El Imperio Persa dominó Mesopotamia desde 550 a.C. bajo la dinastía Aqueménida. Su religión, el mazdeísmo, fue influenciada por Zoroastro, quien predicaba la lucha entre el bien y el mal. Los persas respetaban las tradiciones de las regiones conquistadas y valoraban a los mejores artesanos extranjeros. La escultura y arquitectura persas se caracterizaron por su naturalismo y uso de ladrillos, piedra y madera con relieves decorativos.