Los romanos conquistaron Hispania a finales del siglo III a.C. y dividieron la península en dos provincias iniciales. Más tarde, durante el imperio de Augusto, se amplió a tres provincias. En el siglo III d.C. se añadieron dos provincias más. Los romanos construyeron una extensa red de calzadas por toda la península, así como murallas, puentes y acueductos en las principales ciudades para abastecerlas de agua.