El Imperio Británico estaba compuesto por dominios y colonias. Los dominios como Canadá y Australia tenían alta autonomía aunque dependían de Gran Bretaña en asuntos externos. Las colonias de explotación como India producían materias primas pero no tenían autogobierno. La Guerra de los Boers estalló en Sudáfrica debido a tensiones entre colonos británicos e holandeses por el descubrimiento de oro y diamantes. Finalmente los bóers aceptaron la soberanía británica aunque obtuvieron autogobierno más adelante