        Tratándose de sanos, tienen por objeto refrescar, hacer desaparecer el cansancio y
fortalecer, por cuya razón se recomiendan especialmente a la gente del campo en la época
de verano, cuando a consecuencia del excesivo trabajo pierden el sueño. Mitigan el
cansancio, devolviendo la tranquilidad y con ella un sueño apacible.

2. Baños de pies calientes.
Pueden tomarse de varios modos:

1º. En agua caliente, a la temperatura de 31 a 32° C., se echa un puñado de sal y doble
cantidad de ceniza vegetal. Después de bien mezclado se toma el baño por espacio de 12 a
15 minutos.

        A veces hago tomar este baño a la temperatura de 38 grados C., pero siempre con la
prescripción explícita de tomar a continuación otro de agua fría, durante medio minuto.

       Los baños de pies se recomiendan, en general, cuando por enfermedad, falta de
calor natural u otra dolencia, no procede emplear remedios más violentos, en razón a que el
escaso calor desarrollado por el agua fría no sería suficiente para producir la reacción.

       Por consecuencia deben aplicarse estos baños a las personas débiles, anémicas,
nerviosas, a los niños y ancianos, muy particularmente a las señoras, y su acción se deja
sentir muy marcadamente en las alteraciones de la circulación de la sangre, en
congestiones, dolores de cabeza y del cuello, ataques espasmódicos y dolencias análogas.

      Atraen la sangre hacia los pies y sirven de calmantes. Pero nunca deben
recomendarse a los que son propensas a sudores de pies. La gente del campo emplea con
mucha frecuencia los baños de pies calientes y conoce sus excelentes resultados.
2º. El baño de pies con «flores de heno» es un buen reconstituyente. En una vasija
de agua hirviendo se echan de 3 a 5 puñados de flores de heno, se tapa la vasija y se deja
enfriar la mezcla hasta la temperatura de 31 a 32° C.* (*) Por "flores de heno" se entienden
todas las partes que componen la yerba: tallo, hojas, flores y semilla, o sea toda la planta
conocida por ese nombre.

       Es indiferente dejar las flores de heno en el baño o retirarlas y tomar el baño con la
infusión solamente. Para mayor sencillez y economía de tiempo se deja todo en el barreño.

       Estos baños ejercen una acción disolvente y son, por consecuencia, detergentes al
mismo tiempo que confortantes; por lo que curan las dolencias de los pies, el sudor, los
golpes de todas clases y contusiones, con o sin sangre; las hinchazones, la gota de los pies,
las excrecencias cartilaginosas y supuraciones en los dedos; las callosidades al lado de las
uñas, las heridas causadas por el calzado etc. En general, puede decirse que dichos baños
son un remedio excelente para todos aquellos que tienen alguna dolencia en los pies, y un
arma poderosa para combatir las impurezas de la sangre.

       Un caballero sufría horriblemente de la gota de los pies o podagra, que le hacía
exhalar terribles gritos de dolor. Un solo baño de esta clase, con su correspondiente
envoltura, empapada en la disolución, mitigó los agudos dolores al cabo de una hora.

       3°. Con el baño de pies de flores de heno guarda mucha analogía el baño de pies con
paja de avena. — Para prepararlo se echa paja de avena en una caldera, se cuece durante
media hora y, dejando enfriar la infusión hasta la temperatura de 31 a 32º C, se toma con
ella un baño de 20 a 30 minutos.

       La experiencia me ha enseñado que estos baños son irreemplazables cuando se trata
de resolver las callosidades o durezas de los pies; ya sean excrecencias cartilaginosas,
protuberancias, nudos etc. que resultan de la gota y podagra; ya también ojos de gallo,
crecimientos viciosos de las uñas y ampollas originadas por el ejercicio o el calzado. Hasta
las supuraciones y las heridas producidas por el sudor excesivo so curan con estos baños.

       En una ocasión se cortó un caballero los ojos de gallo; prodújosele una gran
irritación en los dedos y una hinchazón de tan mal aspecto que hacía sospechar un
envenenamiento de la sangre. Tres baños de pies al día, con la infusión de paja de avena y
compresas o paños que envolvían los pies hasta el tobillo, empapados en la misma
disolución, hicieron desaparecer el mal en el término de cuatro días.
A otro enfermo se le presentó una hinchazón en los dedos de los pies, de color azul
oscuro y de tan pernicioso aspecto, que parecía estar amenazado de una completa
descomposición de la sangre. Los baños de pies y las envolturas en la forma expresada
hicieron desaparecer, en poco tiempo el peligro.

       En algunos casos (véase el pasaje respectivo en: «Baños calientes completos»)
prescribo, lo mismo en los baños de pies descritos que en los calientes de todo el cuerpo, el
llamado triple cambio. El término del tratamiento lo constituye en uno y otro caso el baño
frío; pero se exceptúa siempre el baño de pies caliente a la temperatura de 31 a 32º, con
adición de sal y ceniza. Porque, teniendo por objeto este baño atraer la sangre de arriba
abajo y repartirla proporcionalmente en las extremidades inferiores, un baño de agua fría
después del caliente no haría más que destruir el efecto de este último, rechazando de nuevo
la sangre a la región superior, a lo menos en gran parte, de suerte que no se lograría todo el
resultado que se busca. Sílguese, pues, que nunca debe tomarse baño de pies frío, después
del caliente con adición de sal y ceniza.

       4º. No debo pasar en silencio otra clase de baños de pies, con una sustancia que
tiene más de sólida que de fluida. He aquí cómo se prepara.

        En un barreño o librillo se echa la malta de la cebada antes de enfriarse; metense allí
los pies y muy luego se deja sentir un gran bienestar. La operación dura de 15 a 30 minutos.
Aún más eficaz es el baño con el bagazo de uvas, y muy usado y recomendado entre la
gente del campo, sobre todo en comarcas vitícolas, por sus buenos resultados.

       Está especialmente indicado para el reuma, la gota, y dolencias análogas.

       Debo hacer una observación aplicable a todos los baños de pies. Tratándose de
personas varicosas o propensas a la dilatación de las venas, introducirán en el agua los pies
hasta la raíz de la pantorrilla solamente, y la temperatura del líquido no excederá de 31º C.

Baños de medio cuerpo

   Baños

   Doy este nombre a aquellos baños en que a lo sumo llega el agua hasta la mitad del
cuerpo, próximamente hasta la región estomacal, quedando ordinariamente por debajo de
este nivel; representan, por consiguiente, un término medio entre los baños completos y los
de pies. Límites máximo y mínimo que a veces no pueden aplicarse con ventaja.
Pueden usarse de tres maneras distintas.

     1º. Permaneciendo de pié en el agua, de modo que ésta cubra la pantorrilla o las
      rodillas.
     2º. Puesto el bañista de rodillas en el agua de modo que ésta le cubra completamente
      los muslos.
     3º. Sentado dentro del agua de tal suerte que ésta le cubra hasta el ombligo o la mitad
      del bajo vientre. Este es en propiedad el verdadero baño de medio cuerpo.

   Las tres clases deben tomarse con agua fría y contarse en el número de los
reconstituyentes o fortificantes. Por consecuencia se recomienda su uso a los sanos que
quieran fortalecerse más, a los débiles que tengan necesidad de recobrar fuerzas y a los
convalecientes que quieran recuperar del todo la salud.

  Los enfermos no tomarán, en ningún caso, baños sin previa prescripción facultativa,
puesto que hay circunstancias en que podrían dar resultados contraproducentes.

   Lo mismo para enfermos que para sanos, estas tres clases de baños incompletos forman
siempre parte de algún otro tratamiento, y su duración no pasará de 3 minutos, ni bajará de
medio.

  De ordinaria prescribo las dos primeras clases, de pies y de rodillas, a aquellas personas
que por causas diversas han perdido casi por completo las fuerzas, para inaugurar el plan
curativo, siempre con buen resultado. No me detendré a enumerar estas causas, pero debo
consignar que, en efecto, hay muchos pacientes que, en su extrema debilidad, no pueden
soportar la presión del agua sobre todo el cuerpo, de lo que podría citar centenares de
ejemplos, en personas de todas las clases sociales. Estos enfermos, que han llegado al
último grado de fuerza, son precisamente los que me han inspirado el uso de estos medios
baños; ya que su mísero estado exige un tratamiento hidroterápico más moderado y
prudente, que a las veces debe prolongarse por varias semanas, hasta que han recobrado
parte de las perdidas fuerzas.

   A las dos clases de baños mencionadas va unida, por lo general, otra práctica
confortante: la inmersión de los brazos, hasta los hombros, en agua fría. Este doble
tratamiento se emplea, además con éxito, para combatir la frialdad de los pies.
El baño numero 3º, o medio baño propiamente dicho, merece particular atención, y se
recomienda desde luego a las personas que gocen de buena salud. El uso de este baño
contiene, en su origen, las enfermedades del bajo vientre y la debilidad de las extremidades
inferiores, que no reconocen otra causa que el enervamiento de las fuerzas producido por
una educación afeminada. Los expresados baños vigorizan el organismo, conservan y
acrecientan las fuerzas en toda la región inferior del cuerpo, por muy debilitadas que se
encuentren. Por tanto suplen, con gran ventaja, las fajas con que millares de personas
oprimen el bajo vientre, en dos y más dobleces; que parecen destinadas a impedir que la
dolencia pueda separarse del mísero cuerpo. Pruébese con resolución, a la vez que con
prudencia nuestro baño de medio cuerpo, y se verá cómo disminuyen de un modo palpable
las hemorroides, cólicos de aire, hipocondría, histerismo y toda esa legión de enfermedades
que tienen su especial asiento en el bajo vientre, donde hacen estragos sin cuento.

   A individuos sanos les recomiendo que, al levantarse por la mañana, se laven el medio
cuerpo superior y por la tarde tomen este medio baño. Si no tienen tiempo para lavarse por
la mañana, háganlo al tomar el baño.

  Para terminar este capítulo citaré algunos ejemplos relativos al uso de los expresados
baños, para enfermos.

  Un joven perdió de tal manera las fuerzas a consecuencia del tifus, que no podía
emprender el más ligero trabajo. Por espacio de mucho tiempo permanecía arrodillado en el
agua, cada dos o tres días, en un principio un minuto, y de 2 a 3 más tarde. De una semana
para otra fue recuperando fuerzas hasta que volvió a su primer estado.

   Otro enfermo padecía de fuertes congestiones, y de esto ocurren frecuentes casos, que
tienen su origen en el bajo vientre. Un día se lavó bien la mitad superior del cuerpo y otro
tomó el baño de rodillas. Al cabo de algún tiempo se vio libre del molesto huésped.

  No es inferior su eficacia para combatir los males del estómago que provienen de flato o
de gases allí detenidos; este baño es el específico más seguro para expulsar esos gases, de
ordinario molestos residuos de graves enfermedades.

Baños de asiento

   Baños

Estos baños pueden ser fríos y calientes.
1. Baño de asiento frío.
        Se toma de la manera siguiente.

        Se llena de agua fría, hasta la cuarta o quinta parte de su altura, el baño destinado al
efecto o un barreño de madera, hojalata o zinc, de poco fondo. El bañista se sienta desnudo
en el lebrillo de tal forma que el agua le cubra desde la parte superior del muslo hasta los
riñones, quedando fuera el resto del cuerpo. Por eso muchos no se desnudan
completamente. Este baño dura de 1/2 minuto a 3.

        Los baños de asiento son remedios eficacísimos para todos los males del bajo
vientre, y obran como laxantes, expelen los gases, favorecen la digestión y regularizan la
circulación; son asimismo confortantes, por lo que se recomiendan para combatir la cloro
anemia o palidez, los flujos y hemorragias y dolencias análogas, como todas las
enfermedades del bajo vientre de cualquier clase que sean. Todo el mundo puede tomar este
sencillo baño, que dura solamente de 1 a 2 minutos y, si no se comete alguna imprudencia,
jamás puede hacer daño.

        Para evitar enfriamientos, fortalecerse y hacerse insensible a los traidores cambios
de temperatura tómense con alguna frecuencia baños de asiento, bien sea al acostarse o
mejor algún tiempo después de acostado, porque se ahorra el trabajo especial de desnudarse
y es más fácil la reacción, para lo que conviene no secarse el cuerpo. Sin embargo no deben
tomarse estos baños más de 2 o 3 veces por semana, ya que su excesivo uso haría afluir la
sangre a esa parte y podría producir hemorragias.

       Todo el que sufra de insomnios y no pueda conciliar el tranquilo sueño; el que se
despierte a menudo durante la noche, tome un baño de asiento frío; 1 a 2 minutos de sesión
bastan para calmar la excitación y proporcionar tranquilo descanso.

       Un individuo había perdido el sueño de tal modo que casi nunca podía dormir más
de 2 horas, revolcándose en la cama el resto del tiempo, en medio de una gran excitación
nerviosa. Estos baños le devolvieron, con la tranquilidad, el apacible sueño.

        El que por la mañana se levante con la cabeza pesada y más cansado que estaba al
acostarse hará desaparecer tales molestias con los baños de asiento.

       Por último, no me cansaré de recomendar su empleo a las personas que, gozando de
buena salud, quieran precaver muchas dolencias.
2. Baños de asiento calientes.
  Nunca deben prepararse con agua sola. De ordinario hecho en el agua caliente una de las
sustancias siguientes, que dan nombre al baño:

        a) Cola de caballo.
        b) Paja de avena.
        c) Flores de heno.

        La preparación es igual para las tres clases de baño. Se echa la sustancia vegetal en
una vasija, se vierte sobre ella agua hirviendo y se deja al fuego la mezcla, para que cueza
algún tiempo. Luego se retira la vasija, se deja enfriar el cocimiento hasta la temperatura de
30 a 32 grados, rara vez hasta 37° C, y se echa todo en el lebrillo o barreño. La duración de
este año es de un cuarto de hora, y el mismo cocimiento puede servir para dos o tres
sesiones. La segunda sesión tendrá lugar en frío, 3 o 4 horas después de la primera, y la
tercera una hora después de la segunda, siendo su duración de 1 a 2 minutos solamente.

          Estos baños deben tomarse, a lo sumo, tres veces por semana; por regla general,
alternando con baños fríos o bien para el tratamiento de males muy arraigados, como
hemorroides inveteradas, fístulas del recto, desarreglos del intestino ciego y análogos.

       Las hernias o quebraduras no son obstáculo para tomar estos baños. Veamos ahora
los usos especiales de cada clase.

        a) El de cola de caballo sirve principalmente para combatir los ataques espasmódicos
         y reumáticos de los riñones y de la vejiga, los males de piedra y cálculos y todos los
         que afectan a la orina.
        b) El baño de avena está indicado para los padecimientos do la gota.
        c) El de flores de heno tiene aplicaciones más generales, puesto que, a falta de las dos
         sustancias anteriores, las suple en todos los tratamientos que afectan al bajo vientre,
         si bien con menos eficacia. Pero, en cambio, es un poderoso agente para resolver las
         inflamaciones en el bajo vientre, y toda clase de tumores o hinchazones exteriores;
         para combatir el estreñimiento, las hemorroides, los padecimientos espasmódicos y
         cólicos de aire.

Baños completos

       Baños
Los hay también de dos clases: fríos y calientes. Ambos son aplicables lo mismo a
los sanos que a los enfermos.

1. Baños completos en frío.
        Pueden tomarse de dos maneras distintas: o metiendo todo el cuerpo dentro del agua
fría, estando de pié o tumbado en el baño; o bien andando con el agua hasta los sobacos
solamente, de modo que la punta de los pulmones quede fuera, a fin de que estos no sufran
la presión del agua, por más que en ello no hay peligro alguno, en cuyo caso se lava
rápidamente la parte superior del cuerpo con las manos o con un paño burdo.

      Estos baños no deben durar, en ningún caso, más de 3 minutos, ni menos de treinta
segundos. En el transcurso de este trabajo expondré nuevas razones en apoyo de esta
opinión; por ahora me basta observar que hace 20 años seguía una opinión diametralmente
opuesta, señalándoles mayor duración, en la firme creencia de que no se podía adoptar otro
sistema.

       Pero una larga experiencia me ha hecho cambiar de parecer y con justo motivo, a lo
que creo. Ese gran maestro de la vida me ha enseñado que, tocante a los baños fríos, debe
seguirse como norma invariable e1 principio siguiente:

        Cuanto más corto es el baño tanto mayor es su eficacia. Por consecuencia el que
sólo permanece un minuto en el agua es más cuerdo que el que se detiene cinco. Lo mismo
el sano que el enfermo no debe pasar de tres minutos.

       He comprobado esta opinión con innumerables hechos, por lo que también repruebo
los rudos procedimientos que se siguen en algunos establecimientos hidroterápicos, lo
mismo que el abuso que se hace de los baños en verano.

       En esta época hay muchos que toman uno o dos baños diarios, de media hora cada
uno, por lo menos. Cuando se trata de buenos nadadores que hacen un fuerte ejercicio y
después del baño toman nutritivo alimento ofrece esto menos inconvenientes; su vigorosa
naturaleza vuelve a ganar pronto lo que el baño la ha quitado; pero a los bisoños en el arte
de la natación, que permanecen esa media hora acurrucados en el agua, como el galápago
debajo de la concha, la mojadura no sirve para nada, si es que no les perjudica, como puede
ocurrir si el abuso se prolonga. Baños de esa naturaleza debilitan las fuerzas y producen
fatiga. En vez de fortalecer el organismo le agobian; en lugar de robustecer y alimentar
consume.
Baño frío para sanos.

   Baños

a. Baño completo y frío para sanos.
       Por diferentes conductos se me han dirigido observaciones, haciéndome notar que el
uso del agua fría ocasiona disminución de calor y que aquella es altamente perjudicial a las
personas anémicas y ocasionadas siempre a producir irritación en los nervios.

       Convengo en ello si se trata de las rudas prácticas a que anteriormente aludo; pero
los baños que yo prescribo, son aplicables principalmente a los sanos en todo tiempo, lo
mismo en invierno que en verano, y puedo sostener que contribuyen poderosamente a
fortalecer y conservar la salud; acrecientan la actividad cutánea, refrescan, reaniman y
fortalecen todo el organismo. Respecto del número, en invierno deben tomarse dos baños
por semana a lo sumo; generalmente basta uno cada ocho días y en muchos casos cada
quincena.

Réstame hacer una observación importante.

       Uno de los medios más seguros para conservar la salud consiste en acostumbrar la
naturaleza a soportar el calor y el frío, a resistir los más bruscos cambios de temperatura.
Desgraciado de aquel que siente la influencia del más ligero vientecillo, cuya garganta y
pulmones se resienten al menor cambio de tiempo y que no tiene ocupación más importante
que observar la dirección de la veleta. El árbol criado a la intemperie resiste lo mismo el
calor que el frío, la calma que la tormenta; el hábito le ha endurecido. El que se acostumbre
a tomar nuestro baño será robusto como el árbol criado al aire libre.

       La idea de la pérdida de calor es como la pesadilla que infunde a muchos pavor y
miedo ante los tratamientos con agua fría. El frío, se dice, debilita por necesidad si no le
sigue inmediatamente la reacción contraria. En esto estamos de acuerdo; pero es el caso que
los baños de agua fría, tal como yo los prescribo, lejos de robar calor, le conservan y
fomentan, aparte el activo ejercicio que taxativamente se ordena hacer a continuación de
todo tratamiento con agua fría. Nadie me negará que si un hombre enfermizo y debilitado
por la falta de ejercicio, hasta el punto de no osar en invierno salir a la calle sino en caso de
necesidad extrema, por medio de los baños o de cualquier tratamiento con agua fría se
fortalece de tal forma que desafía al calor y al frío, y se vuelve insensible a los más rudos
temporales, ha debido también acrecentar su calor natural. Es ridículo suponer que todo
esto sea ilusión y farsa.
Corroboraremos esto con un ejemplo entre mil que podríamos citar.

       Un caballero que pasaba de los 60 años tenía verdadero horror al agua. Al salir de
casa ponía especialísimo cuidado en no olvidar alguna de las muchas piezas con que se
abrigaba: porque semejante descuido podía acarrearlo catarros y toda clase de males. Sobre
todo le infundía espanto la idea de que pudiera enfriarse el cuello, y no había ya cómo
resguardarle del aire y que cuidados prodigarle. Pero el «bárbaro» doctor le tendió un lazo
y con una fruición maligna le ordenó que tomase los baños fríos, tal como queda indicado.
El infeliz obedeció como un autómata. Y en buena hora lo hizo, porque su obediencia
obtuvo un premio para él inesperado. Al cabo de algunos días pudo despojarse de la
primera envoltura; toda la interminable serie de camisas y camisetas de lana y de flanela
fueron desapareciendo y el mismo camino siguieron los pañuelos y corbatines que
atormentaban el cuello. Con el tiempo llegó a considerar perdido el día en que no tomaba
su baño de agua fría: tan grande era el bienestar que sentía, bajo su influencia, y tan
insensible se había hecho a los rigores del tiempo. Lo más extraño es que aún en el mes del
Octubre solía bañarse en el río, a la hora del paseo, porque el agua fría de la corriente le
parecía más agradable que la del baño que tenía en casa.

He aquí los principales puntos que han de tenerse en cuenta para tomar estos baños.

¿En qué estado o disposición ha de estar el cuerpo, de una persona sana, para poder tomar
con fruto dichos baños?

¿Cuál debe ser su duración, para la misma clase de personas?

¿Cuál es la época del año más apropósito para comenzar este tratamiento reconstituyente?

       El uso de baños fríos exige, como condición precisa, que todo el cuerpo tenga una
temperatura normal, caliente.

      Se halla en tal estado el que por el trabajo, o por el ejercicio o por haber
permanecido en una habitación caldeada tiene todo su cuerpo igualmente saturado de calor.

        El que sienta frío, principalmente en los piés, o tenga escalofríos, debe abstenerse de
tomar esta clase de baños en tal estado; hasta tanto que por el ejercicio etc., haya recobrado
el calor normal.

       Por el contrario: el que, en buena salud, esté sudando, o acalorado, aunque se halle
empapado en sudor, puede tomar tranquilamente nuestro baño. (*) (*) El que se haya
mojado por efecto de la lluvia debe abstenerle del baño, porque seguramente le sentaría
mal. También precisa que los vestidos que se pongan después del baño estén
completamente secos.

       Personas juiciosas y de gran experiencia consideran altamente perjudicial tomar un
baño frío estando el bañista acalorado o sudando. Y sin embargo no hay cosa más inocente.
Aun más; no titubeo en sentar el principio siguiente, comprobado por una larga experiencia:
cuanto más copioso sea el sudor, tanto más eficaz será el baño.

       Innumerables personas que creyeron sucumbir de un ataque apoplético a
consecuencia de tan «bestial tratamiento», perdieron todo miedo y todo recelo después de
una sola prueba. (**) (**) Véase en la tercera parte el artículo que trata del «Sudor».

        ¿Hay alguien que, al regresar a casa sudando, aunque el líquido salado le caiga por
el rostro gota a gota y los dedos se peguen unos a otros, como con engrudo, tenga temor ni
reparo de lavarse las manos y la cara, y aún el pecho y los piés? Absolutamente nadie;
porque todo el mundo siente que eso le conforta y alivia. Siendo así, ¿por qué no ha de
producir el baño el mismo efecto en todo el cuerpo? Cómo se comprende que una cosa que
sienta bien a las partes y las produce beneficio, haya de ser tan dañina y perjudicial al todo?

       Efectivamente; se observa que muchos, que estando en sudor, han pasado de
repente, a una atmósfera fría o se han expuesto a una corriente de aire fresco, con
frecuencia se han acarreado enfermedades graves, no pocas veces mortales, de donde viene,
sin duda, la idea errónea de que los baños perjudican si se toman sudando.

       Yo voy más adelante y concedo que muchos, al meterse sudando en agua fría, se
han buscado los gérmenes de graves dolencias. ¿Pero quién es el verdadero causante de
esto? ¿El sudor o el baño frío? Ninguno de los dos. Como en todas las cosas de la vida, no
está aquí la dificultad principal en el qué, sino en el cómo; por consecuencia en la manera
de hacer uso del agua fría estando en sudor. El loco furioso puede causar incalculables
desgracias con un simple cortaplumas; así la imprudencia o la falta de buen sentido puede
hacer dañino el remedio más beneficioso. Lo censurable es, en tales casos, que se condene
lo bueno y no los abusos que con ello se cometen.

       Como quiera que sea, todo depende de la buena o mala aplicación del tratamiento;
pero el que no obedezca más que a su capricho, que se atenga a las consecuencias, de las
que él solo es culpable.
Voy a contestar a la segunda pregunta, relativa a la duración del baño frío para
sanos.

       Un caballero a quien había prescrito dos de estos baños semanales, se me presentó
al cabo de quince días lamentándose de que había empeorado mucho su estado, y que
parecía un carámbano. Su aspecto era efectivamente lastimoso, y no se me idealizaba de
donde podía provenir aquello. Al preguntarle si se había atenido, en un todo, a mis
instrucciones, me contestó: «Sin apartarme de ellas un ápice; aún he hecho más de lo que
V. me ha ordenado; en lugar de uno he permanecido en el agua cinco minutos; pero
después no he podido entrar en reacción.» Desde aquel día enmendó su grave yerro, y no
tardó mucho en recobrar el calor natural perdido.

         Este hecho, perfectamente histórico, da por sí solo razón de todos los casos en que
el agua produce resultados desfavorables. Bien claramente se ve que no es ella, ni el
tratamiento en sí mismo, sino las imprudencias y genialidades de los hombres las que dan
esos resultados. Pero es más fácil y más cómodo echar la culpa de todo al agua.

         Para tomar el baño frío precisa desnudarse rápidamente y permanecer sólo un
minuto en el agua. Si el bañista está sudando se sentará en el baño de modo que aquella le
cubra hasta el estómago y al mismo tiempo se lava fuertemente la parte superior. Luego se
da un chapuzón hasta el cuello, sale del baño y se viste con igual prontitud, sin enjugarse el
cuerpo. El trabajador puede volver acto continuo a sus ocupaciones; cuando no, debe
hacerse ejercicio hasta tanto que se haya secado el cuerpo y recobrado el calor normal. Es
indiferente que aquel se haga en la habitación o al aire libre; yo prefiero esto último, aún en
invierno.

         En todo lo que hagas, lector querido, obra racionalmente y nunca traspases la justa
medida. Por regla general, nunca deben tomarse más de tres baños completos a la semana.

¿Cuál es la mejor época para tomarlos?

        Nunca es demasiado pronto para dar comienzo a la importantísima operación de
fortalecer el cuerpo, que es tanto como preservarle de enfermedades o ponerle en estado de
defensa. ¡Empieza, pues, hoy mismo, pero no con los tratamientos más duros que podrían
hacerte perder el ánimo! Unas cuantas prácticas preparatorias te pondrían en condiciones de
poder tomar los baños fríos, si tu constitución es robusta; de lo contrario la preparación
debe ser más larga.
Importa mucho no perder esto de vista; sería locura pretender atacar un mal con los
más duros tratamientos hidroterápicos, sin haber allanado antes el camino con algunas de
las prácticas más sencillas.

       Un médico recetó a un enfermo, que padecía de fiebre nerviosa, un paseo de un
cuarto de hora por agua fresca. Así lo hizo el paciente, pero sintió después tal frío que no
quiso oír hablar más de semejante baño, contra el que echaba pestes y maldiciones. El
doctor creyó cumplida su misión declarando, que del mal éxito de la prueba se deducía que
el agua no sentaba bien al enfermo y no era conveniente repetir el tratamiento; y que, por lo
demás, la dolencia no tenía remedio. Habiéndome notificado aquella sentencia de muerte,
le aconsejé que hiciese una segunda prueba con el agua, pero que sólo permaneciese en ella
diez segundos, puramente entrar y salir. El resultado fue muy distinto; en pocos días se curó
el enfermo.

       Ante hechos de esta naturaleza llegué a imaginarme que se recetaba el uso del agua
en esa forma violenta y dura, con el deliberado propósito de hacer que el pueblo cobrase
aversión y miedo al nuevo sacamantecas. Tal vez sea esta una de mis muchas rarezas, que
el lector benévolo sabrá dispensarme.

        Como quiera que sea, todo el que se proponga hacer un ensayo serio de mi
procedimiento debe empezar por las sencillas prácticas reconstituyentes, a las que seguirán
los lavados completos, que pueden tener lugar por la mañana al levantarse, o mejor antes de
acostarse, si el paciente no se desvela con el lavado. Por la noche no se pierde tiempo; por
la mañana todo es cuestión de un minuto. Más en este caso precisa hacer acto continuo un
activo ejercicio, o acostarse un cuarto de hora más, hasta secarse y entrar en reacción.

       Esta práctica, bien sea diaria, de dos o de cuatro veces semanales, es una
preparación excelente para acostumbrarse al baño frío completo. Hágase un ensayo, y se
verá que al malestar del primer momento sigue inmediatamente una sensación agradable, y
lo que antes causaba temor o recelo será un ejercicio necesario.

       Un caballero conocido mío tomó, durante 18 años, todas las noches, un baño
completo; aunque nadie se lo había prescrito, jamás quiso abandonar la costumbre; y con
razón, porque en todo ese tiempo nunca estuvo enfermo.

       Hay otros a quienes probaba tan bien, que no se contentaban con menos que con tres
mojaduras nocturnas, siendo preciso que yo interviniese para evitarlo. Pero de todos modos
estos hechos prueban que el tratamiento no es tan horripilante ni tan molesto como algunos
creen.

       El que de veras se proponga fortalecer su organismo y conservar la salud no
encontrará remedio más eficaz (*) (*) Más detalles acerca de sus efectos se dan en la 3*.
Parte, en el capítulo que trata del «sudor».; por consiguiente manos a la obra y nada de
vanos propósitos.

       Los pueblos vigorosos, las familias y generaciones robustas han tenido en gran
estima los baños de agua fría; ahora que la humanidad ha descendido al más bajo nivel en
el desarrollo de sus fuerzas físicas ha llegado el momento de volver a las costumbres de
nuestros mayores y de abandonar los principios irracionales y antihigiénicos que informan
nuestros sistemas pedagógicos, respecto de este particular.

       Aún existen familias, y de las más distinguidas por su posición social, que
conservan como una tradición el uso del baño, considerándole como uno de los principales
factores pata el desarrollo de las fuerzas y, por consiguiente, elemento principal de la
educación. No hay, pues, motivos para que nos avergoncemos de nuestra causa.

Baño frío para enfermos

   Baños

b. El baño frío para enfermos
        Al describir en la 3ª. Parte las distintas enfermedades se determinará cómo y cuándo
está indicado su empleo. Por ahora debo limitarme a algunas observaciones de carácter más
general.

        Las naturalezas sanas y robustas poseen, en sí mismas, la fuerza suficiente para
segregar y eliminar los gérmenes morbosos. Por el contrario, las enfermas o debilitadas por
la enfermedad necesitan el concurso de otros agentes para lograr ese resultado; uno de los
más poderosos es el baño frío, excelente ayuda para los enfermos y reconstituyente para los
sanos.

       La principal aplicación del expresado baño está en las "afecciones febriles", o sea en
todas las enfermedades que van acompañadas o precedidas de fuerte calentura. Esta
empieza a ser temible cuando alcanza de 39 a 40º, porque debilita por modo extraordinario
y abrasa la cubierta natural del cuerpo humano. Muchos que se salvan de la enfermedad,
sucumben por falta de fuerzas. Mirar con indiferencia este pernicioso incendio o esperar
con apatía sus resultados es poco cuerdo y altamente peligroso. En tales casos ¿qué efectos
pueden producir ni la quinina, con ser tan cara, ni la antipirina, que está al alcance de todo
el mundo, ni la digital venenosa, que, además, son enemigos declarados del estómago?
Cuando la fiebre ha alcanzado esa intensidad, los medicamentos no son más que paliativos,
débiles remedios para tal dolencia. ¿Y qué diremos de esas sustancias tóxicas que
infectadas en el cuerpo del paciente, le producen una embriaguez artificial que le priva de la
sensación y de todo conocimiento? Aparte la cuestión moral y religiosa, causa dolor y
lástima ver al enfermo así tratado yaciendo en el lecho con el rostro desencajado y los ojos
inquietos. ¿Y todo para qué?. Lo indispensable en tales casos es apagar el fuego febril: los
incendios se extinguen con el agua; el fuego general del cuerpo humano se extingue de raíz
con el baño completo. A cada nueva llamarada, tan pronto como se deja sentir la intensidad
del escalofrío y de la calentura se repite la operación y, aplicada con oportunidad, el agua se
hace pronto dueña del incendio. Tal acontece en las irritaciones, escarlata y tifus.

       Hace algún tiempo que en los grandes hospitales se usan los baños en lugar de la
quinina, para evitar los grandes gastos que esta sustancia ocasiona; posteriormente he
tenido la satisfacción de ver en los periódicos que en los hospitales militares de Austria se
combaten con el agua varias enfermedades, entre las que se cuenta el tifus. Lo que no
puedo comprender es que se aplique el tratamiento hidroterápico al tifus y no se haga lo
propio, según aconseja la inexorable lógica, con todas las enfermedades que tienen análoga
procedencia. Por eso muchos, aún de los que rinden culto a otras teorías médicas, esperan
con impaciencia esta prueba de consecuencia y buen sentido.

      Debo hacer aquí una observación, que es aplicable más bien a toda clase de lavados.
No todos los enfermos se hallan en disposición de tomar baños de cuerpo entero; algunos ni
aún pueden moverse de la cama por falta de fuerzas. ¿No habrá medio de aplicar a estos
enfermos los tratamientos hidroterápicos? Es evidente que si nuestras prácticas son tan
variadas y ofrecen tantos grados y subdivisiones, que el sano y el enfermo de mayor
gravedad encuentran en ellas lo que más le conviene a cada uno. Lo que importa es tener
acierto en la elección.

       Si se trata de enfermos de gravedad que no pueden tomar el baño frío completo, se
suple este con lavados totales, que pueden aplicarse en la cama, según se hace notar al
hablar de este tratamiento. Dichos lavados se repiten, lo mismo que los baños, siempre que
la fiebre acusa una temperatura elevada.
Pero con estos enfermos no puede emplearse en ningún caso un tratamiento severo,
con el que, de ordinario, no se haría más que agravar el mal.

       Recuerdo, a este propósito, un enfermo que estuvo once años sometido a
tratamiento médico y obligado a guardar cama. Ensayáronse también varias prácticas
hidroterápicas, pero todo fue en vano. Mediante la aplicación de mi sistema se curó en seis
semanas, no sin que el médico declarase que le parecía un portento. Entonces se presentó a
mí para informarse del procedimiento seguido, ya que, en su sentir, no había en aquel
cuerpo un átomo de actividad, por lo que las prácticas hidroterápicas por él prescritas no
dieron resultado. Dile a conocer un sencillo procedimiento y las no menos sencillas
prácticas puestas en uso. Esto le hizo comprender que la potente manga de riego no sirve
para apagar la llama de una tea; su tratamiento era harto rudo; el mío suave, moderado y
estaba en harmonía con las fuerzas y la resistencia del mísero cuerpo del enfermo.

        Siento una compasión indecible cuando oigo hablar de pacientes que no han podido
abandonar el lecho del dolor por espacio de diez, veinte y más años. En realidad tales
criaturas son bien dignas de lástima; y fuera de algunos casos excepcionales no se explican
satisfactoriamente tales fenómenos; también en la Sagrada Escritura se hace mención de un
enfermo que soportó su dolencia por espacio de 38 años. Tengo la firme convicción de que
muchos de estos infelices, confinados en el lecho del dolor, volverían a andar por su pié sí,
con inteligente perseverancia, se les sometiese a mi sencillo tratamiento hidroterápico.

Baños calientes

   Baños

2. Baños calientes completos.
        Se aplican también indistintamente a sanos y enfermos. Pueden tomarse de las dos
maneras siguientes: Se llena el baño de agua caliente (a) de modo que cubra todo el cuerpo,
sin quedar parte alguna fuera del líquido. Después de permanecer en él de 25 a 30 minutos
se pasa rápidamente a un segundo baño (b) que contiene
Agua fría, cuidando de no meter en ella la cabeza, y a falta de baño se lava todo el
cuerpo, con la prontitud posible, de suerte que esta operación no dure más de un minuto.
Sin secarse el cuerpo se viste y hace ejercicio durante media hora por lo menos, hasta
enjugarse completamente y volver a adquirir el calor normal, bien sea en la habitación o al
aire libre. El trabajador puede volver en seguida a sus habituales tareas. La temperatura del
agua oscilará entre 32 a 35º para personas robustas, y de 35 a 3S° C. para mayores de edad.
Conviene medir con exactitud la temperatura, por medio de un termómetro, que se dejará
algún tiempo dentro del agua, a fin de obtener una medida precisa. En general, el encargado
de preparar el baño desempeñará su cometido con cuidado sumo. Nunca deben evitarse más
los descuidos y desaciertos que cuando se trata de prestar servicios a enfermos.

Veamos el segundo procedimiento que puede seguirse para tomar este baño.

       Se llena el receptáculo, como la vez primera, con agua a la temperatura de 37 a 44º
C. próximamente, teniendo presente que nunca podrá bajar de 35°, ni pasar de 41, fuera de
los casos en que el médico prescriba taxativamente una temperatura más elevada. Yo
establezco, como término medio, de 39 a 41° C.

         Pero este año se compone de tres inmersiones en el agua caliente y otras tantas en la
fría, alternando, por lo que le he bautizado con el nombre de "baño caliente completo de
triple inmersión." La duraciones de 33 minutos exactos, entre los cuales se reparten las
diferentes inmersiones del modo siguiente:

     10 minutos en el agua caliente;
     1 minuto en la fría;
     10 minutos en la caliente;
     1 minuto en la fría;
   10 minutos en la caliente;
     1 minuto en la fría.

  Un reloj puesto sobre una silla, junto al baño, servirá para medir con precisión el tiempo.

  Es indispensable que la operación termine con la inmersión en agua fría. Las personas
robustas y habituadas a estas prácticas se sientan en el baño de agua fría y luego se
sumergen lentamente hasta llegar a la cabeza; pero los que son muy sensibles, después de
sentarse se lavan rápidamente el pecho y la espalda* (* Es decir, se echan agua sobre los
hombros, a fin de que caiga por la espalda y la remoje.) sin sumergirse. El baño de agua
fría puede suplirse por un lavado de todo el cuerpo. La cabeza nunca debe humedecerse; y
si esto ocurre se enjugará (secará) inmediatamente. Al verificar la última salida del agua
fría se enjugarán únicamente las manos, a fin de que no humedezcan la ropa al vestirse.

   En todo lo demás, especialmente en lo que respecta al ejercicio subsiguiente al baño,
síganse las prescripciones dadas para el de agua fría.

  Creo oportuno hacer aún varias observaciones.

       Nunca deben prescribirse baños calientes solos, es decir, sin ir seguidos de baño o
lavado con agua fría porque los primeros, si son de alguna duración, lejos de fortalecer,
agotan el vigor y debilitan el organismo; en lugar de endurecer la piel la hacen mucho más
sensible al frío; por consiguiente aumentan el peligro en vez de alejarle. Sabido es que el
agua caliente abre los poros y se correría grave peligro si por ellos llegase a penetrar el aire.
Todos estos inconvenientes se evitan con los baños o lavados de agua fría subsiguientes,
por lo que nunca prescribo los primeros sin los segundos. Por otra parte el agua fresca
conforta, mitigando a la vez el calor que se tiene en exceso; es un gran refrescante y al
mismo tiempo protege, por cuanto al cerrar los poros hace más tupida la piel.

       Aquí volvemos a tropezar con la preocupación que existe contra el paso rápido del
calor al frío. Y sin embargo, precisamente en atención al baño frío subsiguiente debe
elevarse la temperatura del caliente algo más que lo normal y ordinario. Por ese medio se
satura el cuerpo de calor, en tales términos que puede muy bien soportar la impresión del
agua fría. No obstante el que sienta horror invencible al baño frío súplale la primera vez
con un lavado completo y pronto perderá el miedo. Todo depende de la primera prueba; el
que la haga no tomará un baño templado sin el subsiguiente frío. Muchos que en un
principio sentían esa aversión, acostumbráronse luego de tal modo a ese brusco cambio y le
cobraron tal cariño, que me fue preciso poner freno y tasa a sus ímpetus, para que el exceso
del bien no les perjudicase.

        Nadie se asuste del hormigueo que se siente en la piel, especialmente de los pies, al
pasar del baño frío al templado; muy luego se convierte en una especie de frotación
agradable. Cuando se toman en combinación estos dos baños, en la forma expresada, no
son necesarios preparativos preliminares de ninguna especie, como, por ejemplo, para
restablecer la temperatura normal en el cuerpo.

       En toda clase de baños templados, si se prescribe a sanos, agrego algún cocimiento
de hierbas medicinales; muy pocas veces empleo el agua sola.

Baños templados

   Baños

Baños completos templados para sanos.
       Si alguna vez ordeno baños templados a personas que gozan de salud, pero de
naturaleza débil, es porque se resisten a tomarlos fríos y con el lavado que sigue al baño
caliente se habitúan insensiblemente al agua fresca.

       En este particular me atengo a los siguientes principios:

       A personas robustas y sanas, cuyo aspecto indica que tienen sobra de calor en el
cuerpo, no les ordeno baños templados sino en casos muy excepcionales. Por lo demás
tampoco los piden; antes bien suspiran por el agua fría, como los peces.

      En cambio se los recomiendo a los jóvenes, a los débiles y pobres de sangre, lo
mismo que a las personas nerviosas, en particular a aquellas que son propensas a ataques
espasmódicos, reumas y dolencias análogas; entre estas ocupan lugar preferente las madres
de familia que, por las innumerables molestias de la vida, se hallan expuestas más que
nadie a esta clase de males. Basta un baño mensual a 35º C. de 25 a 30 minutos de
duración, con el subsiguiente lavado en frío.

      Los que son propensos a reuma articular, gota o podagra deben tomar dos baños
mensuales.

       El verano es la época más adecuada para que las personas débiles y jóvenes ensayen
los baños fríos.
A estos y a los ancianos recomiendo con insistencia un baño mensual templado, a la
temperatura de 35 a 37º C de 25 minutos, con el subsiguiente lavado, que como siempre,
sirve de reconstituyente. Este baño no sólo contribuye a mantener la limpieza, sí que
también a fortalecer el organismo y refrescar el cuerpo. El que observe con perseverancia
esa costumbre verá que sus fuerzas se acrecientan a medida que la transpiración aumenta y
se hace más activa la circulación de la sangre.

Baño templado completo para enfermos.
       Al hacer la descripción de las diferentes enfermedades se indican los casos en que
deben usarse estos baños, cuyo empleo no ofrece peligro alguno, si se aplican con las
debidas precauciones.

        Dos fines se persiguen con el uso de los baños:

        Acrecentar el calor natural del cuerpo, o disolver y segregar sustancias, que la
debilitada naturaleza no podría eliminar por sus solas fuerzas.

  Según las sustancias con que se preparan reciben diferente denominación, a saber:

     Baños de flores de heno;
     Baños de paja de avena;
     Baños de botones, hojas o yemas de pino;
     Baños mixtos.

  Respecto de la preparación y de las aplicaciones de los dos primeros rigen, en lo
esencial, las mismas prescripciones dadas para los baños de asiento. Para mayor seguridad
ampliamos aquí algunos puntos.

a) Baño de flores de heno.
      Se llena un saquito de flores de heno que se echa en un caldero de agua hirviendo,
donde se deja cocer un cuarto de hora. Viértase el cocimiento en el baño preparado con
agua caliente, cuya temperatura se regula añadiendo agua, hasta obtener los grados
marcados. Este baño es el más sencillo, y por su carácter inofensivo, el más usado para
elevar y normalizar la temperatura del cuerpo; así es que los sanos pueden tomarle también
en todo tiempo. No pocos hidrófilos salen de mi clínica saturados con el aroma de este
baño, cuyas morenas aguas abren sobre manera los poros y son un poderoso remedio para
resolver las inflamaciones.
b) Baño de paja de avena
      En un caldero de agua hirviendo se deja cocer por espacio de media hora un buen
manojo de paja de avena, y luego se procede como en el caso anterior.

        Este baño es más eficaz que el de flores de heno, y se recomienda particularmente
en las afecciones de los riñones y de la vejiga, en los males de piedra y en la gota.

c) Baño de hojas o botones de pino.
        Preparase del modo siguiente: se toman botoncitos o agujas de pino, tiernas, bien
frescas, ramitas machacadas, cuanto más resinosas mejor, o también piñas machacadas.”3



Linkografía

(1) http://www.hidroterapianatural.com/

(2) http://www.wikipedia.com

(3) http://www.tulesion.com/tratamiento-tipo_nutricion-hidroterapia-relAsociado_44.3php

Hidroterapia

  • 1.
    Hidroterapia Por Carlos Orellana D MPH(c) Master in Public Health/Nutrition La Hidroterapia es la utilización del agua como agente terapéutico, en cualquier forma, estado o temperatura ya que es la consecuencia del uso de agentes físicos como la temperatura y la presión. El término procede del griego Hydro (ύδρο-,agua, griego antiguo ὕδωρ, hýdor) y Therapia (θεραπία, curación). Fuente: http://www.tulesion.com/tratamiento-tipo_nutricion-hidroterapia-relAsociado_44.3php Se define como el arte y la ciencia de la prevención y del tratamiento de enfermedades y lesiones por medio del agua. Las propiedades terapéuticas del agua nos permiten sentar la base en el tratamiento de las alteraciones de los pacientes. Éstas son:  la dinámica, a través de grifos a presión se incrementa la presión se incrementa también en el organismo el retorno venoso y ejercemos un efecto relajante sobre el paciente  mecánica, a través de masajes se incrementa la temperatura del cuerpo  química, por medio de la adición en el agua de otros componentes. Los tratamientos de hidroterapia se pueden aplicar a través de:  Baños. Los baños pueden ser totales o parciales y la temperatura de los mismos varía según el tipo de aplicación que se quiera dar. Se distinguen las siguientes técnicas.  Baños simples: se realizan en la bañera o tanque y tienen como finalidad la relajación del paciente. Pueden ser fríos o calientes.
  • 2.
    Baños parciales: se aplican sobre una parte concreta del cuerpo.  Baños de vapor: se utiliza vapor a gran temperatura que se proyecta sobre la zona a tratar tapándose posteriormente con una toalla.  Baños de contraste: se aplica agua a diferentes temperaturas de forma alternativa.  Baños de remolino: su efecto radica en la presión que ejerce el agua sobre la parte del cuerpo afectada.  Baños galvánicos: se utiliza agua combinada con electricidad.  Hidromasaje termal: se trata de un baño con agua azufrada que activa la circulación sanguínea.  Duchas. Su efecto se produce por la presión que ejerce el agua fragmentada al salir de la ducha. Existen diferentes tipos de aplicaciones a través de duchas dependiendo de la presión y el tipo de emisión realizada.  Chorros. La aplicación se basa en la emisión de agua a alta presión a través de un solo agujero lo que permite concentrar la acción sobre un punto determinado. Los chorros se proyectan a diferentes presiones y temperaturas.  Aditivos. La acción del agua puede complementarse mediante la adición de sustancias en el baño.  Lavados. Se realizan pasando un paño húmedo sobre la piel.  Compresas. Son un tipo de envolturas a las que se adicionan hierbas.  Abluciones. El agua es derramada directamente sobre el cuerpo. Los centros especializados en el mundo de la hidroterapia son:  Balneario: lugar habilitado para el tratamiento de afecciones en cuya base se asienta este tratamiento a través de aguas termales mineromedicinales, estando siempre situado en el lugar de emanación del manantial.  Spa: siglas de “salutem per aquam” o “salud a través del agua”;3 son lugares habilitados para el tratamiento de afecciones con aguas que no mineromedicinal ni termal. No obstante pueden añadirse otros componentes que mejoren el tratamiento estético o de relajación.  Centros de talasoterapia: variante de la hidroterapia que basa sus aplicaciones terapéuticas en el agua marina y sus componentes (algas, arena y otros). Historia de la Hidroterapia El uso del agua fría, como medio higiénico y curativo, no es nuevo pues es grande el valor que todas las naciones le han dado en diversas épocas; así es que, recorriendo las costumbres de los antiguos, veremos que los espartanos bañaban a sus hijos de recién nacidos en agua fría y era tanto el aprecio que hacían de dicho medio, que con el objeto do dar tono y vigor al cuerpo se bañaban en todas las estaciones del frío en el Eurotas. Píndaro dice en una de sus odas olímpicas que la mejor cosa es el agua y después, el oro.
  • 3.
    Pitágoras recomendaba muchoa sus discípulos el uso de los baños fríos para fortificar el cuerpo y el talento. El anciano de Coos, el gran Hipócrates o sea el padre de la medicina, que añadió las frotaciones en el baño frío, estaba acostumbrado a usar del referido agente en la curación de las enfermedades más graves y fue el primero que con su genio profundo y observador notó que el uso del agua caliente enfriaba, mientras la fría calentaba. Losmacedonios creían que el agua caliente era muy enervante y así es que prescribían a sus mujeres se lavasen con agua fría después de paridas. El célebre poeta Virgilio llama a los antiguos habitantes de Italia raza de hombres endurecidos y austeros, que sumergen a sus criaturas acabadas de nacer en los ríos y los acostumbran al agua fría lo que nos indica cuáles eran las costumbres de aquel pueblo. Celso, llamado el Cicerón de los médicos, usaba el agua para curar el dolor de cabeza y estómago. Galeno en el siglo II recomendaba los baños fríos, tanto a los que gozaban de salud como a los que estaban padeciendo ataques febriles. Carlomagno, sabedor de la salubridad de los mismos baños animaba a todos los de su imperio al uso de ellos e introdujo en la corte por vía de diversión la costumbre de nadar. Michelle Savonarola, médico italiano en 1462 recomendaba el agua pura la oftalmía y las hemorragias por creerla uno de los remedios más eficaces. Vander Heyden, doctor de Ghent, manifiesta que en 1624 curó a muchos centenares de personas atacadas de disentería, cuya enfermedad era entonces epidémica y para lo cual tan solo usó el agua fría. Short, doctor inglés, refiere en 1650 que había curado con agua fría la hidropesía y las mordeduras de perros rabiosos. El doctor Floyer, en 1702, publicó una obra muy buena, titulada Psychrlousie (Instrucciones sobre el uso de los baños fríos), habiéndose hecho desde aquel período hasta el año 1722 seis ediciones. El doctor Hancoek, en 1722, dio al público un tratado antifebril sobre el uso del agua fría de la que se hicieron en solo un año siete ediciones. Curri publicó en 1707 una honra sobre la eficacia del agua, la cual puede considerarse como la base científica de la Hidropatía. Tissot, en sus Consejos al pueblo, publicados en París en 1770, demues la importancia del agua fría. Hahn, que nació en Silesia en 1714, escribió acerca de las curas con el agua una excelente obra que se reimprimió. Samuel Hahnemann, padre de la Homeopatía, en una obra impresa en Leipsic en 1784, recomienda el agua fría, sin la cual dice que las úlceras muy atrasadas no se pueden curar y agrega que si existe algún remedio, es el agua. Similares tratamientos utilizaba el célebre cura Sebastian Kneipp, párroco de Wörishofen (Baviera) el cual se proponía resolver las sustancias morbosas, eliminarlas del cuerpo humano y fortalecer el organismo por medio de las efusiones de agua fría añadiendo a veces vegetales, sobre todo, flores de heno, de cola de caballo y de paja de avena. La hidroterapia moderna de Sebastian Kneipp (1821 -1897) propone tratamiento natural para enfermos y sanos. Sus métodos, conocidos aún hoy como la "cura de Kneipp", incluyen no sólo baños parciales y completos de agua fría principalmente, sino también chorros de agua, ejercicios físicos, el uso de hierbas medicinales y una dieta saludable.
  • 4.
    Tratamientos Andar sobre hierbahúmeda  Fortificantes “Andar sobre la hierba húmeda es otro de los ejercicios fortificantes, ya se haya humedecido aquella por el rocío, la lluvia o el riego.*(* Este paseo, con los pies descalzos, es mucho más saludable que el que se hace sobre la tierra húmeda). En la tercera parte tendremos ocasión de citar repetidas veces esta práctica, que no titubeo en recomendar a toda clase de personas, sin distinción de edades, aún a los enfermos. Cuanto más húmeda esté la hierba, más se prolongue el ejercicio y con más frecuencia se practique, serán mejores los resultados. Por regla general debe durar de 1 a 3 cuartos de hora. Una vez terminado el paseo se separan de los pies todas las sustancias extrañas que se les hayan adherido, como hierba ó arenita y, con la mayor prontitud posible, sin secarlos, se cubren con calzado perfectamente seco. Acto continuo se emprende sobre terreno seco, un paseo bastante rápido que se va moderando paulatinamente, y cuya duración depende de la mayor ó menor prontitud con que se enjuguen y entren en calor los pies, pero que nunca deberá exceder de una hora. Debe evitarse, con el mayor cuidado, que las medias y el calzado que se pongan después de este ejercicio estén húmedos, pues de lo contrario pronto se dejarían sentir las consecuencias en la cabeza y en el cuello, y el remedio sería contraproducente. He aquí por qué no deben dejarse nunca esas prendas sobre la hierba húmeda, sino en lugar seco, para que, con su ayuda, los pies entren pronto en reacción y recobren el calor perdido. Este, como los demás ejercicios similares, puede practicarse aún cuando se tengan los pies fríos. Andar sobre piedras mojadas Fortificantes Análogos resultados produce el paseo sobre piedras húmedas, que para muchos es más fácil y cómodo, ya que en la mayor parte de las casas hay algún espacio o habitación con pavimento de piedra, suficiente para practicar este ejercicio. Se marchará sobre la piedra húmeda, con los pies descalzos, a paso ligero y movido, a la manera que el pisador de uvas en el lagar ó el mozo de tahona sobre la masa, teniendo sumo cuidado de no pararse un momento. Las piedras pueden humedecerse con regadera o con un jarro, siempre con el
  • 5.
    agua más fríaque se tenga a mano, y debe repetirse la operación del riego cuantas veces sea necesario para mantener uniforme la humedad, todo el tiempo que dure el paseo. Si éste se practica con un fin medicinal no debe durar más de 15 minutos ni menos de 3, según las condiciones del paciente y el estado de sus fuerzas; por lo general, dura el ejercicio de 3 a 5 minutos. Pero si se toma como fortificante, en buen estado de salud, puede prolongarse media hora y más, sin peligro ninguno. Me creo en el caso de recomendarle a todo aquel que tenga verdadero deseo de fortalecer su constitución física, aunque haya llegado a un grado de debilidad extrema. Los que sufran de frialdad en los pies, dolores en el cuello y sean propensos a los catarros y ataques apopléticos o fuertes dolores de cabeza, deben combatir estos males con el expresado paseo, que será más eficaz si se añade un poco de vinagre al agua con que se riega la piedra. Andar por agua fría Fortificantes Paseo por el agua Paseo por el agua. Por sencillo que este ejercicio parezca, se obtienen con él los siguientes resultados:  1.º obrando sobre todo el cuerpo, fortalece el organismo  2.° obra ventajosamente sobre los riñones y favorece, como revulsivo, la operación de la orina, por cuyo medio sirve de preservativo contra varias dolencias que tienen su raíz en los riñones, en la vejiga ó en el bajo vientre  3.º ejerce una acción favorable sobre el pecho, facilita la respiración y expulsa los gases del estómago  4.° combate los dolores y la pesadez de cabeza Este fortificante consiste en dar paseos por un baño o tina con el agua hasta los tobillos, primeramente, pudiendo añadirse más paulatinamente hasta que cubra, por lo menos, las pantorrillas. El resultado es tanto más eficaz cuanto más fría está el agua. El primer día el paseo será de 1 minuto solamente, pudiendo llegar hasta 6 minutos. Después del paseo se hará ejercicio hasta que la parte bañada haya recobrado el calor normal, al aire libre en verano y en una habitación caldeada durante el invierno. En esta estación se puede refrescar más el agua con nieve. Tratándose de personas débiles se puede
  • 6.
    empezar con aguaquebrantada, que se irá enfriando en las prácticas sucesivas hasta usarla completamente fría. Bañar en agua fría los brazos y las piernas Fortificantes Fortificantes de las extremidades, especialmente de los brazos y piernas. Como tal puede emplearse el siguiente procedimiento. El paciente permanece de pié en el agua fría hasta la rodilla o algo más arriba, durante un minuto. Después de calzarse descúbrase los brazos hasta los hombros y los mete el mismo espacio de tiempo en el agua fresca. Pero es más ventajoso practicar las dos operaciones simultáneamente, para lo que únicamente se necesita una artesa o baño de mayor tamaño. Esta doble operación puede también verificarse metiendo los pies en una vasija colocada en el suelo y las manos y brazos en otra puesta sobre una silla. Esta práctica se recomienda, después de ciertas enfermedades, para llamar la circulación de la sangre hacia las extremidades. El baño de los brazos, por sí solo, obra ventajosamente en todos aquellos que son propensos a sabañones y a tener las manos frías. Conviene secar las manos después de la inmersión a fin de evitar que por la acción del aire frío se levanten ampollas, pero no se practicará esta operación con los brazos. Para tomar el baño de brazos y manos precisa que todo el cuerpo tenga la temperatura normal y no se sienta frío; sin embargo puede tomarse si el frío está localizado en los pies o en los brazos hasta el codo solamente. Baños de regadera locales Fortificantes Citaremos, como último de los fortificantes, el riego de las rodillas. Los detalles pueden verse en la descripción de los baños de regadera. Obra muy ventajosamente sobre los pies, llamando la sangre a sus escuálidas venas.* (* A un caballero se le desarrolló en los dedos da los pies una blanda masa en lugar de uñas. Los baños de regadera en las piernas hicieron reaparecer las uñas, fortaleciendo aquella parte, mediante un reparto proporcional de la sangre.)
  • 7.
    Creo conveniente advertirque si se trata de personas en buena salud, que toman este baño como fortificante, puede aplicarse bajo una forma algo más dura: bien sea dejando caer la lluvia de mayor altura, refrescando el agua con nieve o hielo durante el invierno etc. Para tomar este baño precisa también que el cuerpo tenga la temperatura normal, si bien pueden exceptuarse los pies hasta los tobillos. Por lo además, el baño de la rodilla no puede tomarse más de 3 a 4 días consecutivos, a no aplicarse en unión o alternando con otra de las prácticas hidroterápicas, como el riego de la parte superior del cuerpo o la inmersión de los brazos, de tal modo que una se aplique por la mañana y por la tarde la otra. Como fortificantes bastan las prácticas descritas, que pueden aplicarse en todo tiempo, lo mismo en invierno que en verano. Durante la estación fría debe abreviarse el baño y alargarse un poco el ejercicio que le sigue. Pero los que no tengan costumbre da practicar estas operaciones deben comenzarlas en una de las estaciones templadas, muy particularmente aquellos que son propensos a resfriados, los anémicos y todos los que hayan debilitado sus fuerzas con el excesivo abrigo y las precauciones exageradas para precaverse de los rigores del frío. Hago esta recomendación, no porque tema ningún daño, sino por no espantar a los tímidos y hacerles cobrar aversión a un sistema evidentemente bueno. Tanto los sanos como los que tienen alguna dolencia pueden someterse a cualquiera de las prácticas hidroterápicas descritas, siempre que se sujeten a las instrucciones dadas para cada tratamiento, en la seguridad de que los malos resultados provienen siempre de alguna imprudencia del paciente. Aun tratándose de tísicos en los que el mal ha hecho algunos progresos, se aplican con resultado los procedimientos descritos en los puntos 1 - Andar descalzo, 2 - Andar sobre la hierba húmeda, 3 -Andar sobre piedras mojadas y 6 - Bañar en agua fría los brazos y las piernas. No todas las personas a quienes dedico mi pequeño trabajo necesitan estímulos para fortalecer su organismo; su vocación y sus ocupaciones cotidianas, les proporcionan a muchos innumerables ocasiones de robustecer sus fuerzas y, como vulgarmente se dice, de curtirse. En realidad de verdad no tienen por qué envidiar a los que parecen encontrarse en mejor situación que ellos. Hay en esto de la posición muchas y muy crasas ilusiones. Por lo que respecta a aquellos de mis lectores que ni de nombre, tal vez, conocen los tratamientos que acabamos de exponer, les invito a hacer una prueba, siquiera sea pequeña, antes de emitir su fallo. Si aquella resulta favorable al nuevo sistema curativo, me alegraré,
  • 8.
    no tanto pormí como por la importancia suma del asunto. Harto numerosas son las tempestades que surgen en la vida contra la salud de los hombres. Demos el parabién al que sabe fortalecer su naturaleza y hacer que el árbol de la salud eche robustas y profundas raíces. Andar sobre nieve Fortificantes Andar sobre la nieve blanda o recién caída Más eficaces son los resultados que se obtienen por el paseo sobre la nieve recién caída. Es condición precisa que esta sea fresca, que se pegue fácilmente a los pies en forma de polvo, no dura ó congelada, que sólo sirve para producir una gran sensación de frío. Tampoco es conveniente dar este paseo con viento muy frío, por cuya razón son preferibles los días de primavera en que empieza el deshielo. Conozco algunas personas que hacen durar estos paseos media hora, una y hasta hora y media, con excelente resultado. En los primeros minutos tuvieron que hacerse alguna violencia; después no sintieron molestia alguna ni señal de frío. Sin embargo el paseo por la nieve no debe durar más de 3 a 4 minutos, y en ningún caso debe estar parado el ejercitante. A las veces ocurre que los dedos de los pies, no pudiendo soportar el frío de la nieve, se ponen rígidos, presentan un calor febril y se hinchan. No hay que asustarse por eso; el mal tiene fácil remedio y desaparece con solo meterlos varias veces en agua de nieve ó frotarlos ligeramente con la misma nieve. En ciertas épocas, Otoño por ejemplo, puede suplirse el ejercicio sobre la nieve con un paseo cubierta de rocío. Entonces la sensación de frío es mayor en razón a que el cuerpo vive aún bajo la influencia del calor del estío. En invierno le sustituye el paseo sobre piedras humedecidas con agua de nieve. Respecto del vestido y del ejercicio subsiguiente, obsérvense las prescripciones indicadas anteriormente. Muchos califican de necedades, locuras etc. estos ejercicios fortificantes, que se rehúyen por temor a los catarros, reumas, enfriamientos y toda clase de dolencias. Mas todo depende de una pequeña prueba y de un ligero esfuerzo, para vencer la repugnancia; los primeros ensayos bastarán para destruir esas preocupaciones y demostrar los excelentes resultados del terrorífico paseo por la nieve.* (* Conozco a varios médicos que aprueban este ejercicio, siempre que se practique con las debidas precauciones. A los que le califican de duro les opondré el empleo de hielo, que no cede seguramente en rudeza al de la nieve.)
  • 9.
    Hace muchos añosentablé conocimiento con la señora de un alto funcionario, que daba gran importancia al desarrollo físico de sus hijos, no consintiéndoles ningún capricho en la elección de la comida o la bebida y reprendiéndoles severamente cualquier manifestación de desagrado, tocante al calor, al frío etc. Tan pronto como caían las primeras nieves, les prometía una merienda da pan de manteca con miel, si se arriesgaban a dar, descalzos, un paseo por la nieve. Pronto se aficionaron los niños a este ejercicio, se criaron robustos y sanos y toda su vida conservó viva gratitud hacia la madre que tan varonil educación les había dado. Indudablemente esta señora cumplió a maravilla su misión de madre. De ordinario, este paseo se recomienda solamente a personas que gozan de buena salud; no obstante citaré un par de casos que evidencian el buen resultado que puede dar en cierta clase de dolencias. Durante muchos inviernos estuvo sufriendo uno horribles molestias, a consecuencia de los sabañones que, al reventarse, le producían grandes dolores. Siguiendo mis consejos, al caer las primeras nieves, antes de reventarse aquellos, empezó a dar los paseos por la nieve y, al poco tiempo, se vio libre de la incómoda dolencia. No ha mucho tiempo se presentó a mí una muchacha de 17 años, quejándose de fuertes dolores de muelas. «Si dieses un paseo de cinco minutos por la nieve» la dije, «pronto desaparecerían los dolores.» Siguiendo en el acto mi consejo, corrió al jardín y volvió al cabo de diez minutos completamente curada. Para dar el paseo por la nieve es condición indispensable que todo el cuerpo tenga la temperatura normal; por consiguiente, el que sienta frío debe procurar antes recuperar el calor normal por el ejercicio o el trabajo corporal. Inútil es advertir que las personas propensas al sudor de pies, grietas o que tengan sabañones ya abiertos o en supuración, no deben practicar este ejercicio, sino después de aplicar los remedios indicados para la expresada dolencia, como baños de pies con agua o vapor etc. Aplicaciones Hidroterápicas Paños Empapados Los paños empapados o "paños mojados" como se dice vulgarmente, se aplican bajo las siguientes formas:
  • 10.
    I. Paño superior. Se toma un paño de hilo burdo, de lona o de arpillera, se pliega en 3, 4, 6, 8 ó 10 dobleces longitudinalmente, dándole el ancho y largo necesarios para que pueda cubrir el cuerpo, desde el cuello hasta el bajo vientre inclusive, y dejándole a manera de dos faldillas por los costados, para su mejor sujeción. El paño así preparado se empapa en agua, se retuerce perfectamente y se coloca sobre el paciente que estará acostado boca arriba. Encima se pone una manta de lana o de hilo en dos o tres dobleces que cierre herméticamente, para impedir el paso del aire, y sobre esta el edredón o mantas de la. Cama. Conviene, además, cubrir el cuello con un pañuelo do lana que impida el acceso del aire por la parte superior. La operación de tapar al enfermo debe practicarse con exquisito cuidado para evitar enfriamientos. En invierno puede emplearse agua caliente. El paciente permanece en la posición descrita de 3/4 a 1 hora; y si se cree oportuno renovar la operación durante ese tiempo, por haberse calentado la envoltura, se volverá a humedecer el paño en igual forma, con agua fría, y se procederá como queda dicho. Trascurrido el tiempo marcado se quita los paños mojados, se viste el paciente y se le hace dar un Pasco por la habitación, si no prefiere permanecer algún tiempo más en la cama. IV. Paños en el bajo vientre. Estando acostado el paciente, se toma un paño de hilo en 4 a 6 dobleces, se moja y se retuerce hasta que no gotee, se aplica al bajo vientre o sea desde el estómago para abajo, y se le cubre perfectamente con la manta de lana y la ropa de la cama. La duración puede variar de 3/4 de hora a 2 horas; pero en este último caso debe repetirse a la hora la mojadura, con las operaciones subsiguientes: Estos paños prestan excelentes servicios en los dolores de estómago, en los espasmos o calambres, y para aminorar la sangre en la región torácica y del corazón. Con frecuencia se empapa el paño en vinagre, en lugar de agua, empleándose también, según se dirá en la tercera parte, cocimientos de flores de heno, de paja de avena, cola de caballo (Equisetum hyemale L.) etc. Para ahorrar el gasto de vinagre se puede empapar un paño de hilo en dos dobleces, en una mezcla de agua y vinagre, por mitad, aplicarla sobre la carne y sobre este paño se extiende otro en dos a cuatro dobleces, empapado en agua solamente. En lo demás se procede como queda dicho.
  • 11.
    Este tratamiento sirvepara expulsar los gases que se introducen en el estómago y en el bajo vientre. Para someterse a él, lo mismo que a las prácticas similares, precisa que el cuerpo tenga la temperatura normal. II. Paño inferior. Suele aplicarse antes que el anterior, aunque no es indispensable que se apliquen ambos. En la operación deben observarse las siguientes prescripciones. Como el patio inferior se aplica también en la cama, para evitar que se humedezcan los colchones o jergones se extiende sobre el parto de lino otro análogo y sobre este una manta de lana burda de iguales dimensiones. El paño de hilo ya mencionado, en 3 o 4 dobleces, se empapa en agua y, después de bien retorcido, se extiende longitudinalmente sobre la manta de lana de modo que coja toda la columna vertebral, desde el cuello al extremo inferior. De este modo se echa el paciente boca arriba se le cubre por ambos lados con la manta de lana y con otra ropa análoga, edredón etc., que impida la entrada del aire. La operación dura también unos 3/4 de hora y si se quiere prolongar debe mojarse de nuevo el paño, puesto que, lo mismo que con el superior, de la frialdad depende el resultado que se busca. Una vez terminada la operación se observan las prescripciones indicadas en el número anterior. Este tratamiento se aplica, con gran resultado, contra los dolores de riñones y de espalda, y para fortalecer la columna vertebral. Dos tratamientos, aplicados en un mismo día, han bastado muchas veces para hacer desaparecer el dolor de riñones. Para contener la inflamación de la sangre y mitigar el calor de la calentura es igualmente un excelente remedio. III. Paño superior e inferior combinados. Los dos expresados tratamientos pueden aplicarse a un mismo tiempo. Al efecto se prepara el inferior primeramente, según queda dicho en el párrafo II, y luego el superior, que se deja así dispuesto al lado de la cama. El paciente se echa desnudo sobre el paño inferior, cubriéndose inmediatamente con el superior; y, acto continuo, con la manta y ropa de cama de modo que no pueda penetrar el aire. En este doble tratamiento precisa que la manta de lana tenga el ancho suficiente para envolver al enfermo, a manera de faja. Inútil es
  • 12.
    advertir que laOperación se practicará mucho mejor, si el paciente está asistido por otra persona. La duración mínima del tratamiento es de 3/4 de hora y la máxima de una. Para mitigar el calor, expeler gases, en congestiones, en la hipocondría y padecimientos análogos da muy buenos resultados, así como también en las múltiples afecciones del bazo. Con frecuencia se me ha preguntado lo que opino acerca de las compresas o paños de hielo, la sangría y otros remedios. Voy a exponer aquí en breves palabras mi opinión acerca de estos puntos. El que con fruncido ceño alarga a un enemigo la mano en demanda de reconciliación, no logrará tan fácilmente su objeto como el que lo hace con la sonrisa en los labios y la alegría en el corazón. Este símil viene aquí muy al caso: el primero es el hielo y el segundo el agua. La aplicación de hielo a los enfermos me ha parecido siempre, en particular a las partes más nobles del cuerpo, (como la cabeza, los ojos, los oídos etc.) uno de los remedios más rudos y violentos que pueden imaginarse. Lejos de ayudar a la naturaleza para recuperar la actividad perdida, la arrancan por fuerza algo que pretende retener y nunca deja de vengarse. He aquí porqué los paños o compresas de hielo son tratamientos desconocidos en mi farmacopea y creo que nunca tendrán entrada en ella. Pongámonos ante los ojos el colosal contraste que resulta de semejante aplicación: dentro del organismo un calor ardiente; fuera una capa de hielo y en medio el miembro enfermo, un objeto siempre delicado sufriendo la acción de dos factores tan opuestos. En la mayoría de los casos he podido desgraciadamente comprobar los detestables efectos de tan rudo tratamiento. Conozco a un caballero que estuvo condenado un año entero a llevar, día y noche, sin ninguna interrupción, compresas de hielo en los pies. Claro está que una acción tan constante del hielo acabó por hacer desaparecer hasta el calor natural de ese órgano; mas no produjo igual efecto con la dolencia que se pretendía combatir. Se me objetará que, en muchos casos, produce buen resultado. Convengo en que algunos males no puedan resistir a ese tratamiento de fuerza; pero ¿y las consecuencias? Innumerables enfermos se me han presentado quejándose de debilidad en la vista, de sordera, de dolores reumáticos de índole muy diversa, especialmente en la cabeza, que de ordinario, se hallaba además atacada de una sensibilidad extraordinaria y de otras mil dolencias. Al preguntarles, de donde les había venido el mal, solían responderme: «la
  • 13.
    compresa, o labolsa de hielo me ha causado este daño; así estoy hace tantos y cuantos años...» Y lo peor es que muchos le llevarán consigo hasta el fin de su vida. Por consiguiente repruebo, en absoluto, el uso de bolsas o compresas de hielo y sostengo que el agua, empleada en debida forma, es capaz de mitigar y de amortiguar por completo el calor interior más intenso, en cualquier órgano que se haya cebado. Cuando no basta el agua para apagar un incendio, son impotentes contra el voraz elemento los témpanos de hielo. Téngase por seguro: el agua bien aplicada es el mejor remedio. No quiere decir esto que, por ejemplo, si se trata de una inflamación de cabeza, en lugar de la compresa o de la bolsa de hielo, se apliquen sin discernimiento paños mojados etc. Cien compresas y paños no serán capaces de contener la afluencia de la sangre hacia el punto inflamado, causa del fuego que allí se siente. Es indispensable dirigir a otra parte la sangre, repartirla, o con otras palabras: precisa distraer la dolencia con aplicaciones simultáneas en otras partes del cuerpo. Así, al enemigo que fija sus reales en la cabeza le combatiré, en primer término, con remedios aplicados a los pies del paciente, que se irán replegando sucesivamente en dirección al punto atacado. Por lo demás, ya han tenido ocasión de observar mis lectores los servicios excelentes que, de una manera indirecta, presta el hielo en determinados tratamientos hidroterápicos; así en verano sirve para refrescar el agua, cuando se pone demasiada tibia. Dos palabras acerca de la sangría, las sanguijuelas y demás procedimientos empleados para aminorar la sangre. En años anteriores apenas había señora que no se hiciese sangrar 2, 3 y aun 4 veces en un año; una señal roja o azul puesta en el calendario marcaba los días escogidos para la operación: los más favorables eran los de media fiesta y los que tenían algún signo de buen agüero. Médicos, cirujanos y barberos hacían en tales días verdaderas carnicerías. Los establecimientos públicos, conventos etc. tenían señaladas sus épocas de sangría y prescrito, con severidad suma, el género de vida, la dieta que debía observarse. Antes de practicar la sangrienta operación se deseaban buen éxito y se felicitaban del resultado si salían bien de la prueba. Para algunos tenía la operación sus peripecias. Un eclesiástico de aquella época asegura que se había hecho sangrar cuatro veces al año, por espacio de 32 consecutivos, sacándole 8 onzas en cada operación, lo que arroja la enorme cifra do 1.024 onzas, suma de 8 X 4X 32.
  • 14.
    Con la sangríaalternaban las sanguijuelas, ventosas etc.; para todos había su procedimiento de extracción, fuesen jóvenes o viejos, altos o bajos, hombres o mujeres. ¡Pero cómo cambian los tiempos! Tenías este procedimiento por el unum necessarium, la verdadera y única clave de la salud y de la vida y ¿hoy qué se piensa de todo esto? Todo el mundo se mofa de esta errónea creencia de los antiguos, que se imaginaban y creían, a ciencia cierta, que el hombre puede tener sobra de sangre. Hace dos años, un médico extranjero, autor de trabajos científicos, que sigue una de las nuevas tendencias de la ciencia médica, me aseguró, que en toda su vida no había visto sanguijuelas; y no faltan médicos que atribuyen el carácter anémico de la generación presente al enorme despilfarro que de su sangre hicieron nuestros antepasados, al abuso que hicieron de la sangría y de las sanguijuelas. Algo puede haber de esto, por más que no sea esa la única causa de la anemia. Pero volvamos al asunto y óigase mi opinión, lisa y llanamente expuesta. Todo en el cuerpo humano se halla dispuesto con orden y medida y con tan admirable armonía que, aun los más exigentes, consideran este maravilloso organismo como una obra de arte, única en su género, cuya concepción portentosa sólo pudo existir en la mente del Dios Omnipotente y Omnisciente, y para cuya ejecución fue necesaria la virtud creadora del Altísimo. El mismo orden, la propia medida y armonía existe entre la producción y consumo de las sustancias necesarias para el mantenimiento y conservación del cuerpo, siempre que el hombre libre, pero racional, haga recto uso de lo que Dios le ha entregado y no perturbe, con sus abusos, el orden preestablecido, destruyendo, a la vez, la armonía que todos admiramos. Siendo esto así, no se comprende que precisamente la sangre, el más importante de los factores que componen el organismo humano, se haya distribuido en él sin orden, peso ni medida, y su acción no obedezca a leyes bien definidas. Pero seguramente no pueda ser así. El niño recibe de la madre, al nacer, juntamente con la vida, cierta cantidad de sustancia sanguínea, esencia o como quiera llamársela, de la que se forma la sangre. Cuando se acaba esta esencia cesa también la formación de la sangre y con ella se extingue la vida. Sin sangre no hay vida posible y el anémico vive muriendo. Toda pérdida de sangre, por cualquier causa que se origine: por herida, sangría, ventosa o sanguijuela, ocasiona una disminución de dicha sustancia o esencia vital, que lleva consigo la abreviación de la vida, porque la una es condición precisa de la otra. Se me objetará que el proceso de la formación de la sangre es muy rápido y que se recobra tan pronto como se pierde. La objeción es muy justa; pero a mi vez voy a oponer a
  • 15.
    ella otro argumento,para cuya confirmación apelo al testimonio de los labradores. Todo el que se propone engordar rápidamente un animal, le sangra para sacarle una buena cantidad de sangre y entonces es cuando empieza la operación del cebo. Poco tiempo después repite la sangría, con lo que el cuadrúpedo engorda de una manera extraordinaria y con rapidez suma. Al cabo de 3 a 4 semanas hace la misma operación, se le suministra alimentación abundante y nutritiva y el animal engorda por modo extraordinario y, aunque sea una bestia vieja, pronto adquiere tan buena sangre y en tanta abundancia como una joven. Pero examinemos de cerca la sangre, formada por ese procedimiento artificioso, y veremos que es un líquido acuoso, blanquecino, impropio para la vida. El animal carece de fuerza y de actividad y es tan efímera su existencia que muy luego se presentaría la tisis, a no adelantarse la cuchilla del matarife. Lo propio acontece en el hombre. Todo el que tenga alguna experiencia, en lo que atañe a la vida humana, conoce perfectamente la influencia que la inmoderada extracción de sangre ejerce sobre las facultades, aptitudes y las fuerzas corporales de los hijos. El individuo mencionado anteriormente murió tísico, en la flor de la edad, efecto del despilfarro que hizo de su sangre; y aquella señora que se hizo sangrar 300 veces, o la otra que sufrió esta operación 400 tuvieron, por necesidad, que dejar una descendencia raquítica, enteca y sujeta a toda clase de dolencias. No se me oculta que puede haber casos, siempre raros y excepcionales, en que, a falta de otros medios eficaces, la sangría puede servir para conjurar un peligro del momento. Pero, fuera de estos casos, que me diga toda persona imparcial si prefiere dejarse cortar paulatinamente el hilo de la vida, o mediante la aplicación racional de la hidroterapia repartir y moderar da tal manera la sangre que el más pletórico tenga solamente la cantidad del precioso líquido necesaria para las funciones de la vida. En el lugar oportuno expondremos los procedimientos que han de emplearse para lograr ese resultado. Nada más corriente que la creencia de que en los ataques apopléticos no hay otra salvación que la sangría. A este propósito podría citar algún caso en que el primer médico que asistió al enfermo recetó la sangría, mientras que el segundo declaró explícitamente que aquel moriría a consecuencia de dicha operación. No es el exceso de sangre lo que produce la apoplejía, como vulgarmente se cree, sino más bien la falta del expresado elemento. Por tanto «morir de apoplejía» es lo mismo que extinguirse la vida por haberse agotado la sangre, como se apaga la lamparilla cuando se acaba el aceite.
  • 16.
    BAÑOS Para tomarlos se mete el pié hasta la rodilla o un poco más arriba en agua fría, durante uno a 3 minutos. 1. Baños de pies fríos. Si se trata de enfermos sirven estos baños principalmente para atraer la sangre y aminorar su afluencia a la cabeza y al pecho. De ordinario se aplican en unión con otros tratamientos, sobre todo en casos en que el paciente, por cualquier causa, no puede soportar otra clase de baños. Tratándose de sanos, tienen por objeto refrescar, hacer desaparecer el cansancio y fortalecer, por cuya razón se recomiendan especialmente a la gente del campo en la época de verano, cuando a consecuencia del excesivo trabajo pierden el sueño. Mitigan el cansancio, devolviendo la tranquilidad y con ella un sueño apacible. 2. Baños de pies calientes. Pueden tomarse de varios modos: 1º. En agua caliente, a la temperatura de 31 a 32° C., se echa un puñado de sal y doble cantidad de ceniza vegetal. Después de bien mezclado se toma el baño por espacio de 12 a 15 minutos. A veces hago tomar este baño a la temperatura de 38 grados C., pero siempre con la prescripción explícita de tomar a continuación otro de agua fría, durante medio minuto. Los baños de pies se recomiendan, en general, cuando por enfermedad, falta de calor natural u otra dolencia, no procede emplear remedios más violentos, en razón a que el escaso calor desarrollado por el agua fría no sería suficiente para producir la reacción. Por consecuencia deben aplicarse estos baños a las personas débiles, anémicas, nerviosas, a los niños y ancianos, muy particularmente a las señoras, y su acción se deja sentir muy marcadamente en las alteraciones de la circulación de la sangre, en congestiones, dolores de cabeza y del cuello, ataques espasmódicos y dolencias análogas. Atraen la sangre hacia los pies y sirven de calmantes. Pero nunca deben recomendarse a los que son propensas a sudores de pies. La gente del campo emplea con mucha frecuencia los baños de pies calientes y conoce sus excelentes resultados.
  • 17.
    2º. El bañode pies con «flores de heno» es un buen reconstituyente. En una vasija de agua hirviendo se echan de 3 a 5 puñados de flores de heno, se tapa la vasija y se deja enfriar la mezcla hasta la temperatura de 31 a 32° C.* (*) Por "flores de heno" se entienden todas las partes que componen la yerba: tallo, hojas, flores y semilla, o sea toda la planta conocida por ese nombre. Es indiferente dejar las flores de heno en el baño o retirarlas y tomar el baño con la infusión solamente. Para mayor sencillez y economía de tiempo se deja todo en el barreño. Estos baños ejercen una acción disolvente y son, por consecuencia, detergentes al mismo tiempo que confortantes; por lo que curan las dolencias de los pies, el sudor, los golpes de todas clases y contusiones, con o sin sangre; las hinchazones, la gota de los pies, las excrecencias cartilaginosas y supuraciones en los dedos; las callosidades al lado de las uñas, las heridas causadas por el calzado etc. En general, puede decirse que dichos baños son un remedio excelente para todos aquellos que tienen alguna dolencia en los pies, y un arma poderosa para combatir las impurezas de la sangre. Un caballero sufría horriblemente de la gota de los pies o podagra, que le hacía exhalar terribles gritos de dolor. Un solo baño de esta clase, con su correspondiente envoltura, empapada en la disolución, mitigó los agudos dolores al cabo de una hora. 3°. Con el baño de pies de flores de heno guarda mucha analogía el baño de pies con paja de avena. — Para prepararlo se echa paja de avena en una caldera, se cuece durante media hora y, dejando enfriar la infusión hasta la temperatura de 31 a 32º C, se toma con ella un baño de 20 a 30 minutos. La experiencia me ha enseñado que estos baños son irreemplazables cuando se trata de resolver las callosidades o durezas de los pies; ya sean excrecencias cartilaginosas, protuberancias, nudos etc. que resultan de la gota y podagra; ya también ojos de gallo, crecimientos viciosos de las uñas y ampollas originadas por el ejercicio o el calzado. Hasta las supuraciones y las heridas producidas por el sudor excesivo so curan con estos baños. En una ocasión se cortó un caballero los ojos de gallo; prodújosele una gran irritación en los dedos y una hinchazón de tan mal aspecto que hacía sospechar un envenenamiento de la sangre. Tres baños de pies al día, con la infusión de paja de avena y compresas o paños que envolvían los pies hasta el tobillo, empapados en la misma disolución, hicieron desaparecer el mal en el término de cuatro días.
  • 18.
    A otro enfermose le presentó una hinchazón en los dedos de los pies, de color azul oscuro y de tan pernicioso aspecto, que parecía estar amenazado de una completa descomposición de la sangre. Los baños de pies y las envolturas en la forma expresada hicieron desaparecer, en poco tiempo el peligro. En algunos casos (véase el pasaje respectivo en: «Baños calientes completos») prescribo, lo mismo en los baños de pies descritos que en los calientes de todo el cuerpo, el llamado triple cambio. El término del tratamiento lo constituye en uno y otro caso el baño frío; pero se exceptúa siempre el baño de pies caliente a la temperatura de 31 a 32º, con adición de sal y ceniza. Porque, teniendo por objeto este baño atraer la sangre de arriba abajo y repartirla proporcionalmente en las extremidades inferiores, un baño de agua fría después del caliente no haría más que destruir el efecto de este último, rechazando de nuevo la sangre a la región superior, a lo menos en gran parte, de suerte que no se lograría todo el resultado que se busca. Sílguese, pues, que nunca debe tomarse baño de pies frío, después del caliente con adición de sal y ceniza. 4º. No debo pasar en silencio otra clase de baños de pies, con una sustancia que tiene más de sólida que de fluida. He aquí cómo se prepara. En un barreño o librillo se echa la malta de la cebada antes de enfriarse; metense allí los pies y muy luego se deja sentir un gran bienestar. La operación dura de 15 a 30 minutos. Aún más eficaz es el baño con el bagazo de uvas, y muy usado y recomendado entre la gente del campo, sobre todo en comarcas vitícolas, por sus buenos resultados. Está especialmente indicado para el reuma, la gota, y dolencias análogas. Debo hacer una observación aplicable a todos los baños de pies. Tratándose de personas varicosas o propensas a la dilatación de las venas, introducirán en el agua los pies hasta la raíz de la pantorrilla solamente, y la temperatura del líquido no excederá de 31º C. Baños de medio cuerpo  Baños Doy este nombre a aquellos baños en que a lo sumo llega el agua hasta la mitad del cuerpo, próximamente hasta la región estomacal, quedando ordinariamente por debajo de este nivel; representan, por consiguiente, un término medio entre los baños completos y los
  • 19.
    de pies. Límitesmáximo y mínimo que a veces no pueden aplicarse con ventaja. Pueden usarse de tres maneras distintas.  1º. Permaneciendo de pié en el agua, de modo que ésta cubra la pantorrilla o las rodillas.  2º. Puesto el bañista de rodillas en el agua de modo que ésta le cubra completamente los muslos.  3º. Sentado dentro del agua de tal suerte que ésta le cubra hasta el ombligo o la mitad del bajo vientre. Este es en propiedad el verdadero baño de medio cuerpo. Las tres clases deben tomarse con agua fría y contarse en el número de los reconstituyentes o fortificantes. Por consecuencia se recomienda su uso a los sanos que quieran fortalecerse más, a los débiles que tengan necesidad de recobrar fuerzas y a los convalecientes que quieran recuperar del todo la salud. Los enfermos no tomarán, en ningún caso, baños sin previa prescripción facultativa, puesto que hay circunstancias en que podrían dar resultados contraproducentes. Lo mismo para enfermos que para sanos, estas tres clases de baños incompletos forman siempre parte de algún otro tratamiento, y su duración no pasará de 3 minutos, ni bajará de medio. De ordinaria prescribo las dos primeras clases, de pies y de rodillas, a aquellas personas que por causas diversas han perdido casi por completo las fuerzas, para inaugurar el plan curativo, siempre con buen resultado. No me detendré a enumerar estas causas, pero debo consignar que, en efecto, hay muchos pacientes que, en su extrema debilidad, no pueden soportar la presión del agua sobre todo el cuerpo, de lo que podría citar centenares de ejemplos, en personas de todas las clases sociales. Estos enfermos, que han llegado al último grado de fuerza, son precisamente los que me han inspirado el uso de estos medios baños; ya que su mísero estado exige un tratamiento hidroterápico más moderado y prudente, que a las veces debe prolongarse por varias semanas, hasta que han recobrado parte de las perdidas fuerzas. A las dos clases de baños mencionadas va unida, por lo general, otra práctica confortante: la inmersión de los brazos, hasta los hombros, en agua fría. Este doble tratamiento se emplea, además con éxito, para combatir la frialdad de los pies.
  • 20.
    El baño numero3º, o medio baño propiamente dicho, merece particular atención, y se recomienda desde luego a las personas que gocen de buena salud. El uso de este baño contiene, en su origen, las enfermedades del bajo vientre y la debilidad de las extremidades inferiores, que no reconocen otra causa que el enervamiento de las fuerzas producido por una educación afeminada. Los expresados baños vigorizan el organismo, conservan y acrecientan las fuerzas en toda la región inferior del cuerpo, por muy debilitadas que se encuentren. Por tanto suplen, con gran ventaja, las fajas con que millares de personas oprimen el bajo vientre, en dos y más dobleces; que parecen destinadas a impedir que la dolencia pueda separarse del mísero cuerpo. Pruébese con resolución, a la vez que con prudencia nuestro baño de medio cuerpo, y se verá cómo disminuyen de un modo palpable las hemorroides, cólicos de aire, hipocondría, histerismo y toda esa legión de enfermedades que tienen su especial asiento en el bajo vientre, donde hacen estragos sin cuento. A individuos sanos les recomiendo que, al levantarse por la mañana, se laven el medio cuerpo superior y por la tarde tomen este medio baño. Si no tienen tiempo para lavarse por la mañana, háganlo al tomar el baño. Para terminar este capítulo citaré algunos ejemplos relativos al uso de los expresados baños, para enfermos. Un joven perdió de tal manera las fuerzas a consecuencia del tifus, que no podía emprender el más ligero trabajo. Por espacio de mucho tiempo permanecía arrodillado en el agua, cada dos o tres días, en un principio un minuto, y de 2 a 3 más tarde. De una semana para otra fue recuperando fuerzas hasta que volvió a su primer estado. Otro enfermo padecía de fuertes congestiones, y de esto ocurren frecuentes casos, que tienen su origen en el bajo vientre. Un día se lavó bien la mitad superior del cuerpo y otro tomó el baño de rodillas. Al cabo de algún tiempo se vio libre del molesto huésped. No es inferior su eficacia para combatir los males del estómago que provienen de flato o de gases allí detenidos; este baño es el específico más seguro para expulsar esos gases, de ordinario molestos residuos de graves enfermedades. Baños de asiento  Baños Estos baños pueden ser fríos y calientes.
  • 21.
    1. Baño deasiento frío. Se toma de la manera siguiente. Se llena de agua fría, hasta la cuarta o quinta parte de su altura, el baño destinado al efecto o un barreño de madera, hojalata o zinc, de poco fondo. El bañista se sienta desnudo en el lebrillo de tal forma que el agua le cubra desde la parte superior del muslo hasta los riñones, quedando fuera el resto del cuerpo. Por eso muchos no se desnudan completamente. Este baño dura de 1/2 minuto a 3. Los baños de asiento son remedios eficacísimos para todos los males del bajo vientre, y obran como laxantes, expelen los gases, favorecen la digestión y regularizan la circulación; son asimismo confortantes, por lo que se recomiendan para combatir la cloro anemia o palidez, los flujos y hemorragias y dolencias análogas, como todas las enfermedades del bajo vientre de cualquier clase que sean. Todo el mundo puede tomar este sencillo baño, que dura solamente de 1 a 2 minutos y, si no se comete alguna imprudencia, jamás puede hacer daño. Para evitar enfriamientos, fortalecerse y hacerse insensible a los traidores cambios de temperatura tómense con alguna frecuencia baños de asiento, bien sea al acostarse o mejor algún tiempo después de acostado, porque se ahorra el trabajo especial de desnudarse y es más fácil la reacción, para lo que conviene no secarse el cuerpo. Sin embargo no deben tomarse estos baños más de 2 o 3 veces por semana, ya que su excesivo uso haría afluir la sangre a esa parte y podría producir hemorragias. Todo el que sufra de insomnios y no pueda conciliar el tranquilo sueño; el que se despierte a menudo durante la noche, tome un baño de asiento frío; 1 a 2 minutos de sesión bastan para calmar la excitación y proporcionar tranquilo descanso. Un individuo había perdido el sueño de tal modo que casi nunca podía dormir más de 2 horas, revolcándose en la cama el resto del tiempo, en medio de una gran excitación nerviosa. Estos baños le devolvieron, con la tranquilidad, el apacible sueño. El que por la mañana se levante con la cabeza pesada y más cansado que estaba al acostarse hará desaparecer tales molestias con los baños de asiento. Por último, no me cansaré de recomendar su empleo a las personas que, gozando de buena salud, quieran precaver muchas dolencias.
  • 22.
    2. Baños deasiento calientes. Nunca deben prepararse con agua sola. De ordinario hecho en el agua caliente una de las sustancias siguientes, que dan nombre al baño:  a) Cola de caballo.  b) Paja de avena.  c) Flores de heno. La preparación es igual para las tres clases de baño. Se echa la sustancia vegetal en una vasija, se vierte sobre ella agua hirviendo y se deja al fuego la mezcla, para que cueza algún tiempo. Luego se retira la vasija, se deja enfriar el cocimiento hasta la temperatura de 30 a 32 grados, rara vez hasta 37° C, y se echa todo en el lebrillo o barreño. La duración de este año es de un cuarto de hora, y el mismo cocimiento puede servir para dos o tres sesiones. La segunda sesión tendrá lugar en frío, 3 o 4 horas después de la primera, y la tercera una hora después de la segunda, siendo su duración de 1 a 2 minutos solamente. Estos baños deben tomarse, a lo sumo, tres veces por semana; por regla general, alternando con baños fríos o bien para el tratamiento de males muy arraigados, como hemorroides inveteradas, fístulas del recto, desarreglos del intestino ciego y análogos. Las hernias o quebraduras no son obstáculo para tomar estos baños. Veamos ahora los usos especiales de cada clase.  a) El de cola de caballo sirve principalmente para combatir los ataques espasmódicos y reumáticos de los riñones y de la vejiga, los males de piedra y cálculos y todos los que afectan a la orina.  b) El baño de avena está indicado para los padecimientos do la gota.  c) El de flores de heno tiene aplicaciones más generales, puesto que, a falta de las dos sustancias anteriores, las suple en todos los tratamientos que afectan al bajo vientre, si bien con menos eficacia. Pero, en cambio, es un poderoso agente para resolver las inflamaciones en el bajo vientre, y toda clase de tumores o hinchazones exteriores; para combatir el estreñimiento, las hemorroides, los padecimientos espasmódicos y cólicos de aire. Baños completos  Baños
  • 23.
    Los hay tambiénde dos clases: fríos y calientes. Ambos son aplicables lo mismo a los sanos que a los enfermos. 1. Baños completos en frío. Pueden tomarse de dos maneras distintas: o metiendo todo el cuerpo dentro del agua fría, estando de pié o tumbado en el baño; o bien andando con el agua hasta los sobacos solamente, de modo que la punta de los pulmones quede fuera, a fin de que estos no sufran la presión del agua, por más que en ello no hay peligro alguno, en cuyo caso se lava rápidamente la parte superior del cuerpo con las manos o con un paño burdo. Estos baños no deben durar, en ningún caso, más de 3 minutos, ni menos de treinta segundos. En el transcurso de este trabajo expondré nuevas razones en apoyo de esta opinión; por ahora me basta observar que hace 20 años seguía una opinión diametralmente opuesta, señalándoles mayor duración, en la firme creencia de que no se podía adoptar otro sistema. Pero una larga experiencia me ha hecho cambiar de parecer y con justo motivo, a lo que creo. Ese gran maestro de la vida me ha enseñado que, tocante a los baños fríos, debe seguirse como norma invariable e1 principio siguiente: Cuanto más corto es el baño tanto mayor es su eficacia. Por consecuencia el que sólo permanece un minuto en el agua es más cuerdo que el que se detiene cinco. Lo mismo el sano que el enfermo no debe pasar de tres minutos. He comprobado esta opinión con innumerables hechos, por lo que también repruebo los rudos procedimientos que se siguen en algunos establecimientos hidroterápicos, lo mismo que el abuso que se hace de los baños en verano. En esta época hay muchos que toman uno o dos baños diarios, de media hora cada uno, por lo menos. Cuando se trata de buenos nadadores que hacen un fuerte ejercicio y después del baño toman nutritivo alimento ofrece esto menos inconvenientes; su vigorosa naturaleza vuelve a ganar pronto lo que el baño la ha quitado; pero a los bisoños en el arte de la natación, que permanecen esa media hora acurrucados en el agua, como el galápago debajo de la concha, la mojadura no sirve para nada, si es que no les perjudica, como puede ocurrir si el abuso se prolonga. Baños de esa naturaleza debilitan las fuerzas y producen fatiga. En vez de fortalecer el organismo le agobian; en lugar de robustecer y alimentar consume.
  • 24.
    Baño frío parasanos.  Baños a. Baño completo y frío para sanos. Por diferentes conductos se me han dirigido observaciones, haciéndome notar que el uso del agua fría ocasiona disminución de calor y que aquella es altamente perjudicial a las personas anémicas y ocasionadas siempre a producir irritación en los nervios. Convengo en ello si se trata de las rudas prácticas a que anteriormente aludo; pero los baños que yo prescribo, son aplicables principalmente a los sanos en todo tiempo, lo mismo en invierno que en verano, y puedo sostener que contribuyen poderosamente a fortalecer y conservar la salud; acrecientan la actividad cutánea, refrescan, reaniman y fortalecen todo el organismo. Respecto del número, en invierno deben tomarse dos baños por semana a lo sumo; generalmente basta uno cada ocho días y en muchos casos cada quincena. Réstame hacer una observación importante. Uno de los medios más seguros para conservar la salud consiste en acostumbrar la naturaleza a soportar el calor y el frío, a resistir los más bruscos cambios de temperatura. Desgraciado de aquel que siente la influencia del más ligero vientecillo, cuya garganta y pulmones se resienten al menor cambio de tiempo y que no tiene ocupación más importante que observar la dirección de la veleta. El árbol criado a la intemperie resiste lo mismo el calor que el frío, la calma que la tormenta; el hábito le ha endurecido. El que se acostumbre a tomar nuestro baño será robusto como el árbol criado al aire libre. La idea de la pérdida de calor es como la pesadilla que infunde a muchos pavor y miedo ante los tratamientos con agua fría. El frío, se dice, debilita por necesidad si no le sigue inmediatamente la reacción contraria. En esto estamos de acuerdo; pero es el caso que los baños de agua fría, tal como yo los prescribo, lejos de robar calor, le conservan y fomentan, aparte el activo ejercicio que taxativamente se ordena hacer a continuación de todo tratamiento con agua fría. Nadie me negará que si un hombre enfermizo y debilitado por la falta de ejercicio, hasta el punto de no osar en invierno salir a la calle sino en caso de necesidad extrema, por medio de los baños o de cualquier tratamiento con agua fría se fortalece de tal forma que desafía al calor y al frío, y se vuelve insensible a los más rudos temporales, ha debido también acrecentar su calor natural. Es ridículo suponer que todo esto sea ilusión y farsa.
  • 25.
    Corroboraremos esto conun ejemplo entre mil que podríamos citar. Un caballero que pasaba de los 60 años tenía verdadero horror al agua. Al salir de casa ponía especialísimo cuidado en no olvidar alguna de las muchas piezas con que se abrigaba: porque semejante descuido podía acarrearlo catarros y toda clase de males. Sobre todo le infundía espanto la idea de que pudiera enfriarse el cuello, y no había ya cómo resguardarle del aire y que cuidados prodigarle. Pero el «bárbaro» doctor le tendió un lazo y con una fruición maligna le ordenó que tomase los baños fríos, tal como queda indicado. El infeliz obedeció como un autómata. Y en buena hora lo hizo, porque su obediencia obtuvo un premio para él inesperado. Al cabo de algunos días pudo despojarse de la primera envoltura; toda la interminable serie de camisas y camisetas de lana y de flanela fueron desapareciendo y el mismo camino siguieron los pañuelos y corbatines que atormentaban el cuello. Con el tiempo llegó a considerar perdido el día en que no tomaba su baño de agua fría: tan grande era el bienestar que sentía, bajo su influencia, y tan insensible se había hecho a los rigores del tiempo. Lo más extraño es que aún en el mes del Octubre solía bañarse en el río, a la hora del paseo, porque el agua fría de la corriente le parecía más agradable que la del baño que tenía en casa. He aquí los principales puntos que han de tenerse en cuenta para tomar estos baños. ¿En qué estado o disposición ha de estar el cuerpo, de una persona sana, para poder tomar con fruto dichos baños? ¿Cuál debe ser su duración, para la misma clase de personas? ¿Cuál es la época del año más apropósito para comenzar este tratamiento reconstituyente? El uso de baños fríos exige, como condición precisa, que todo el cuerpo tenga una temperatura normal, caliente. Se halla en tal estado el que por el trabajo, o por el ejercicio o por haber permanecido en una habitación caldeada tiene todo su cuerpo igualmente saturado de calor. El que sienta frío, principalmente en los piés, o tenga escalofríos, debe abstenerse de tomar esta clase de baños en tal estado; hasta tanto que por el ejercicio etc., haya recobrado el calor normal. Por el contrario: el que, en buena salud, esté sudando, o acalorado, aunque se halle empapado en sudor, puede tomar tranquilamente nuestro baño. (*) (*) El que se haya
  • 26.
    mojado por efectode la lluvia debe abstenerle del baño, porque seguramente le sentaría mal. También precisa que los vestidos que se pongan después del baño estén completamente secos. Personas juiciosas y de gran experiencia consideran altamente perjudicial tomar un baño frío estando el bañista acalorado o sudando. Y sin embargo no hay cosa más inocente. Aun más; no titubeo en sentar el principio siguiente, comprobado por una larga experiencia: cuanto más copioso sea el sudor, tanto más eficaz será el baño. Innumerables personas que creyeron sucumbir de un ataque apoplético a consecuencia de tan «bestial tratamiento», perdieron todo miedo y todo recelo después de una sola prueba. (**) (**) Véase en la tercera parte el artículo que trata del «Sudor». ¿Hay alguien que, al regresar a casa sudando, aunque el líquido salado le caiga por el rostro gota a gota y los dedos se peguen unos a otros, como con engrudo, tenga temor ni reparo de lavarse las manos y la cara, y aún el pecho y los piés? Absolutamente nadie; porque todo el mundo siente que eso le conforta y alivia. Siendo así, ¿por qué no ha de producir el baño el mismo efecto en todo el cuerpo? Cómo se comprende que una cosa que sienta bien a las partes y las produce beneficio, haya de ser tan dañina y perjudicial al todo? Efectivamente; se observa que muchos, que estando en sudor, han pasado de repente, a una atmósfera fría o se han expuesto a una corriente de aire fresco, con frecuencia se han acarreado enfermedades graves, no pocas veces mortales, de donde viene, sin duda, la idea errónea de que los baños perjudican si se toman sudando. Yo voy más adelante y concedo que muchos, al meterse sudando en agua fría, se han buscado los gérmenes de graves dolencias. ¿Pero quién es el verdadero causante de esto? ¿El sudor o el baño frío? Ninguno de los dos. Como en todas las cosas de la vida, no está aquí la dificultad principal en el qué, sino en el cómo; por consecuencia en la manera de hacer uso del agua fría estando en sudor. El loco furioso puede causar incalculables desgracias con un simple cortaplumas; así la imprudencia o la falta de buen sentido puede hacer dañino el remedio más beneficioso. Lo censurable es, en tales casos, que se condene lo bueno y no los abusos que con ello se cometen. Como quiera que sea, todo depende de la buena o mala aplicación del tratamiento; pero el que no obedezca más que a su capricho, que se atenga a las consecuencias, de las que él solo es culpable.
  • 27.
    Voy a contestara la segunda pregunta, relativa a la duración del baño frío para sanos. Un caballero a quien había prescrito dos de estos baños semanales, se me presentó al cabo de quince días lamentándose de que había empeorado mucho su estado, y que parecía un carámbano. Su aspecto era efectivamente lastimoso, y no se me idealizaba de donde podía provenir aquello. Al preguntarle si se había atenido, en un todo, a mis instrucciones, me contestó: «Sin apartarme de ellas un ápice; aún he hecho más de lo que V. me ha ordenado; en lugar de uno he permanecido en el agua cinco minutos; pero después no he podido entrar en reacción.» Desde aquel día enmendó su grave yerro, y no tardó mucho en recobrar el calor natural perdido. Este hecho, perfectamente histórico, da por sí solo razón de todos los casos en que el agua produce resultados desfavorables. Bien claramente se ve que no es ella, ni el tratamiento en sí mismo, sino las imprudencias y genialidades de los hombres las que dan esos resultados. Pero es más fácil y más cómodo echar la culpa de todo al agua. Para tomar el baño frío precisa desnudarse rápidamente y permanecer sólo un minuto en el agua. Si el bañista está sudando se sentará en el baño de modo que aquella le cubra hasta el estómago y al mismo tiempo se lava fuertemente la parte superior. Luego se da un chapuzón hasta el cuello, sale del baño y se viste con igual prontitud, sin enjugarse el cuerpo. El trabajador puede volver acto continuo a sus ocupaciones; cuando no, debe hacerse ejercicio hasta tanto que se haya secado el cuerpo y recobrado el calor normal. Es indiferente que aquel se haga en la habitación o al aire libre; yo prefiero esto último, aún en invierno. En todo lo que hagas, lector querido, obra racionalmente y nunca traspases la justa medida. Por regla general, nunca deben tomarse más de tres baños completos a la semana. ¿Cuál es la mejor época para tomarlos? Nunca es demasiado pronto para dar comienzo a la importantísima operación de fortalecer el cuerpo, que es tanto como preservarle de enfermedades o ponerle en estado de defensa. ¡Empieza, pues, hoy mismo, pero no con los tratamientos más duros que podrían hacerte perder el ánimo! Unas cuantas prácticas preparatorias te pondrían en condiciones de poder tomar los baños fríos, si tu constitución es robusta; de lo contrario la preparación debe ser más larga.
  • 28.
    Importa mucho noperder esto de vista; sería locura pretender atacar un mal con los más duros tratamientos hidroterápicos, sin haber allanado antes el camino con algunas de las prácticas más sencillas. Un médico recetó a un enfermo, que padecía de fiebre nerviosa, un paseo de un cuarto de hora por agua fresca. Así lo hizo el paciente, pero sintió después tal frío que no quiso oír hablar más de semejante baño, contra el que echaba pestes y maldiciones. El doctor creyó cumplida su misión declarando, que del mal éxito de la prueba se deducía que el agua no sentaba bien al enfermo y no era conveniente repetir el tratamiento; y que, por lo demás, la dolencia no tenía remedio. Habiéndome notificado aquella sentencia de muerte, le aconsejé que hiciese una segunda prueba con el agua, pero que sólo permaneciese en ella diez segundos, puramente entrar y salir. El resultado fue muy distinto; en pocos días se curó el enfermo. Ante hechos de esta naturaleza llegué a imaginarme que se recetaba el uso del agua en esa forma violenta y dura, con el deliberado propósito de hacer que el pueblo cobrase aversión y miedo al nuevo sacamantecas. Tal vez sea esta una de mis muchas rarezas, que el lector benévolo sabrá dispensarme. Como quiera que sea, todo el que se proponga hacer un ensayo serio de mi procedimiento debe empezar por las sencillas prácticas reconstituyentes, a las que seguirán los lavados completos, que pueden tener lugar por la mañana al levantarse, o mejor antes de acostarse, si el paciente no se desvela con el lavado. Por la noche no se pierde tiempo; por la mañana todo es cuestión de un minuto. Más en este caso precisa hacer acto continuo un activo ejercicio, o acostarse un cuarto de hora más, hasta secarse y entrar en reacción. Esta práctica, bien sea diaria, de dos o de cuatro veces semanales, es una preparación excelente para acostumbrarse al baño frío completo. Hágase un ensayo, y se verá que al malestar del primer momento sigue inmediatamente una sensación agradable, y lo que antes causaba temor o recelo será un ejercicio necesario. Un caballero conocido mío tomó, durante 18 años, todas las noches, un baño completo; aunque nadie se lo había prescrito, jamás quiso abandonar la costumbre; y con razón, porque en todo ese tiempo nunca estuvo enfermo. Hay otros a quienes probaba tan bien, que no se contentaban con menos que con tres mojaduras nocturnas, siendo preciso que yo interviniese para evitarlo. Pero de todos modos
  • 29.
    estos hechos pruebanque el tratamiento no es tan horripilante ni tan molesto como algunos creen. El que de veras se proponga fortalecer su organismo y conservar la salud no encontrará remedio más eficaz (*) (*) Más detalles acerca de sus efectos se dan en la 3*. Parte, en el capítulo que trata del «sudor».; por consiguiente manos a la obra y nada de vanos propósitos. Los pueblos vigorosos, las familias y generaciones robustas han tenido en gran estima los baños de agua fría; ahora que la humanidad ha descendido al más bajo nivel en el desarrollo de sus fuerzas físicas ha llegado el momento de volver a las costumbres de nuestros mayores y de abandonar los principios irracionales y antihigiénicos que informan nuestros sistemas pedagógicos, respecto de este particular. Aún existen familias, y de las más distinguidas por su posición social, que conservan como una tradición el uso del baño, considerándole como uno de los principales factores pata el desarrollo de las fuerzas y, por consiguiente, elemento principal de la educación. No hay, pues, motivos para que nos avergoncemos de nuestra causa. Baño frío para enfermos  Baños b. El baño frío para enfermos Al describir en la 3ª. Parte las distintas enfermedades se determinará cómo y cuándo está indicado su empleo. Por ahora debo limitarme a algunas observaciones de carácter más general. Las naturalezas sanas y robustas poseen, en sí mismas, la fuerza suficiente para segregar y eliminar los gérmenes morbosos. Por el contrario, las enfermas o debilitadas por la enfermedad necesitan el concurso de otros agentes para lograr ese resultado; uno de los más poderosos es el baño frío, excelente ayuda para los enfermos y reconstituyente para los sanos. La principal aplicación del expresado baño está en las "afecciones febriles", o sea en todas las enfermedades que van acompañadas o precedidas de fuerte calentura. Esta empieza a ser temible cuando alcanza de 39 a 40º, porque debilita por modo extraordinario y abrasa la cubierta natural del cuerpo humano. Muchos que se salvan de la enfermedad,
  • 30.
    sucumben por faltade fuerzas. Mirar con indiferencia este pernicioso incendio o esperar con apatía sus resultados es poco cuerdo y altamente peligroso. En tales casos ¿qué efectos pueden producir ni la quinina, con ser tan cara, ni la antipirina, que está al alcance de todo el mundo, ni la digital venenosa, que, además, son enemigos declarados del estómago? Cuando la fiebre ha alcanzado esa intensidad, los medicamentos no son más que paliativos, débiles remedios para tal dolencia. ¿Y qué diremos de esas sustancias tóxicas que infectadas en el cuerpo del paciente, le producen una embriaguez artificial que le priva de la sensación y de todo conocimiento? Aparte la cuestión moral y religiosa, causa dolor y lástima ver al enfermo así tratado yaciendo en el lecho con el rostro desencajado y los ojos inquietos. ¿Y todo para qué?. Lo indispensable en tales casos es apagar el fuego febril: los incendios se extinguen con el agua; el fuego general del cuerpo humano se extingue de raíz con el baño completo. A cada nueva llamarada, tan pronto como se deja sentir la intensidad del escalofrío y de la calentura se repite la operación y, aplicada con oportunidad, el agua se hace pronto dueña del incendio. Tal acontece en las irritaciones, escarlata y tifus. Hace algún tiempo que en los grandes hospitales se usan los baños en lugar de la quinina, para evitar los grandes gastos que esta sustancia ocasiona; posteriormente he tenido la satisfacción de ver en los periódicos que en los hospitales militares de Austria se combaten con el agua varias enfermedades, entre las que se cuenta el tifus. Lo que no puedo comprender es que se aplique el tratamiento hidroterápico al tifus y no se haga lo propio, según aconseja la inexorable lógica, con todas las enfermedades que tienen análoga procedencia. Por eso muchos, aún de los que rinden culto a otras teorías médicas, esperan con impaciencia esta prueba de consecuencia y buen sentido. Debo hacer aquí una observación, que es aplicable más bien a toda clase de lavados. No todos los enfermos se hallan en disposición de tomar baños de cuerpo entero; algunos ni aún pueden moverse de la cama por falta de fuerzas. ¿No habrá medio de aplicar a estos enfermos los tratamientos hidroterápicos? Es evidente que si nuestras prácticas son tan variadas y ofrecen tantos grados y subdivisiones, que el sano y el enfermo de mayor gravedad encuentran en ellas lo que más le conviene a cada uno. Lo que importa es tener acierto en la elección. Si se trata de enfermos de gravedad que no pueden tomar el baño frío completo, se suple este con lavados totales, que pueden aplicarse en la cama, según se hace notar al hablar de este tratamiento. Dichos lavados se repiten, lo mismo que los baños, siempre que la fiebre acusa una temperatura elevada.
  • 31.
    Pero con estosenfermos no puede emplearse en ningún caso un tratamiento severo, con el que, de ordinario, no se haría más que agravar el mal. Recuerdo, a este propósito, un enfermo que estuvo once años sometido a tratamiento médico y obligado a guardar cama. Ensayáronse también varias prácticas hidroterápicas, pero todo fue en vano. Mediante la aplicación de mi sistema se curó en seis semanas, no sin que el médico declarase que le parecía un portento. Entonces se presentó a mí para informarse del procedimiento seguido, ya que, en su sentir, no había en aquel cuerpo un átomo de actividad, por lo que las prácticas hidroterápicas por él prescritas no dieron resultado. Dile a conocer un sencillo procedimiento y las no menos sencillas prácticas puestas en uso. Esto le hizo comprender que la potente manga de riego no sirve para apagar la llama de una tea; su tratamiento era harto rudo; el mío suave, moderado y estaba en harmonía con las fuerzas y la resistencia del mísero cuerpo del enfermo. Siento una compasión indecible cuando oigo hablar de pacientes que no han podido abandonar el lecho del dolor por espacio de diez, veinte y más años. En realidad tales criaturas son bien dignas de lástima; y fuera de algunos casos excepcionales no se explican satisfactoriamente tales fenómenos; también en la Sagrada Escritura se hace mención de un enfermo que soportó su dolencia por espacio de 38 años. Tengo la firme convicción de que muchos de estos infelices, confinados en el lecho del dolor, volverían a andar por su pié sí, con inteligente perseverancia, se les sometiese a mi sencillo tratamiento hidroterápico. Baños calientes  Baños 2. Baños calientes completos. Se aplican también indistintamente a sanos y enfermos. Pueden tomarse de las dos maneras siguientes: Se llena el baño de agua caliente (a) de modo que cubra todo el cuerpo, sin quedar parte alguna fuera del líquido. Después de permanecer en él de 25 a 30 minutos se pasa rápidamente a un segundo baño (b) que contiene
  • 32.
    Agua fría, cuidandode no meter en ella la cabeza, y a falta de baño se lava todo el cuerpo, con la prontitud posible, de suerte que esta operación no dure más de un minuto. Sin secarse el cuerpo se viste y hace ejercicio durante media hora por lo menos, hasta enjugarse completamente y volver a adquirir el calor normal, bien sea en la habitación o al aire libre. El trabajador puede volver en seguida a sus habituales tareas. La temperatura del agua oscilará entre 32 a 35º para personas robustas, y de 35 a 3S° C. para mayores de edad. Conviene medir con exactitud la temperatura, por medio de un termómetro, que se dejará algún tiempo dentro del agua, a fin de obtener una medida precisa. En general, el encargado de preparar el baño desempeñará su cometido con cuidado sumo. Nunca deben evitarse más los descuidos y desaciertos que cuando se trata de prestar servicios a enfermos. Veamos el segundo procedimiento que puede seguirse para tomar este baño. Se llena el receptáculo, como la vez primera, con agua a la temperatura de 37 a 44º C. próximamente, teniendo presente que nunca podrá bajar de 35°, ni pasar de 41, fuera de los casos en que el médico prescriba taxativamente una temperatura más elevada. Yo establezco, como término medio, de 39 a 41° C. Pero este año se compone de tres inmersiones en el agua caliente y otras tantas en la fría, alternando, por lo que le he bautizado con el nombre de "baño caliente completo de triple inmersión." La duraciones de 33 minutos exactos, entre los cuales se reparten las diferentes inmersiones del modo siguiente:  10 minutos en el agua caliente;  1 minuto en la fría;  10 minutos en la caliente;  1 minuto en la fría;
  • 33.
    10 minutos en la caliente;  1 minuto en la fría. Un reloj puesto sobre una silla, junto al baño, servirá para medir con precisión el tiempo. Es indispensable que la operación termine con la inmersión en agua fría. Las personas robustas y habituadas a estas prácticas se sientan en el baño de agua fría y luego se sumergen lentamente hasta llegar a la cabeza; pero los que son muy sensibles, después de sentarse se lavan rápidamente el pecho y la espalda* (* Es decir, se echan agua sobre los hombros, a fin de que caiga por la espalda y la remoje.) sin sumergirse. El baño de agua fría puede suplirse por un lavado de todo el cuerpo. La cabeza nunca debe humedecerse; y si esto ocurre se enjugará (secará) inmediatamente. Al verificar la última salida del agua fría se enjugarán únicamente las manos, a fin de que no humedezcan la ropa al vestirse. En todo lo demás, especialmente en lo que respecta al ejercicio subsiguiente al baño, síganse las prescripciones dadas para el de agua fría. Creo oportuno hacer aún varias observaciones. Nunca deben prescribirse baños calientes solos, es decir, sin ir seguidos de baño o lavado con agua fría porque los primeros, si son de alguna duración, lejos de fortalecer, agotan el vigor y debilitan el organismo; en lugar de endurecer la piel la hacen mucho más sensible al frío; por consiguiente aumentan el peligro en vez de alejarle. Sabido es que el agua caliente abre los poros y se correría grave peligro si por ellos llegase a penetrar el aire. Todos estos inconvenientes se evitan con los baños o lavados de agua fría subsiguientes, por lo que nunca prescribo los primeros sin los segundos. Por otra parte el agua fresca conforta, mitigando a la vez el calor que se tiene en exceso; es un gran refrescante y al mismo tiempo protege, por cuanto al cerrar los poros hace más tupida la piel. Aquí volvemos a tropezar con la preocupación que existe contra el paso rápido del calor al frío. Y sin embargo, precisamente en atención al baño frío subsiguiente debe elevarse la temperatura del caliente algo más que lo normal y ordinario. Por ese medio se satura el cuerpo de calor, en tales términos que puede muy bien soportar la impresión del agua fría. No obstante el que sienta horror invencible al baño frío súplale la primera vez con un lavado completo y pronto perderá el miedo. Todo depende de la primera prueba; el que la haga no tomará un baño templado sin el subsiguiente frío. Muchos que en un principio sentían esa aversión, acostumbráronse luego de tal modo a ese brusco cambio y le
  • 34.
    cobraron tal cariño,que me fue preciso poner freno y tasa a sus ímpetus, para que el exceso del bien no les perjudicase. Nadie se asuste del hormigueo que se siente en la piel, especialmente de los pies, al pasar del baño frío al templado; muy luego se convierte en una especie de frotación agradable. Cuando se toman en combinación estos dos baños, en la forma expresada, no son necesarios preparativos preliminares de ninguna especie, como, por ejemplo, para restablecer la temperatura normal en el cuerpo. En toda clase de baños templados, si se prescribe a sanos, agrego algún cocimiento de hierbas medicinales; muy pocas veces empleo el agua sola. Baños templados  Baños Baños completos templados para sanos. Si alguna vez ordeno baños templados a personas que gozan de salud, pero de naturaleza débil, es porque se resisten a tomarlos fríos y con el lavado que sigue al baño caliente se habitúan insensiblemente al agua fresca. En este particular me atengo a los siguientes principios: A personas robustas y sanas, cuyo aspecto indica que tienen sobra de calor en el cuerpo, no les ordeno baños templados sino en casos muy excepcionales. Por lo demás tampoco los piden; antes bien suspiran por el agua fría, como los peces. En cambio se los recomiendo a los jóvenes, a los débiles y pobres de sangre, lo mismo que a las personas nerviosas, en particular a aquellas que son propensas a ataques espasmódicos, reumas y dolencias análogas; entre estas ocupan lugar preferente las madres de familia que, por las innumerables molestias de la vida, se hallan expuestas más que nadie a esta clase de males. Basta un baño mensual a 35º C. de 25 a 30 minutos de duración, con el subsiguiente lavado en frío. Los que son propensos a reuma articular, gota o podagra deben tomar dos baños mensuales. El verano es la época más adecuada para que las personas débiles y jóvenes ensayen los baños fríos.
  • 35.
    A estos ya los ancianos recomiendo con insistencia un baño mensual templado, a la temperatura de 35 a 37º C de 25 minutos, con el subsiguiente lavado, que como siempre, sirve de reconstituyente. Este baño no sólo contribuye a mantener la limpieza, sí que también a fortalecer el organismo y refrescar el cuerpo. El que observe con perseverancia esa costumbre verá que sus fuerzas se acrecientan a medida que la transpiración aumenta y se hace más activa la circulación de la sangre. Baño templado completo para enfermos. Al hacer la descripción de las diferentes enfermedades se indican los casos en que deben usarse estos baños, cuyo empleo no ofrece peligro alguno, si se aplican con las debidas precauciones. Dos fines se persiguen con el uso de los baños: Acrecentar el calor natural del cuerpo, o disolver y segregar sustancias, que la debilitada naturaleza no podría eliminar por sus solas fuerzas. Según las sustancias con que se preparan reciben diferente denominación, a saber:  Baños de flores de heno;  Baños de paja de avena;  Baños de botones, hojas o yemas de pino;  Baños mixtos. Respecto de la preparación y de las aplicaciones de los dos primeros rigen, en lo esencial, las mismas prescripciones dadas para los baños de asiento. Para mayor seguridad ampliamos aquí algunos puntos. a) Baño de flores de heno. Se llena un saquito de flores de heno que se echa en un caldero de agua hirviendo, donde se deja cocer un cuarto de hora. Viértase el cocimiento en el baño preparado con agua caliente, cuya temperatura se regula añadiendo agua, hasta obtener los grados marcados. Este baño es el más sencillo, y por su carácter inofensivo, el más usado para elevar y normalizar la temperatura del cuerpo; así es que los sanos pueden tomarle también en todo tiempo. No pocos hidrófilos salen de mi clínica saturados con el aroma de este baño, cuyas morenas aguas abren sobre manera los poros y son un poderoso remedio para resolver las inflamaciones.
  • 36.
    b) Baño depaja de avena En un caldero de agua hirviendo se deja cocer por espacio de media hora un buen manojo de paja de avena, y luego se procede como en el caso anterior. Este baño es más eficaz que el de flores de heno, y se recomienda particularmente en las afecciones de los riñones y de la vejiga, en los males de piedra y en la gota. c) Baño de hojas o botones de pino. Preparase del modo siguiente: se toman botoncitos o agujas de pino, tiernas, bien frescas, ramitas machacadas, cuanto más resinosas mejor, o también piñas machacadas.”3 Linkografía (1) http://www.hidroterapianatural.com/ (2) http://www.wikipedia.com (3) http://www.tulesion.com/tratamiento-tipo_nutricion-hidroterapia-relAsociado_44.3php