El documento describe la idea del progreso indefinido que ganó fuerza en Europa y América Latina entre los siglos XVIII y XIX. Esta idea sostenía que el conocimiento racional y científico permitiría mejorar continuamente las condiciones humanas a través de un proceso lineal y ascendente. Los intelectuales de la época aplicaron esta noción al análisis de las ciencias naturales y sociales, creyendo que el estudio científico conduciría a un continuo mejoramiento moral, social y económico de la humanidad.